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 La intentona golpista del General La Cotera luego de la batalla de San Juan

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Renzo Castillo
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MensajeTema: La intentona golpista del General La Cotera luego de la batalla de San Juan   Vie Ene 02, 2015 2:14 pm

Uno de los acontecimientos poco difundidos durante los días de la batallas de San Juan y Miraflores fue el amago de revolución llevado a cabo por el General  Piurano Manuel Gonzales de La Cotera.  En el libro de Héctor López Martínez: Piérola y la defensa de Lima. Con testimonios sobre la jornadas del 13 y 15 de Enero de 1881". En el capítulo titulado “una versión colombiana” escrita por Vicente Holguín, colombiano, residente en Lima en 1881. Su relato fue publicado por la Revista Chilena. Noviembre y Diciembre de 1926, en la página 138 – 139 dice lo siguiente:
Algo casi tan grave como la derrota de este día para la causa del Perú, tuvo lugar en el recinto de la ciudad, entre dos y tres de la tarde. Si la derrota en las posiciones de San Juan había dejado en poder del enemigo, muertos, heridos, artillería y posiciones, el general don Manuel G. de la Cotera (Ministro de guerra del general La Puerta, sucesor de Prado, cuando el 21 de Diciembre de 1879 estalló el conflicto que dio por resultado la dictadura), al intentar una revolución contra Piérola al grito de “Viva la Constitución”, cuando aún se peleaba en la primera línea, ponía en poder de los mismos todo el resto de esperanza que abrigaban los peruanos, pues el Jefe Supremo y los que fueron sus partidarios, quedaban colocados entre el enemigo extranjero y el fermento de una revolución. Le referí el hecho prescindiendo de los comentarios a que se presta, basados principalmente en la observación de que en el Perú no ha habido, durante su existencia de República, una sola revolución de principios ni de ideas: siempre el caudillaje, siempre el motín de cuartel, siempre la asonada obtenida con el soborno.
Un batallón de fuerza veterana que venía del Callao, fue aguardado por el general La Cotera en la plazuela de La Merced. El jefe que lo comandaba oyó  de boca del general la orden de hacer formar el batallón en la plazuela, orden que fue desatendida; y al continuar el desfile del batallón hacia la Plaza de Armas, el General dirigiéndose a la tropa con el laconismo del multimillonario militar grito: “ Muchachos, ¡ Viva la Constitución!”; los soldados secundaron el grito sin contener la marcha, y luego victorearon (sic)  a Piérola contestando el “Viva” con que su jefe aclamaba al Dictador. Esto debió de revelar al jefe que  la tropa no estaba en el complot, y se limitó a intimar por medio de un oficial al General, que seguía hablando en particular con algunos soldados, que si no se retiraba le prendía. Frustrado  su torpe y antipatriótico proyecto, el  ex Ministro buscó asilo en la Legación Británica y después en un buque de guerra.

Sobre este personaje y su conducta relacionada con los hechos del relato de arriba hemos encontrado además: en la página de galeón sobre Piura y la guerra con chile capítulo 9 (Batalla de San Juan):
El general ayabaquino Gonzáles La Cotera, había pasado casi todo el año 1880, exilado en el Ecuador, pero amagando constantemente la frontera piurana  por cuyo motivo el prefecto recibió orden del gobierno pierolista de que lo capturasen.  Pero el inquieto militar pudo llegar a Lima a fines de año, en donde fue puesto en arresto domiciliario por el canciller Pedro José Calderón  que por entonces tenía el control de la capital y era el eventual sucesor de Piérola, en caso de resultar éste muerto o prisionero por los chilenos.
 
            Después de la batalla de San Juan, en Lima todo era confusión y nadie sabía de la suerte que había corrido el dictador.  A la ciudad estaban llegando algunos grupos de soldados que habían luchado contra los invasores.  Entre los que habían ingresado a la capital bastante desmoralizados estaban los soldados que obedecían al coronel Pablo Arguedas, el mismo que había encabezado la rebelión contra La Puerta y contra La Cotera, y había muerto heroicamente en San Juan.
            Eran las 5 de la tarde, y La Cotera se vistió con su uniforme de general y en momentos en que soldados de Arguedas pasaban frente a su casa, los interceptó, tras de burlar la vigilancia de sus propios custodios y los arengó ofreciéndoles que los iba a conducir nuevamente al combate y a la victoria.
 
            Muchos lo siguieron y con ellos, el general La Cotera recorrió varias calles de Lima  gritando ¡Abajo Piérola!  y   ¡Viva la Constitución!
 
            Esto mostraba a La Cotera como un fanático constitucionalista, aún en los momentos más difíciles  del país, y sin duda pensó que  habiendo desaparecido el dictador Piérola  era el momento de restaurar a la autoridad constitucional.
 
            Pero parece que esto no agradó a muchos de los soldados  que se  habían decidido a seguirlo, y se fueron   alejando.  Por otra parte, Piérola en todo momento continuó gozando de la adhesión popular.
 
            El  ministro Calderón reaccionó  y lanzó a sus investigadores en persecución de La Cotera bajo la acusación de rebelión.  A las 11 de la noche fueron a buscarlo a su casa, pero se había refugiado en la Legación inglesa.  También Riva Agüero era buscado, bajo la acusación de traición y complicidad con el enemigo, no obstante, que los chilenos habían  arrasado  sus propiedades de la hacienda Melgarejo.  Había orden de fusilarlo, por cuyo motivo se refugió en la Legación de  Francia.  Los policías pretendieron  sacar a los refugiados por la fuerza,  pero los diplomáticos amenazaron con hacer intervenir a sus   poderosos barcos de  guerra que estaban en la rada del Callao.
 
            De esa forma, el general La Cotera pudo pasar al día  siguiente a bordo del acorazado inglés  “Triump”.  Mientras tanto las turbas adictas a Piérola casi se habían apoderado de las calles de la Capital que  recorrían gritando ¡Viva Piérola, abajo la argolla! Se referían a los civilistas, pero también había hostilidad contra los extranjeros, pues gritaban ¡Mueran los gringos!
 
            Los chinos por su demostrada colaboración con los chilenos, fueron hostilizados, sus negocios quemados y muchos de ellos linchados.  Las puertas de todas las casas permanecían cerradas, por el temor a “las   comunas” que era como se llamaban a los grupos vociferantes.  Hay que hacer hincapié en que Piérola había roto con los marinos extranjeros y los había obligado a retirar sus barcos a 5 millas del Callao.  Sin embargo, los barcos extranjeros dieron refugio a centenares de personas que huían de Lima y posteriormente a la derrota de los peruanos, fueron los que intervinieron enérgicamente frente a los chilenos, evitando que Lima fuera incendiada y saqueada.
 
            Una vez más La Cotera fue al destierro y en Guayaquil, entró en contacto con el diplomático chileno  Godoy que antes había estado en Lima.  Por entonces ya se había producido la ocupación de Lima y los chilenos deseaban que en el Perú se estableciera un gobierno con el cual tratar, pero no deseaban hacerlo con Piérola, que se había  ido a las serranías de Canta.
 
            En las reuniones con Godoy, éste estaba de acuerdo en que se instaurase nuevamente un gobierno constitucional en el Perú.  Que todos los prisioneros de guerra confinados en la isla San Lorenzo que eran varios miles, fueran libertados con sus armas y que los chilenos desocupasen Lima para iniciar las inmediatas conversaciones de paz.  Vistas así las cosas, no podían ser mejores dada la situación.  Por lo tanto, con un salvoconducto de Godoy, retornó  La Cotera a Lima a donde llegó el 10 de febrero.  Se entrevistó en la capital con el ministro chileno Vergara, y estuvo de acuerdo con lo convenido con Godoy. Fatalmente, los acontecimientos posteriores, hicieron perder esta buena oportunidad y nuevos años de sangre y dolor esperaban al Perú.

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