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 Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores

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Jonatan Saona
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MensajeTema: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Miér Ene 14, 2015 2:20 pm

Parte de Manuel Baquedano sobre la batalla de San Juan y la de Miraflores

GENERAL EN JEFE DEL EJÉRCITO DE OPERACIONES DEL NORTE

Lima, Febrero 12 de 1881.
Señor Ministro:

Por comunicaciones telegráficas he puesto oportunamente en conocimiento de V.S. las diversas operaciones realizadas por el ejército de mi mando desde mi salida de Arica, el 14 de Diciembre del año próximo pasado, hasta las batallas de mediados de Enero último. V.S. conoce todo lo ocurrido, faltándole solamente imponerse de los detalles, que son los que me propongo consignar en esta nota, tomando por punto de partida para mi narración el día en que todo el ejército de operaciones estuvo reunido en el valle de Lurin.

V.S. sabe que en la costa elegida para el desembarque del ejército no hay puertos propiamente tales, sino pequeñas caletas desabrigadas que apenas se prestan para el comercio de contrabando. El desembarque de la infantería y caballería por esos puntos se hizo sin grandes dificultades; pero no sucedió lo mismo con la artillería, víveres, municiones y bagajes. Para la artillería de campaña hubo necesidad de buscar una caleta próxima al valle, porque el camino de Curayaco a Lurin es enteramente inadecuado para el tráfico de carruajes pesados. Las municiones, víveres y bagajes se acarrearon a lomo de mula desde la caleta de Curayaco, por no haber permitido el mar desembarcarlos mas cerca.

Naturalmente, esta doble operación fue demorosa y retardó mucho más de lo que yo pensaba el movimiento ofensivo del ejército.

No fue perdido, sin embargo, el tiempo de nuestra estadía en Lurin, porque ella me permitió adquirir los datos de que carecía hasta entonces sobre el número exacto de las fuerzas enemigas y sobre las posiciones que ocupaban. Acerca de ambos puntos no poseía a mi salida de Arica sino informaciones insuficientes para basar sobre ellas un plan de operaciones.

El primero de los reconocimientos se hizo por el lado del Oriente y sobre los caminos de la Cieneguilla y de Manchay, que llevan directamente al valle de Ate. Los oficiales que realizaron esta operación me informaron que el primero de los caminos nombrados era intransitable; que el segundo era un excelente camino carretero con algunos pasos angostos susceptibles de fácil defensa; que la travesía del valle era mala y que, siguiendo el camino de Manchay, no se encontraba agua en todo el trayecto desde el Lurin hasta mui cerca de las orillas del Surco. Posteriormente tuve oportunidad de verificar personalmente la exactitud de estos datos, haciendo con la mayor parte de los jefes un reconocimiento mas formal de las mismas localidades.

Objeto de iguales estudios fue el camino que corre cerca de la costa y paralelo a ella y que, pasando por Villa y San Juan, va a caer a Chorrillos. En tres ocasiones distintas hice, personalmente, reconocimientos por ese lado, acompañado de los jefes principales del ejército y llevando conmigo las fuerzas necesarias para obligar al enemigo a descubrir sus posiciones. También hice reconocer estas últimas por mar.

Estos estudios, y diversas averiguaciones de otra género, me permitieron establecer con cierta fijeza lo siguiente:

1º Que el ejército peruano había salido de Lima i ocupaba una línea fortificada que tenia su extrema derecha en Villa i su izquierda en Monterrico Chico;
2º Que las posiciones mas fuertes de esta línea eran las de Villa y San Juan, que interceptaban el paso a Chorrillos;
3º Que el ejército enemigo se componía de 30,000 hombres bien armados; y
4º Que diariamente se parapetaba mejor, construyendo fosos y trincheras de sacos de arena para resguardar los pasos mas accesibles entre las diversas alturas en que tenía colocada su línea.

En posesión de estos datos, me cumplía ya resolver por qué punto debería llevarse el ataque.

Siguiendo el camino de Manchay, se llegaba a atacar al enemigo por el flanco menos defendido y era posible interponerse entre la ciudad de Lima y el ejército que la defendía. Aparentemente era ésta la mejor operación estratéjica; pero el camino que había que recorrer para realizarla era el mas largo y exigía elementos de movilidad de que no disponíamos; nos alejaba mucho de la costa, haciéndonos perder el apoyo natural de nuestra escuadra i permitia al enemigo apoderarse de Lurin para hostilizarnos por retaguardia.

Siguiendo el camino de la costa teníamos, es verdad, que atacar de frente las posiciones mas fuertes de la línea enemiga; mas, en cambio, el camino que había que recorrer era corto, nos acercábamos a la costa, base necesaria de nuestras operaciones de nuestras operaciones i quedábamos con nuestra retaguardia segura.

Había aun una tercera operación, i era la de amenazar con una división por Chorrillos, mientras las otras dos llevaban el ataque efectivo por Monterico Chico. Indudablemente me habría decidido por ésta si hubiera contado con mayor número de fuerzas; pero me pareció ilusorio y peligroso pretender rodear a un enemigo superior en número, con fuerzas que divididas, se debilitaban considerablemente y no podían apoyarse en caso de necesidad, porque la distancia que debía separarlas era demasiado grande y el terreno en que habían de operar muy poco conocido.

Me decidí, pues, a atacar por Villa y San Juan con todo el ejército. Aunque mi resolución a este respecto era inquebrantable, después de hechos los estudios necesarios, guardando a algunas opiniones contrarias la debida deferencia, comuniqué mi plan a todos los jefes superiores del ejército, y tuve la satisfacción de obtener su unánime aportación.

Con esto, dí ya mis órdenes definitivas. Hice un último reconocimiento del terreno en que íbamos a operar con los señores jefes de división, a quienes señalé con toda fijeza los puntos que respectivamente debían atacar, y dispuse que la partida fuera a las 5 P.M. del día 12 de Enero para acampar cerca del enemigo, de manera que cayésemos sobre él con la primera luz de la madrugada del 13.

La 1ª División, mandada por el coronel don Patricio Lynch, debía atacar las posiciones de Villa. La 2ª, al mando del General de Brigada don Emilio Sotomayor, atacar las posiciones de San Juan. La 3ª, a las órdenes del coronel don Pedro Lagos, inclinándose mas al Oriente, debía impedir que el ala izquierda del ejército enemigo viniera en apoyo de su derecha, interceptándole el paso, y estar dispuesta para auxiliar a las otras en caso necesario. Formé una pequeña reserva de los regimientos 3º de línea, Zapadores y Valparaiso, que puse a las órdenes del teniente coronel don Arístides Martinez, para reforzar convenientemente los puntos mas débiles durante la batalla.

La marcha de las tropas se hizo en este orden: la 1ª División, siguiendo el camino de la costa; la 2ª marchando paralelamente con ésta mas hacia el Oriente; la 3ª a retaguardia de la 2ª; la reserva a retaguardia de la artillería de campaña. la caballería tuvo orden de salir a media noche de Lurin para encontrarse en su puesto al amanecer.

La marcha, favorecida por la luna llena, se hizo sin otro inconveniente que un ligero retraso de una parte de la artillería, motivado por lo arenoso de una sección del camino. A las 12 P.M., mas o menos, las divisiones ocupaban ya el lugar en que, según mis órdenes, debían acampar. Las fuerzas que iban a entrar en acción formaban un total de 23,129 hombres de las tres armas.


A las 3.30 A.M. del 13 la 1ª División se puso nuevamente en marcha para acercarse a las posiciones del enemigo, de las cuales la separaba una distancia de cinco kilómetros próximamente. A pesar de la oscuridad, aumentada por una densa neblina y de lo accidentado del terreno, la division, formada en línea de batalla y con sus guerrillas tendidas al frente, hizo esa larga marcha con tanto orden, que a las 5 todos los cuerpos que la formaban se hallaban simultáneamente en sus puestos.

A esa misma hora dio principio el combate por ese flanco, siendo el enemigo el primero en romper sus fuegos de artillería, ametralladoras y fusilería sobre nuestras tropas. Estas continuaron avanzando aun, sin contestarlos, hasta estrechar mas la distancia. Cuando ésta se redujo a 400 metros, se rompió también el fuego por nuestra parte y el combate se hizo general en toda nuestra ala izquierda.

Las primeras luces de la mañana hallaron a nuestras tropas trepando las alturas y mui cerca ya de las trincheras enemigas. La artillería pudo también principiar a funcionar sin riesgo de dañar a nuestros soldados. Los primeros morros y las primeras trincheras fueron desalojados en poco tiempo. Pero el enemigo ocupaba otras alturas y otros parapetos, desde los cuales seguía haciendo una resistencia tenaz. Contribuían a hacerla mayor los refuerzos que principiaban a llegarle del centro, a consecuencia de un atraso involuntario de la 2ª División que, no habiendo atacado, como estaba previsto, simultáneamente con la 1ª, dejó tiempo al enemigo para robustecer su ala derecha que principiaba a ser envuelta.

Comprendiendo que era indispensable completar las ventajas ya obtenidas, impidiendo que el ejército contrario tuviera tiempo de rehacerse, ordené a la reserva fuera en apoyo de la 1ª Division, lo que hizo con toda prontitud.

Como casi al mismo tiempo la 2ª División entraba en combate y aparecían por el Poniente el Regimiento Coquimbo y el Batallon Melipilla, destinados a atacar el flanco derecho de la línea peruana con el auxilio de la artillería de la escuadra, nuestras tropas cobraron nuevo vigor y el combate se hizo mas encarnizado.

La 1ª División siguió avanzando; se apoderó de los morros mas altos, donde la resistencia había sido mas porfiada, y llegó, salvando fosos y trincheras, hasta el pie del Morro Solar. En tres horas de sangrienta lucha, el enemigo perdió todas sus fuertes posiciones de la derecha, sus trincheras, sus cañones y un número considerable de sus mejores tropas. Los regimientos 4º i 2º de línea y los movilizados Talca, Chacabuco y Atacama se distinguieron especialmente en esta parte de la jornada por su empuje y arrojo.

La 2ª División, como dejo dicho, sufrió al emprender su marcha al amanecer del 13, un extravío causado por la densa oscuridad de la mañana y que no le permitió entrar en acción con toda la precisión deseable. Sin embargo, cuando pudo con la claridad del alba reconocer el terreno, inició el combate por su parte con un entusiasmo y orden dignos de todo elogio. Sin detenerse un instante, las tropas de esa División desalojaron al enemigo de todas sus posiciones fuertes i completaron su derrota, iniciada por la 1ª en nuestra ala izquierda.

Se hicieron notar aquí el Regimiento Buin 1º de línea, que llegó a las trincheras casi sin disparar un tiro para tomarlas a la bayoneta, y los regimientos Esmeralda y Chillan. El Lautaro tuvo también su buena y honrosa parte en la jornada.

A la 3ª División, así como pudo tocarle en suerte lo mas rudo de esta parte de la batalla, le cupo solamente desempeñar un papel relativamente secundario. Las compañias guerrilleras del Santiago y una del Batallón Naval fueron las únicas que se foguearon, batiendo denodadamente a los enemigos que hallaron a su paso.

La gran batalla pudo considerarse terminada a las 9 A.M. con la derrota mas completa del poderoso ejército enemigo. Y como la jornada había sido fatigosa, por cuanto aquellas cuatro horas fueron de combate reñido i de marcha forzada, trepando alturas arenosas y de fuerte declive, muchos de los cuerpos que habían sostenido la acción se dieron algunos momentos de descanso.

La caballería, a la que dí la orden de perseguir a los fujitivos, iba a completar la obra con una brillante carga de los regimientos de Granaderos y Carabineros de Yungai, que dejaron sembrado el campo de cadáveres de enemigos en una considerable extensión, y sin que los obstáculos que les oponía el terreno pudieran detener su empuje.

Mas, entre tanto, se concentraban en el Morro Solar y en el pueblo de Chorrillos muchos de los derrotados de Villa y de San Juan, hasta formar un cuerpo de tropas respetable.

El coronel Lynch, que avanzaba con fuerzas escasas de su fatigada División por el Morro, no creyó en un principio, porque el enemigo se ocultaba del lado del mar, que él fuera tan numeroso.

Así, cuando vio que lo era y que ocupaba magníficas posiciones defendidas por artillería de grueso calibre, se detuvo mientras se le enviaban los refuerzos que pidió. Dispuse, en consecuencia, que dos regimientos de la reserva general, que ya se le habían separado, volvieran a reunírsele, mientras que la 2ª División, con sus tropas mas frescas, marchaba a posesionarse del pueblo. La 3ª fue llamada también con el objeto de prestar apoyo a las otras.

Esta parte de la acción fue un largo y fatigoso tiroteo en que se distinguió principalmente nuestra artillería, que batió los fuertes del Morro con una certeza admirable de punterías. Otras tropas de la 2ª División habían sido destinadas a cortar los refuerzos que venían de Lima por ferrocarril.

A las 2 P.M., el pueblo y el Morro estuvieron en nuestro poder. La resistencia en Chorrillos le fue fatal porque ella trajo consigo el incendio que lo arrasó casi en su totalidad.

La tarde de ese día fue necesario consagrarla al descanso de las tropas y el siguiente a su reorganización y a recoger e instalar convenientemente a nuestros heridos. Tanto mas necesario era este doble trabajo, cuanto que parecía probable que hubiese necesidad de dar una segunda batalla contra el ejército de reserva y los restos del derrotado en Chorrillos. Efectivamente, se sabia que, partiendo del pueblo de Miraflores y siguiendo en dirección al cerro de San Bartolomé, había una segunda línea de defensa bien artillada y fortificada, y era de presumir que allí quisiera el Jefe Supremo del Perú jugar la última partida.

Mas, con el propósito de evitar mayor derramamiento de sangre, se envió al señor Piérola, en la mañana del 14, un parlamentario para invitarlo a oír proposiciones en ese sentido. Llevó ese encargo el señor don Isidoro Errázuriz, secretario del señor Ministro de la Guerra, y le acompañó como introductor, a quien se guardarían consideraciones de deferencia, el señor Miguel Iglesias, Secretario de la dictadura en el departamento de la Guerra y nuestro prisionero. El señor Piérola se negó a recibir a nuestro parlamentario, declarando que estaba dispuesto a oir las proposiciones que le llevase a su campamento un Ministro que tuviera los plenos poderes necesarios para tratar.

Semejante desconocimiento de la generosidad de nuestros propósitos y ese jactancioso alarde de orgullo tan impropio de un vencido, me hicieron comprender que debía apelar nuevamente a las decisiones de la fuerza.

Ya en la mañana había recorrido una parte del campo probable de las nuevas operaciones, y en el resto del día completé mis reconocimientos. El plan que me formé se reducía a amagar al enemigo por el frente con la 1ª División, a atacarlo por su flanco izquierdo y un poco a retaguardia con la 3ª Division, que no había sufrido sino muy pocas pérdidas en la batalla del 13, y a batir sus posiciones de enfilada por su derecha con la artillería de la escuadra y por su izquierda con nuestra artillería rodante. Para ese efecto me puse de acuerdo con el señor Contra-Almirante Riveros, a quien pedí que rompiera sus fuegos apenas se iniciara el combate en tierra, y ordené al coronel Velasquez, Comandante General de Artillería, que buscase para nuestros cañones las posiciones menos desventajosas, ya que era imposible encontrarlas buenas en un terreno plano ycortado a cada paso por arboledas i tapias.

Preparado así para el ataque, que debía tener lugar poco antes de las 12 M. del 15, recibí como a la media noche del 14 una comunicacion del señor Decano del Cuerpo Diplomático residente en Lima, en la que se me anunciaba que él i los señores ministros de Francia e Inglaterra habían recibido de sus honorables colegas el encargo de acercárseme para tratar de un asunto urgente e importante, y me pedían les fijase una hora para pasar a mi campamento a desempeñar su comisión. Siendo la hora ya tan avanzada, designé para la conferencia las 7 A.M. del dia 15.

Presentáronseme efectivamente a esa hora los tres señores ministros nombrados, asistiendo por nuestra parte a la conferencia el señor Ministro de la Guerra en campaña, el señor don Eulojio Altamirano, Plenipotenciario nombrado para entender en las negociaciones de paz,el señor don Joaquin Godoi, Plenipotenciario de Chile en el Ecuador, y mi secretario don Máximo R. Lira.

Habiéndome manifestado los señores ministros que su propósito era pedirme garantías para los muchos y valiosos intereses extranjeros radicados en Lima, lo mismo que para las personas de los neutrales, les ofrecí todas aquellas que no obstasen al ejercicio legitimo de los derechos de un beligerante y siempre que el Gobierno del Perú no hiciese de la capital centro de resistencia, negándome, si esto último sucedía, a conceder plazo alguno para romper las hostilidades.

En el curso de la conferencia insinuaron los mismos señores ministros la idea de que tal vez les seria fácil inducir al Gobierno peruano a abrir negociaciones de paz, si les indicaba cuáles serian nuestras exigencias anteriores a las negociaciones y si les daba un plazo para conferenciar con el Dictador. Haciendo a un lado toda idea de mediación, que se declaró inaceptable, se les contestó que los plenipotenciarios chilenos estarían dispuestos a entablar negociaciones después de entregado a nuestro ejército incondicionalmente el puerto del Callao. El plazo pedido para conocer el resultado de las gestiones oficiales de los señores ministros extranjeros quise limitarlo hasta las 2 P.M. de ese mismo día; pero al fin, por deferencia, accedí a ampliarlo hasta las 12 P.M. Mi compromiso se redujo a no romper los fuegos antes de esa hora, pudiendo sí, puesto que aquello no era un armisticio pactado regularmente, hacer los movimientos de tropas que juzgara oportunos. Idéntico compromiso contraería el Jefe de las fuerzas peruanas.

Aunque, merced a este Pacto, podía disponer del dia entero para dar colocación a mis tropas, quise verificar esta operación como si la batalla no estuviera aplazada. La 3ª División, que acampó el 14 al Sur del pueblo de Barranco con orden de tender su línea en la madrugada del 15 al Norte del mismo pueblo y mui cerca de las posiciones enemigas, principió a colocarse, siguiendo la dirección de las tapias de los potreros, a las 8 A.M. A las 2 P.M. se encontraban en su puesto todos los cuerpos que la componían, con excepción del Regimiento Aconcagua, que iba llegando, y del Batallón Búlnes, que estaba de servicio en Chorrillos.

A las 11 principié a recorrer el campo, después de dar colocación a la 1ª División orden de colocarse a la derecha de la 3ª.

Mientras practicaba aquel reconocimiento, pude ver que reinaba gran actividad en el campamento de los enemigos. Sus batallones se movían en todos sentidos; llegaban de Lima trenes con tropa, todo, en una palabra, anunciaba que allá se preparaban para un próximo combate. Los jefes de los cuerpos que habían recibido la orden de no hacer fuego, me hacían preguntar sino seria conveniente ya impedir aquellas maniobras. El Comandante General de Artillería, especialmente, teniendo sus cañones abocados a los caminos por donde llegaban gruesas columnas de infantería, me prometia despedazarlas en un instante si le permitia hacer fuego. El permiso, como era natural, le fue negado, i todo lo que me permití hacer, en previsión de cualquiera eventualidad, fue repetir mis órdenes para que las tropas que venían de Chorrillos apresurasen su marcha.

Siguiendo mi reconocimiento, acompañado del Jefe de Estado Mayor General y de nuestros respectivos ayudantes, me adelanté al frente de nuestra línea y hasta mui cerca de la enemiga. Cuando hube estudiado el campo como lo deseaba, me puse en marcha para regresar. Inmediatamente se hizo sobre nosotros y a cortísima distancia, por tropas emboscadas, una descarga cerrada de fusilería. Y como si esta hubiese sido una señal convenida, toda la línea rompió sus fuegos sobre nuestras tropas que descansaban desprevenidas, preparando unas su rancho, proveyéndose otras de agua, buscando algunas sus respectivas colocaciones.

Fue aquél un momento verdaderamente crítico y que sometió a ruda prueba el valor de nuestros oficiales y la disciplina de la tropa. Esta tuvo que organizarse bajo un fuego nutrido y mortífero, mientras que los jefes y oficiales, con toda serenidad, restablecian el orden perturbado por la brusquedad de un ataque tan inesperado. Me bastará decir a V.S., como el mejor elogio de la tropa y de sus jefes, que hubo regimientos, como el Santiago y el Coquimbo, que en aquellos momentos hicieron su despliegue en batalla de un modo irreprochable, y que casi todos, respetando fielmente la consigna, o no contestaron a los fuegos del enemigo, o, si lo hicieron en el primer momento, los apagaron apenas hice tocar alto al fuego, hasta recibir nuevas órdenes.

Sin embargo, el enemigo que, sin duda, buscó el éxito en una sorpresa desleal, atacaba con gran brío, llegando hasta salir de sus reductos para sacar el mejor partido de nuestras primeras e inevitables vacilaciones. Esto obligó a la 3ª División a entrar resueltamente en la lucha para impedir el avance de las tropas peruanas.

Momentos después de rotos los fuegos, nuestra escuadra principió a cañonear las posiciones fuertes mas cercanas a la costa con excelentes punterías. Por esto, y también porque nuestra ala derecha estaba indefensa, el enemigo, retirándose de la costa, cargó sus fuerzas sobre el punto débil, procurando envolver a la 3ª División por medio de un flanqueo atrevido.

Mas, como he dicho mas arriba, la 1ª División había recibido con anterioridad la orden de venir a situarse a la derecha de la 3ª. Reiterada esa orden al iniciarse el combate, la División del coronel Lynch llegó en el momento preciso para proteger a la del coronel Lagos que se batía denodadamente contra fuerzas enormemente superiores, manteniendo sin ceder un palmo de terreno las posiciones que ocupaba desde un principio. Puedo, por lo mismo, asegurar que esa resistencia tenaz e inquebrantable de la 3ª Division en los momentos mas críticos, fue la que decidió del éxito de la batalla.

El primer cuerpo que entró al fuego en protección de nuestra derecha fue el 2º de línea, siguiéndolo los regimientos Chacabuco, 4º y Coquimbo. Sin embargo, el enemigo, corriéndose siempre hacia la derecha, insistía en flanquearnos, apoyado por algunas fuerzas de caballería. Viendo esto, dispuse que el Regimiento de Carabineros de Yungai, cuyo comandante me pedía órdenes en ese momento, cargase inmediatamente. Así lo hizo con toda prontitud; y aunque la escasa caballería enemiga esquivó el combate y la carga de los Carabineros fue detenida por las tapias que cruzan el valle en todos sentidos, aquella maniobra dio por resultado que el enemigo se detuviera y desistiese de su propósito de envolvernos.

Desde ese momento las ventajas principiaron a estar por nuestra parte. La 3ª División comenzó a avanzar, desalojó a las tropas peruanas de las posiciones que ocupaba detrás de tapias aspilleradas, en seguida de los reductos foseados y con parapetos sólidamente construidos que tenia a retaguardia y, flanqueándolas por su derecha, se apoderó del pueblo de Miraflores, arrojando los batallones enemigos hacia el Oriente. Allí caían bajo los fuegos de las tropas de la 1ª División; y, como mas a nuestra derecha se hallaba aun la Brigada del coronel Barbosa, de la 2ª, colocada allí espresamente por orden que dí con anterioridad, conocieron que todo estaba perdido y emprendieron apresuradamente la retirada hacia Lima en completa dispersión y en abierta derrota.

Debo también agregar que, durante toda la acción, nuestra infantería estuvo vigorosamente apoyada por la artillería que hacia fuego hasta a 400 metros de distancia de las líneas contrarias y en posiciones tan peligrosas que hubo un momento en que fue necesario retirar las piezas de campaña mas a retaguardia para evitar la posibilidad de un fracaso.

Nuestra victoria era innegable y decisiva a las 5.30 P.M. La persecución al enemigo siguió activamente hasta que las sombras de la noche vinieron en su auxilio. Entonces dí la orden de ponerle término y de acampar en la pampa de Miraflores.

El 16 por la mañana, recién pudo verse cuán decisiva había sido esta segunda victoria de nuestras armas i también cuánto nos había costado adquirirla.

En la misma noche del 15 creí necesario dirigir al señor Decano del Cuerpo Diplomático de Lima la nota que adjunto en copia bajo el número 1, para anunciarle que la ruptura desleal del armisticio pactado en la mañana me desligaba del compromiso contraído en favor de la capital y me devolvía toda mi libertad de acción para proceder rigorosamente contra ella.

Antes de que mi comunicación llegara a su destino, se me pidió, a nombre del mismo Cuerpo Diplomático, una nueva entrevista, que concedí para las 12 M. del 16.

Presentáronse a esa hora en mi campamento los señores ministros de Francia e Inglaterra, los almirantes de las mismas naciones y el señor Comandante de la estación naval italiana, acompañando al alcalde municipal de Lima, señor don Rufino Torrico, quien, por ausencia de las autoridades políticas y militares de la capital y competentemente autorizado, iba a pactar la entrega de la ciudad. Sobre este punto se levantó el acta que acompaño a V.S. en copia con el número 2. El mismo señor Torrico se comprometió a interponer sus influencias personales cerca de la autoridad militar del Callao para obtener que evitase mayor derramamiento de sangre, desistiendo de hacer una resistencia inútil, y convino en que me comunicaría el resultado de sus gestiones el 17 antes de las 2 P.M.

Antes de esa hora recibí la comunicación que va en copia con el número 3, la que me obligó a disponer que una division de las tres armas al mando del General de Brigada don Cornelio Saavedra ocupase, cuanto antes, la ciudad de Lima para poner un freno a los excesos de la turba y de los dispersos peruanos amotinados y salvar las vidas y propiedades de sus habitantes.

De esta manera tomamos posesión de Lima en la tarde del 17. En la mañana del 18 se dirigió al Callao el coronel Lynch con su División y lo ocupó también pacíficamente.

Así terminó, señor Ministro, esta campaña cuyos principales sucesos dejo narrados aquí, prescindiendo de los minuciosos detalles que V.S. encontrará consignados en los partes especiales de los jefes.

No es fácil apreciar todavía el esfuerzo y virilidad que ha debido desplegar el ejército de mi mando para consumar esta obra. En mas de seis meses de preparación, el Gobierno del Perú, poderosamente auxiliado por la Nación entera, acumuló en torno de su capital y para su defensa todos los elementos necesarios para una resistencia tenaz, desesperada y suprema. Reunió un ejército numeroso, lo proveyó de armas escogidas, lo disciplinó y logró inculcarle el sentimiento de los grandes deberes que impone la patria cuando está sometida a la prueba de la desgracia. Rodeó a Lima con un doble cordón de fortalezas, aprovechando las defensas naturales del suelo y utilizando todos los inventos del arte de la guerra. Artilló todas las alturas, y  puso sus cañones y sus soldados al abrigo de sólidos parapetos. En los pasos que los cerros dejaban abrió fosos y construyó trincheras. Sembró todos los caminos, todos los pasos accesibles, todos los lugares próximos a las aguadas, todas las posiciones que pudieran servir al enemigo, de minas automáticas que en ninguna parte permitían asentar los pies con seguridad. En una palabra, rodeó a Lima de fortificaciones formidables y logró inspirarle fe en la victoria, duplicando de ese modo las fuerzas de su ejército.

Basta, pues, conocer los elementos con que contaba para su defensa la capital del Perú, para estimar debidamente la grandeza del resultado obtenido. Y hay aun que tener en cuenta que las posiciones de Chorrillos y los reductos de Miraflores han sido tomados por un ejército inferior al enemigo en número, después de marchas fatigosas y de dos batallas sucesivas, sin tener tropas de refresco que presentar en el segundo combate.

Apunto las dificultades de la empresa realizada por el ejército de mi mando, solamente para que el país sepa cuánta gratitud debe a sus defensores.

El éxito ha sido completo. Del gran ejército enemigo no quedaron organizados, después de Miraflores, mas de 3,000 hombres, y éstos se dispersaron, habiendo rendido previamente sus armas. Por consiguiente, ese ejército desapareció no sin haber sufrido mas de 12,000 bajas.

En nuestro poder dejó un inmenso material de guerra. Nos hemos apoderado de 222 cañones; en el Callao de 57, desde el calibre de a 1,000 hasta el de 250; en los dos campos de batalla, de 41, desde el calibre de 600 hasta el de 32; y de 124 piezas de campaña y de montaña, comprendidas en éstas 19 ametralladoras. Tenemos también  recogidos hasta la fecha cerca de 15,000 rifles de diversos sistemas, mas de 4.000,000 de tiros y una buena cantidad de pólvora y de dinamita. Agregaré a esto que el poder naval del Perú ha desaparecido tan completamente, que no le queda ya en el mar ni el mas pequeño falucho.

Este resultado se ha obtenido a costa de grandes sacrificios. Nuestras bajas en ambas batallas ascienden a 5,443 siendo de éstos 1,299 muertos y 4,144 heridos.

Entre los primeros figuran el coronel don Juan Martínez, cuyo nombre queda asociado a todas las glorias militares de esta campaña, en la que figuró con tanto brillo desde la primera hora; el comandante del Regimiento de Granaderos a caballo don Tomás Yávar, que cayó cargando a la cabeza de su cuerpo; el comandante del Regimiento Valparaiso, don José Maria Marchant, que quedó al pié de una trinchera enemiga; los segundos jefes de los regimientos Chacabuco y Talca, don Belisario Zañartu y don Carlos Silva Renard, que se batieron y murieron como bravos; el teniente coronel don Roberto Souper, que halló en el campo del honor el término de su larga y noble vida; el mayor Jimenez del Chillan y el capitán Flores de la Artillería, que fue siempre infatigable en el servicio y sucumbió noblemente al pié de sus cañones.

De entre los heridos, mencionaré solamente, ya que no es posible consignar aquí los nombres de todos, al coronel don Domingo de Toro Herrera, que se ha distinguido por su entusiasmo durante toda la campaña y por su valor en las jornadas mas rudas de esta guerra; al teniente coronel don Francisco Barceló, modelo de jefes por su pundonor y bravura; al comandante del Santiago, don Demófilo Fuenzalida, quien, herido en medio de la batalla, no se separó de su cuerpo hasta después de la victoria; al comandante del Curicó, don Joaquin Cortés; a los tres jefes del Regimiento Coquimbo, tenientes coroneles Soto y Pinto Agüero i sargento mayor don Luis Larraín Alcalde, merecedores los tres de la gloria que va unida a sus nombres; al bravo mayor del Caupolican, don Ramón Dardignac, y a todos los que figuran como merecedores de aplauso en los partes especiales de los jefes.

Los señores jefes de division, General Sotomayor y coroneles Lynch y Lagos, los de brigada, coroneles Gana, Amunátegui,Barbosa y Urriola; los comandantes generales de artillería y caballería, y en general, todos los jefes se han distinguido por su empeño en hacer mas de lo que el deber les ordenaba. Pero hay algunos a quienes debo mencionar mas especialmente, porque les cupo en suerte realizar una parte mas importante de la tarea común y en condiciones que realzan su obra.

El coronel don Patricio Lynch, que ya principió a distinguirse por aquella marcha felicísima de Pisco a Lurin, dirigida con tanta prudencia y tanta energía, fué quien venció en Chorrillos con su División mayores dificultades naturales i a mayor número de enemigos. Y si sus tropas hicieron prodigios de valor, ello se debió en mucha parte a los ejemplos de arrojo y serenidad que les dió constantemente su Jefe superior. A su lado, secundándolo con valor e inteligencia notables, estuvo el coronel don Gregorio Urrutia, Jefe del Estado Mayor de la División. De esta División y en la misma batalla de Chorrillos se distinguieron particularmente los regimientos 4º y 2º de línea, el Chacabuco, el Talca, que recibió su bautismo de fuego de un modo heroico, i el Atacama. En la batalla de Miraflores, donde el coronel Amunátegui se batió bizarramente con su Brigada, se hicieron notar por su denuedo esos mismos cuerpos y, ademas, el Regimiento Coquimbo y el Batallon Quillota. Por eso creo justo consignar aquí los nombres de los siguientes jefes: don Estanislao del Canto del 2º de línea, don Luis Solo Zaldívar del 4º, don Silvestre Urízar Gárfias del Talca, don Diego Dublé Almeida del Atacama y don J.Ramon Echeverría del Quillota.

La 2ª División, a cuya cabeza se batió denodadamente el General Sotomayor, tuvo una parte mui principal en la victoria de Chorrillos. El coronel don Orozimbo Barbosa, que estuvo allí, como ha estado en todas partes, a la altura de la reputación que se conquistó desde un principio, merece en justicia la recomendación que de él hago aquí, lo mismo que el valiente coronel don José Francisco Gana, cuya conducta fue superior a todo elogio. Merecen por su bravura y disciplina una mención especial el Regimiento Buin 1º de línea y su valiente y pundonoroso jefe don Juan Leon García. La merece igualmente el Regimiento movilizado Esmeralda, que se batió denodadamente en San Juan y en el pueblo de Chorrillos, que tomó contra fuerzas muy superiores, llevando siempre a su cabeza al teniente coronel don Adolfo Holley, su intrépido jefe.

He dicho ya a V.S. que en la batalla de Miraflores la mas comprometida fué la 3ª División y que a ella principalmente se debió la victoria de ese día. Con esto solo creo haber hecho el mejor elogio de su jefe, coronel don Pedro Lagos, que ha prestado en esta campaña servicios eminentes a su país. Distinguiéronse en esa acción por su valor y serenidad el coronel don Martiniano Urriola y los comandantes don Francisco Barceló y Demófilo Fuenzalida, y, entre los cuerpos que tomaron parte, el Regimiento Santiago y el batallón Naval.

La reserva, a las órdenes de su valeroso jefe el teniente coronel don Arístides Martinez, combatió bizarramente en Chorrillos y en Miraflores. El 3º de línea, Zapadores y el Valparaiso compitieron en denuedo y entusiasmo. De los jefes de esos cuerpos uno quedó en el campo; otro, el valiente comandante Zilleruelo, recibió gravísimas heridas, y solamente el comandante Gutierrez, del 3º, no pagó con su sangre la gloria adquirida en los dos combates.

La artillería, colocada en brillante pié, merced a los inteligentes y asiduos cuidados de su Comandante General, coronel don José Velasquez, ha correspondido en estas dos acciones a todas las esperanzas fundadas en ella y a los sacrificios que cuesta al país su mantenimiento. Estuvo en ambas en los puestos de mayor peligro, preparando con sus fuegos el avance y la victoria de nuestras tropas de infantería. El coronel Velasquez la dirijia con la serenidad intelijente que le distingue, teniendo por dignos ausiliares a los dos jefes de los regimientos, tenientes coroneles don José Manuel Novoa y don Carlos Wood, a quienes también recomiendo con toda justicia.

En la caballería, tanto su Comandante General, teniente coronel don Emeterio Letelier, como los jefes de los regimientos y sus oficiales, cumplieron noblemente con sus deberes. Distinguióse, no obstante, el teniente coronel don Manuel Búlnes en la valiente carga de Chorrillos, donde Carabineros y Granaderos despedazaron gruesos pelotones de infantería enemiga. Los Cazadores se encontraron en Chorrillos en nuestra ala derecha y en Miraflores con la Brigada Barbosa a nuestra izquierda.

No necesito decir a V.S. que en toda esta campaña he contado con la colaboración del Jefe de Estado Mayor General, General don Márcos Maturana, y con el concurso que me han prestado el señor Ministro de la Guerra, coronel don José Francisco Vergara, y el General de Brigada don Cornelio Saavedra.

A mi lado han estado también constantemente los señores don Eulojio Altamirano, don Joaquin Godoi, don Vicente Dávila Larraín, quien por tres veces fue portador de mis órdenes en el campo de batalla, en momentos en que mis ayudantes estaban todos ocupados, y mi secretario general, don Máximo R. Lira, que ha hecho toda esta campaña, desempeñando satisfactoriamente elevados cargos y que ha prestado sus servicios en un puesto de mucha labor, de confianza y de responsabilidad, desde Mayo de 1880, habiéndose encontrado, por consiguiente, en la batalla de Tacna, donde me prestó su concurso hasta como ayudante, en la batalla de Arica y en las de Chorrillos y Miraflores.

Don Daniel Caldera, ayudante de la Secretaría General, me acompañó también a estas dos últimas acciones, y lo recomiendo a V.S. por sus buenos y constantes servicios.

Mis ayudantes de campo, coronel don Samuel Valdivieso, teniente coronel don Jorge Wood, don Rosauro Gatica y don Wenceslao Búlnes; sargentos mayores don Cárlos Valenzuela, don Alejandro Baquedano, don Belisario Campo y don Francisco Arístides Pinto; capitán don Domingo Sarratea y teniente don José Santos Jara, han desempeñado satisfactoriamente sus deberes de tales, trasmitiendo mis órdenes con toda presteza y exactitud, por grandes que fueran los peligros a que se exponian con ello. Debo hacer una mencion especial del comandante don Wenceslao Búlnes, que tuvo la parte mas difícil de esas comisiones, de los tenientes coroneles don Jorge Wood y don Rosauro Gatica, y de los sargentos mayores don Carlos Valenzuela, don Belisario Campo y don Alejandro Baquedano; siendo justo comprender en ella al ayudante del señor General Saavedra, teniente coronel Bunster, y a los ayudantes del señor Ministro de la Guerra.

Aunque en el parte del Jefe del Estado Mayor General tendrán cabida las recomendaciones a que se hayan hecho acreedores sus ayudantes, creo justo dejar constancia aquí de los buenos servicios que han prestado el teniente coronel don Waldo Diaz, jefe sereno e intelijente; el mayor don Florentino Pantoja, a quien encomendé muchos de los reconocimientos hechos antes del 13 de Enero y la conduccion y colocación de la vanguardia el día de la marcha, comisiones que desempeñó cumplidamente; el sargento Mayor don Francisco Villagran y el capitán don Santiago Herrera, a quienes ví constantemente en acción y especialmente en los momentos mas difíciles.

No terminaré sin decir a V.S. que estoy satisfecho de la manera como han estado atendidos los servicios religioso, de la Intendencia General, de las ambulancias y de la conducción de bagajes.

Debo todavía un especial testimonio de gratitud al señor Contra-Almirante, Comandante en Jefe de la escuadra, don Galvarino Riveros, por la benévola deferencia con que siempre me prestó su concurso. La marina nacional, que abrió la serie de nuestros triunfos con hazañas inmortales que nos dieron la tranquila posesión del Pacífico, ha seguido ayudando al ejército de tierra en los desembarques y, cuando ha sido posible, en las batallas, con un entusiasmo y valor digno de todo elogio. En esa comunidad de esfuerzos y sacrificios se han robustecido los lazos de la antigua union de los marinos y de los soldados de Chile, y esta confraternidad será en adelante, como ha sido en esta campaña, garantía de éxito en la defensa de la honra nacional.

Concluyo aquí, señor Ministro, renovando las felicitaciones que envié al país por conducto del Supremo Gobierno en nombre del ejército que tengo la honra de mandar, por el feliz éxito de una empresa que pareció colosal cuando contábamos nuestros escasos recursos, y que se ha realizado, sin embargo, con una fortuna digna de la vitalidad de la Nación, del valor de sus soldados, de la energía de sus gobernantes y de la perseverancia común en el propósito de llegar a toda costa al término natural de la jornada.

Dios guarde a V.S.
MANUEL BAQUEDANO

Al señor Ministro de la Guerra.

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Última edición por Jonatan Saona el Miér Ene 14, 2015 2:29 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Miér Ene 14, 2015 2:24 pm

Parte de Marcos Maturana, Jefe de Estado Mayor chileno, sobre la Batalla de San Juan y la de Miraflores

JEFE DE ESTADO MAYOR GENERAL

Lima, febrero 9 de 1881.
Señor General en Jefe:

Tengo el honor de dar cuenta a V.S. de las operaciones emprendidas y ejecutadas por el ejército, desde su desembarco en la caleta de Curayaco, hasta la ocupación definitiva de esta capital y del puerto del Callao.

Aunque el desembarco había sido dispuesto desde Arica para el puerto de Chilca, adonde llegamos con la escuadra el día 21 de diciembre último, la operación no se ejecutó allí por indicación del señor Ministro de la Guerra y nos dirigimos a efectuarla en la citada caleta, con lo cual se ahorró gran trabajo y penosas marchas al través de ásperas y arenosa serranías de más de tres leguas.

El día 22 comenzó el desembarco, saltando primeramente en tierra la 1ª Brigada de la 2ª División, al mando del coronel don José Francisco Gana, y compuesta de los regimientos de infantería, Esmeralda, Chillán y 3º de Línea, que reemplazó ese día al Buín. A esta Brigada se agregó un escuadrón del Regimiento Cazadores a caballo, mandado por el teniente coronel graduado don José Francisco Vargas.

En la tarde de ese día se ordenó al ayudante de este Estado Mayor, teniente coronel don Ambrosio Letelier, que avanzara con 90 hombres de Cazadores a caballo a reconocer el camino de Lurín y observar las fuerzas que pudiera tener el enemigo en aquel valle, cuya pronta ocupación nos era de absoluta necesidad por la carencia de agua en el lugar en que acampaba el ejército a medida que iba desembarcando. Esta primera exploración nos hizo saber que no había en Lurín fuerzas enemigas que pudieran oponer resistencia seria; siendo a lo más su número calculado de 500 a 600 hombres de caballería e infantería. Se hizo también entonces, por la misma fuerza, el reconocimiento de una caleta cercana al pueblo de Lurín, que presentaba facilidad para el desembarco.

En posesión de estos datos, se ordenó que la Brigada Gana avanzara al amanecer del día 23 a ocupar el pueblo de Lurín, lo que ejecutó aquella fuerza sin otro accidente que el de un ligero tiroteo, sostenido a la entrada de la población, por un piquete de 25 Cazadores al mando del teniente coronel don Hilario Bouquett, contra las fuerzas enemigas que abandonaron el pueblo, retirándose por el valle arriba en dirección a Pachacamac.

Desde aquel momento quedaba asegurado el desembarque tranquilo y sin inconvenientes de las tropas y material del ejército.

Al mismo tiempo se emprendían con la mayor actividad los reconocimientos sobre el campo enemigo.

El teniente coronel don Baldomero Dublé Almeyda salió el día 24 por el valle de Lurín arriba para reconocer el territorio hasta Manchay y desalojar al enemigo que se decía establecido en Pachacamac, con escasas fuerzas. Llevaba bajo sus órdenes cuatro compañías de infantería y un escuadrón de caballería, con cuya tropa sostuvo cerca de Manchay un largo tiroteo con el enemigo apostado en las alturas escarpadísimas, haciéndole algunas bajas y tomando cuatro prisioneros.

El 25, el comandante Letelier del Estado Mayor General, con un escuadrón de Carabineros de Yungay, mandado por el teniente coronel don Miguel Alcérreca, avanzó por el camino de la playa de Conchán hasta la hacienda de Villa, en donde encontró la vanguardia del ejército enemigo, fuertemente establecida sobre las alturas que dominan aquella hacienda, en posiciones atrincheradas y cerrando el paso hacia el valle de Chorrillos por este lado.

El 27, a las 8 P.M., el coronel Jefe de la 2ª Brigada de la 2ª División, don Orozimbo Barbosa,sorprendió con algunas compañías del Regimiento Curicó, al mando de su primer jefe, teniente coronel don Joaquín Cortés, a la 1ª Brigada de la caballería del ejército peruano que venía del sur en dirección a Lima, después de haber hostigado durante muchos días la marcha de la Brigada Lynch, desde Tambo de Mora a Chilca. El hecho tuvo lugar en El Manzano, a poca distancia al norte del pueblo de Pachacamac, y de él resultó la completa derrota del enemigo, después de un reñido fuego en que tuvimos la desgracia de perder al segundo jefe del Curicó, teniente coronel don José Olano, muerto valientemente en su puesto, y cuatro heridos de tropa del mismo regimiento. De parte del enemigo, tanto del combate de esa noche como en la persecución, que duró todo el siguiente día en los bosques y cerros, resultaron muertos un jefe y 15 individuos de tropa, y prisioneros el coronel primer Jefe de la Brigada, don Pedro J. Sevilla, 14 jefes y oficiales y 97 individuos de tropa, y cayendo en nuestro poder algunas armas, municiones, caballos y equipo.

El 28 se hizo por el sargento mayor don Manuel Rodríguez, un nuevo reconocimiento sobre los altos de Villa.

El 30, el teniente coronel don Jorge Wood avanzó con 150 hombres de caballería a reconocer el camino de Manchay a Lima, llegando hasta la Rinconada de Ate, desde donde se observaron las posiciones del enemigo en el valle de aquel lado.

El 2 del próximo pasado, V.S. en persona, con el señor Ministro de Guerra, avanzó por el mismo camino a reconocer el ala izquierda de la línea enemiga, llegando igualmente hasta el mismo punto.

El 3, el comandante Letelier volvió a reconocer la derecha enemiga en Villa, marchando por el camino de Pachacamac a Lima, que pasa por la quebrada de Atacongo, alcanzando hasta la meseta de La Tablada, desde donde se pudo observar una parte de las posiciones enemigas hacia el lado de San Juan.

El 4, los coroneles don Patricio Lynch y don Pedro Lagos, jefes de la 1ª y 3ª divisiones del ejército, fueron personalmente a bordo de la corbeta Magallanes a reconocer las posiciones peruanas en Villa y Chorrillos, observándolas por el lado del mar; recorriendo al mismo tiempo la costa hasta el Callao, para observar las posiciones de Barranco, de Miraflores y de aquel puerto.

El 5, el coronel Barbosa, recorriendo el valle arriba hasta Manchay, sorprendió una descubierta enemiga de observación, matándole un hombre y tomando tres prisioneros.

El 6, V.S. acompañado del señor Ministro de la Guerra, del Estado Mayor General y una pequeña fuerza de las tres armas, practicó personalmente el reconocimiento de las posiciones enemigas sobre Villa, Chorrillos y San Juan, habiéndose trabado un corto tiroteo de cañón, sin daño por nuestra parte.

El día 7, fue el que suscribe con sus ayudantes a practicar un nuevo reconocimiento de las mismas posiciones por el lado de Santa Teresa, entre Villa y San Juan.

El 9, el coronel Barbosa salió de Manchay con una fuerza como de 2.000 hombres de las tres armas en dirección a Ate, llevando el encargo de avanzar por ese camino más allá del punto a que habían llegado los reconocimientos anteriores, desembocar en el valle y observar desde cerca las posiciones enemigas.

Antes de bajar al valle, aquella fuerza encontró obstruido el camino por un considerable número de minas automáticas que cubrían el campo y estallaban bajo los pies de la tropa, al mismo tiempo que algunas guerrillas enemigas hacían fuego, parapetadas tras de una triple trinchera de fosos, que cortaban en toda su anchura el abra por donde gira el camino; mientras que otras coronaban las alturas de uno y otro lado. La caballería enemiga aparecía en el valle por retaguardia de la infantería, y los cañones de los fuertes del sur de Lima disparaban granadas sobre nuestras filas. El coronel Barbosa ordenó inmediatamente el ataque, haciendo avanzar por derecha e izquierda algunas guerrillas de infantería para desalojar a las del enemigo que ocupaban las alturas, y cargando a los que se ocultaban tras de los fosos del frente con un pelotón de Granaderos a caballo, que en un momento las dispersó a filo de sable, matándoles 23 hombres, entre ellos 3 oficiales. Rechazado el enemigo de todas sus posiciones y puesto en completa fuga, el coronel Barbosa desembocó en el valle y cumplió el objeto de su misión, retirándose enseguida sin ser molestado. En aquel encuentro, el enemigo tuvo muchas bajas entre muertos y heridos; por nuestra parte hubo 25 heridos por las balas y los polvorazos de las minas, de los cuales murió sólo un soldado del Buín.

El día 10, V.S. con el Estado Mayor General, practicó un nuevo reconocimiento de las posiciones enemigas en San Juan y Chorrillos, después del cual V.S. ordenó alistar el ejército para marchar al ataque de estas posiciones en la tarde del subsiguiente día 12.

El ejército peruano se hallaba tendido a lo largo de la línea que forma el coronamiento de la cadena de cerros que rodea el valle de Chorrillos por el sur y el oriente, y que partiendo del Morro Solar se extiende al este por los altos de Villa y Santa Teresa, desde donde vuelve bruscamente al norte, prolongándose por la hacienda de San Juan hasta Monterrico Chico. Esta cadena tiene tres pasos estrechos o abras de corta extensión: una en la hacienda de Villa, para desembocar sobre Chorrillos; otra sobre el camino que conduce de Junín a Lima, pasando por las casas de San Juan y La Palma, y la tercera por el camino que desde Lurín y Pachacamac se dirige rectamente a la capital, pasando por la hacienda de Tebes.

Detrás de este cordón corre de sur a norte, desde el valle de Chorrillos hasta el cauce del río Surco, una línea de espesos bosques y matorrales con raras soluciones de continuidad, que se hallan a su turno obstruidas por cercados y tapiales que forman las divisiones del terreno de cultivo, haciendo el todo una línea apropiada para una tenaz y sólida resistencia.

Finalmente, detrás todavía de esta línea de bosques, se encuentra la que forman los caseríos de Chorrillos, Barranco y Miraflores, ligados entre sí por una vía férrea y por una red de potreros y pequeñas propiedades, todas circundadas y divididas por gruesos tapiales de tierra de poco menos de un metro de altura, la suficiente para el cómodo y seguro abrigo de la infantería.

La línea de coronamiento de los cerros se hallaba foseada en toda su extensión, cortando con anchas zanjas las abras que daban acceso al valle y formando con las tierras sueltas un parapeto interior detrás del cual se ocultaban los batallones peruanos, pudiendo cómodamente disparar de mampuesto, apoyando el arma sobre la cresta del parapeto. De trecho en trecho y sobre las eminencias más convenientes y bien elegidas, se levantaban diversos reductos artillados, baterías de cañonrea con espaldón de sacos de tierra suficientemente espeso y elevado para proteger a los artilleros contra los proyectiles de las piezas de campaña.

Adelante de esta línea, y especialmente en los puntos más accesibles, se había sembrado el campo de minas automáticas que estallaban bajo la presión del pie de un infante, y el mismo sistema defensivo se había también empleado delante de la línea del bosque, sembrando de estas minas las estrechas llanuras que quedaban entre una y otra línea.

Aquella formidable posición se hallaba defendida por 25.000 hombres de las mejores tropas del Perú, provistos de un abundante y valioso material de guerra, en el que se contaban más de 100 piezas de artillería entre cañones y ametralladoras. Contra ella debían en breve embestir los 23.000 soldados que Chile había confiado al mando de V.S., teniendo que salvar, para estrecharse contra el enemigo, un pesado desierto de tres leguas de arena, falto absolutamente de agua.

V.S. dispuso la marcha como sigue:
La 1ª División, formando el ala izquierda del roden de batalla, debía asaltar las posiciones que ocupaba la derecha del enemigo, desde el Morro Solar a Santa Teresa, tratando de forzarlas a todo trance para caer sobre Chorrillos y envolver por el flanco y retaguardia el centro de la línea peruana.

La 2ª División debía forzar la línea enemiga por San Juan y romperla envolviendo las casas de esta hacienda para caer sobre Chorrillos en combinación con la 1ª.

La 3ª División debía apoyar el ataque de la 2ª por la derecha de ésta, resistiendo el choque del ala izquierda enemiga, caso de plegarse ésta para venir en auxilio de su centro.

La reserva general, marchando a retaguardia del espacio libre que quedaba entre la 1ª y 2ª División, debía prestar apoyo a una u otra de ambas, según los casos que pudieran presentarse.

Finalmente, la caballería en masa y la artillería de reserva debían quedar bajo la mano del General en Jefe para ser empleadas en el momento oportuno.

En esta disposición se dio la orden general de marcha el 12, debiendo emprenderse el movimiento a las 5 P.M. de ese día, para caer sobre el enemigo al romper el alba del siguiente, después de dar algún descanso a la tropa, antes de emprender el ataque. Teníamos el tiempo suficiente, dada la corta distancia que debíamos salvar, para ponernos a tiro de fusíl de las líneas enemigas.

La 1ª División al mendo de su Jefe, coronel don Patricio Lynch, se movió en cuatro columnas paralelas: la 1ª, compuesta del Regimiento 2º de Línea y Colchagua, formaba la derecha; la 2ª se componía de los regimientos Atacama y Talca; la 3ª, de los regimientos 4º de Línea y Chacabuco; la 4ª, del Regimiento Coquimbo y Batallón Melipilla. Las tres primeras marchaban por la pampa arenosa que se abre adelante del puente de Lurín, entre la línea del telégrafo y la loma que borda la playa de Conchán. La 4ª marchó por el camino de esta playa, seguida por una brigada de artillería de montaña y el parque de la división, que iba protegido por el Regimiento de Artillería de Marina.

Esta división hizo alto y descansó a las 12 P.M. al frente de las líneas enemigas de Villa y Santa Teresa y a distancia de cuatro a cinco mil metros.

La 2ª División, al mando del General de Brigada don Emilio Sotomayor, pasó el río Lurín, sobre un puente provisional frente a la hacienda de Las Palmas, y embocando por la quebrada de Atacongo, subió a las 12 P.M. a la meseta de La Tablada, en donde hizo alto.

Componían esta División los regimientos de infantería Buín 1º de Línea, Esmeralda, Chillán, Lautaro, Curicó, Batallón Victoria, y una brigada de artillería de montaña. La División marchaba en dos brigadas: la 1ª a las órdenes del coronel don José Francisco Gana, y la 2ª a las del coronel don Orozimbo Barbosa.

La 3ª División, al mando del coronel don Pedro Lagos, siguió el camino de la línea telegráfica hasta la meseta de la Tablada, en donde hizo alto a medianoche para aguardar el paso a vanguardia de la 2ª, cuyos movimientos debía apoyar. Componíase de dos brigadas de infantería: la 1ª a las órdenes del coronel don Martiniano Urriola, formada del Batallón Naval y Regimiento Aconcagua; la 2ª a las del teniente coronel don Francisco Barceló, formada de los regimientos Santiago y Concepción, y los batallones Bulnes, Valdivia y Caupolicán. Acompañaba esta División una brigada de artillería de montaña y otra de campaña, ambas del 1er.Regimiento, a las órdenes del teniente coronel don Carlos Wood.

La reserva general de infantería, compuesta de los regimientos 3º de Línea, Zapadores y Valparaíso, y mandada por el teniente coronel don Arístides Martínez, llegó a las 2 A.M. del 13 a la meseta de La Tablada, a cuya falda hizo alto.

La artillería de campaña del 2º Regimiento, bajo las órdenes del teniente coronel, jefe del cuerpo, don José Manuel 2º Novoa, se situó a inmediaciones de la infantería de reserva, habiendo llegado allí pocos momentos después que aquella fuerza.

Por último, la caballería con sus tres regimientos, Cazadores, Granaderos y Carabineros, bajo las órdenes del Comandante General, teniente coronel don Emeterio Letelier, llegó a las 4 A.M. del mismo día 13 a situarse en la parte baja de La Tablada, oculta los tiros de la artillería enemiga por un cerro que la cubría del lado de San Juan.

Hasta ese instante nada hacía notar que el enemigo se hubiera apercibido de nuestro movimiento. Una espesa neblina, que cubrió el campo durante un largo rato antes de amanecer, envolvía a ambos ejércitos en una densa oscuridad.

Eran las 3.30 A.M., cuando las tres divisiones comenzaron de nuevo a moverse para ir al ataque de las posiciones que les estaban respectivamente señaladas.

La 1ª, teniendo una distancia mucho menor que recorrer, fue también la primera que abordó al enemigo. Pocos minutos antes de las 5 A.M. un nutrido fuego de fusilería y ametralladoras, seguido bien pronto de un cañoneo, cayó como una lluvia sobre las cabezas de columna de esta División, que trepaban silenciosa y resueltamente la escarpada y movediza pendiente de arena, cuyas elevadas cimas coronaba la línea peruana. En un momento el combate se hizo general por este lado, rompiendo sus fuegos sobre el enemigo la infantería y artillería de la División, siendo eficazmente apoyados por los cañones de algunos buques de la escuadra, que batieron durante largo rato el ala derecha de la posición asaltada. Desde que aclaró bien el día pudieron notarse los visibles progresos que hacían nuestras fuerzas en este ataque, dirigido con valeroso ímpetu por el Jefe de la División. Una buena parte de las trincheras y reductos del enemigo se hallaban ya en nuestro poder; y observando V.S. que algunos otros ofrecían más tenaz y sólida resistencia, a la cual debía contribuir los refuerzos que podría el enemigo llevar, como en efecto llevaba de la línea de San Juan, ordenó V.S. que la reserva avanzara a apoyar la derecha de la 1ª División y atacar las posiciones peruanas entre San Juan y Santa Teresa. Este ataque fue llevado con todo el vigor que las circunstancias del momento requerían; y desde que ambas fuerzas pudieron darse la mano, el ala derecha peruana se rompió definitivamente y cedió el campo, replegándose sobre las alturas del Morro Solar, en donde emprendió una nueva y más tenaz resistencia.

Pocos momentos después que la reserva, entraba por el centro al fuego la 2ª División, apoyada hacia la derecha por los batallones de la 3ª. La 2ª debía entrar en acción al mismo tiempo que la 1ª, es decir, al amanecer; pero inconvenientes de la marcha causados por la oscuridad y la distancia, hicieron que no pudiera llegar a la línea de batalla hasta las 6 A.M. Protegida eficazmente por los fuegos de la artillería de campaña y de montaña, la 1ª Brigada de esta División, al mando del coronel Gana, cargó resueltamente en columna, por regimientos desplegados, las fuertes posiciones del cordón de San Juan.

El Regimiento Buín, marchando en primera línea, en orden disperso, trepó con increible audacia y rapidez la eminencia dominante de aquel cordón, de la cual se apoderó a fuego y bayoneta, rompiendo por su centro la línea peruana que desde este instante comenzó a flaquear visiblemente. Sin pérdida de momento, el Buín ejecutó con su derecha un movimiento envolvente sobre la izquierda del enemigo, y tomando de flanco y por retaguardia las zanjas que cubrían la primera abra de San Juan, barrió con los batallones peruanos allí parapetados, haciendo en ellos una espantosa matanza. Al mismo tiempo los regimientos Esmeralda y Chillán, que seguían el movimiento del Buín, se apoderaban de las alturas que seguían hacia la derecha entre las dos abras y barriendo a las fuerzas peruanas que cubrían el camino que conduce a Tebes, abrían en el centro dela línea enemiga una inmensa brecha, dividiéndola completamente en dos partes, de las cuales la izquierda quedaba relativamente débil y era arrollada del todo momentos después por las fuerzas de la 2ª Brigada y algunas de la 3ª División, que llegaba allí después de haber batido a las tropas enemigas que cubrían las alturas dominantes de la Pampa Grande, en donde tenía lugar el despliegue de nuestras fuerzas por este lado y su marcha al ataque.

Eran las 7.30 A.M. y ya la infantería enemiga del centro iba en derrota abierta, cuando V.S., a fin de completarla e impedir que pudiera rehacerse en segunda línea, dio orden al Comandante General de caballería de hacer cargar por el abra del camino de Tebes, al Regimiento Carabineros de Yungay y al de Granaderos a caballo. Aquella carga fue decisiva.

Nuestros bravos regimientos, desembocando por la citada abra al llano de Pamplona, cayeron como una avalancha sobre los quebrantados batallones peruanos que huían por la pampa del Cascajal, acuchillándolos con tal empuje y bravura, que en muy corto tiempo quedó todo aquel campo libre de enemigos y sembrado de cadáveres, hasta la hacienda de Tebes y La Palma.

A las 8 A.M. los fuegos habían disminuido considerablemente, y aún llegó un momento en que cesaron casi por completo. Era que el enemigo se retiraba en desorden y reunía apresuradamente sus fuerzas vencidas de San Juan para defender la población de Chorrillos. Mientras tanto, la División del coronel Iglesias, que había entrado en batalla con más de 5.000 hombres, se mantenía todavía firme y casi intacta sobre las alturas del Morro Solar y la punta denominada de Chorrillos, posiciones todas fuertemente atrincheradas y artilladas con cañones de grueso calibre.

En esta situación, nuestras fuerzas avanzaban sobbvre el enemigo en el siguiente orden: la 1ª División subía al ataque de las posiciones del Morro Solar; la reserva marchaba rodeando el Morro por el lado norte, siguiendo el camino que, desembocando del portezuelo de Villa, conduce por el pie del Morro hasta Chorrillos. La 1ª Brigada de la 2ª División se dirigía sobre Chorrillos por elcamino que va desde las casas de San Juan, adonde había llegado después de romper la primera línea enemiga. El resto de las fuerzas bajaba en ese momento al llano de Pamplona, cerca de las casas de San Juan, en donde V.S. me ordenó reunirlas y organizarlas convenientemente para continuar el ataque.

De paso haré notar aquí que esta pampa se encontraba materialmente sembrada de bombas automáticas que nos causaron en aquel momento sensibles bajas, estallando un gran número bajo los pies de nuestros soldados.

En pocos momentos nuestras fuerzas estrecharon al enemigo y el fuego recomenzó más nutrido que en los anteriores combates parciales, como que ahora las tropas peruanas se hallaban reconcentradas en un reducido espacio de terreno. La fusilería y el cañoneo se mantuvieron durante algunas horas, de una y otra parte, con extraordinario vigor. El enemigo, acorralado en sus últimos atrincheramientos, cortada su línea de retirada y encerrado en un círculo de fuego, hacia supremos y deseperados esfuerzos de resistencia. Quedábanle aún sus mejores posiciones y una parte considerable de sus fuerzas.

Como a las 9.30 A.M., recibí por condcuto del teniente Walker, del Estado Mayor General, agregado a la 1ª División por ese día, aviso del coronel Lynch de encontrarse sus fuerzas muy diezmadas por el largo y reñido combate, en vista de lo cual pedía refuerzos con urgencia.

Inmediatamente se ordenó al coronel don Pedro Lagos que marchase a reforzarle con una brigada de la División de su mando, lo que ejecutó en el acto, llevando por aquel lado los cuerpos de infantería de la 2ª Brigada que mandaba el comandante Barceló.

Al mismo tiempo se ordenó al Jefe de Estado Mayor de la División, hiciera avanzar la Brigada Urriola con la artillería de montaña por el camino de San Juan a Chorrillos, en apoyo de la Brigada Gana; y por el mismo camino se dispuso siguieran las baterías de campaña que allí se encontraban.

Detrás de estas fuerzas siguió pronto la Brigada Barbosa, quedando la caballería en San Juan, en observación de los refuerzos que pudieran venir al enemigo del lado de Tebes y Monterrico.

El fuego arreciaba más y más. La 1ª División embestía con nuevo y más vigoroso ímpetu las posiciones del Morro, mientras que los regimientos de la reserva, Zapadores y Valparaíso, trapaban flanqueándolas por las faldas del norte; y los batallones de la 3ª subían a paso de carga las empinadas crestas, apoyando a las fuerzas de la 1ª. El enemigo, arrojado de posición en posición y de fuerte en fuerte, dejando en cada punto las sangrientas huellas de su porfiada resistencia, llegó con sus restos mutilados y deshechos hasta las lomas de la Punta de Chorrillos, que en aquel momento barrían ya las granadas de nuestras baterías ce campaña convenientemente situadas en la llanura.

Pero aquí también, acosado de cerca por nuestra infantería y hallando cortada la retirada hacia la población por algunos cuerpos que la interceptaron, sus despedazados batallones se rindieron al fin, después de una corta refriega en aquel punto, cayendo en nuestro poder un considerable número de prisioneros.

Mientras que tenía lugar aquel combate en las alturas, en la población se desarrollaba al mismo tiempo otro no menos reñido por ambas partes. Fuerzas de infantería de las distintas divisiones, al mando de sus respectivos jefes y oficiales, y artillería, atacaban a las tropas peruanas atrincheradas en el pueblo, que hacían vivísimos fuegos desde los terrados de las casas y desde sus puertas y ventanas. Este combate en las calles fue obstinado y sin cuartel, que los combatientes de uno y otro lado no daban ni pedían. Nuestros arrojados e invencibles infantes que tenían que entrar por las calles, en donde a cada paso eran recibidos por granizadas de balas que partían de diversos puntos, los que inmediatamente atacaban a fuego y bayoneta hasta exterminar a los porfiados grupos enemigos. En medio del ardor de la pelea, las granadas de nuestra artillería, prendieron fuego a la población y el incendio cundió rápidamente, envolviendo a los defensores de la plaza entre torbellinos de humo y de llamas.

Muchos morían así calcinados entre los escombros de los edificios; y los demás, acosados de manzana en manzana y de casa en casa, eran ultimados por las bayonetas de nuestros infantes. Algunas tropas enemigas que llegaron en la última hora, en un tren de Miraflores, que conducía carros blindados armados de cañones y que hacían un nutrido fuego, tuvieron que huir también apresuradamente, al encontrar tomada la plaza y al recibir las descargas de nuestra artillería e infantería.

A las 2 P.M. la batalla había terminado por completo, quedando el pueblo sembrado de cadáveres, tanto en las calles como en el interior de las casas, y ofreciendo el conjunto un cuadro de sangre y de horrores ennegrecido por el humo e iluminado a trechos por la siniestra y rojiza luz del incendio.

Era ya necesario ocuparse activamente en establecer el campamento de las tropas a fin de darles un descanso, que se hacía indispensable después de una noche de marcha por arenales y de nueve horas de reñido combate, atacando al asalto cerros que parecían inexpugnables, y a fin también de reunir mucha gente que andaba dispersa por el valle y la población, lo que no se había podido evitar a causa de la naturaleza y grande extensión del terreno en que la batalla había tenido lugar. La victoria era espléndida pero sangrienta, y había necesidad de atender al cuidado y curación de muchos heridos que yacían tendidos en el campo, sin más auxilios inmediatos que los que de paso y con escasos elementos para un trabajo tan extraordinario podían prestarles nuestras ambulanciassobre el campo mismo.

La 1ª División acampó junto a la población de Chorrillos, al pie del Morro Solar; la 2ª y 3ª, caballería y artillería, se distribuyeron convenientemente en los potreros que hay entre la población y San Juan.

Las ambulancias establecieron dos hospitales: uno en la hacienda de San Juan y otro en Chorrillos, en el edificio de la Escuela de Cabos.

Así pasó la noche del 13. El 14 por la mañana ordenó V.S. que la 1ª División se colocase a vanguardia de Chorrillos, en los potreros que quedan a la izquierda de la línea férrea, y la 3ª un poco más avanzada que aquella, a la entrada del pueblo de Barranco. Este movimiento, que debía seguir el resto del ejército, tenía por objeto amagar en su campo atrincherado de Miraflores al enemigo que trataba de reunir allí a toda prisa, no sólo los restos de los batallones vencidos en Chorrillos y San Juan, sino también las guarniciones del Callao y Lima y las fuerzas de su ejército de reserva que se hallaban diseminadas por las haciendas del vale de Surco arriba, hasta los alrededores de Ate. Pero como desde la mañana comenzara el Cuerpo Diplomático extranjero a intervenir entre ambos beligerantes, con el propósito de evitar mayor efusión de sangre y las desgracias que una batalla a las puertas de Lima podría acarrear sobre esta capital, el movimiento ofensivo de nuestro ejército se paralizó en este punto, a fin de dar tiempo a que se establecieran, si ello era posible, algunos preliminares de avenimiento, a los cuales el enemigo parecía dispuesto a diferir.

Después de varias conferencias habidas el 14 y en la mañana del 15, se arribó a un ligero armisticio de algunas horas, que debía durar hasta las 12 P.M. del día 15; pero bajo la condición de que nuestro ejército, sin atacar al enemigo durante el plazo convenido, podría, no obstante, continuar su movimiento comenzado y desarrollar su línea de operaciones dentro del campo que dominaba.

En virtud de este pacto, V.S. en persona, acompañado del Estado Mayor General, se adelantó poco después del mediodía, para reconocer el campo donde debía tenderse la línea de nuestras posiciones. Ya de antemano se había impartido órdenes a la 3ª División y a la artillería de campaña para que se establecieran delante del pueblo de Barranco, apoyando la 3ª División su costado izquierdo a la barranca que cae al mar.

El ejército peruano se encontraba fuertemente establecido en el campo atrincherado de Miraflores, apoyando su derecha al mar y extendiéndose hacia su izquierda como cinco o seis kilómetros en dirección a Monterrico Chico, donde tenía posiciones artilladas con cañones de grueso calibre. Toda la línea formaba un cordón no interrumpido de trincheras, hechas de los tapiales de cierro de campo, aspillerados en toda su extensión para que la infantería pudiese disparar sin ser vista y apoyados fuertemente por formidables reductos guarnecidos por artillería e infantería y situados de distancia en distancia, a 1.000 metros, más o menos, uno de otro de derecha a izquierda. Estos atrincheramientos estaban además defendidos por anchas y profundas zanjas que impedían el acceso a las trincheras, sin contar todavía con las minas automáticas que aquí, como en el campo de Chorrillos, cubrían el frente, flancos y retaguardia de la posición.

Finalmente, apoyaban también aquel campo atrincherado nla batería de costa de Miraflores, situada un poco a vanguardia de la población del lado del mar, y las baterías altas de los cerros de Monterrico, Valdivieso, San Bartolomé y San Cristóbal, todos armados con gruesos cañones de largo alcance, cuyos fuegos dominaban la campiña en toda su extensión.

Aún cuando desde la mañana se había notado en el campo peruano ciertos movimientos extraños, que parecían indicar la preparación de un próximo ataque, no era posible suponerlo siquiera, estando, como estábamos, bajo la fe de un convenio acordado con la respetable intervención de los representantes de las potencias neutrales y garantizado por la palabra empeñada ante ellos de no romper las hostilidades hasta después de las 12 P.M. de aquel día, si es que antes de esa hora no hubiera podido arribarse a ningún arreglo.

Se había visto moverse en el campo enemigo gruesas masas de tropas de un lado a otro. Se había notado que el ala derecha peruana avanzaba hasta ponerse en son de combate muy cerca de nuestra línea. Se había observado diversos trenes que llegaban del lado de Lima, conduciendo considerables refuerzos. Pero todos estos movimientos que en realidad eran los preliminares que hacían presumir una gran batalla próxima, se habían atribuido al natural empeño del enemigo de prepararse para el combate del siguiente día, en el caso de que las negociaciones entabladas no dieran resultado, o bien sólo a una maliciosa ostentación de fuerzas y de posiciones formidables para obtener ventajas en el ajuste de las condiciones del pacto preliminar de que se trataba.

Era tal la confianza que a este respecto dominaba los ánimos en el campo chileno, que ni siquiera se creyó necesario avanzar nuestra línea marchando en orden de batalla. Podíamos bien avanzar desde Chorrillos en tres o más columnas paralelas, listas para desplegar en un caso dado y en cualquier punto de la marcha, aprovechando diversas rutas que convergían al campo elegido para desarrollar la nueva línea. Pero el pacto acordado nos ahorraba los inconvenientes y dificultades inherentes a aquella maniobra, y se dispuso que las divisiones marchasen sucesivamente, siguiendo el camino real de Chorrillos a Miraflores.

Desde la mañana, la artillería de campaña avanzó a establecerse en las cercanías del pueblo de Barranco. Poco después, a las 12 M., comenzaban a entrar en línea los cuerpos de la 3ª División, situándose a vanguardia de la artillería, con la izquierda apoyada a la barranca del mar. La 1ª División, que debía formar el centro del orden de batalla, extendiéndose sobre la derecha de la 3ª, se había puesto en movimiento y se hallaba en desfilada por el camino real. La 2ª, que debía formar el ala derecha, se encontraba aún en Chorrillos lista para marchar.

La caballería se había avanzado por el camino de la vía férrea hasta las goteras del pueblo de Barranco, adonde también había llegado la reserva.

Eran ya las 2 P.M. V.S., acompañado del Estado Mayor General, se había avanzado hacia la derecha de la 3ª División con el objeto de determinar la situación que debía ocupar la 1ª, cuando de repente, sin que nadie preludiase ni pudiera justificar un acto semejante, la línea peruana rompió en un vivísimo fuego de infantería y artillería. Un verdadero granizo de balas de rifle y una lluvia de proyectiles de cañón, lanzados de todos los reductos y fuertes artillados, cubrió a los escasos batallones de la 3ª y a las baterías de artillería que a esa hora se encontraban en formación; y sólo la disciplina y serenidad de nuestros soldados, así como la bravura de sus jefes y oficiales, pudieron evitar que en aquel momento de sorpresa se produjeran el pánico y el desórden que eran consiguientes, y sobre los cuales contaba sin duda alguna el enemigo para alcanzar una fácil aunque bochornosa victoria.

Y tales fueron el aplomo y sangre fría de nuestras tropas en aquel supremo instante, que los jefes de los cuerpos que estaban formados, creyendo que aquel fuego de la línea enemiga debía ser efecto de alguna equivocación momentánea y que no debía durar, ordenaron a sus soldados no contestarlos y aún hicieron cesar el de algunas compañías que ya lo habían comenzado.

Pero como el fuego del enemigo arreciara más y más, haciendo en nuestras filas sensibles bajas, sin que aquello llevara visos de terminar, fue preciso recoger el guante que se nos arrojaba, y nuestra línea rompió sus fuegos con la precisión y denuedo característicos de nuestros valientes soldados.

Formada ya completamente en línea la 3ª División, y como la 1ª no llegase todavía, se ordenó que entraran a reforzar a aquella los regimientos de infantería de la reserva, que se hallaban más a mano, sirviendo de sostén a la artillería de campaña. Con este refuerzo, nuestra ala izquierda quedaba bastante sólida y fuerte para resistir a las embestidas que el enemigo pudiera tentar por ese lado, y aún para tomar la ofensiva tan pronto como llegara el momento de hacerlo.

Se mandó al mismo tiempo acelerar la marcha de la 1ª División, aumentada ese día con el Batallón Quillota, que recién llegaba de Pisco; aunque, por otra parte, se le había segregado el Batallón Melipilla, el Regimiento Artillería de Marina y la brigada de artillería de montaña, que emprendieron un largo rodeo por retaguardia para llegar a la derecha de nuestra línea, sin alcanzar a verificarlo. Sólo la brigada de artillería de montaña pudo desde una posición distante de la línea arrojar sobre la izquierda enemiga algunas certeras granadas al final de la acción.

Desde el principio del combate el enemigo hacía los más poderosos y visibles esfuerzos para envolvernos por el costado derecho aún descubierto; y, a decir verdad, si lo hubiera conseguido, la faz de la acción habría cambiado notablemente.

A fin de parar este golpe, se mandó orden a la caballería de avanzar por aquel costado y cargar a las fuerzas peruanas que comenzaban a salir al llano.

Se envió igualmente orden a la 2ª Brigada de la 2ª División, que se encontraba adelante de San Juan, para que avanzara, a fin de servir de apoyo y sostén a nuestra derecha. Entre tanto, la 3ª División, aunque incompleta, por haber dejado de guarnición en Chorrillos al Batallón Bulnes, y aunque abrumada por el fuego de un enemigo muy superior en número y ventajosamente colocado, mantenía en la izquierda vigorosamente el combate.

Prestaban también una eficaz ayuda los cañones de la escuadra, que desde el principio de la acción batían de enfilada las fuertes posiciones del ala derecha peruana.

Eran un poco más de las 3 P.M. cuando los primeros batallones de la División Lynch comenzaban a entrar en línea bajo un mortífero fuego y cerraban valientemente contra el centro de la posición enemiga.

A esa hora la derecha peruana empezó a ceder. Sus tropas, agobiadas por un largo y rudo ataque de frente y flanco y privadas ya del auxilio que durante la primera parte de la jornada les dieran los fuegos del centro de su línea, aflojaban notablemente. El momento decisivo se acercaba y no había tiempo que perder. Nuestra derecha estaba ya sólidamente apoyada por las fuerzas de la 1ª División y los regimientos de caballería que escaramuceaban ya por aquel campo, ahuyentando a la caballería enemiga y teniendo a raya a la infantería detrás de sus trincheras.

En el acto el coronel don Pedro Lagos lanzó adelante a los regimientos Concepción y Santiago y al Batallón Caupolicán, los que se precipitaron con decisión sobre la primera línea de atrincheramientos, arrojando de allí al enemigo a bala y bayoneta y apoderándose de todo el extremo derecho de aquella importante posición.

Antes de que las fuerzas del ala derecha peruana se repusieran del estupor y desconcierto consiguiente a aquella audaz e inopinada carga, todo el resto de la 3ª División y los cuerpos de la reserva se lanzaron al ataque de la posición enemiga, la que en poco rato barrieron por completo, sembrando la muerte en las filas peruanas y adueñándose de todo el terreno que ocupaba el ala derecha, hasta la población de Miraflores.

Eran las 4.30 P.M. y ya el fiel de la victoria se inclinaba decididamente del lado de nuestras armas.

Bien pronto nuestras fuerzas vencedoras en Miraflores envolvieron por el flanco derecho al grueso del ejército enemigo, mientras que los batallones de la 1ª División se lanzaban al ataque por el frente con ese empuje de que tantas y tan espléndidas pruebas habían sabido dar en la gloriosa jornada del día 13.

En vano fue que el enemigo aglomerase allí sus más disciplinadas tropas, resuelto a hacer pie firme y a oponer una última y deseperada resistencia; en vano que apelase al extremo recurso de hacer estallar numerosas minas. No había esfuerzo que fuera bastante a detener el ímpetu de nuestros infantes lanzados ya al sendero del triunfo.

El centro del enemigo fue arrollado y deshecho en breve rato, siguiendo poco después igual suerte el ala izquierda.

A las 6 P.M. todo el campo de batalla era nuestro y los restos dispersos del ejército peruano corrían a la desbandada por la llanura, en la más completa y desordenada fuga, disolviéndose en aquella decisiva jornada para no volver a rehacerse.

Este día, como el 13 en Chorrillos, el tren de los carros blindados llegó después de la acción haciendo fuego de artillería sobre nuestras tropas; pero algunos disparos de nuestros cañones bastaron para ahuyentarlos.

Terminada la batalla, se ordenó al Jefe de la 1ª División, que había avanzado en persecución de los fugitivos, reuniera sus fuerzas y acampase aquella noche en la pampa denominada de Miraflores, como tres cuartos de legua distante de la hacienda de Monterrico Chico. La 3ª alojó en el pueblo de Miraflores, y la 2ª a retaguardia en el campo que durante la acción había ocupado nuestra línea de combate.

La jornada había sido ruda y sangrienta y costaba al enemigo la pérdida de los últimos restos de su poder militar. Casi todo su material de guerra estaba en nuestro poder, su ejército disuelto, su capital indefensa y a discreción del vencedor.

El día 16, el alcalde municipal de Lima pactó con V.S. la entrega incondicional de la ciudad, que fue ocupada al día siguiente por los regimientos Buín 1º de Línea, Zapadores, Batallón Bulnes, una brigada de artillería de campaña y los regimientos de caballería Carabineros de Yungay y Cazadores a caballo, a las órdenes del señor General Saavedra.

El 18 por la mañana la 1ª División se dirigió al Callao, y el mismo día entró V.S. con el Estado Mayor General a la capital, siguiéndole sucesivamente las demás tropas del ejército.

Cábeme ahora, señor General en Jefe, la honrosa y grata satisfacción de recomendar ante V.S., ante el Supremo Gobierno y el país, el digno, valiente y noble comportamiento de todos los buenos hijos de Chile que han formado parte de este ejército, que tan inmarcesibles glorias ha sabido dar a nuestra amada patria. Todos ellos, jefes, oficiales y soldados han cumplido con su deber y se han hecho acreedores a la consideración del generoso pueblo que quiso confiar a sus robustos brazos la defensa de sus derechos.

Fuertes y sufridos en las marchas, pacientes y resignados en las privaciones del campamento, serenos y bravos en el campo de batalla, prudentes y modestos después de la victoria, su valor, su moralidad, su disciplina, son para nuestro caro Chile otros tantos timbres de legítimo orgullo y de gloria sin mancilla.

Grandes y dolorosas pérdidas nos cuesta el triunfo: el coronel Martínez, los comandantes Yávar, Souper, Zañartu, Marchant y Silva Renard; los sargentos mayores Zoraindo y Jiménez; el teniente, segundo ayudante de Estado Mayor General don Ricardo Walker, y muchos otros valientes oficiales y soldados, regaron con su sangre los campos de tan brillantes victorias.

Espero que la gratitud nacional, para la cual han conquistado tan brillantes títulos con su gloriosa muerte, sabrá pagar, ya que a ellos es imposible, a sus más inmediatos deudos, la generosa sangre que vertieron noble y valientemente por la causa de Chile.

Entre los heridos tenemos también muchos distinguidos y notables jefes, como el coronel Toro Herrera, los comandantes Barceló, Funezalida, Dublé, Cortés, Soto, Pinto Agüero y otros que han caido como buenos en el campo cumpliendo con su deber.

Tanto de los señores jefes, oficiales y soldados muertos y heridos en estos dos memorables combates adjunto a V.S. listas por separado.

Aunque la infantería ha sido el alma del ejército, la que con su incomparable arrojo nos ha dado tan grandes triunfos, escalando los elevados cerros, cargando en la llanura, asaltando trincheras y reductos, barriendo al enemigo en todas partes y regando con torrentes de su sangre generosa el campo de sus propias glorias, creo que debo también una palabra de felicitación a las armas especiales y cuerpos auxiliares, que cada cual en su esfera de acción, han sabido prestarle eficaz ayuda en el momento oportuno.

La artillería ha sabido corresponder bien a las expectativas que se fundaban en su poderoso contingente y a los sacrificios que el país ha hecho para dotarla con el valioso material que posee. En Chorrillos y en Miraflores, las baterías de montaña del comandante González y mayor Herrera del Regimiento número 1, las de los mayores Gana y Jarpa del número 2, las baterías de campaña de ambos regimientos, mandados personalmente por sus respectivos comandantes, señores Wood y Novoa, y en general todas las secciones de esta arma han contribuido eficazmente con sus certeros fuegos al éxito alcanzado.

La caballería ha prestado durante la campaña los más importantes servicios, ocupada incesantemente en avanzadas, reconocimientos y todo género de operaciones militares. En el campo de batalla se ha distinguido por su bravura, probando con sus brillantes cargas que a pesar de los modernos perfeccionamientos introducidos en el arma de infantería, puede siempre el sable de la caballería dar golpes decisivos en ciertos momentos del combate.

El cuerpo de Zapadores se ha hecho acreedor a especial recomendación por los muchos e importantes trabajos ejecutados durante la campaña, ya en los desembarcos, ya en la construcción de caminos, puentes y otras obras.

La marinería de la escuadra ha prestado también muy oportunos servicios en los trabajos de embarque y desembarque de las tropas, hábilmente dirigidos por el capitán de fragata don B. Campillo, jefe de transportes. En general, nuestra marina nos ha auxiliado muy eficazmente, no sólo en la conducción de las tropas, sino también en los combates, adquiriendo con estos servicios nuevos y justos títulos a la gratitud nacional.

Me permito también recomendar a V.S. al cuerpo de ayudantes de este Estado Mayor General, compuesto como sigue: efectivos: ayudante general y secretario, teniente coronel don Adolfo Silva V.; primeros ayudantes, tenientes coroneles don Waldo Díaz G. y don Ambrosio Letelier; los sargentos mayores don José Manuel Borgoño, don Francisco J. Zelaya, don Florentino Pantoja y don Francisco Villagrán; los segundos ayudantes, sargentos mayores graduados, don Juan José Herreros y don Fidel Urrutia, y los capitanes don José Agustín Barros Merino, don A. Cruz V., don Enrique Munizaga, don Manuel H. Maturana, don Santiago Herrera, don Alberto Gándara y don Enrique Tagle C.; los tenientes don J. Agustín Benítez, don José Santiago Peñailillo y don Ricardo Walker Martínez; agregados coronel graduado don José A. Bustamante; teniente coronel don Hilario Bouquett; los sargentos mayores don Daniel Silva V. y don Gabriel Álamos; los capitanes don Manuel Romero, don J. Agustín Zelaya, don R. MacCutcheon, don Augusto Orrego, don Juan de la Cruz Saavedra y don Pedro N. Letelier; teniente don Diego Miller; los subtenientes don Eduardo Hurtado y don Luis Silva M., y el capitán don Eleodoro Guzmán, que se puso a las órdenes del Estado Mayor al principiar la batalla de Chorrillos, han desempeñado todos, a mi entera satisfacción, los trabajos y comisiones que les he confiado durante la campaña y han prestado sus servicios con inteligencia y serenidad en el campo de batalla.

Creo también justo hacer mención aquí de los señores oficiales de las escuadras extranjeras, que nos han acompañado en esa cruda y penosa jornada, compartiendo con nosotros las privaciones inherentes a la vida de campaña, y expuestos como los demás a los peligros de la batalla, aunque sin tomar en ella ninguna parte por su condición de neutrales. Son estos los señores don W. Mullan, capitán de corbeta de la marina norteamericana; Williams A. Acland, capitán de fragata de la marina inglesa; E. L'Lean, teniente de navío de la marina francesa, y Eppicio Ghighoth, teniente de navío de la marina italiana.

El importante servicio de los parques, a cargo del teniente coronel don Raimundo Ancieta y del sargento mayor don Exequiel Fuentes, ha sido desempeñado, tanto en el Paque General como en los divisionarios, con tan notable oportunidad en cada caso, que me hago un deber en recomendar como se merece la digna conducta de los jefes y oficiales que lo han dirigido.

Respecto a la conducción general de bagajes, a cargo del teniente coronel de guardiias nacionales don Francisco Bascuñán A., teniendo que atender con precisión y exactitud a las mil diferentes necesidades de un numeroso ejército, en territorio enemigo, desconocido y escaso de recursos, este servicio, no obstante, ha sabido bastar con notable expedición a todas las exigencias, antes de la batalla y en el campo mismo de la acción y del combate. Sus jefes, oficiales y empleados se han hecho por ello acreedores a una recomendación especial.

Desde el principio del combate nuestras ambulancias, hábilmente dirigidas y servidas, formaban detrás de la fila de los combatientes una segunda línea tan movible como aquella y que seguía sus pasos y maniobras en medio del fuego, recogiendo los heridos, atendiéndolos y curándolos sobre el mismo campo. Era un segundo ejército de caridad, armado de hilas y vendajes, que iba paso a paso con admirable orden y precisión, batiéndose contra la destrucción y la muerte, atacando con vigor y destreza la obra siempre brutal del plomo y del hierro.

Nuestras ambulancias no han dejado que desear en el campo de batalla; y luego, cuando la pelea había pasado, cuando las tropas se habían retirado a reposar de las fatigas de la jornada, ellos, los valientes soldados de la caridad, no han sentido la necesidad de tomar descanso; bien al contrario, han redoblado sus generosos esfuerzos en el día y en la noche, sin comer y sin dormir, hasta dejar concluida la santa y noble misión de recoger a los hospitales fijos los millares de heridos que reclamaban su oportuno auxilio.

V.S. y el ejército entero son testigos de la obra extraordinaria realizada por nuestro cuerpo de cirujanos, tan hábil y acertadamente dirigido por su distinguido jefe, el doctor don Ramón Allende Padín. No hay peligro que no hayan arrastrado en la batalla; no hay dificultades que no hayan sabido vencer, no hay fatigas y privaciones que no hayan soportado para cumplir dignamente con la elevada misión de humanidad que se habían impuesto.

El cuerpo de capellanes, dirigido por su inmediato jefe don Florencio Fontecilla, ha cumplido satisfactoriamente con el noble deber que le imponen las augustas funciones de su ministerio. En el campo de batalla y en las ambulancias, el sacerdocio que compone este respetable cuerpo, se ha distinguido por el celo y abnegación con que ha atendido a los numerosos heridos y enfermos de nuestro ejército.

Los servicios de la Intendencia General del Ejército han estado a las alturas de las circunstancias y de las necesidades de la situación; habiendo tenido que vencer en muchos casos verdaderas dificultades para atender a las múltiples y extraordinarias exigencias de un ejército como el nuestro, que expedicionaba a tan larga distancia de sus bases de operaciones y de recursos.

Es así, señor General en Jefe, como este ejército, compuesto de soldados tan valientes y de ciudadanos tan abnegados, ha podido llegar a dar cima a la empresa que el país había confiado a su patriotismo, y cómo ha podido alcanzar al término de la jornada sin dar nunca un paso atrás, sin flaquear un momento, y marchando siempre de victoria en victoria, contra un ejército de 35.000 hombres.

Dios guarde a V.S.
MARCOS 2º MATURANA

Al señor General en Jefe del ejército de operaciones del Norte.

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Última edición por Jonatan Saona el Miér Ene 14, 2015 2:37 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Miér Ene 14, 2015 2:26 pm

Parte de Patricio Lynch, comandante de la 1 división, sobre la batalla de San Juan (Chorrillos)
COMANDANCIA EN JEFE DE LA 1ª DIVISIÓN

Señor:

Dándome cuenta el Jefe del Estado Mayor de la División de mi mando de los hechos relativos a la brillante jornada de Chorrillos, en la cual correspondió a las fuerzas de mi mando una larga y tremenda tarea que supieron empezar y concluir con gloria, me dice lo que sigue:

"Como Jefe de Estado Mayor de la División que está al mando de V.S., me cabe la satisfacción de dar cuenta de los sucesos militares que tuvieron lugar en la memorable jornada el día 13 del presente y que dieron por resultado el triunfo de nuestras armas sobre el ejército peruano en la batalla de Chorrillos.

En cumplimiento de órdenes impartidas por el Cuartel General, V.S. dispuso que a las 5 P.M. del día 12, la división que estaba acantonada en el valle de Lurín se pusiese en marcha, formando cuatro columnas paralelas: la 1ª compuesta de los regimientos 2º de Línea y Colchagua, que formaban la derecha; la 2ª, de los regimientos Atacama y Talca, la 3ª, de los regimientos 4º de Línea y Chacabuco, y la 4ª, del Regimiento Coquimbo y Batallón Melipilla. Las tres primeras seguían el camino de Lurín a Chorrillos por el alto, paralelas a la línea telegráfica, y la 4ª, el de la playa que conduce a la misma ciudad. Esta columna marchaba seguida de dos baterías de artillería de montaña y el parque, y éstas protegidas a su vez por el Regimiento de Artillería de Marina.

Sin inconveniente alguno se marchó hasta las 12 P.M., haciendo alto como a unos cinco kilómetros de los puntos que, según instrucciones, debían ser atacados al amanecer.

A las 3.30 se levantó nuevamente el campo, y fijados que fueron a cada columna los puntos que debían atacar y arreglada la forma en que debía hacerse, se marchó resueltamente a su ejecución en orden de batalla, llevando la línea de vanguardia cubierto su frente por sus respectivas guerrillas.

Una densa niebla cubría los morros y sólo pocos minutos antes de las 5 pudimos notar unos cohetes de señales. A las 5 A.M. sentimos que el enemigo rompía sus fuegos; nuestra división continuó impasible por algunos minutos hasta descubrir sus posiciones, trabándose enseguida un vivísimo fuego de fusilería contra sus trincheras, que la distancia de 300 a 400 metros que nos separaba de ellas y la claridad nos las ponían de manifiesto.

De los tres morros sobre los cuales dirigimos el primer ataque, dos cedieron luego al vigoroso empuje de los regimientos 4º de Línea y Chacabuco y parte del Atacama y Talca. El morro más alto, atacado por parte de los dos últimos regimientos y las trincheras que habían correspondido al 2º de Línea y Colchagua, se resistieron por más de dos horas, estando apoyado el enemigo por algunas fuerzas que defendían las trincheras que tenían en la hacienda de San Juan y que habían sido designadas a otra división, y que sólo pudo entrar en combate un poco más tarde que la 1ª.

Tomados los primeros morros, los regimientos 4º y Chacabuco y algunos grupos del Atacama y Talca continuaron atacando las trincheras que estaban a nuestra izquierda, y el enemigo fue abandonando sucesivamente después de sangrientos combates en cada una de ellas. En un morro que llamaremos de Las Canteras, se hizo una resistencia tan tenaz, que además de mucha tropa nuestra que quedó allí fuera de combate, tuvimos la desgracia de ver caer mortalmente herido al segundo comandante del Chacabuco don Belisario Zañartu, que reunía justos títulos para que se le llamase el valiente entre los valientes. A esta lamentable pérdida se siguió la del primer jefe del mismo regimiento, el bravo y entusiasta coronel señor don Domingo de Toro Herrera, que fue igualmente herido.

Nuestra tropa siguió avanzando hacia la izquierda hasta tomar una última y fuerte trinchera que había al pie del gran Morro Solar, de donde el enemigo continuó haciendo un vivísimo fuego de fusilería, ametralladoras y artillería que tenía colocada en la cima de esa ventajosísima posición. Aquí nuestras fuerzas se limitaron a mantener los puntos conquistados, ya por el corto número a que estaba reducida, ya por el cansancio consiguiente después de haber recorrido desde que principió el combate no menos de cuatro kilómetros de terreno arenoso y sobremanera accidentado.

Cuando se llegó a este último punto, se vio también al Regimiento Coquimbo y Batallón Melipilla que, auxiliados por nuestra escuadra, entraba por la izquierda, y ayudados por nuestras fuerzas tomaban posesión de varias trincheras que por ese flanco tenía el enemigo para defenderse del ataque que debía hacérsele por la playa.

El enemigo, acosado así por su derecha y por el frente, concentró todas sus fuerzas a la casi inexpugnable línea del Morro Solar, haciéndonos desde allí bajas considerables que no podíamos evitar sin abandonar el terreno conquistado. A esta hora, que serían las 8 A.M., estaba ya puesta en derrota la derecha del enemigo, y después de organziados los regimientos 2º de Línea y Talca con reducidas fuerzas, fueron en socorro de nuestra izquierda que estaba seriamente amenazada.

Nuestra artillería de montaña, almando del mayor Gana, tomó oportunamente, por orden de V.S., desde el principio del combate las posiciones que estimó más ventajosas y fue avanzando hasta colocarse en dos de los morros conquistados a nuestra izquierda. Allí establecida, sostuvo un nutrido y bien dirigido fuego sobre las posiciones que ocupaba el enemigo en el mismo Morro Solar, manteniéndose a 1.800 metros más o menos de la infantería enemiga.

Varias veces se intentó el ataque de este Morro; pero sin resultado, tanto por lo inaccesible de su frente y flanco, como porque el número de fuerzas de que hasta esa hora se podía disponer era muy reducido. En estos difíciles momentos llegó el refuerzo mandado por V.S., compuesto de los regimientos de la 1ª División que ya había deshecho al enemigo en nuestra derecha, y de algunos otros cuerpos de las otras divisiones que vinieron en auxilio nuestro.

Con estas fuerzas, convenientemente distribuidas, se procedió al ataque definitivo de sus últimas trincheras en el Morro Solar, dando por resultado que a las 12 M. estuvieran completamente apagados los fuegos del enemigo, excepto en el pueblo de Chorrillos, donde el combate terminó a las 3 P.M., porque las fuerzas enemigas, parapetadas en las casas, hicieron allí resistencia que, aunque tenaz, fue inútil.

El triunfo obtenido en este día por nuestro valiente ejército ha sido tan completo como espléndido; y la 1ª División, que tuvo que recorrer más de cinco kilómetros conquistando a viva fuerza los fuertes y trincheras del enemigo, que combatió contra más del doble número de fuerzas de las más veteranas, tiene derecho, a mi juicio, a un legítimo orgullo y a la satisfacción de haber contribuido poderosamente a la adquisición de tan brillante victoria.

Dolorosas y enormes son las pérdidas sufridas por nuestra División en jefes, oficiales y tropa, como podrá V.S. ver en las listas adjuntas, donde se nota que en general cada cuerpo parace que se impuso el deber de dar mayor número de víctimas combatiendo por la gloriosa bandera de la patria. Y apenas consuela un tanto los trofeos adquiridos, constantes en más de cuarenta cañones de todos calibres y siete ametralladoras arrebatadas al enemigo con valor heróico en once fuertes y trincheras que él creía inexpugnables porque no conocía el valor ni el empuje de los bravos hijos de Chile.

No entro, señor Comandante en Jefe, a hacer recomendaciones especiales, porque tengo la íntima convicción de que todos y cada uno ha llenado su deber, aún más allá de lo que debía esperarse, atestiguándolo las numerosas víctimas que se han sacrificado en aras de la patria. V.S., que tan acertadamente dirigió las fuerzas de su mando y que tan cerca pudo verlo y observarlo todo, es el mejor testigo de este aserto, y estoy seguro que habrá quedado satisfecho de la conducta digna y levantada de todos y cada uno de sus subalternos".

Al transcribir a V.S. el precedente parte, me es muy grato expresar a V.S., con legítimo orgullo, por el honor de las armas de Chile, que toda la División de mi mando, en la memorable jornada de Chorrillos, cumplió con su deber más allá de las exigencias militares.

Hubo un momento en que creí que no alcanzaría el aliento físico a mis fatigadas tropas para coronar la victoria trepando las empinadas cimas del Morro Solar después de haber tomado al asalto y a la bayoneta once trincheras sucesivas y nueve fortalezas artilladas, durante seis horas de combate; pero entonces tuve el placer de recibir el refuerzo que el señor General en Jefe se sirvió mandar en mi apoyo, bajo las órdenes del comandante del cuerpo de reserva, teniente coronel don Arístides Martínez, el cual supo llenar su deber a la altura de los demás jefes de mi División.

En el brillante comportamiento de los señores jefes y oficiales y de las tropas de la División de mi mando, se hace difícil hacer mención especial de algunos de ellos. Sin embargo, creo llenar un sagrado deber de justicia recomendando a la benevolencia de V.S. y a la estimación del país al valiente coronel don Gregorio Urrutia, Jefe del Estado Mayor de la División, y a los distinguidos oficiales de su inmediata dependencia; a los señores coroneles jefes de la Brigada, don Domingo Amunátegui y don Juan Martínez, y a los comandantes de los regimientos 2º y 4º de Línea, Artillería de Marina, Chacabuco, Talca y Atacama, a los cuales correspondió la parte más difícil del combate, y por fin, al comandante de la brigada de artillería de montaña.

De la misma manera recomiendo a la benevolencia de V.S. a mis alentados ayudantes, teniente coronel don Roberto Souper, que fue gravemente herido, sargento mayor don J. N. Rojas, sargento mayor graduado don Agustín Fraga, capitán de corbeta don Javier Barahona, capitán don Elías Yáñez y teniente 1º señor Silva Palma, quien durante el combate me prestó importantes servicios para comunicarme con la escuadra.

Las bajas de la División de mi mando han sido sensibles y considerables: 92 jefes y oficiales y 1.843 individuos de tropa quedaron fuera de combate entre muertos y heridos.

El resultado general de la jornada ha sido glorioso.

En poder de mis fuerzas quedaron 42 cañones de distintos calibres y 7 ametralladoras.
Adjunto a V.S. las listas nominales de muertos y heridos.

Dios guarde a V.S.
P. LYNCH

Al señor General Jefe de Estado Mayor General

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Jonatan Saona
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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Miér Ene 14, 2015 2:43 pm

Parte de Pedro Silva sobre San Juan y Miraflores
Lima, enero 28 de 1881.
Señor Secretario:

Un tanto restablecido de la profunda impresión que en mi espíritu produjeran los desastres experimentados por nuestras armas en los nefastos días 13 y 15 del corriente, así como la herida que recibiera en la tarde del último, me apresuro a cumplir con el penoso deber (como Jefe que fui de Estado Mayor de los ejércitos hasta esa misma tarde) de elevar al conocimiento de S.E. el Jefe Supremo, por el autorizado órgano de V.S., el parte de los combates librados en las enunciadas fechas, sin embargo de que S.E., bajo cuyo mando directo estuvieron los ejércitos, fue testigo presencial de los memorables y desgraciados sucesos de cuyo relato voy a ocuparme.

Son de tal magnitud y de tanta trascendencia los hechos que deben consignarse en este oficio, que me veo precisado a darle mayor extensión de la que corresponde a un documeto de su género, a fin de dejar establecida la verdad, hasta donde mi propio criterio y los datos que me han sido suministrados por algunos jefes superiores y los dependientes del Estado Mayor lo permiten.

Sensible es a este respecto que los señores jefes que comandaban las distintas fracciones de los ejércitos, no me hayan pasado, a su vez, los respectivos partes.

Antes de entrar en la relación de lo acaecido en esas dos funciones de armas, me será permitido hacer una reseña histórica de todo lo relativo a las medidas dictadas con anticipación a ellas por el Estado Mayor que corría a mi cargo; a la organización dada a los ejércitos; a la formación de la línea de combate, y a las demás circunstancias que contribuyeron a poner de manifiesto las causas determinantes de los sucesos que lamenta la República.

Desde luego, debe hacerse constar que el Estado Mayor General dictó cuantas providencias aconsejaba la previsión para asegurar el triunfo, disponiendo, al efecto, que los señores comandantes en jefe de los diferentes cuerpos del ejército fuesen responsables del frente de los suyos respectivamente, tomando al instante las indispensables medidas de seguridad, esto sin perjuicio de que el Estado Mayor vigilaba la parte exterior de la línea; que para que formasen parapetos que aumentasen la defensa de las naturales posiciones, se les proporcionaría en abundancia sacos vacíos y herramientas; que para el caso de un ataque a las primeras horas de la mañana, se mandó que los cuerpos estuviesen listos para combatir con manta a la cintura y en su lugar de descanso, desde las 4 A.M. todos los días hasta después de reconocido el campo; que calculando lo que acabo de decir, se proporcionaron víveres para un rancho adelantado, con prevención de que concluido de cocinar el segundo de cada día, se procediera a hacer inmediatamente lo mismo con el primero para el siguiente, a fin de que la tropa lo tomase antes de entrar en combate y tuviese más resistencia para la fatiga; que viendo que el contratista de las porta-cápsulas no hacía proporcionadas entregas, se facilitó al soldado el material suficiente para que las hicieran en el campamento; que, a fin de facilitar el movimiento rápido del ejército en todas direcciones, se ocuparon los ingenieros de que podía disponerse, día y noche, en abrir caminos y colocar puentes; que la víspera del siniestro de San Juan se hizo pasar revista de municiones a todos los cuerpos; que juzgando naturalmente que el enemigo intentase forzar el paso por la izquierda, se abrió una zanja en el claro llano comprendido entre la culata de los morros de San Juan, que ocupaba el batallón Ayacucho número 83 y el primero de los de Pamplona y Lurín hacia La Palma y consiguientemente a Miraflores, para lo cual se colocaron también piezas explosivas a retaguardia de las enunciadas posiciones de Pamplona, así como en el portachuelo que desciende de los mismos puntos de Pachacamac y Lurín por el abra del morro de Papa y San Francisco sobre Tebes; que una fuerte columna de la guardia civil, al mando de su comandante el coronel Negrón, a la que debieron agregarse 200 hombres escogidos del Batallón Canta recientemente llegado al campamento, se colocó a derecha e izquierda de este último camino dominando el portachuelo que divide el morro de Papa de las lomas de San Francisco; que los cuerpos se constituyeron en la línea de San Juan tomando por base los dominantes cerros de Chorrillos consultando el menor radio, atendida la fuerza de que contaba el ejército, teniendo siempre presente que los enemigos con sus elementos marítimos intentasen un recio ataque por ese punto, a la vez que otro por la izquierda de San Juan para envolver las posiciones y avanzando por la Palma y Miraflores a amenazar el Callao, y que colocados de tal modo, a más de tener por punto de apoyo las prominencias perpendiculares, pudiesen los fuegos de los unos rebasar el frente de la línea de los otros, a efecto de protegerse mutuamente, y que, a la pérdida de una posición no siguiese la de otra, con cuyo intento fue también que se ordenó, como ya tengo dicho, que cada batallón y toda la artillería formasen, como en efecto formaron, sus parapetos de defensa.

Juzgando naturalmente que el enemigo preparase un ataque a medida que la luna tocaba a su conjunción al amanecer, para aprovechar durante la noche de toda su plenitud y poder poner en movimiento sus fuerzas con regularidad, el 12, después de haber estado con S.E. el Jefe Supremo en Chorrillos, regresé en la tarde a San Juan e hice consignar en el santo las significativas palabras siguientes: "Enemigo-Pretende-Sorpresa".

Más tarde previne, por medio de ayudantes, a los cuerpos de toda la línea que estuviesen listos, y a las 12.50 A.M. se mandó orden por escrito al coronel Dávila para que ocupase las posiciones encomendadas a su cuidado, desplegase sus guerrillas a vanguardia y conservase sus reservas. Idéntica orden había recibido momentos antes el propio coronel Dávila, comunicada por el subjefe, quien se constituyó en el campamento a colocar cuatro piezas de artillería separadas de otro punto. Acto contínuo dispuse que todo el personal del Estado Mayor General se pusiera en movimiento, mandando que la caballería embridase y tomase el puesto que con antelación se le tenía destinado para que con facilidad pudiese efectuar sus maniobras.

Dilatado y hasta enojoso sería que me detuviera en enumerar una a una la multitud de medidas dictadas por el Estado Mayor General, tanto más cuanto que de ellas tiene cabal conocimiento S.E. el Jefe Supremo y V.S. mismo.

Es posible que no todas sus disposiciones hubiesen tenido exacto cumplimiento, sin que tal hecho le fuera imputable, pues siempre se mostró solícito en recomendar su observancia, remediando, según sus facultades, algunas faltas y dando cuenta a la superioridad respectiva de las que por ser de mayor magnitud merecían también mayor castigo.

Sabido es que los cuerpos que componían los ejércitos, eran en su mayor parte de reciente creación. En efecto, el más antiguo no contaba dos años de existencia, habiendo algunos que apenas tenían dos meses, y aún no faltaban ligeras columnas que fueron sólo formadas días antes de las batallas. Procedentes los más de los individuos de tropa de las regiones trasandinas, no estaban en aptitud de comprender, sino después de algún tiempo, los más triviales rudimentos de la táctica, desde que ignoraban el idioma en que debía instruírseles. Sin embargo, el interés y dedicación de los jefes suplieron en gran parte tan graves defectos, sin que por esto pudiera decirse que nuestros soldados estaban expeditos para empeñar tan inmediatamente un combate. Las exigencias de la situación obligaron, no obstante, a aprestarlos para la lucha, infundiendo en su ánimo la mayor confianza y redoblando los ejercicios para adiestrarlos en cuanto fuese posible en las maniobras militares.

Los ejércitos nacionales denominados del Norte y del centro, se hallaban bajo las inmediatas órdenes de sus respectivos comandantes en jefe, señores General de Brigada don Ramón Vargas Machuca y coronel don Juan Nepomuceno Vargas.

Antes de dejar a Lima, fueron subdivididas las fuerzas de infantería de dichos ejércitos en dos fracciones cada una, resultando cuatro cuerpos de ejército numerados de 1º a 4º y mandados respectivamente por los coroneles de ejército don Miguel Iglesias, don Belisario Suárez, don Justo Pastor Dávila y don Andrés Avelino Cáceres. Al darse esta nueva organización a las fuerzas activas de infantería, se dispuso, por una orden general dictada y rubricada por S.E., que el Estado Mayor General se entendiese directamente con los comandantes en jefe de cada cuerpo de ejército, con la prevención de que éstos dieren aviso a los de igual carácter del norte y centro, cuyos cargos se conservaren.

Para completar la indicada nueva organización, se adscribió a cada cuerpo de ejército una brigada de caballería, compuesta de dos escuadrones con una fuerza de menos de 300 hombres cada una. La brigada que fue del ejército del norte, quedó reducida a sólo 100 plazas por consecuencia del contraste que sufrió en su retirada de Cañete.

Se contaba, además, con una brigada de 250 soldados que apenas se organizó en noviembre último.

Aparte de estas brigadas existía el Escuadrón Escolta, que tenía un efectivo de poco más de 150 soldados.

Por lo general, la caballería permaneció en el campamento bajo las órdenes directas del Estado Mayor General que la ocupaba, por consecuencia de la mala calidad de sus caballos, en sólo muy ligeros reconocimientos. La escolta de S.E. hasta la batalla de San Juan, dependió del primer cuerpo del ejército.

Oportuno es advertir, señor Secretario, que, con excepción de la escolta, el resto de la caballería se encontraba mal montada, y aún había un escuadrón pie a tierra; el armamento era también de mala calidad y de diferentes sistemas hasta dos días antes de los hechos de San Juan, en que se le proporcionaron nuevas carabinas cuyo mecanismo no tuvo tiempo de aprender.

Cada división debía estar dotada de una compañía encargada de la administración militar; pero en el ejército del centro sólo llegó a organizarse el cuadro de oficiales.

Igualmente debían formarse en las divisiones compañías de ingenieros adscritas a cada una de ellas. Sin embargo, en el ejército del centro no llegó a arreglarse ni el cuadro de oficiales; y en el del norte se reunieron entre todas las compañías 150 soldados, los cuales no fueron conducidos al Cuartel General.

La artilería transportable, que dependió de un modo directo y hasta que todo el ejército se constituyó en San Juan a fines de diciembre, de la Comandancia General de Armas, que corría a cargo del señor coronel don Joaquín Torrico, sin que hasta entonces nada absolutamente hubiese tenido que hacer con ella el Estado Mayor General, estaba dividida en dos regimientos, uno de artillería a lomo, que comandaba el coronel don Pedro Lafuente, y el otro de artillería rodada, que obedecía al coronel don Exequiel de Piérola.

La fuerza disponible del primer regimiento alcanzaba a más de 800 hombres, y la del último a menos de 400. De advertir es que la gente veterana que existía en ese cuerpo fue extrayéndose por fracciones para los ejércitos del sur; por manera que en la actualidad la mayor parte era bisoña e inadecuada para el servicio de tan importante arma.

Consta a S.E. el Jefe Supremo que mi mayor empeño desde que me confió el puesto de Jefe de Estado Mayor General fue el de establecer en el ejército la moral y disciplina, que se hallaban en mucho relajadas, a consecuencia de distintas causas que no es del caso recordar aquí. A este respecto, el Estado Mayor fue siempre celoso hasta la tenacidad; y si es cierto que algo se logró en tan interesante materia, no puede jamás lisonjearse de haber llegado al término que se prometía.

Paso ya, señor Secretario, a ocuparme de la formación de la línea de combate.

Ante todo, debo hacer notar dos circunstancias que no pueden pasar desapercibidas. Es la primera, que la contienda que iba a empeñarse revestía un carácter esencialmente defensivo. Al menos el Estado Mayor General no recibió durante la campaña orden alguna que le hiciera comprender lo contrario. La misión del ejército estribaba, pues, en hacer que las posiciones en que éste se había situado fuesen a todo trance defendidas y sostenidas. Es la segunda, que siendo, como fatalmente tuvo que ser prollongada la línea, y un tanto débil por esta causa, le era sumamente difícil al Estado Mayor establecer por sí solo una vigilancia perfecta en toda la dilatada extensión, siendo esta la causa porque,como queda expuesto, se dispuso que cada uno de los cuatro comandantes en jefe de cuerpos de ejército vigilase el frente de sus respectivas posiciones, estableciendo el servicio más estricto de campaña y quedando responsables de la defensa de dichas posiciones.

La línea de combate apoyaba su derecha en el cerro llamado Marcavilca, próximo a la caleta de la Chira, y se extendía hacia el este de Chorrillos, recorriendo diversos médanos o colinas denominadas de Santa teresa y de San Juan, hasta los confines de Pamplona inclusive, no menos de 12 kilómetros (más de dos leguas comunes), si se considera desarrollada la curva sinuosa e irregular que seguía. Más, si la extensión se contaba hasta Vásquez o hasta Monterrico, donde se tenían colocadas dos fuertes columnas, era entonces inmensamente mayor la longitud.

Aunque en el transcurso de los días, y según los diversos intentos que se observaban en el enemigo, sufrió dicha línea algunas alteraciones en cuanto a la situación de los cuerpos del ejército, lo cierto es que en la noche del 12, el primero de éstos cubría las avenidas de Lurín a inmediaciones de Chorrillos, Villa y Santa Teresa. El cuarto se extendía desde este lugar hasta San Juan inclusive, y el tercero desde este punto hasta terminar los cerros denominados Pamplona. El segundo cuerpo de ejército quedó como reserva a retaguardia de San Juan a fin de proteger el paraje que fuese conveniente.

Como entre el morro denominado Papa y cerros subsiguientes, por un lado, y por el otro, Corrral de Vacas, lomas de San Francisco, etc., viene el camino de Lurín y Pachacamac, se ordenó, tres o cuatro días antes del 13, que dichos lugares fuesen completamente cubiertos; al efecto se posesionó de ellos una columna de la Guardia Civil al mando del comisario, coronel Negrón. Tenía por consigna esta columna conservarse por su derecha sobre las alturas de Papa, y por su izquierda sobre los cerros de San Francisco. Otras dos columnas de la propia Guardia Civil se habían destacado sobre Monterrico Chico con el agregado de ocho piezas de artillería, cuyas piezas, con una columna de honor compuesta de jefes y oficiales del ejército, se hallaba al mando del coronel Manuel Velarde.

En la Rinconada, punto por donde los enemigos practicaron un reconocimiento el día 9, se habían colocado también cuatro piezas de artillería, el Batallón Pachacamac y el 14 de la reserva de Lima.

Esta disposición, la única posible, dada la conformidad del terreno, no ofrecía ciertamente toda la resistencia que era de desearse; pero en la imposibilidad de haberse reconcentrado oportunamente por falta de movilidad el ejército en Lurín, no quedaba otra cosa que hacer.

Séame permitido ahora decsribir la posición que ocupaba cada una de las diferentes fracciones del ejército, dando principio por la derecha.

El Batallón Guardia Peruana cerraba esta ala, a proximidad, hacia el este de la caleta de la Chira, y lo seguían a su izquierda y paralelos al camino más occidental de Lurín a Chorrillos, el Cajamarca número 3, Nueve de Diciembre número 5, y Tacna número 7. Este ya inmediato al punto en que converge la indicada vía con otra que parte también de Lurín y se aproxima a la anterior en los cerros llamados de Santa Teresa. El Batallón Callao número 9 ocupaba, a vanguardia de la línea formada por los cuatro cuerpos citados, la parte exterior de la casa de la hacienda de Villa, y el Libres de Trujillo número 11, el vértice del ángulo saliente que forman los cerros de Santa Teresa.

A partir de la izquierda del Batallón Tarma, la línea se extendía por una serie continuada de médanos y colinas que describen una curva bastante abierta, cuya convexidad quedaba hacia afuera o sea a la llanura. Principiando de la derecha de Santa Teresa, se hallaba el resto del primer cuerpo del ejército, o sean los batallones Junín número 13, Ica número 15, Libres de Cajamarca número 21, esto es la 3ª División del Norte. Inclusive caballería, artillería y demás fracciones, puede calcularse el total de estas fuerzas, o sea del primer cuerpo, en 5.200 hombres, poco más o menos.

A la izquierda de la última división se extendía la 1ª, 3ª y 4ª del ejército del centro, que formaba el cuarto cuerpo, apoyando su izquierda en los últimos cerros de San Juan. Estas fuerzas ascendían próximamente a 4.500 soldados, distribuidos entre los batallones Lima número 61, Canta número 63, Veintiocho de Julio número 65, Pichincha número 73, Pisco número 75, La Mar número 77, Arica número 79, Manco Cápac número 81 y Ayacucho número 83.

A la izquierda de los cerros de San Juan el terreno se hace plano en una buena extensión y da salida a una avenida de Lurín y Pachacamacque, pasando en su prolongación hacia la Palma entre aquel cerro y el de Pamplona, conduce hacia Miraflores y Lima.

En esta obra se había hecho una zanja, de la que se ha hablado, que coincidía por su izquierda con las eminencias de Pamplona.

Las posiciones del tercer cuerpo del ejército se establecieron sobre estos lugares elevados.

Dicho cuerpo de ejército se componía de las divisiones 2ª del centro, o sean los batallones Piura número 67, Veintres de Diciembre número 69 y Libertad número 71; de la 5ª del propio ejército, cuyos batallones eran Cazadores de Cajamarca número 85, Unión número 87 y Cazadores de Junín número 89, habiéndose agregado en los últimos días una división volante compuesta de las cinco columnas de la Guardia Civil de esta capital y del Batallón número 40 de la reserva movilizable: total de fuerzas, poco más o menos, 4.300 hombres.

En cuanto al segundo cuerpo de ejército que formaba la reserva, se había constituido a la izquierda y un poco a retaguardia de San Juan. Componíalo la 4ª y 5ª divisiones del ejército del Norte, o sean los batallones Huánuco número 17, Paucarpata número 19, Jauja número 23, Ancachs número 25, Concepción número 27 y Zepita número 29; 2.800 hombres máximum.

Para completar los datos relativos a nuestra situación militar antes de las jornadas a que este parte se contrae, creo conveniente consignar aquí los que se refieren a la colocación y distribución de la artillería con que contaba nuestro ejército de línea.

El primer cuerpo de ejército estaba apoyado por las baterías de Chorrillos, de cuyos detalles sólo se podrá formar cabal idea en vista del parte del Comandante general de ellas.

La artillería movible o transportable se había dispuesto como enseguida se puntualiza, debiendo además hacer notar a V.S. que en toda la extensión de la línea se colocaron como veinte ametralladoras, hallándose a la derecha de ella el mayor número. Fue sin duda la respectiva Comandancia General de Artillería la que hizo la distribución de esos cañones.

En el cerro de Marcavilca y a inmediaciones de la Chira, dominando la playa de Conchán y sus adyacentes, había cuatro piezas sistema Grieve al mando del sargento mayor don José Ambrosio Navarro.

En la misma villa de Chorrillos, bajo la dirección del de la clase indicada don Raimundo Arinaga, cuatro cañones Vavaseur.

A retaguardia de la primera de las baterías ya mencionadas, cuatrio cañones Grieve a las órdenes del jefe de la misma graduación don Mariano Vicente Cháves. Dichas fuerzas miraban hacia los cañaverales de Villa y la antes citada plaza.

A la derecha de las colinas de Santa Teresa y a cargo del teniente coronel don J. R. Puente y el sargento mayor don Mariano Casanova: 15 White, 4 Grieve, 4 piezas de acero Walgely,1 Armstrong y 2 Vavaseur, uno de éstos de cargar por la boca.

A la izquierda de los anteriores y en otra eminencia, al mando del sargento mayor don ramón Dañino: 4 piezas White, 12 Grieve y 2 pequeños cañones de acero sistema Selay de retrocarga, construidos en la factoría de Bellavista.

A la derecha de la cadena de cerros de San Juan y a la proximidad de los de Santa Teresa, con el teniente coronel don Eloy Cabrera: 8 piezas White y 2 Grieve.

En un cerrito avanzado a la izquierda del annterior y al centro de San Juan: 11 cañones White y 2 Grieve a cargo del sargento mayor don Daniel Garcés.

A la izquierda de San Juan y con el sargento mayor don Guillermo Yáñez: 10 Grieve.

Finalmente, a la cadena de cerros de Pamplona: 4 Grieve con el capitán don José Palomino, y cerrando la izquierda, 4 Vavaseur, con el teniente coronel don Mariano Odicio.

Además, en Monterrico se colocaron 8 cañones White, como ya se ha dicho, que no funcionaron, y 4 quedarin en la Rinconada.

Llegó ya el momento, señor Secretario, de entrar en la relación de los sangrientos aunque infructuosos combates de San Juan y Miraflores.

La línea estaba lista para cualquier emergencia, que era de esperarse de un momento a otro.

Eran próximamente las 4.30 A.M. del día 13 cuando comenzó la batalla.

Inmediatamente me encaminé al cerro situado a la derecha del que servía de observatorio, con el objeto de ver los movimientos del enemigo, impartiendo sobre la marcha orden al Comandante en Jefe del cuarto cuerpo del ejército con el teniente coronel don M. Benavides, a fin de que, colocado como se hallaba en el centro de la línea, atendiese con las fuerzas de su mando a derecha e izquierda, sosteniendo a todo trance sus posiciones. Dispuse también que del Parque establecido en Barranco se acercase el mayor número de municiones.

Aún no había aclarado y bajé de la posición en que estaba, mandando desde luego orden al coronel Suárez para que avanzase con su cuerpo de ejército a ocupar, por el trayecto más corto, el terreno bajo en que días antes había acampado, con el intento de que pudiera acudir al puesto que reclamase su apoyo. De tal disposición di cuenta a S.E. el Jefe Supremo.

Poco después reiteré la misma orden con el subjefe coronel Valle, y como mientras tanto ya había aclarado, subí al Morro en donde estaba colocado el anteojo para observar nuevamente la actitud del enemigo, y notando que el claro entre la culata de los morros de San Juan y de Pamplona podía ser forzado por fuerzas contrarias, corrí hacia la izquierda para hacer prevenir al coronel Dávila hiciese desfilar con dirección a la derecha dos batallones que se apoyasen en la izquierda del Ayacucho número 83. S.E. tuvo conocimiento en el acto de esta determinación, que fue comunicada por un ayudante y cumplida, pues momentos después ocupaba el punto determinado el Batallón Libertad.

En tales circunstancias noté que el enemigo era impetuoso por el centro, y en mi empeño de afrontar una situación que por instantes creía insostenible, me dirigí personalmente donde el coronel Suárez, ordenándole hiciera avanzar sobre las posiciones del centro al batallón más inmediato, que lo era el Huánuco número 17.

Así se hizo, pero aún cuando dicho cuerpo emprendió con denuedo, fue pocos momentos después asediado por el enemigo y comenzó a desorganizarse, habiendo contribuido a esto la herida que recibiera su primer jefe el coronel Mas, que hubo de retirarse del campo.

Ordené entonces al subjefe, coronel Valle, que protegiese al Huánuco, tomando otro batallón. Cúpole en suerte este difícil encargo al Paucarpata número 19, que no pudo arribar al sitio que trataba de sostener o recuperar, por lo cual empeñó la lucha desventajosamente desde la pampa del Gramadal, muriendo su primer jefe, coronel don José Gabriel Chariarse, y dispersándose, a consecuencia de tan fatal suceso, una considerable porción de este cuerpo, que arrastró consigo el resto del Batallón Huánuco.

Mientras se realizaban estos sensibles acontecimientos, observé que el enemigo, adelantándose sobre el claro de la pampa situado a la izquierda de San Juan, cerca de Pamplona, emprendía un recio ataque de infantería apoyado por numerosa artillería. Púseme entonces en marcha a esos parajes, dejando al subjefe, coronel Valle, encargado de la colocación del Batallón Paucarpata, cuyo éxito acabo de manifestar.

Me acerqué al campamento del nuevo Batallón Canta para ver si podía aprovechar de una parte de su tropa y colocarla a retaguardia del Batallón Ayacucho número 83; pero cuando con marcada vacilación de la tropa se iniciaba el avance, el Batallón Libertad se desbanda por completo, huyendo en todas direcciones y llevándose consigo al Ayacucho y aún a ciertas porciones de caballería que mucho antes colocara en apoyo de la infantería.

Durante esta cadena de contrariedades, no pude explicarme lo que pasaba a la izquierda; pero todo me hizo suponer que la posición de Pamplona, encomendada al ejército del coronel Dávila, o no fue ocupada oportunamente como se había mandado, o fue asaltada por el enemigo desalojando las fuerzas que la defendían.

Pronto me convencí de la realidad de este hecho, en el cual tuvo mucha parte el jefe de la división volante, que también lo era de día de ese flanco, el cual dió un pernicioso ejemplo, dejando al enemigo ancho campo para flanquear por la izquierda el centro de la línea y a proximidad de los puntos que con denuedo sostenía parte de la División Canevaro, y más a la derecha, el valiente coronel Cáceres.

Sucedió también que el jefe a quien estaba encomendada la avenida Pachacamac y Lurín, entre el portachuelo de Papa y San Francisco, se dejó sorprender y arrollar del enemigo que atacó por la izquierda.

Ordené entonces al teniente coronel don Augusto Barrenechea, que en la dirección del claro de la pampa que quedó por dispersión de las fuerzas de Pamplona, protegiese con el escuadrón de su mando a la infantería que permanecía batiéndose a las órdenes del coronel Canevaro, mandato que cumplió con valor hasta donde las circunstancias lo permitieron. También el teniente coronel don Lorenzo Rondón, recibió y cumplió idéntica disposición con su piquete.

Nada fue bastante a contener la desmoralización que progresivamente se desarrolló en tan considerable porción de la línea, dejándose así inmensos claros al enemigo para que se adelantase, cortando nuestra línea entre la izquierda y el centro, como lo había sido ya, a la izquierda del primer cuerpo de ejército, en las inmediaciones de Santa Teresa.

Viendo a nuestra derecha batallones perseguidos de cerca por el enemigo, cuyos fuegos producían en ellos numerosas bajas, mandé al coronel don Enrique Carrillo del Estado Mayor, en demanda del coronel Morales Bermúdez, que con la 5ª Brigada de caballería se hallaba en un potrero inmediato, a prevenirle que se adelantase al punto que de antemano señalé y sostuviera la retirada de los infantes. Convencido de que mi orden había sido cumplida, pues vi llegar al coronel Morales Bermúdez al paraje indicado, y cuando ya no quedaba más que esta fuerza avanzada y que los enemigos habían coronado las posiciones que poco antes sostenían nuestras tropas, dispuse que las fuerzas que conservaba organizadas del coronel Suárez marchasen a Chorrillos en protección de ese importante punto, donde el combate continuaba encarnizado.

En tales circunstancias regresaba el coronel subjefe de buscar al coronel Dávila para comunicarle órdenes, y me participó no haberlo encontrado. Le previne entonces se dirigiese a Surco donde juzgaba podía haberse replegado; pero tampoco se le encontró en aquel pueblo, según la contestación dada por el referido coronel Valle, quien, además, me informó haber visto sobre el camino a los coroneles Cáceres y Canevaro reuniendo y organizando a los dispersos.

Mientras tanto, el coronel Suárez, en cumplimiento de la orden que recibiera, hubo de contramarchar de los cañaverales de San Juan hacia Chorrillos, sufriendo en esta retirada fuertes pérdidas.

A la vez que se adoptaban estas medidas y mientras se realizaba el movimiento de concentración, hacía repetir mis órdenes para conseguir que los dispersos siguiesen en mismo camino; más, conforme se aproximaba a Chorrillos, no creyéndose seguros en esta dirección, comenzaban nuevamente a desbandarse tomando diversas rutas, por lo cual me fue preciso obligarlos a que se replegasen al Barranco y Miraflores, lo que gran parte de ellos efectuaron en completo tropel y sin someterse a los mandatos e indicación de los jefes.

Temiendo total desorganización del ejército, no sabiendo a punto fijo el estado del combate en Chorrillos ni el propósito que abrigara S.E., me dirigí a Miraflores, en donde me ocupé con algunos jefes y oficiales en reorganizar a los dispersos, conteniéndoles cerca de los reductos, si bien es cierto que no pocos habían avanzado hasta Lima u otros lugares por caminos extraviados.

En la tarea de reorganización y formación de nueva línea de combate en Miraflores, una de las más difíciles en tales circunstancias, tomaron una parte muy activa los coroneles Cáceres, Valle y Carrillo.

El coronel Dávila, que se había retirado por el lado de la Calera con los restos de su ejército, emprendió por la izquierda igual operación.

Aparte de las consideraciones que más arriba dejo expuestas, tuve en cuenta, al marchar hasta Miraflores, que S.E. el Jefe Supremo se hallaba en Chorrillos, que grandes masas enemigas había ocupado las posiciones de Pamplona a la izquierda de nuestra línea, las cuales están inmediatas a la calera de la Merced, y podrían, al ver por una parte la reconcentración de algunas de nuestras fuerzas en Chorrillos y por la otra la multitud de dispersos abrirse paso, bien para avanzar sobre la capital o para flanquearnos con dirección al Callao.

Hallábase también en la misma ruta de Chorrillos el experimentado General Vargas Machuca, lo que aumentaba mi confianza en el buen éxito de la defensa de aquella villa.

Antes de emprender mi marcha sobre Miraflores, dispuse que el capitán don N. Guerrero, encargado de los almacenes de provisiones, salvase los elementos de movilidad en cuanto le fuese posible, y con respecto a los víveres y todo aquello que no fuese fácilmente transportable, ordené se incendiase.

El Parque del ejército instalado en Barranco fue transportado a Miraflores bajo la dirección de su jefe coronel Carrillo y Arisa.

Mi absoluta consagración a atender primero a la defensa de la línea en los puntos que quedan indicados, y después a la reconcentración y reorganización de los dispersos, me colocan en la imposibilidad de dar cuenta a V.S. de la heróica resistencia que el primer cuerpo de ejército, bajo el mando del valiente y resuelto coronel don Miguel Iglesias, hizo en la villa de Chorrillos, la que propiamente puede decirse, quedó encerrada en un círculo de fuego.

Sin embargo, debo manifestar a V.S. que las fuerzas que quedaron organizadas del segundo cuerpo de ejército, a las que se había dado orden marchasen sobre Chorrillos y coadyuvasen a la resistencia tenaz que allí se hacía. Pedido por S.E. el Jefe Supremo, el batallón Zepita número 29 entró por la calle de Lima, dirigiéndolo el arrojado coronel don Isaac Racabarren, y aunque acometido por varios puntos, peleó con decisión hasta quedar completamente destruido. Apoyábalo el Ancachs número 25, que también experimentó, como el Jauja número 23, grandes pérdidas, todo sin haber conseguido desalojar al invasor.

El coronel Suárez se retiró, pero como conservase organizado e íntegro el Batallón Concepción, le ordené ensayáse con él y los restos del Jauja y otros cuerpos nuevamente sobre Chorrillos. Así lo hizo, y una vez más fue rechazado. En tal situación, y viéndose acometido por fuerzas enemigas en distintas direcciones, se replegó sobre el Barranco.

El desastre quedó consumado a las 4.30 P.M.

Aunque de suma importancia los trabajos a que el Estado Mayor General dió cima en los días 13 y 14 y parte de 15 para lograr la reorganización de las fuerzas dispersas y su conveniente colocación en la nueva línea de batalla, omito hacer aquí una relación detallada de ellos, tanto porque su S.E. el Jefe Supremo tuvo oportunidad de conocerlos y apreciarlos por sí mismo, mereciendo su aprobación, cuanto por no dar a este oficio mayores dimensiones aún de las que por su propia naturaleza debe forzosamente tener.

Creo sí indispensable hacer presente a V.S. que la línea quedó establecida, apoyándose la derecha en la batería denominada Alfonso Ugarte, y la izquierda en la calera de la Merced, no obstante la prolongación de los reductos hasta Vásquez.

Las fuerzas existentes de infantería cubrían los claros que quedaban entre reducto y reducto desde el número 1 hasta el 6 inclusive, situado en dicha calera, los cuales eran defendidos por cuerpos de la reserva de Lima.

Se formaron seis divisiones al mando de los señores coroneles don María Noriega, don Mariano Ceballos, don César Canevaro, don Lorenzo Iglesias, don Buenaventura Aguirre y don José Manuel Pereira, poniéndose cada dos de ellas bajo las órdenes de un Comandante en Jefe, y se designó para los dos primeras al coronel don Andrés Avelino Cáceres, para las dos intermedias al de la misma clase don Belisario Suárez y para las últimas, o sean las de la izquierda, al coronel don Justo Pastor Dávila.

Colocaron en los lugares convenientes las pocas piezas de artillería de que apenas se disponía, y que no eran otras que dos Grieve, salvadas por el coronel don Jesús del Valle y el sargento mayor don José A. Navarro, quienes sostuvieron la retirada de la infantería desde una eminencia situada en el camino; tres Vavaseur, de las que tenía a su cargo el teniente coronel don Francisco Moreno, y una ametralladora. Más tarde se dió igualmente colocación a algunas otras piezas White llevadas de Lima. La caballería se situó a retaguardia de la línea.

Las fuerzas de la reserva no sufrieron ni en su personal ni en su situación alteración alguna, quedando bajo las órdenes de sus respectivas autoridades superiores como siempre lo estuvieron, motivo por el cual no me es dable informar a V.S. sobre este importante ejército con la detención que deseara.

Después de hechos los arreglos y aprestos que la solemnidad y urgencia de las circunstancias reclamaban, dispuse que a las 10 A.M. del 15, formasen todos los cuerpos en sus respectivos campamentos, para pasarles una revista personal y conveniente de su estado de animación y moral. Dada esta orden, me puse a la cabeza de toda la caballería y recorrí la línea desde el primer reducto hasta el de La Palma, con el doble objeto de conocer el estado de la tropa, del arma y llevar el mayor aliento posible al ánimo de los infantes.

Habiendo contramarchado a la derecha, di principio a la revista anunciada. Hallábame en esta labor, cuando percibí que los enemigos formaban su línea. Coincidía este movimiento con el que en el mar hacían sus buques, que también se colocaban en línea de combate, amenazando a Miraflores.

Aún cuando la presencia en este pueblo del Cuerpo Diplomático, que conferenciaba con S.E. el Jefe Supremo, era, sin duda, motivo más que suficiente para que no me alarmase, suspendí, sin embargo, en el acto la revista que estaba pasando y previne que los cuerpos se conservasen en sus campamentos listos para combatir.

Esperaba las órdenes de S.E., cuando, como a las 2 P.M., fui sorprendido por la detonación de nutridas descargas de infantería y de artillería, tanto de tierra como de mar.

Púseme precipitadamente en camino para el Barranco, y cuando me aproximaba a los puntos más avanzados de la línea, se me dió aviso de que fuerzas enemigas habían invadido por el lado del mar nuestro flanco derecho.

Como a ser cierta tal maniobra contraria podía ser envuelta nuestra derecha y frente, circunvalado completamente el pueblo de Miraflores, en cuyo centro se hallaba S.E., y tomada también la estación del tren que nos servía para el transporte de recursos de la capital y para movilizar la artillería, mandé al capitán don Pedro Carrillo y tras él al mayor Montoya, mi ayudante, para que pidiesen al coronel Dávila dos de los batallones que estaban a sus órdenes, y yo, acto contínuo, me encaminé, buscando el trayecto más corto, hacia el punto que se decía amenazado; en el camino me encontré con S.E. el Jefe Supremo que se dirigía a la izquierda con poca comitiva. Cuando llegué al Barranco, me impuse de que el aviso era falso, y que sin amenaza de los enemigos por ese flanco, con sólo los tiros de mar, los nuestros habían abandonado los parapetos tras de los cuales se les había colocado y corrían despavoridos. Como pude los contuve y regresé luego al camino principal para aproximarme a la línea. En el tránsito se me presentó el ayudante, sargento mayor Montoya, que conducía al Batallón Unión, remitido por el coronel Aguirre y al mando del teniente coronel Rosell, Montoya me dio parte de que el batallón proporcionado por el coronel Dávila lo había dejado en el camino de orden de S.E., que se encontraba a la izquierda. Aún cuando el Batallón Unión, de reciente formación, se manifestó algo acobardado, pues sobre su marcha fueron víctimas de las balas enemigas varios soldados, logré con algunos esfuerzos hacerlo entrar en acción y reemplazar las muchas bajas que había sufrido el esforzado Batallón Marina, que desde el principio de los fuegos estaba combatiendo. Enseguida me ocupé de hacer proveer a los cuerpos de municiones, experimentando contínuamente algunas decepciones, pues la tropa, acobardada, sólo pensaba en dispersarse, porque la desmoralización se había hecho general.

No obstante, y como notase disminución en los fuegos enemigos y calculando naturalmente algún desconcierto en sus filas, hallándose S.E. algo distante por la izquierda, mandé al subjefe, coronel Valle, cerca de la cabalería para que la preparase y se pusiese a la cabeza de ella, con el fin de que protegiese un movimiento que me parecía debía efectuarse por la izquierda, atacando al enemigo por su flanco derecho; pero cuando me preparaba a marchar en busca de S.E. vi que una gran parte de tropa de los batallones Concepción, Veintiocho de Julio y Manco Cápac, abandonando las tapias que les servían de parapeto, cedían terreno, resistiéndose a los mandatos de sus superiores para regresar a la línea, no obstante de estar provistos de suficientes municiones. Fue entonces que, pasando al frente de ella, los valientes generales Machuca y Segura fueron heridos simultáneamente allí, como lo fui yo, después de haber recibido dos balazos el caballo que montaba.

Esta contrariedad vino a impedir mi propósito, y quedando por consiguiente fuera de combate, mandé poner en conocimiento del Jefe Supremo la necesidad de retirarme, con la confianza de que dejaba sobre la línea sosteniéndola al muy esforzado coronel Cáceres.

Hasta aquí, señor Secretario General, los hechos de que puedo dar cuenta. Debo, sin embargo, agregar que en la batalla de Miraflores, lo mismo que en la de San Juan, el comportamiento observado por los jefes y oficiales, con algunas excepciones, fue honroso, no así el de la tropa.

Sólo de este modo se explica que en la batalla de San Juan hayan sucumbido siete coroneles, entre ellos dos comandantes generales, tres jefes de batallón y un edecán de S.E.; otros tantos tenientes coroneles, de los que cuatro fueron segundos jefes de cuerpos; más del doble de dicho número de sargentos mayores, de los que nueve fueron terceros jefes de batallón; cuatro jefes de artillería y los restantes del Estado Mayor u otras dependencias, y cuando menos una cuarta parte de los oficiales subalternos de infantería y artillería y otras colectividades militares. Habiendo resultado heridos siete coroneles, entre ellos el modesto y valiente coronel Aguirre, que pereció después en la batalla de Miraflores; cinco primeros jefes de cuerpos y el jefe del detall del segundo cuerpo del ejército, así como un no corto número de jefes y oficiales de otras graduaciones.

Quedaron, además, prisioneros en poder del enemigo 13 coroneles, contándose en ese número el Comandante en Jefe del primer cuerpo de ejército; el Jefe y el Subjefe del Estado Mayor del ejército del Norte; tres comandantes generales, incluyendo el de las baterías fijas de Chorrillos y Miraflores; tres primeros jefes de cuerpo y algunos que desempeñaban diversos puestos; ocho tenientes coroneles; igual número de sargentos mayores y muchísimos oficiales subalternos.

En la jornada de Miraflores rindieron la vida 10 coroneles, de los cuales uno era Comandante General de división, un subjefe de división en la reserva; cuatro primeros jefes de batallón, un agregado al Estado Mayor General y los restantes que peleaban como simples soldados en los reductos. La mitad cuando menos de tenientes coroneles y sargentos mayores, uno de aquellos primer jefe de cuerpo y los restantes segundos jefes en el ejército activo y en la reserva; varios empleados en el Estado Mayor General y estados mayores de ejército y otras dependencias. Resultando heridos los dos generales que ejercían mando y el señor General Segura que, sin tener colocación en la línea, se presentó espontáneamente en los lugares de mayor peligro; varios coroneles, entre los que hay un Comandante en Jefe de cuerpo de ejército, un Jefe de división y dos de batallón e innumerables jefes y oficiales de inferior jerarquía.

Los partes detallados vendrán a poner en transparencia cuántos sacrificios y cuántas víctimas inmoladas valerosamente en aras de la patria cuestan al Perú los infortunados días 13 y 15 de enero de 1881.

Por mucho que la suerte haya sido una vez más adversa a nuestras armas, no me es posible prescindir, sin marcada injusticia, de ofrecer a la consideración de S.E. el Jefe Supremo y de la Nación toda los nombres de los que, a mi juicio, más se han distinguido por su entereza y valor en las recias jornadas a que éste se refiere. Estos son los coroneles don Pablo Arguedas, don Buenaventura Aguirre, don Domingo Ayarza y don Luis Gabriel Chariarse, así como el capitán de navío don Juan M. Fanning que rindieron su vida con honor en el campo de batalla. Los de la misma clase don Andrés Avelino Cáceres, don César Canevaro, don Isaac Recabarren, don Justiniano Borgoño, don Francisco La Rosa, don Marcos Porra y don Manuel Cáceres; tenientes coroneles Barrenechea, Cayo, Murga, Fonseca, Crespo, Frisancho, Rosell y Odicio, muerto también este último en el fragor del combate; sargentos mayores Ochoa, que fue asimismo víctima de su arrojo, Alcocer, Goyzueta y muchos otros que se escapan a mi recuerdo, pero que no dudo serán recomendados en los respectivos partes.

De los que más inmediatamente se encontraban a mis órdenes por hallarse destinados en el Estado Mayor General, son dignos de consideración el infatigable coronel Subprefecto don Ambrosio J. del Valle, que se hallaba siempre solícito en su puesto y sereno en el peligro; el de igual clase de artillería don Jesús D. del Valle, que combatió en diversos momentos con la fuerza de su arma y me acompañó valientemente al avanzar fuera de los reductos con una guerrilla de infantería; el de esta misma clase don Enrique Carrillo, jefe de la sección de servicios, que llevó con actividad y tino todas las labores del despacho y se encontró siempre a mi lado en los momentos de mayor riesgo, desempeñando acertadamente las comisiones que le diera; los de la propia clase don José Federico Salas y don Manuel E. Velarde; mis ayudantes sargentos mayores don Toribio Montoya y don José Luis Elcorrobarrutia, que falleció en el combate de San Juan, y los capitanes don Juan M. Gall y don Pedro Carrillo, así como el teniente don N. Forcelledo, que salió herido; el subteniente don Juan S. del Campo y algunos otros jefes y oficiales que han sabido cumplir dignamente con su cometido.

Faltaría también a mis deberes si no consignara en este oficio una palabra de aplauso justamente merecida para los batallones 2, 4, 6 y 8 del ejército de reserva, que con la serenidad de esforzados veteranos sostuvieron los reductos encomendados a su custodia sin que los desalentara el terrible espectáculo de ver caer uno tras otro a sus abnegados compañeros de armas.

Compuestos esos cuerpos de ciudadanos pertenecientes a la parte más selecta de nuestra sociedad y no acostumbrados por lo mismo a las penalidades y azares de la guerra, la gratitud nacional se halla aún más obligada para con ellos.

Al finalizar este parte, debo manifestar que todos mis esfuerzos han sido inútiles para recopilar los datos conducentes a la formación de las relaciones de muertos, heridos y prisioneros habidos en cada combate, documentos que sólo podrán revestir positiva autoridad estando en posesión de los partes de los comandantes en jefe de los ejércitos, cuerpos de ejércitos, comandantes generales de división, jefes de baterías fijas y transportables, sección de Estado Mayor que quedó en Lima, de administración o ingenieros, Jefe de Parque, Cirujano en Jefe de los ejércitos, y todas las autoridades que por su jerarquía y destino en los ejércitos puedan y deban estar enterados de los hechos, siendo de otra manera de todo punto imposible la computación del número de nuestras bajas en cada una de las batallas libradas el 13 y el 15.

Por esto he de conformarme con pasar sólo a manos de V.S. las relaciones anexas: la número 1 de jefes muertos y la número 2 de heridos, no respondiendo de que sean exactas.

He aquí, señor Secretario, fielmente relatados los hechos ocurridos en las batallas de San Juan y Miraflores.

Dios guarde a V.S.
PEDRO SILVA

Al señor Capitán de Navío, Secretario General de S.E. el Jefe Supremo de la República.

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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Miér Ene 14, 2015 2:45 pm

Parte de J. D. Amunátegui sobre San Juan (Chorrillos)

1ª DIVISIÓN - 2ª BRIGADA

Callao, enero 23 de 1881.
Señor:

Con arreglo a las instrucciones de V.S., el 12 del corriente, a las 5 P.M.,dejé con esta brigada el campamento de Lurín y marché a incorporarme al resto de la División que se hallaba en el centro de la planicie que conduce a los cerros de Chorrillos, donde se encontraba fortificado el enemigo.

Los cuerpos de la brigada, Regimiento 4º de Línea y Chacabuco, formaron en columnas paralelas a la izquierda de la 1ª; en este orden marchamos hacia los fuertes citados. A las 3.30 A.M. y ya cerca de ellos, se formó en dos líneas paralelas por batallones y en esta formación marchamos hasta las 4.50 A.M., hora en que el enemigo rompió sus fuegos sobre nuestras líneas, el que no fue contestado, por tener orden de no hacerlo hasta hallarnos de 200 a 300 metros de distancia.


La brigada continuó avanzando con empuje y valor sobre los fuertes y trincheras que coronaban las alturas.

Designados de antemano por V.S. los fuertes que cada cuerpo debía atacar, cupo al 4º y Chacabuco los que se hallaban a nuestra izquierda, pues se había dispuesto que el Coquimbo atacase por retaguardia de las líneas enemigas, para cuyo efecto su comandante recibió órdenes particulares.

A la distancia convenida se dio orden de romper el fuego de avance, y ambos regimientos siguieron haciéndolo hasta tomar el fuerte que se les había designado; pero no habiendo cedido los otros fuertes que se hallaban más a nuestra izquierda, se continuó el ataque hacia ellos, hasta que el enemigo los abandonó y se replegó en la mayor altura del Morro Solar, donde tenía buenas fortificaciones y trincheras avanzadas.

Tomados todos los fuertes que se hallaban a nuestra izquierda, V.S. me ordenó que continuase el ataque a la trinchera de la altura. Para dar cumplimiento a esta orden, me puse de acuerdo con el Jefe de Estado Mayor, coronel señor Gregorio Urrutia, y convinimos en hacer un ataque simultáneo, atacando él, con parte del Regimiento Talca, por la derecha del cerro, y yo, con parte del 4º, 2º y Artillería de Marina, por su izquierda. Estas fuerzas, en número de 300 hombres, más o menos, atacaron la primera trinchera que fue tomada; pero el enemigo tenía varios cuerpos de su ejército, y todos ellos se desprendieron con el objeto de flanquearnos, movimiento que obligó a retirarse a nuestras fuerzas a causa de sus escaso número. Inmediatamente pedía a V.S. que me enviase refuerso, el que llegó oportunamente, compuesto de la reserva del ejército, quien batió los últimos restos de los defensores del fuerte citado.

Durante el combate, la brigada de artillería de montaña del mayor Gana disparó con certeras punterías hasta que agotó sus municiones por completo, viéndose en la necesidad de bajar de los fortines en que se encontraba, para no exponer inútilmente su tropa y ganado.

Me hago un deber en recomendar a V.S. al cirujano voluntario don Juan Antonio Llausás, que me acompañó durante las ocho horas que duró el combate, asistiendo a los heridos en el mismo campo.

Muy especialmente, señor coronel, recomiendo a los jefes de los cuerpos de la brigada, coronel señor Domingo de Toro Herrera, del Chacabuco, comandantes señores Luis Solo Zaldívar y José María 2º Soto, de los regimientos 4º y Coquimbo; como también a los demás jefes y oficiales subalternos, pues cada uno cumplió más allá de su deber en los distintos combates que tuvieron lugar.

Las bajas por muertos y heridos que han tenido los tres cuerpos de esta brigada, ascienden a 57 jefes y oficiales y 894 individuos de tropa. Por separado acompaño a V.S. los partes y listas nominales de éstas.

Dios guarde a V.S.
J. D. AMUNÁTEGUI

Al señor Coronel Comandante en Jefe.

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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Miér Ene 14, 2015 2:49 pm

Parte de Luis Solo Zaldivar sobre San Juan (Chorrillos)

REGIMIENTO 4º DE LÍNEA

Chorrillos, enero 14 de 1881.
Señor:

Paso a dar cuenta a V.S. de la parte que cupo al regimiento de mi accidental mando en la batalla del 13 del corriente, contra las posiciones de Chorrillos ocupadas por el ejército peruano.

Omito, señor coronel, entrar en los detalles de la marcha que efectuó el cuerpo desde Lurín a ese punto, pues obran ya en su conocimiento por haber marchado V.S. a la cabeza de él, y me limito únicamente a dar cuenta de los detalles de la batalla, tanto por la larga extensión en que se desarrollaron los acontecimientos, como por haberle tocado al cuerpo atacar las diferentes posiciones del ala derecha del enemigo y haber tenido que sostener distintos combates parciales, completamente independientes unos de otros.


Estando acampados a la vista de las posiciones enemigas, en la madrugada del 13 recibí orden de V.S. para hacer desplegar en la batalla el 2º Batallón del Regimiento, apoyando su derecha en la izquierda de un batallón del Regimiento Talca, y que el primero hiciese igual despliegue a retaguardia, apoyando también su derecha en la izquierda del otro batallón del mismo regimiento, lo que se efectuó a la brevedad posible.

En este orden empezó la marcha hacia las posiciones enemigas, que apenas se distinguían por la claridad del día, habiendo marchado la línea de vanguardia por la diagonal a la derecha y la de retaguardia por la izquierda; de manera que cuando el enemigo rompió sus fuegos, 4.55 A.M., nuestras dos líneas formaban una sola, quedando el 2º Batallón del Regimiento separado del 1º por un batallón del Regimiento Talca. Inmediatamente empezamos a ascender, sin recibir todavía el fuego enemigo; pero no bien íbamos a media falda del cerro que atacábamos, cuando se sintieron los primeros disparos de artillería y fusilería, haciéndose inmediatamente general en toda la línea enemiga. Como las posiciones ocupadas por el ejército peruano eran muy desventajosas para nosotros, dispuse, conforme a la orden de V.S., que el 1er. Batallón que marchaba bajo mis inmediatas órdenes, continuase su ascenso sin hacer fuego, hasta que estuvimos muy cerca de las trincheras, en que mandé romperlo y atacar simultáneamente. Esto, señor coronel, se hizo a la mayor brevedad, y no sin esfuerzo se logró desalojar al enemigo, que fue obligado a retirarse a otros parapetos, que doblaban hacia el N.O., abandonando en este primero algunas piezas de artillería que no pudo arrastrar consigo en su precipitada fuga. Continuó inmediatamente el ataque a estos atrincheramientos, hasta que a las 7.30 A.M., como con 15 o 20 hombres, habíamos logrado tomar, con muchos esfuerzos, la penúltima trinchera y quedar muy cerca de una gran parte del ejército enemigo que se encontraba parapetado en la cima de una loma inexpugnable por el frente y la que se nos hacía imposible flanquear por el corto número de tropa con que se contaba.

Cumpliendo la orden del señor coronel don Gregorio Urrutia, Jefe de Estado Mayor de la 1ª División, la poca tropa que se encontraba en esta última trinchera bajó a ocupar el pie de las posiciones enemigas, permaneciendo allí más de una hora esperando un refuerzo que llegó, pero que fue en corto número, pues no pasó de 20 a 30 hombes; mientras tanto, estábamos protegidos únicamente por una batería de artillería al mando del capitán señor José Antonio Errázuriz, quien después de un continuado y largo fuego, se retiraba por haber agotado sus municiones. El 2º Batallón del Regimiento, al mando del sargento mayor don Miguel Rivera, avanzaba por el valle en nuestra protección, pero todavía distante, pues había atacado más a la derecha otros atrincheramientos. A la vista de este refuerzo, el enemigo bajó de sus posiciones a atacar el corto número de tropa que estaba a su pie y encontrándonos escasos de fuerzas y municiones, a consecuencia del largo trayecto que habíamos recorrido haciendo fuego, nos batimos en retirada hasta agotar por completo éstas, dejando una gran parte de la gente en el campo por salvar el estandarte que nos precedía en todo ataque, y de lo que tengo la satisfacción de dar cuenta a V.S.

Como V.S. presenció la retirada de esta pequeña fuerza que sostenía al grueso del ejército enemigo en sus posiciones, excuso manifestar a V.S. que en el corto trayecto en que tuvo lugar ésta fue en el mayor orden; y que a pesar de ser perseguidos muy de cerca, nos parapetamos en las que ha poco habíamos abandonado y donde V.S. se encontraba, ordenando al Regimiento Valparaíso que flanquease y entrase en nuestro apoyo. Acto contínuo me replegué a él, y continuamos nuevamente el ataque hasta que se logró poner en completa fuga al enemigo.

Debo manifestar a V.S. que en el trayecto recorrido se logró tomar algunas piezas de artillería, ametralladoras y gran número de municiones.

En las ocho o nueve horas en que el regimiento se encontró bajo el fuego del enemigo, se condujo, señor coronel, siempre a la altura de su deber y de su nombre.

Tengo el sentimiento de anunciar a V.S. el fallecimiento de los dignos oficiales, capitán señor Casimiro Ibáñez y subtenientes señores Pedro Wenceslao Gana y Angel Custodio Gana Corales. El primero cayó en la retirada, defendiendo el estandarte, que tuvo en su poder desde que fueron heridos los subtenientes señores Manuel O. Prieto y Miguel Bravo y el cabo 1º de la escolta del mismo, Estanislao Jara.

Debo manifestar a V.S. el arrojo, serenidad y valor del sargento mayor señor Miguel Rivera, capitanes ayudantes señores Pablo Marchant y Juan Urrea y capitanes señores Emilio A. Marchant, José Antonio Contreras, Luis Victor Gana, Ricardo Gormaz, Carlos E. Wolmard, Martín Bravo y Juan Bautista Riquelme.

Acompaño a V.S. una relación de las bajas ocurridas en el cuerpo en la batalla de que doy cuenta, ascendentes, entre muertos y heridos, a 14 oficiales y 289 individuos de tropa.

V.S., por el número de bajas, podrá juzgar el comportamiento del cuerpo de oficiales, como asimismo de los individuos de tropa, que siempre se encontraron en sus puestos.

LUIS SOLO ZALDÍVAR

Al señor Comandante General de la 2ª Brigada de la 1ª División.

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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Miér Ene 14, 2015 2:51 pm

Parte de Arnaldo Panizo sobre San Juan

REPÚBLICA PERUANA
COMANDANCIA GENERAL DE LAS BATERÍAS DE CHORRILLOS Y MIRAFLORES

Lima, febrero 9 de 1881.
Señor General:

El cumplimiento de mi deber, me pone en el imprescindible caso de dar partea V.S. de la batalla librada el 13 de enero próximo pasado, entre las fuerzas de mar y tierra de la República de Chile y nuestro ejército, en los campos de Villa y San Juan, en todo lo que se relaciona con las baterías dependientes de esta Comandancia General; pero antes de ocuparme de los detalles de ese acontecimiento, tan funesto para el porvenir de nuestro país, creo conveniente hacer aquí una ligera reseña de la situación topográfica que en las alturas de Chorrillos ocupaban las baterías a mis órdenes, las piezas con que estaban artilladas, las fuerzas que las servían, su armamento y la manera como estaban apoyadas.

En la eminencia que une al extremo sur de la bahía de Chorrillos, y el comienzo de la altura más culminante, denominada Marcavilca, se habían establecido dos baterías: la primera y principal, nombrada Mártir Olaya, estaba situada en la planicie más elevada del morro de Chorrillos. Allí se habían montado dos cañones de a 70, sistema Parrot, en cureñas de correderas, sobre una plataforma de madera, y con un intervalo, entre ellas, de ocho metros, a lo más; ambos giraban una vez en un círculo completo, y desde luego batían tanto al mar, como a la campiña en un radio de 4 a 5.000 metros. Su situación relativa, y la poca distancia que los separaba, impedían, como V.S. comprende, hacer sus fuegos a un mismo tiempo sobre un punto dado, sin grave peligro para los artilleros. Todo el perímetro de la plataforma, que era rectangular, estaba cubierto con unas cuantas filas de sacos de arena que apenas cubrían a la tropa hasta media pierna; se habían colocado allí para desfigurar el terreno, más bien que para defensa de los proyectiles enemigos. En la pendiente que sólo mira al mar, y sin poder ofender al valle, sobre una plataforma también de madera, se había montado una pieza de 500 libras, sistema Rodman, y un poco más avanzada y al pie del corte vertical que sirve de límite al mar, se había colocado otra pieza pequeña de a 9, sistema Withworth, montada sobre una cureña de marina. 

La segunda batería, denominada Provisional, estaba situada en una meseta que avanza hacia el valle, quedando oculta del mar por su retaguardia, sin ser vista más que por la bahía, dominaba toda la campiña y caminos que conducen de San Juan y Villa a Chorrillos, montaba dos piezas de a 32, largas, de ánima lisa, sistema antiguo, sobre cureñas de marina, en dos plataformas de madera y sin parapeto ni defensa alguna, pues la premura del tiempo no dio lugar para más. Podían ofender al enemigo en un radio de 3.500 a 4.000 metros.

Entre estas dos baterías, media una distancia próximamente de 1.000 metros, y las desigualdades del terreno, en dicha extensión, les hacía imposible verse ni observarse entre sí.

La caleta de la Chira, situada al sur de estas fortificaciones, se encuentra separada de ellas y oculta por una gran eminencia que se levanta a inmediaciones de la batería provisional denominada la Marcavilca. Desde su cima se domina y defiende no sólo la caleta nombrada, sino todos los arenales limitados por el valle y el más recóndito repliegue, en todas las direcciones de un círculo y a una inmensa distancia; era, pues, la llave de nuestras baterías, y por consiguiente importante colocar allí artillería de menor calibre, que al mismo tiempo que ofendía al enemigo a larga distancia, impedía todo desembarque por la caleta Chira, y apoyada por una fuerte división del ejército, impedía fuese tomada por el enemigo, que con sus fuegos de infantería anularía por completo las baterías de mi mando. En su consecuencia, y con gran trabajo, por un camino enteramente angosto, formado sobre la cuchilla que corre hasta la cima, se subieron dos piezas de a 9, artillería de campaña sistema Clay, y una ametralladora Nordenfelt.

Para el servicio de las dos baterías de la sección Clay, un obús de a 12 de campaña y una ametralladora Claeston, contaba con sólo 36 matriculados de Chorrillos, 52 artilleros, 6 marineros y 80 reclutas del departamento de Junín, que el día 11 me remitió S.E. el Jefe Supremo, de los cuales remití 25 a Miraflores, para la batería Alfonso Ugarte, quedando en la de Chorrillos 55, quienes, durante el combate, sólo pudieron ser empleados en proveer de municiones a los distintos puntos artillados. Los matriculados, en número de 21, servían la sección Clay y ametralladora Nordenfelt a las órdenes del capitán de artillería don Nicanor Luque; otros 15 servían la batería Provisional, con un marinero y cinco artilleros, a las órdenes del capitán del arma don Manuel R. Cornejo. Los 47 artilleros restantes, cinco marineros, se ocupaban en el servicio de la batería Mártir Olaya. Para armar toda esta fuerza sólo contaba con 40 rifles Remington y 3.000 cápsulas.

Como V.S. verá, no tenía un solo soldado de infantería que protegiese las dos baterías Mártir Olaya y Provisional. En Marcavilca se hallaba situada la 1ª División del ejército del norte.

Hecha esta manifestación, que he creído enteramente necesaria, paso ahora a ocuparme de la manera como funcionaron estas baterías durante la batalla.

Serían las 5.30 A.M., cuando un ayudante de las baterías, mandadas por su primer jefe sargento mayor don Manuel Hurtado y Haza, vino a darme parte que el enemigo se batía con nuestro ejército establecido en la línea. Inmediatamente me constituí en la batería Mártir Olaya, acompañado del señor coronel de artillería don José Ruesta y los ayudantes de esta Comandancia General, subtenientes del arma, don Gerardo Soria, don Abel Ayllón y don Alberto Panizo; cuando llegué allí, jefes, oficiales y tropa, se encontraban en sus puestos, listos para el combate y animados del mayor entusiasmo y decisión, esperando el momento de la prueba.

Seguido del mayor Haza y de los ayudantes que antes me habían acompañado, pasé a la batería Provisional, en cuyo puesto, tampoco tuve nada que notar; de allí ascendí a Marcavilca, que en esos momentos hacía fuego sobre el enemigo; al llegar allí, me dio parte el capitán Luque que una de las piezas Clay y la ametralladora Nordenfeldt estaban inutilizadas; un armero se ocupaba en trabajar en ambas armas a fin de restituirlas al servicio; pero desgraciadamente, ni el trabajo de éste, ni el empeñoso interés del capitán produjeron resultado favorable alguno; quedaba pues una sola pieza que constantemente disparaba sobre la escuadra enemiga unas veces y otras sobre los regimientos que trataban de ascender a la posición. La división del señor coronel Noriega, situada en esa planicie, defendía perfectamente bien su puesto; las municiones de artillería iban escaseando; inmediatamente mandé uno de mis ayudantes a la batería principal para que mandaran una cantidad suficiente, orden que se ejecutó y cumplió en el término de la distancia, quedando dicha posición en las mejores condiciones de defensa.

Mientras tanto, ya el enemigo había ido batiendo y desalojando de sus posiciones a nuestro ejército en la línea de San Juan a La Chira, y por los potreros y callejones de Villa venía cediendo el campo sin tener artillería que lo protegiese en su retirada. En el acto descendí a Marcavilca a la batería Provisional; en el tránsito encontré a S.E. el Jefe Supremo, a quien di parte de cuanto hasta entonces había acontecido en mi puesto, avisándole al mismo tiempo que iba a mandar romper los fuegos en la batería Provisional. S.E. siguió a Marcavilca, y los fuegos se rompieron con los mejores resultados.

La caballería e infantería enemiga, parte en guerrilla, perseguía a una considerable fuerza nuestra que a las órdenes del señor coronel don Miguel Iglesias venía en retirada y trataba de organizarla al pie de una huaca que domina el camino indicado, cerca del panteón; los fuegos de la batería desalojaron al enemigo apostado y sus guerrillas; y el coronel Iglesias, con sus tropas ya organizadas, emprendió un nuevo ataque y recuperó a viva fuerza sus perdidas posiciones, de las que más tarde volvió a ser desalojado por las reservas del enemigo y por falta de tropas de refresco que lo protegiesen. Durante todo este tiempo las artillería enemiga nos hacía un nutrido fuego, cuyos proyectiles caían sobre nuestra posición; allí se hallaba presente el señor contralmirante don Lisardo Montero. En estos momentos recibí aviso del mayor Haza de que parte de la escuadra enemiga aparecía frente a la batería Mártir Olaya; en el acto marché a ese punto, llegando en circunstancias de que este jefe con el cañón de 500 libras rompía los fuegos sobre la cañonera Pilcomayo y la lancha Toro, que ya disparaban también sobre esta batería. Como una hora duró este pausado cañoneo, sin producir resultado alguno, retirándose enseguida dichos buques para no aparecer más; eran las 8 A.M.

La artillería enemiga, dueña de las magníficas posiciones que había tomado en San Juan y Villa, nos hacía fuertes descargas sobre las baterías, que eran contestadas vigorosamente, sosteniendo un cañoneo de más de dos horas, que nos acusó algunas víctimas; mientras tanto el enemigo, entrando por el camino últimamente abierto entre San Juan y Chorrillos, trataba con fuerzas de infantería y caballería, en número considerable, de apoderarse de esta villa. 

En la Escuela de Clases había un batallón nuestro que les hacía fuego, y en el camino que de este edificio conduce al Barranco se reorganizaba también otro batallón nuestro.

En el acto hice dirigir los fuegos sobre el enemigo, con tan buen efecto, que por tres veces fue rechazado hasta la embocadura del citado camino. En este largo intervalo de tiempo, ambos batallones se replegaron al Barranco.

En este momento, y con gran sentimiento, vi que condujeron herido, en una camilla, al valiente capitán de artillería don Nicanor Luque; tenía una pierna rota. Me dijo que Marcavilca quedaba resistiéndose bajo buenos auspicios; que habiéndose inutilizado el montaje de la única pieza Clay que quedaba, había tenido que desmontarla y cambiarle la cureña de la que antes se había descompuesto, y que al ser herido, quedaba al mando de dicha pieza el subteniente Alvarez Caledrón, perteneciente al Batallón Ayacucho número 5.

Serían las 12.30 P.M. cuando conocí que los momentos eran cada vez más difíciles; que no contaba con fuerza alguna de infantería para defender mis posiciones, y que la batería de a 32 la batían crudamente. En estas circunstancias mandé a mi ayudante, subteniente don Gerardo Soria, fuese a buscar a S.E. el Jefe Supremo y le hiciera presente nuestra situación y la necesidad que tenía de fuerza de infantería para la defensa y sostén de mi puesto. Largo rato después, dicho oficial trajo la noticia de que S.E. se había marchado a Miraflores, donde se había replegado el ejército, y que el enemigo estaba cerca de la población.

Desde las primeras horas de la mañana, y careciendo de puesto en la línea, se hallaban a mis órdenes 30 hombres armados con Remington, y con muy pocas municiones, pertenecientes a la sección de ingenieros del ejército del Norte, a las órdenes de don Fabio Rodríguez, con unos cuantos subalternos más; les hice desplegar en guerrilla a fin de poder batir, aunque a cuerpo descubierto, las avenidas más importantes de la posicón.

La ametralladora Clayton, se había inutilizado a los primeros disparos; el mayor Haza, que personalmente manejaba esta arma, tuvo al fin que abandonarla y hacerse cargo del obús de a 12 de campaña, para batir ya de cerca al enemigo, cuya infantería había ocupado las avenidas del malecón, y la que desemboca al camino de zigzag que condice al Morro.

La batería Provisional había sido tomada a sangre y fuego, por falta de infantería que la protegiese; la división de Marcavilca, dominada por el enemigo, dejaba su posición y descendía precipitadamente, parte por la pendiente situada entre su posición y la batería Provisional, hacia la población, y el resto por encima del Morro con la misma dirección. El enemigo había coronado Marcavilca, y en guerrilla, hacía fuego sobre dicha división, impidiendo que se reorganizase, haciéndole infinitas víctimas.

Los artilleros de nuestras baterías eran diezmados, al extremo que los jefes y oficiales de esta Comandancia General, así como los de las baterías, servían desde entonces en las dos piezas Parrot que, junto con el obús de a 12, eran las únicas que batían con metralla al enemigo que, instante por instante, arreciaba más sus fuegos y nos encerraba casi en un círculo, pues no teníamos más parte libre que las ásperas pendientes que conducen a la playa.

En estos momentos caían heridos el coronel de artillería don José Ruesta, que valerosa y espontáneamente había solicitado un puesto en el combate, y el valiente teniente del arma, don David León.

Desde este momento la situación se hizo insostenible. Cien hombres, más o menos, sin parapeto alguno, casi agotadas sus municiones, y sembrado el campo de muertos y heridos, con que tropezaba a cada paso, eran impotentes, a pesar de su valor, para combatir con numerosísimas fuerzas que por todas partes nos asediaban. En tales condiciones, llamé aparte al mayor Haza, y le ordené que personalmente le prendiera fuego a una mecha de duración, de que anteladamente se había dotado al polvorín; la orden fue obedecida inmediatamente; la tropa se apercibió de ello antes de tiempo, y sin esperar mis órdenes para retirarnos unidos, pues la mecha nos daba tiempo suficiente, y alarmada con el peligro que suponían inmediato, sin que yo ni los jefes y oficiales que se hallaban a mi lado lo percibiésemos, en su veloz retirada nos precipitaron de la pendiente hasta la playa, en donde algunos quedaron víctima de su temeridad.

No sin algunas contusiones, pudimos emprender la retirada en medio de la tropa dispersa, por el canto de playa, con dirección a Miraflores, a replegarnos a la batería Alfonso Ugarte, también dependiente de esta Comandancia General; pero desgraciadamente, el enemigo nos cortó la retirada haciéndonos algunas víctimas más, y tomándonos prisioneros pocos momentos después.

Al terminar este parte, no puedo menos que manifestar a V.S. el patriotismo, valor y entusiasmo con que han llenado su deber, durante la batalla, todos los señores jefes, oficiales y tropa que constan de las relaciones acompañadas a los partes de los señores jefes de las baterías a mis órdenes, así como el cirujano y sus subordinados. En cuanto a la batería Alfonso Ugarte, cuyo parte también acompaño, aunque no tuve el honor de verla combatir, por estar yo prisionero, los antecedentes de los jefes y oficiales que la defendían en la jornada de Miraflores, y el parte del jefe del detall, manifiestan perfectamente su digno y valeroso proceder.

Dios guarde a V.S., señor General 
ARNALDO PANIZO

Al señor General del Estado Mayor General de los ejércitos.
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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Miér Ene 14, 2015 2:53 pm

Parte de Estanislao del Canto sobre San Juan (Chorrillos)
REGIMIENTO 2º DE LÍNEA

Bellavista, enero 21 de 1881.
Señor:

El regimiento de mi mando tomó parte en la batalla de Chorrillos el día 13 del corriente mes, entrando a combate con una fuerza de 916 hombres; resultando muertos los capitanes don José de la Cruz Reyes Campo, don Francisco Inostroza y el subteniente don Artemón 2º Cifuentes. Fueron heridos el capitán don Salustio Ortíz y los subtenientes don Camilo Valdivieso, don Víctor Goycolea y don José Esteban Rodríguez; saliendo contusos el teniente don José Exequiel Anavalón y subtenientes don Alejandro Gacitúa y don Pedro Pablo Barraza.


De los individuos de tropa 79 fueron muertos, 183 heridos y 3 contusos, lo que da un total de 265 bajas.

En esta batalla recibió tres balazos la bandera del regimiento.

El día 15 del mismo mes, el regimiento tomó parte también en la batalla de Miraflores, entrando al combate con una fuerza de 646 hombres; resultando muerto el subteniente don Enrique Ewer y gravemente herido el teniente coronel, segundo jefe don Miguel Arrate L., el sargento mayor don Eleuterio Dañín y los capitanes don Joaquín Arce, don Manuel A. Baeza, don Federico A. Garretón, don Carlos Gaete V. y don Francisco Lagos, han llenado cumplidamente sus deberes, como igualmente los señores oficiales subalternos y en general todos los individuos de tropa. Merecen una especial recomendación los capitanes don Salustio Ortíz y don Elías Beytía, por su brillante comportamiento en el campo de batalla, y cuyas compañías han experimentado mayor número de bajas. Según se me ha aseverado, el capitán Beytía en la batalla de Miraflores fue el primero que con unos pocos soldados tomó un fuerte en la izquierda de la línea enemiga al grito de: ¡Viva Chile!

Si las recomendaciones de un jefe de cuerpo se estiman en algo, yo hago valer las mías en favor de los capitanes Reyes Campo e Inostroza, muertos en la batalla de Chorrillos. Ambos eran casados y dejan a sus familias en la orfandad. Espero, señor Jefe de la Brigada, que se dignará hacer un acto de verdadera justicia recomendando con especialidad a los dos capitanes de mi referencia y a los subtenientes Cifuentes y Ewer, que tan heróicamente han muerto en defensa de los derechos de la patria.

Faltaría a mi deber si no recomendase también en este parte al capitán del Regimiento Talca don José Domingo Urzúa y al teniente del Estado Mayor don Gil Alberto Fernández. El primero, en la batalla de Chorrillos, con una energía y valor dignos de todo elogio, reunía y organizaba la tropa de diferentes cuerpos, que en un momento de crítica circunstancia principiaba a flaquear; y el segundo, en la batalla de Miraflores, estuvo en lo más reñido del combate reunido al regimiento de mi mando, animando a la tropa con la decisión digna del oficial valiente.

Adjunto a este parte van las relaciones de los señores jefes, oficiales y tropa que se encontraron en ambas batallas, con especificación de los muertos, heridos y contusos.

Acepte, señor, las felicitaciones que le envío, a nombre del regimiento que tengo el honor de comandar, por las dos espléndidas victorias que ha obtenido nuestro querido Chile.

Dios guarde a V.S.
E. DEL CANTO

Al señor Comandante de la 1ª Brigada de la 2ª División.

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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Jue Ene 15, 2015 11:19 am

Parte de Diego Duble Almeyda del Atacama, sobre la batalla de San Juan (Chorrillos)

REGIMIENTO ATACAMA

Callao, enero 24 de 1881.
Señor:

Tengo el honor de dar cuenta a V.S., de las dos batallas del día 13 y 15, respectivamente, del mes en curso, en las cuales ha tomado parte el regimiento de mi mando.

En marcha la 1ª División de Lurín al norte, a las 2 A.M. del día 13, el señor Comandante de ella me indicó el cerro ocupado por el enemigo que el Regimiento Atacama debía asaltar y tomar al amanecer. Desde ese momento se marchó con todas las precauciones del caso hacia las posiciones enemigas. 

El Atacama, que iba a vanguardia en formación de batalla, a las 4.45 A.M., al llegar a la ceja de una loma fue recibido por el enemigo con un nutrido fuego de fusilería, artillería y ametralladora. Luego que hubo amanecido y que me di cuenta de la topografía de la localidad, el regimiento se desplegó en orden disperso para atacar el cerro que se le había designado, del cual nos separaba aún una distancia como de 800 metros. Por los fuegos de las posiciones peruanas comprendí que las fuerzas que allí había eran tres o cuatro veces superiores a las de mi mando. Cumpliendo con órdenes del Comandante en Jefe de la División, que había recibido anticipadamente, solicité por medio de uno de mis ayudantes el auxilio del Regimiento Talca, que venía a mi retaguardia. Diez minutos después los talquinos al paso de trote se habían reunido a los atacameños, y juntos y al grito de ¡Viva Chile! asaltaron y tomaron la fortaleza que se les había indicado, después de dos horas y cuarto de una sostenida y difícil lucha. A las 7 A.M. los dos estandartes del Regimiento Atacama flameaban en la cima de la posición enemiga, junto a los apagados cañones peruanos. También subieron en el asalto de esa posición algunos oficiales e individuos de tropa de Artillería de Marina.

A las 10 A.M. recibí orden del señor Comandante en Jefe de la división de marchar con mi regimiento en protección del 4º de Línea, Chacabuco y Artillería de Marina que se batían a nuestra izquierda, lo que ejecutó enseguida, continuando el combate hasta llegar a las goteras de Chorrillos.

El día 15, estando acampado el Regimiento Atacama en los afueras de Chorrillos, por el lado del norte, recibí orden a las 1 P.M., de marchar con él a formar a la derecha de la línea de batalla que debía establecerse para atacar al enemigo que se hallaba fortificado, atrincherado en ua línea por el lado sur de Miraflores. Al partir del campamento ya el combate se había empeñado, y el regimiento tuvo que pasar a ocupar su puesto por un sendero difícil y bajo los fuegos del enemigo que causaron muchas y distinguidas bajas. Ocupado que hubo su posición, continuó el combate hasta las 4 P.M., a cuya hora el enemigo fue arrojado de sus posiciones y trincheras.

Adjunto las listas de las bajas que ha tenido el regimiento, cuyo total es 21 jefes y oficiales y 453 individuos de tropa. El regimiento entró a batirse en Chorrillos con 1.040 hombres.

Todo el personal del Regimiento Atacama una vez más ha cumplido con su deber.

DIEGO DUBLÉ ALMEYDA

Al señor Comandante de la 1ª Brigada de la 1ª División.

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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Jue Ene 15, 2015 11:22 am

Parte de Vidaurre sobre la batalla de San Juan (Chorrillos)


REGIMIENTO DE ARTILLERÍA DE MARINA

Campamento de Miraflores, enero 16 de 1881.
Señor:

En cumplimiento de las órdenes que recibí el día 12 del actual del señor coronel Jefe de la división en el plan de ataque a Chorrillos, que tuvo lugar al amanecer del 13 del presente, a las 4.55 A.M., la fuerza de mi mando, compuesta de 380 hombres, se colocó protegiendo la brigada de artillería que comandaba el sargento mayor señor Gana. Minutos después de la citada hora recibí por conducto de uno de los ayudantes del señor Jefe de la división, la orden de proteger a los regimientos Atacama y Talca, que en ese instante atacaban al enemigo en sus propias trincheras colocadas en los primeros cerros. 


Rechazados de sus fortificaciones y coronados éstos por nuestras tropas, reuní la de mi regimiento para seguir adelante en persecución del enemigo, lo que efectué a las inmediatas órdenes del Jefe de mi brigada, señor coronel don Juan Martínez. En circunstancias que se perseguía al enemigo, recibí nuevamente orden de seguir protegiendo la misma brigada de artillería situada en los cerros de nuestra izquierda, y en consecuencia pude tomar 80 hombres para dirigirme donde se me indicaba, no habiendo ido la demás tropa de mi cuerpo por haber entrado ya en acción, unida a las fuerzas que mandaba el citado señor coronel Martínez.

El infrascrito, llegado al punto de su destino, se puso a las inmediatas órdenes del señor coronel Amunátegui hasta la terminación de la batalla.

El regimiento de mi mando tomó prisioneros a 4 jefes y 63 individuos de tropa en los momentos del combate, y al siguiente día al mayor del Zepita número 29, don José D. Araníbar.

Las bajas que ha tenido el regimiento son 4 oficiales y 63 individuos de tropa, entre muertos y heridos, según consta nominalmente en la lista que tengo el honor de adjuntar.

Hágome un deber, señor comandante, en expresar a V.S. que tanto el primero y tercer jefes, oficiales y tropa, han cumplido con su deber.

J. R. VIDAURRE
Al señor Comandante de la 1ª Brigada de la 1ª División.

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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Jue Ene 15, 2015 11:24 am

Parte de Manuel Villavicencio

REPÚBLICA PERUANA
COMANDANCIA DE LA FORTALEZA DE SAN CRISTÓBAL

Señor General:

Cumplo con el deber de pasar a V.S. el parte referente a las disposiciones tomadas en la fortaleza de mi mando después de las pérdidas de las batallas de San Juan y Miraflores.

En la tarde del 15 del presente llegó a dicha fortaleza la noticia de la pérdida de la última de las expresadas batallas, la que fue confirmada por las fuerzas nuestras que entraban en retirada a la ciudad y por el gran número de dispersos a que se veía tomar, en distintas direcciones, el camino de la sierra.


No habiendo recibido órdenes de ninguna clase, y creyendo que aún podría reorganizarse parte de nuestro ejército, me concreté en la tarde y noche de aquel día a conservar el orden y disciplina de las fuerzas de mi mando y a vigilar, por medio de avanzadas, las avenidas del cerro. A las 8 P.M. tuve conocimiento de que V.S. con varios jefes habían tomado el camino de Canto Grande, y que el coronel Suárez había entrado a la ciudad con orden de hacerse cargo de las fuerzas que allí habían entrado.

La noche se pasó sin novedad, permaneciendo todos en sus puestos.

Al día siguiente me comuniqué con el expresado señor coronel y con el señor alcalde municipal, e impuesto de la situación de la ciudad, dispuse lo conveniente para inutilizar la artillería y demás elementos de guerra allí existentes, así como para conservar organizadas las fuerzas para evitar los desórdenes que podrían ocurrir con los dispersos y gente del pueblo, que en gran número subían al cerro.

A las 8 A.M de hoy 17, estando terminadas las expresadas operaciones, se arrió el pabellón nacional con los honores de ordenanza, en medio del dolor general que se manifestaba en todos los semblantes en tan solemne y triste momento. 

Pocos instantes después se dio la orden de dispersión, y el que suscribe, acompañado del coronel primer jefe de la brigada de artillería, don Fernando Palacios, y demás jefes y oficiales de dotación, abandonamos la fortaleza con el sentimiento de no habernos tocado en suerte combatir y morir por la patria.

No terminaré sin manifestar a V.S. el buen comportamiento de cuantos sirvieron a mis órdenes y el decidido empeño en ayudarme en todas las labores. Igual recomendación debo hacer a V.S. de varios jefes que desde días antes del 15 se presentaron en la fortaleza a ocupar el puesto que se les designase, y que cooperaron en el alistamiento de la batería y en el servicio de campaña, entre los que se hallaban el capitán de navío don Gregorio Casanova, comandantes don Francisco Pásara y don Gregorio Peña, y teniente 1º don Nicolás Chuliza.

Dios guarde a V.S.
M. A. VILLAVICENCIO

Al señor General Jefe de Estado Mayor de los ejércitos.

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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Jue Ene 15, 2015 11:35 am

Parte de Artemón Arellano del Coquimbo, sobre la batalla de San Juan (Chorrillos)

REGIMIENTO COQUIMBO

Callao, enero 22 de 1881.
Señor:

Debiendo pasar el parte de la batalla de Chorrillos en lo concerniente a este cuerpo, por encontrarse heridos los jefes que lo mandaban teniente coronel señor José María 2º Soto, y segundo y tercer jefes, señores Marcial Pinto Agüero y Luis Larraín Alcalde, en el de Miraflores, me limitaré a decir a V.S. que a las 6 P.M. del día 12 del corriente emprendió la marcha el regimiento en unión del Batallón Melipilla, de su campamento de Lurín, para dirigirse por el camino de la playa a atacar al amanecer el ala derecha del enemigo, apoyado en los primeros cerros que se encuentran al sur de Chorrillos.

La falta de conocimiento exacto de la distancia que debíamos de recorrer, las precauciones indispensables a fin de no ser descubiertos por avanzadas enemigas, y lo pesado de la marcha por esos médanos, retardaron un poco nuestra llegada al lugar en que debía empezar el ataque.

Sin embargo, aunque fuimos descubiertos a causa de que se rompieron los fuegos en la derecha de nuestra línea y el enemigo los rompía sobre nosotros con seis cañones que defendían aquel lugar, el señor comandante Soto hizo desplegar a su frente 100 tiradores escogidos del Coquimbo, y sucesivamente se desplegaron las demás compañías de los dos cuerpos en guerrilla y se atacó con tanto ímpetu, que antes de quince minutos quedaron abandonados los seis cañones que hacían fuego sobre nosotros.

El enemigo, en número de 1.700 hombres, más o menos, tomó los cerros del frente, y tuvimos la fortuna de desalojarlos en poco tiempo de los tres primeros.

A causa de la mucha elevación y pendiente del cuarto cerro, que servía como de último refugio al enemigo, en el que, además de sus trincheras tenía una buena ametralladora, se resolvió a esperar en la posición que teníamos hasta que el centro de nuestra línea pudiera flanquear a esas tropas peruanas, mientras nosotros las atacábamos de frente. Así se hizo, y con esto se consiguió dar algún descanso a nuestros soldados que, en el momento dado, atacaron como verdaderos chilenos, logrando hacer más de 200 prisioneros entre jefes, oficiales y tropa.

El señor comandante Soto fue herido al tiempo de dar el último ataque y cuando arengaba la tropa que él personalmente dirigía. Aunque la herida recibida por el señor comandante era bastante grave, tuvo fuerzas para ordenarnos marchar adelante, desatendiendo su persona, que su entusiasmo y patriotismo le hacían creer insignificante en ese momento.

Adjunto a V.S. listas nominales y por duplicado de los señores jefes, oficiales y tropa muertos y heridos en la batalla de Chorrillos.

ARTEMÓN ARELLANO

Al señor Coronel Jefe de la Brigada.

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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Jue Ene 15, 2015 11:36 am

Parte de Toro Herrera del Chacabuco, sobre la batalla de San Juan (Chorrillos)


REGIMIENTO CHACABUCO

A bordo del transporte Itata, enero 20 de 1881.
Señor:

Tengo el honor de pasar a dar cuenta a V.S. de la parte que cupo al regimiento de mi mando en la jornada del 13 del presente.

A las 3 A.M., en cumplimiento de órdenes de V.S., el regimiento se desplegó en batalla en la forma siguiente: el 2º Batallón a la izquierda del 2º Batallón del 4º de Línea, y el 1º en la misma situación del 1º de aquel, emprendiendo así una marcha que duró dos y media horas más o menos.


Al aproximarnos a las posiciones del enemigo, éste rompió un fuego nutridísimo de fusilería, ametralladora y artillería. Mi tropa avanzó desplegada en guerrilla en la situación expresada, sin contestar los fuegos contrarios durante algún tiempo, hasta hallarse en posición de emprender el ataque, el que ejecutó simultáneamente con el 4º. A pesar de la gran fidicultad que ofrecía la calidad arenosa y pesada del terreno para el camino ascendente, y del mortífero fuego que nos hacía el enemigo estando detrás de excelentes trincheras, las alturas fueron tomadas en cuarenta minutos próximamente, lllegando a ellas en los momentos en que aclaraba el día.

Al abandonar el enemigo estas posiciones, se replegó a su derecha sobre las trincheras y obras de defensa que tenía en adecuada combinaciónsobre todas las alturas de los cerrillos que se unen con Chorrillos; pero fue atacado vigorosamente en sus nuevos parapetos por ambos regimientos, los cuales, de consuno, desalojaron al enemigo sucesivamente en todas sus posiciones. Al atacarlo en la tercera de ella, fui herido; más, creyendo mi herida de poca consecuencia, continué en mi puesto como hasta las 7.30 A.M., hora en que me retiré por haber muerto mi caballoy herídomeun segundo que monté. Entregué entonces el mando al señor teniente coronel B. Zañartu, quien fue también herido mortalmente tres cuartos de hora después, quedando por este motivo a cargo del regimiento el sargento mayor señor Quintavalla, hasta el término de la jornada.

Siete trincheras fueron tomadas sucesivamente al enemigo hasta llegar al cerro llamado de la Calavera, donde fuimos rechazados en razón del corto número de los nuestros y de que las baterías de montaña de los señores capitanes Errázuriz y Fontecillatuvieron que suspender sus fuegos a causa de haberse agotado sus municiones. Las expresadas baterías protegían de una manera eficaz la marcha de la tropa, sosteniendo constantemente el fuego contra el fuerte extremo del cerro de Chorrillos; pero, una vez que éste no tuvo ya que contestarles, concentró todos sus fuegos de artillería y ametralladoras sobre nuestra infantería, al mismo tiempo que la enemiga coronaba las alturas en cuádruplo número, tomándonos por el flanco.

Fuimos, pues, rechazados, pero sólo por un momento, de la posición que ocupábamos; más V.S. y el señor Jefe de Estado Mayor de la 1ª División, reorganizaron el ataque para no detenerse sino en las alturas del Salto del Fraile.

Durante el combate tuvimos 19 bajas de oficiales, muchos de los cuales cayeron en las últimas trincheras.

Me permito recomendar a V.S. la brillante conducta de los señores oficiales, conducta de que es una prueba evidente el número de bajas de que he hecho referencia. Los señores capitanes Otto Moltke, José F. Lira, Arturo Salcedo, Luis Sarratea y José F.Concha, son dignos de una mención especial de honor, lo mismo que los tenientes Pedro Fierro y Víctor Luco, y subtenientes Onofre Montt, E. Prenafeta, Ricardo Soffia, Arturo Echeverría, Waldo Villarroel y Carlos Cortés, quienes no abandonaron un solo instante su puesto hasta la toma del último reducto.

Merecen una mención muy especial mis ayudantes, tenientes Marcos Serrano y Carrera, y subteniennte Pérez Canto, por su valor y actividad, y particularmente el segundo por su serenidad y admirable valor a toda prueba.

En cuanto al regimiento en general, creo un deber manifestar a V.S. que, en mi convicción, él ha cumplido dignamente con su deber.

Entraron en el combate 914 individuos, incluso 35 oficiales; y a la lista de tarde, el día de la batalla, la fuerza presente era de 577 hombres, faltando, por consiguiente, 356 hombres, y 19 entre jefes y oficiales muertos y heridos.

Dios guarde a V.S.

D. DE TORO HERRERA

Al señor Coronel Jefe de la 2ª Brigada de la 1ª División.

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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Jue Ene 15, 2015 11:42 am

Parte de Manuel Soffia sobre la batalla de San Juan (Chorrillos)


COMANDANCIA DEL REGIMIENTO COLCHAGUA

Callao, enero 23 de 1881.
Señor:

Para cumplir con lo ordenado por el señor Jefe de la división, en la junta de jefes que tuvo lugar el 12 del corriente en el campamento de Lurín, el regimiento de mi mandio debía apoyar al 2º de Línea en el ataque a Chorrillos, y para lo que se nos señalaron ciertas posiciones. 

No sucedió así, sin embargo, porque poco después de romper sus fuegos el enemigo, recibí orden verbal del señor coronel Jefe de la brigada, don Juan Martínez, dada a presencia de su ayudante don Reinaldo Guarda, de atacar con un batallón los fuertes que hacían un nutrido fuego por un flanco a los regimientos que combatían el centro de la línea enemiga. Para ejecutar esta orden, tomé en el acto el mando del 1er. Batallón del Colchagua, dejando que el 2º Batallón, a cargo del teniente coronel don Telasco Trujillo, continuara su marcha, hasta tomar la colocación que se le había señalado.


Durante el combate murieron el teniente don manuel Jesús Carrasco y el subteniente don Genaro Molinas, y fueron heridos el sargento mayor don Avelino Villagrán Hurtado; los capitanes don Juan Domingo Reite, que murió poco después, don José 2º Pumarino y don Pedro Nolasco Gajardo; el teniente don Edmundo Cristi y los subtenientes don Clorindo Gómez,don José María Villarreal y don Manuel Antonio Palacios.

En la batalla del 15 o de Miraflores, tomó también parte el regimiento de mi mando en la colocación que se le señaló, marchando el que suscribe con el 1er. Batallón al mando inmediato del capitán ayudante don Adolfo 2º Krug; quedando el 2º Batallón al mando del teniente coronel don Telasco Trujillo.

En este combate murió el valiente capitán don Pedro Antonio Vivar, hermano del héroe de Tarapacá y único apoyo de tres hermanas huérfanas que quedan en el mayor desamparo, y resultaron heridos el teniente don Alfredo Jaramillo y los subtenientes don Francisco Iturriaga y don Wenceslao Gómez.

He sabido que fue herido levemente el teniente coronel don Telasco Trujillo, y contuso leve, por efecto de una explosión de dinamita, el capitán don Andrés Soto Ladrón de Guevara.

Me hago un deber en recomendar por su conducta y serenidad en los combates, -sin que por eso hayan dejado de cumplir con su deber todos los otros, a los cuales no me era posible ver por la dispersión en que se peleaba,- al sargento mayor don Avelino Villagrán Hurtado, a los capitanes ayudantes don Adolfo 2º Krug y don Parmenión Sánchez, a los capitanes comandantes de compañía don Pedro Antonio Vivar y don José 2º Pumarino, a los tenientes don Demetrio Sotomayor y don Alfredo Jaramillo, y a los subtenientes don José María Villarreal, don Clorindo Gómez, don Manuel Antonio Palacios, don José Dolores Ríos, don Telésforo Valenzuela y don José León Lara.

Hago una recomendación especial a favor del capitán ayudante señor Krug, no sólo por su valor en los dos combates, sino también por su consagración a las atenciones que ha demandado el Colchagua durante los 15 meses de campaña, habiendo encontrado siempre en él mi auxiliar más poderoso.

Creo de mi deber poner en conocimiento de V.S. que el ex capitán del regimiento don Carlos Ignacio Palacios, se presentó en los momentos del combate de Miraflores, animando a los soldados con un entusiasmo digno de elogio.

El capitán don Juan Domingo Reite, del ejército de línea, fue herido en Dolores, y se encontraba de ayudante del batallón cívico de Iquique cuando aceptó su colocación en el Colchagua sólo por patriotismo. Deja su mujer e hijos sin fortuna.

La suma que arroja la lista nominal de nuestros heridos, que acompaño, da 16 bajas de jefes y oficiales sobre 30 que formaron; y asciende el total a un equivalente de 36 por ciento de pérdidas, respecto de las fuerzas efectivas que entraron en combate. Estas cifras manifiestan que al Colchagua le ha tocado no pequeña parte en el sacrificio de sangre que cuesta al país el cumplimiento de sus legítimas aspiraciones.

Dios guarde a V.S.
MANUEL J. SOFFIA

Al señor Jefe de la 1ª Brigada de la 1ª División del ejército de operaciones.

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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Jue Ene 15, 2015 11:47 am

Parte de Urízar Garfias sobre San Juan (Chorrillos)

REGIMIENTO TALCA

Callao, enero 25 de 1881.
Señor:

Tengo el honor de dar cuenta a V.S. de las operaciones practicadas por el regimiento de mi mando en las batallas de Chorrillos y Miraflores, en los días 13 y 15 del corriente mes.

En el plan acordado en el campamento de Lurín para atacar las fortificaciones que defendían la ciudad de Chorrillos, se designó al cuerpo de mi mando para operar, en unión del Regimiento Atacama, contra los dos morros en que la primera fila enemiga apoyaba su derecha.

Debiendo tener lugar el ataque en la madrugada del 13, el día anterior, a las 5 P.M., abandonamos el campamento de Lurín con dirección a Chorrillos, marchando el Talca a retaguardia del Atacama, como se ordenó.

En esta jornada, que se practicó con las precauciones consiguientes a la proximidad del enemigo, no ocurrió nada de notable.

A medianoche acampamos a distancia, próximamente de 4.000 metros de los puntos que se debían atacar.

Después de tres horas de reposo, el regimiento desplegado en batalla comenzó a estrechar la distancia que lo separaba del enemigo, hasta llegar a las 4.30 A.M. a las faldas de los mencionados morros y a unos 500 metros de sus fortificaciones. Pocos minutos después, el morro de la derecha rompió sus fuegos de fusilería y ametralladora sobre el ala izquierda de nuestra línea, extendiéndose progresivamente hacia el lado opuesto hasta comprender toda nuestra línea de batalla.

Contestados al punto los fuegos por el Regimiento Atacama, que se encontraba unos 50 pasos a nuestra vanguardia, ordené a los mios que avanzaran en orden disperso sin disparar un tiro hasta llegar a la línea que formaba, en el mismo orden, aquel cuerpo.

Practicado este movimiento, toda la línea comenzó a avanzar de frente hacia las posiciones enemigas, sosteniéndose durante 20 minutos un fuego bastante nutrido por ambas partes.

Al fin de este tiempo, comenzó a notarse que las trincheras del morro de la derecha enemiga, amagadas ya de cerca por el 2º Batallón del regimiento de mi mando y el 2º Atacama, apagaban paulatinamente sus fuegos, haciéndose éstos más nutridos en nuestra derecha. Pocos momentos después, cuando la claridad del día permitió percibir con claridad los objetos, se vio todo dicho morro coronado por los nuestros. Entre tanto el 1er. Batallón Talca, que escalaba con el 2º Atacama el segundo morro, muchos más empinado que el primero, se encontraba amedia falda, recibiendo el fuego del enemigo.

Considerando que un ataque simultáneo por vanguardia y retaguardia de dicho morro aceleraría la victoria, reuní en la falda opuesta del primer cerro las fuerzas disponibles que quedaban del batallón que lo había atacado para guiarlas por la espalda del segundo.

El éxito no se hizo esperar, pues en poco tiempo más (las 6.30 próximamente) los estandartes del Talca y el Atacama, que habían hecho la ascensión juntos, se vieron flamear en las trincheras enemigas.

Tras de aquellas formidables posiciones quedaban aún muchas otras, y era preciso seguir adelante, a pesar del cansancio de la tropa. Guié una parte de ésta hacia nuestra izquierda, siguiendo la otra por la derecha, en apoyo de los cuerpos de la 2ª Brigada, que operaban contra las fortificaciones que defendían los valles de uno y otro costado. Por ambos flancos, las fuerzas de mi mando prestaron a los nuestros un eficaz auxilio.

A las 10 A.M. las fuerzas de nuestros combatientes estaban casi totalmente agotadas y el Morro Solar, último baluarte del enemigo, se divisaba aún cubierto de gente que lanzaba sobre la nuestra una lluvia de balas y metralla.

La situación por ambos lados era bien difícil.

Los pocos soldados de diversos cuerpos, entre los cuales había muchos del Talca, que sostenían el fuego de la derecha (no pasarían de 200) tuvieron que abandonar la posición arrancada poco antes al enemigo y que éste recuperó.

En la izquierda recibí orden de flanquear, con los 50 hombres que llevaba, el Morro Solar; pero esta operación fue también infructuosa por las escasas fuerzas de que podía disponer, y los que la emprendieron se vieron en peligro inminente de ser cortados por el enemigo.

Afortunadamente, la llegada al campo de batalla de algunos cuerpos de la 3ª División vino a decidir la derrota del enemigo.

En el combate que tuvo lugar dos días después en Miraflores, el cuerpo de mi mando se puso en movimiento, del campamento que ocupaba al norte de Chorrillos, a las 1 P.M., por orden del señor coronel Jefe de la 1ª División. Pocas cuadras había recorrido cuando se sintió que el fuego se había roto por el enemigo atrincherado al sur de Miraflores y la 3ª División de nuestro ejército colocada al frente de él.

La proximidad al lugar del combate era tal, que las balas llegaban hasta nuestras filas.

En estas circunstancias recibí orden de redoblar la marcha del regimiento haciéndolo avanzar de frente para atacar el ala izquierda del enemigo. En cumplimiento de esta orden, el regimiento avanzó paralelamente a la línea enemiga, recorriendo al frente de ella y a una distancia de 800 a 900 metros, recibiendo por consiguiente sus fuegos hasta tomar su colocación. Hecho esto, el combate siguió hasta las 4 P.M. próximamente, hora en que, abandonando sus trincheras el enemigo, se declaró en derrota.

Adjunto a V.S. la lista nominal de los señores jefes, oficiales e individuos de tropa que ha tenido el regimiento en las batallas referidas; debiendo prevenir a V.S. que entró a la de Chorrillos con el efectivo de 1.085 hombres, y a la de Miraflores con el de 786.

Las bajas entre muertos y heridos, en Chorrillos, suman 299, y en Miraflores, 63.

Me es doloroso tener que consignar entre las 11 bajas de jefes y oficiales, la del teniente coronel, segundo jefe señor Carlos Silva Renard, herido de muerte al comenzar la batalla del 13, y la del entusiasta y distinguido joven subteniente Francisco R. Wormald, que cayó víctima de su arrojo mientras combatía en las filas más avanzadas.

Al señor Silva Renard debe el Regimiento Talca en mucha parte su buena organización y disciplina; y su prematura muerte afecta no solamente al cuerpo que formó y a la provincia que depositó en él su confianza, sino al ejército en general, que pierde a un jefe distinguido.

En conclusión, tengo la satisfacción de decir a V.S. que el cuerpo de mi mando ha correspondido a la confianza que la provincia de Talca depositara en él y a la justa expectativa del país y del Gobierno. La mejor recomendación que debo hacer de él es que jefes, oficiales y tropa han cumplido dignamente su deber.

S. URÍZAR GÁRFIAS

Al señor Coronel Jefe de la Brigada.

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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Jue Ene 15, 2015 11:48 am

Parte de Vicente Balmaceda sobre San Juan (Chorrillos)

BATALLÓN MELIPILLA

Callao, enero 25 de 1881.
Señor:

De orden del capitán de navío señor Patricio Lynch, Jefe de la 1ª División, dejé el campamento de Lurín el 12 del presente para unirme al Regimiento Coquimbo y ponerme a las órdenes del jefe de dicho regimiento, señor José María 2º Soto, quien me previno marchábamos a atacar las fortificaciones de la derecha de la línea enemiga, situadas en los morros del Salto del Fraile.

A las 6 P.M. nos pusimos en marcha, cubriendo la retaguardia el cuerpo de mi mando.

A las 4.45 A.M. del siguiente día, hora en que avistamos las posiciones que debíamos atacar, el enemigo rompió sus fuegos sobre las primeras guerrillas del Coquimbo y las de mi batallón, al frente de las cuales marchaba el valiente sargento mayor don Nicolás González Arteaga; y en breve tiempo el enemigo fue desalojado de sus primeras fortificaciones, replegándose a otras de mayor altura, en donde continuamos atacándolo hasta obligarlo a reconcentrar sus fuerzas.

El ataque se verificó ocupando el Coquimbo el centro, el mayor González Arteaga la derecha con una parte del batallón, y el que suscribe flanqueó la derecha del enemigo, uniéndome al grueso de las fuerzas.

En tal situación se continuó el ataque hasta que, herido el bravo comandante Soto, tomé el mando de las fuerzas y ordené atacar al Coquimbo, al mando del valiente teniente coronel don Marcial Pinto Agüero, de frente y en guerrillas sucesivas, y al Melipilla por la derecha e izquierda en la misma forma, logrando así desalojar y poner al enemigo en completa derrota, y quedando dueños de cuatro trincheras, seis piezas de artillería y dos ametralladoras.

Derrotado el enemigo, fue perseguido por nuestras tropas hasta el mar, donde se hizo 80 prisioneros entre jefes, oficiales y tropa, aparte de 200 que tomó el Coquimbo, dejando en el campo, al lado del mar, mucho mayor número de muertos.

Creo excusado manifestar a V.S. el arrojo y valentía de la oficialidad e individuos de tropa de ambos cuerpos, puesto que el espléndido triunfo obtenido es la prueba más elocuente de su buen comportamiento.

En la batalla de Miraflores, al salir con mi cuerpo a reunirme a la 1ª División, recibí orden del señor General en Jefe para proteger la artillería de dicha división que marchó a impedir que el enemigo flanquease la derecha de nuestro ejército, cuya artillería rompió sus fuegos sobre el enemigo desde un morro, y allí permanecimos hasta que terminó la batalla, habiendo tenido sólo una baja de un sargento herido, y 23 en Chorrillos, entre muertos y heridos.

Lo que participo a V.S. para su conocimiento y demás fines.

Diso guarde a V.S.
VICENTE BALMACEDA

Al señor Comandante de la 1ª Brigada de la 1ª División.

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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Jue Ene 15, 2015 11:51 am

Parte de Emilio Gana sobre San Juan (Chorrillos)

REGIMIENTO NÚMERO 2 DE ARTILLERÍA - 
BRIGADA DE MONTAÑA, 1ª DIVISIÓN

Callao, enero 20 de 1881.

Señor:

Tengo el honor de dar cuenta a V.S. de las operaciones practicadas por la brigada de artillería de mi mando, perteneciente a la división de V.S., en el día 13 del presente mes. La componen la batería del capitán don Gumecindo Fontecilla y la del capitán don José Antonio Errázuriz.

El día 12, a las 5 P.M., recibí orden de V.S. para ponerme en marcha a retaguardia de la división, sirviéndome de reserva el Batallón de Artillería de Marina.


Al amanecer del 13, después de acercarnos, favorecidos por la oscuridad de la noche, a 1.000 metros de las trincheras enemigas, ordené romper los fuegos por baterías. Cumpliendo con la orden recibida de V.S., una vez que las primeras posiciones del enemigo fueron tomadas por nuestras tropas, mandé adelantar la brigada y tomar colocación en los cerros de que había sido desalojado. Enseguida mandé hacer fuego en avance y marchar, si era posible, a la par con la infantería, al capitán Errázuriz por la derecha y al capitán Fontecilla por la izquierda, lo que lograron hacer mediante la actividad y entusiasmo desplegado por los señores oficiales y tropa, llegando con este paso a ocupar las ultimas trincheras enemigas, desde cuyos puntos hemos sostenido el combate con tres fuertes colocados en el Morro Solar y con la infantería a menos de 1.000 metros de distancia. Aquí se pudo silenciar por tres veces estas baterías.

Sostuvimos estas posiciones hasta que fueron consumidas todas las municiones de cajas y reserva que llevaba el teniente don Roberto Aldunate.

Derrotado completamente el enemigo, V.S. me ordenó avanzar al pueblo, lo que hizo el capitán Errázuriz y media batería del capitán Fontecilla, al mando del teniente don Genaro Freire, después de reponer las mulas que habían sido muertas en el combatey dotar a las baterías de 10 tiros por pieza.

A las 4 P.M. de ese día, la brigada de mi mando tomó su colocación respectiva en los lugares tan gloriosamente conquistados.

En esta memorable batalla hemos tenido que lamentar la baja del alférez don Manuel Florenco Zaldívar y 13 individuos de tropa que en lista nominal acompaño.

Me permito hacer conocer a V.S. por sus nombres a los señores oficiales que por su conducta se han hecho dignos de todo elogio; al mismo tiempo incluyo a V.S. una lista de la tropa que merece recomendación:

Capitán don Gumecindo Fontecilla
   Id.     "    José Antonio Errázuriz
Teniente "  Genaro Freire
   Id.     "    Roberto Silva Renard
Alférez  "    Víctor Aquíles Bianchi, contuso.
   Id.    "     Pedro Nolasco Vidal
   Id.    "    Federico Videla
   Id.    "    Reinaldo Boltz
   Id.    "    Jorge Boonen
   Id.    "    José Alberto Btavo
   Id.    "    Manuel Florencio Zaldíivar, herido.
   Id.    "    Julio Albelo
   Id.    "    Martín Ortúzar
Un deber me hago en recomendar a V.S. al teniente del Parque de Artillería don Roberto Aldunate, quien fue herido en lo más recio del combate proveyéndonos de municiones, y al teniente de artillería don Alberto Sánchez, que me ha servido de ayudante, desempeñando difíciles comisiones.

El número de disparos hechos por la batería del capitán Fontecilla y capitán Errázuriz, ha ascendido a 1.010 granadas.

Dios guarde a V.S.
EMILIO GANA

Al señor Capitán de navío, Comandante en Jefe de la 1ª División, don Patricio Lynch.

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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Jue Ene 15, 2015 11:53 am

Parte de Muñoz Bezanilla sobre la batalla de San Juan (Chorrillos)


REGIMIENTO DE GRANADEROS A CABALLO

Callao, enero 22 de 1881.
Señor:

A las 9.30 A.M. del día 13 del presente, encontrándose el regimiento a 3.000 metros de la línea de batalla enemiga, recibió orden el teniente coronel primer jefe, don Tomás Yávar, de cargar sobre el ala izquierda del enemigo.

La orden fue en el acto ejecutada, verificándose la carga en columnas por escuadrones.

Ciento cincuenta metros antes de llegar a las trincheras en que se parapetaba el enemigo, fue puesto fuera de combate el comandante Yávar.

Continuando la carga, tomé entonces el mando del regimiento: se desalojó al enemigo de sus posiciones y se le puso en completa fuga, dejando en las trincheras más de 200 muertos.

El regimiento todo ha cumplido con su deber y sólo siente la dolorosa pérdida de su valiente y abnegado comandante don Tomás Yávar, que falleció en la noche del mismo día.

Adjunto la relación de los muertos y heridos que tuvo el regimiento en la batalla del 13.

F. MUÑOZ BEZANILLA

Al señor Comandante General de caballería.

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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Jue Ene 15, 2015 11:57 am

 Parte de Adolfo Holley sobre San Juan (Chorrillos)



REGIMIENTO ESMERALDA

Chorrillos, enero 18 de 1881.

Señor:

Doy cuenta a V.S. de la parte que tomó el regimiento de mi mando en la batalla del 13 del presente.

Llegados al campamento de acción a las 5.30 A.M. del citado día, ordené el despliegue en guerrilla del 1er. Batallón, y en igual orden el 2º. En esta disposición emprendí la marcha, tomando como objetivo el cerro artillado que teníamos a la izquierda de las casas de San Juan, el cual me había sido asignado por V.S. como punto de ataque y de dirección. Tomado aquel fuerte emprendí el ataque flanqueando al enemigo por la izquierda, el cual, después de una obstinada resistencia, se declaró en completa derrota, llegando con mi tropa, a las 9 A.M., a las casas de San Juan, en cuyo punto se tomó un estandarte al enemigo con el lema siguiente: "Batallón Manco Cápac número 81", el que pondré oportunamente a disposición de V.S.


Debo prevenir a V.S. que un batallón de mi regimiento, al mando del sargento mayor don Saturnino Retamales, emprendió su ataque desde aquel punto a las casas de Surco, dirección que había tomado nuestra caballería y cuyo auxilio me pareció de todo punto indispensable. Dicho jefe tomó una ametralladora y seis cargas de municiones, las que entregó al Comandante General de Artillería, señor coronel Velásquez.

Desde San Juan me ordenó V.S. marchar a Chorrillos, en cuyo camino me alcanzó el señor General Sotomayor y me ordenó que con los 300 hombres que llevaba me apoderase de Chorrillos. A las 10.30 A.M., emprendí el ataque de esta plaza, y después de una obstinada resistencia de calle en calle, de casa en casa, y con un enemigo diez veces superior en número, logré rechazarlo al frente del Morro: eran las 12.30 P.M. En estas circunstancias me apercibí de que por nuestra espalda se nos hacía fuego. Creyendo que era una equivocación de los nuestros, subí a caballo acompañado del sargento mayor don Federico Maturana y de mi ayudante, subteniente don Disiderio Ilabaca; y me sorprendió encontrar a nuestra espalda una fuerza de mil y tantos hombres, enteramente organizada, y que haciendo fuego avanzaba a posesionarse del pueblo. Conociendo en el acto que era enemigo el que nos atacaba, reuní los dispersos que encontré a mano, juntando 22, y con ellos, tomando posiciones ventajosas, rompí el fuego, ordenando al mismo tiempo a mi ayudante Ilabaca rompiera por el enemigo y dijera al General lo que ocurría. Este bravo oficial así lo ejecutó, teniendo la suerte de escapar ileso con sólo cuatro o cinco balazos en el caballo. Después de hora y media de un fuego mortífero, logramos rechazar al enemigo, quedando a las 2.30 P.M. en pacífica posesión del pueblo. En el ataque de esta localidad se tomó otro estandarte al enemigo con el lema siguiente: "Batallón Guardia Peruana".

El ataque por la parte del Morro lo dirigió el teniente coronel don Fernando Lopetegui, en cuyo punto, como en el de San Juan, se portó este jefe con valor y serenidad, por lo cual lo recomiendo a la consideración de V.S., como igualmente al capitán don Juan Aguirre, cuya conducta es digna de elogio.

Los demás jefes, oficiales y tropa han cumplido dignamente su deber, y por ello me cabe el honor de recomendarlos  a V.S.

Los soldados Juan Cortés, Eugenio Escobar y Belisario Cuevas, han sido héroes en esta jornada.

Réstame sólo el sentimiento de participar a V.S. la muerte del bravo teniente don Juan de Dios Santiago y la de 36 individuos de tropa, como también de haber salido heridos el capitán don Joaquín Pinto y don Eduardo Lecaros, y 124 individuos de tropa.

El capitán don Elías Casas Cordero y subtenientes don Alberto Retamales, don Mateo Bravo Rivera y don Arturo Marín, han salido contusos, como asimismo los soldados Pedro Durán y Andrés Abarca.

José del Carmen Torres y José lino González, dispersos.

Incluyo una lista nominal de los muertos, heridos y contusos.

En la toma de la población fueron hechos prisioneros los coroneles don Miguel Iglesias, don Guilermo E. Billinghurst, don Manuel R. Cano, don Miguel Valle-Riestra, don Francisco Mendizaval y don Juan Benavides, cuatro tenientes coroneles, tres sargentos mayores, 17 oficiales subalternos y 111 individuos de tropa, todos los cuales fueron puestos a disposición de V.S., como asimismo 57 heridos.

Dios guarde a V.S.

A. HOLLEY

Al señor Coronel Jefe de la 1ª Brigada de la 2ª División.

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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Jue Ene 15, 2015 11:59 am

Parte de Emilio Sotomayor sobre San Juan (Chorrillos)


COMANDANCIA EN JEFE DE LA 2ª DIVISIÓN

San Borja, enero 25 de 1881.

Señor General en Jefe:

El 13 del presente al amanecer, cumpliendo con lo ordenado por V.S., la división de mi mando, que marchó durante la noche por la parte de atrás o al norte del cerro de La Tablada, desembocó por la planicie llamada Pamplona. La 1ª Brigada, mandada por el coronel don José Francisco Gana, iba a la cabeza. El Regimiento Buín, desplegado en línea de combate, continuó sin disparar un tiro hasta el pie de las posiciones enemigas; en una segunda línea, apoyándolo, seguía el Regimiento Esmeralda, a éste el Chillán, y más atrás el Curicó y Batallón Victoria de la 2ª Brigada.

Los tres primeros regimientos atacaron el tercer cuerpo del ejército del Norte, mandado por el coronel peruano señor Dávila, y el ejército del centro, formando un cuarto cuerpo, bajo las órdenes del coronel Cáceres, estacionado en San Juan, fuertes ambos cuerpos de 10.000 soldados.


El Regimiento Buín fue el primero en desalojar al enemigo de sus atrincheramientos, subiendo escarpados cerros, lo cual hace honor a la pujanza de esos soldados. El Esmeralda y Chillán penetraron en San Juan barriendo con cuanto se les ponía por delante, tomando en muy poco tiempo posesión de esa localidad.

Derrotados los ejércitos peruanos del Norte y centro, la mayor parte de los dispersos se replegaron sobre Chorrillos, juntos con el Dictador Piérola, de cuya ciudad fueron desalojados por las tropas de mi división, apoyada por los cuerpos de la 3ª, la artillería de montaña del comandante González y mayor Jarpa, que en aquellos momentos se encontraban bajo mis órdenes, así como la demás tropa del ejército.

El 3º de Línea de la división de mi mando fue separado con anterioridad para formar la reserva con los regimientos Zapadores y Valparaíso. Por este motivo no conozco los servicios que prestó en los primeros momentos de la batalla; pero en la toma de Chorrillos llegó en los instantes en que los enemigos amagaban con un fuego nutrido a nuestra artillería, logrando este disciplinado regimiento desalojarlos de las tapias tras las cuales hacían fuego a nuestros artilleros mandados por el mayor Jarpa.

El Regimiento Lautaro batía por nuestra derecha y a retaguardia las tropas enemigas que, situadas en altos cerros, podían habernos hecho mucho mal sin su ayuda.

Me hago un deber, señor General, en recomendar la brillante conducta y disciplina del Regimiento Buín; la decisión de los regimientos Esmeralda y Chillán, cuyos jefes y oficiales no dejaron un momento de animar y dirigir a sus soldados.

El Jefe de la 1ª Brigada, coronel don José Francisco Gana, desempeñó su puesto con la tranquilidad y pericia de un valiente, hallándose en el mismo caso el coronel don Orozimbo Barbosa, Jefe de la 2ª Brigada, que tan buenos servicios ha prestado en la campaña.

En la batalla de Miraflores a mi división le cupo también un papel secundario. La 1ª Brigada quedó formada en la línea férrea como de reserva; la 2ª, por orden de V.S., marchó del lado de San Juan con el objeto de proteger la derecha de nuestras tropas de ataque de un flanqueo de parte del enemigo. En esta operación nos prestó muy buenos servicios el mayor don Emilio gana con su artillería de montaña, protegida por el Regimiento Artillería de Marina y Batallón Melipilla.

En estos crudos y continuados combates hemos tenido considerables bajas, que lamento por ser de los cuerpos mejor disciplinados de nuestro ejército.

El número total de muertos asciende a un jefe, sargento mayor del Regimiento Chillán, don Nicolás 2º Jiménez, 12 oficiales y 244 individuos de tropa.

El número de heridos es el siguiente: 3 jefes, teniente coronel, jefe del Regimiento Curicó, don Joaquín Cortés, teniente coronel, Jefe de Estado Mayor, don Baldomero Dublé A. y el sargento mayor del Regimiento Buín don Juan E. Vallejos, 29 oficiales y 888 individuos de tropa, lo que hace un total de 1.077 en todo.

El teniente coronel don Baldomero Dublé A., Jefe de Estado Mayor de la división, fue herido en Chorrillos. Este Jefe que con todo empeño ha contribuido a la buena organización del servicio de campaña, desempeñó su cometido el día 13 con toda calma y serenidad.

También fue herido en Chorrillos mi ayudante de campo, teniente don Juan García, joven oficial de muy buena voluntad para el servicio y contraido a sus deberes.

Tanto los oficiales de Estado Mayor como mis ayudantes de campo han cumplido con su deber y a mi entera satisfacción en todos los momentos de la batalla.

El sargento mayor don Gabriel Álamos, del Estado Mayor General, también me sirvió varias veces de ayudante con acierto y decisión.

Creo del caso hacer una recomendación especial del sargento 2º del regimiento Buín, Daniel Rebolledo, que fue el primero en plantar el estandarte nacional sobre uno de los fuertes atacados; como también el cabo 1º Juan de Dios Jara, del mismo regimiento, que en ese mismo punto quitó al abanderado peruano el estandarte del Batallón Ayacucho número 4.

El comandante del Regimiento Esmeralda, don Adolfo Holley, tiene en su poder dos estandartes tomados el uno en San Juan y el otro en Chorrillos, y que oportunamente pondré a disposición de V.S.

Acompaño a este parte los pasados por los jefes de brigada y cuerpos que la componen, como asimismo la lista de muertos y heridos en las dos batallas indicadas.

Dios guarde a V.S.
E. SOTOMAYOR

Al señor General en Jefe del ejército del Norte.

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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Jue Ene 15, 2015 12:03 pm

Parte de Orozimbo Barbosa sobre San Juan (Chorrillos)


COMANDANCIA DE LA 2ª BRIGADA DE LA 2ª DIVISIÓN

Campamento de Chorrillos, enero 15 de 1881.

Señor:
En conformidad con las instrucciones que V.S. se sirvió impartirme, me puse en marcha del campamento de Lurín el 12 del corriente, a las 5 P.M., con dirección a las posiciones ocupadas por el ejército peruano. Al amanecer llegué al portezuelo que da frente a San Juan, lugar defendido por las fuerzas que componían el ala izquierda del enemigo.

Dispuse convenientemente mi brigada, haciéndola avanzar de frente, con orden de no hacer fuego sino hasta estrechar la distancia que nos separaba de las trincheras contrarias. El Lautaro precedía la marcha, seguido por el Regimiento Curicó y en último término por el Batallón Victoria, todos ellos dispersados en guerrilla.


A las 5.30 di orden de romper los fuegos sobre los parapetos peruanos, y desde ese momento se prolongó el combate hasta las 7 A.M., hora en que se pronunció la derrota del ala izquierda del enemigo.

En nuestro trayecto tuvimos que atacar dos fuertes artillados, que se tomaron a la bayoneta por los regimientos Lautaro y Curicó; corriéndome enseguida hacia el ala derecha, donde el fuego se mantenía todavía con vigor, y llegando a las cercanías de Chorrillos a las 2 P.M., hora en que la derrota del ejército peruano se completaba en toda la línea.

Terminado el combate, recibí orden superior de cortar con mi brigada el paso a los trenes de tropas que habían venido de Lima a reforzar al enemigo, operación que no dio resultado, por cuanto los convoyes se habían retirado mucho antes de resolverse la acción.

Las bajas que ha tenido la brigada de mi mando ascienden a 83: de éstos un teniente coronel herido, comandante del Regimiento Curicó, señor don José Joaquín Cortés, 6 oficiales y 76 individuos de tropa. Adjunto a este parte encontrará V.S. una lista nominal de estos últimos.

La conducta observada por la 2ª Brigada de la 2ª División ha sido digna de todo encomio, no sólo por el valor y disciplina manifestados en el ataque, sino también por su completa subordinación y cumplida moralidad después de la victoria, habiéndose reunido toda ella en el campamento que se designó, y no habiendo tenido sino un muy reducido número de dispersos, cuya suerte se ignora aún, presumiendo que pueden haber quedado muertos o heridos en el campo de batalla. Por estas consideraciones me permito recomendar a V.S. el comportamiento de oficiales y tropa que tomaron parte en el combate del 13 del corriente, como asimismo el de mis ayudantes de campo.

Remitiré a V.S. los partes detallados de la acción, inmediatamente que me sean transmitidos por los jefes de los respectivos cuerpos.

Dios guarde a V.S.

OROZIMBO BARBOSA

Al señor General de la 2ª División.

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Jonatan Saona
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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Jue Ene 15, 2015 12:04 pm

Parte de Juan León García sobre San Juan (Chorrillos)


REGIMIENTO BUÍN 1º DE LÍNEA

Lima, enero 20 de 1881.

Señor:
En cumplimiento a lo dispuesto en la orden general del día 19 del actual, paso a dar cuenta a V.S. de la parte que cupo al regimiento de mi mando en la batalla de Chorrillos, ocurrida el día 13 del corriente mes.

Momentos después de amanecer, mi regimiento, que formaba la vanguardia de la 2ª División, estuvo a la vista del enemigo por las alturas que cierran al sur el terreno plano comprendido entre aquellas y las que a nuestro frente formaban la primera línea enemiga.

Bajo un vivo fuego de artillería formé el regimiento en batalla, y avancé en dos líneas continuadas, la primera por un batallón de guerrilla y la segunda por el otro batallón, que de tal modo hacía la reserva de aquel. En vano redobló el contrario el número y la frecuencia de sus disparos de cañón, ni se alteró por ello el orden, ni disminuyó tampoco la rapidez del avance.


A la distancia conveniente mandé romper los fuegos de la primera línea, yendo siempre adelante. El fuego de rifle era vivísimo de una y otra parte; no lo era menos el de cañón con que el enemigo intentó, si bien infructuosamente, flanquearme por derecha e izquierda.

Llegamos en ese instante muy cerca de la primera altura y de los fosos que, arrancando su frente, dificultaban considerablemente su acceso. Comprendiendo inmediatamente la importancia de la posición, dirigí a ella con mayor esfuerzo el ataque, ocupándola los nuestros en muy breve espacio de tiempo.

Allí fue donde el sargento 2º (de la 3ª del 1º) Daniel Rebolledo, plantó el primero la bandera chilena, y donde el cabo 1º (de la 2ª del 1º) Juan de Dios Jara, le quitó al abanderado del Batallón peruano Ayacucho número 4, el estandarte, con el cual huía, y que fue entregado a V.S. en el mismo día de la acción. Desde aquel instante nada detuvo el empuje de los nuestros. Si bien resistió por algún tiempo más el enemigo, siempre al amparo de posiciones formidablemente atrincheradas, algunas cargas a la bayoneta doblegaron su último esfuerzo, rechazándolo en completa derrota.

Tal es, señor coronel, suscintamente referido el papel que el cuerpo de mi mando hizo en la batalla del 13.

Antes de concluir, no puedo menos de manifestar a V.S. mi satisfacción por el orden y valentía inalterables que en tan memorable jornada desplegaron los jefes, oficiales y tropa del regimiento de mi mando.

Incluyo a V.S. una lista nominal de los jefes, oficiales y tropa muertos y heridos en el mencionado combate.

Dios guarde a V.S.
J. LEÓN GARCÍA

Al señor Coronel Comandante en Jefe de la 1ª Brigada de la 2ª División.

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Jonatan Saona
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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Vie Ene 16, 2015 2:25 pm

Parte de José Diez, de la batería Alfonso Ugarte


COMANDANCIA DE LA BATERÍA ALFONSO UGARTE

Enero 16 de 1881.
Señor Mayor Jefe del Detall de las Baterías de Chorrillos y Miraflores.

Cumplo con el deber de dar parte a V.S. de los sucesos realizados en el combate librado en el día de ayer contra las naves chilenas, operando al mismo tiempo hacia tierra, sobre el ejército que atacaba nuestra línea de defensa en el valle de Miraflores.

A las 11.45 A.M., los blindados Blanco Encalada y monitor Huáscar, seguidos de la corbeta O'Higgins y cañonera Pilcomayo, navegaron con rumbo al N.O., hasta la altura de los baños, y dando frente a mi batería, navegaron proa a tierra.

Inmediatamente di parte a V.S. de que la escuadra enemiga se disponía para un ataque, y que esperaba sus órdenes para romper los fuegos sobre ella; pero advirtiendo V.S. la existencia del Cuerpo Diplomático en el pueblo de Miraflores, con el exclusivo objeto de tratar sobre negociaciones de paz, me indicó me esperase mientras iba a pedir órdenes al Jefe Supremo. Durante su ausencia los buques evolucionaron hasta ubicarse a la distancia de 4 a 5.000 metros, quedando al frente el Blanco y la Pilcomayo, flanquéandolos por el sur la corbeta O'Higgins, y por el norte, el Huáscar, permaneciendo en esta actitud hasta las 1.30 P.M., hora en que llegó V.S. manifestándome poco después que S.E. el Jefe Supremo ordenaba no romper sus fuegos, orden que había sido comunicada por el sargento mayor don Manuel Carrera, con quien mandó V.S. consultar a S.E. después de su regreso a la batería; pero habiendo el enemigo sorprendídonos rompiendo un nutrido fuego de fusilería sobre nuestros reductos, lo hice, a mi vez, con la batería de mi mando, por orden de V.S. enfilando las piezas Rodman sobre el ala izquierda del ejército enemigo, y puedo asegurar a V.S. que han ocasionado muchísimas bajas; pues se veían caer los proyectiles en el centro de su fuerza, al mismo tiempo que la sección Parrot hacía fuego sobre los buques.

A las 4 P.M. fue reforzada la escuadra con dos lanchas cañoneras, haciéndose, por consiguiente, más nutrido el fuego que se nos hacía, quedando la batería dominada por cuatro radios de fuego, de lo que es V.S. testigo ocular. 

A las 5 P.M., y después de haber quemado el último saquete, recibí de V.S. orden de retirada, pues el señor coronel Rosa Gil, que con su batallón protegía nuestra batería, nos manifestó personalmente la derrota de nuestro ejército.

Procedí a organizar la fuerza que, a las órdenes del segundo jefe sargento mayor Carrera, fue conducida al fuerte de Santa Catalina con el mayor orden.

Una vez inutilizadas la piezas, procedí, ayudado del ayudante, subteniente don Pedro Carlín y del condestable Victoriano Soriano, a incendiar dos barriles de pólvora que nos quedaban, sin tener una vara de franela para poder hacer saquete; concluida esta operación, nos retiramos a la capital, entrando en ella a las 7 P.M., con el objeto de reconcentrarnos al ejército.

No concluiré, señor mayor, sin recomendar al segundo jefe y oficiales de la batería, que cumplieron su deber valerosamente, lo mismo que el capitán Rodríguez y teniente Barraza, al mando de 30 hombres de la compañía de ingenieros, y teniente 2º de la armada nacional don Manuel Balbuena, que se presentó solicitando un puesto, que le fue concedido por V.S.

Antes de concluir, haré a V.S. presente, por creerlo así de mi deber, que la batería tenía a su servicio 121 hombres, de los cuales entregué al señor coronel Rosa Gil 25, que me fueron remitidos dos días antes del combate por la Comandancia General, y que eran inútiles para el servicio del arma; pues no hubo tiempo para adiestrarlos. Me quedaron, pues, útiles para combatir 96 hombres, de los cuales 38 eran natos de la batería, y los restantes me fueron mandados por el señor coronel don Ambrosio J. del Valle, el mismo día 15, del cuerpo de artillería de campaña, en el cual fueron solicitados por mí en vista de la exigua cantidad que tenía.

Asimismo diré a V.S. que el número de tiros hechos por esta batería, asciende a 197, siendo 80 sólidos y 117 huecos.

Además, adjunto a éste la relación nominal de jefes y oficiales que combatieron en esta batería.

Es todo lo que tengo que decir a V.S. en cumplimiento de mi deber.

Dios guarde a Ud. Sr. Mayor

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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Lun Jul 25, 2016 12:02 pm

Jonatan Saona escribió:
Parte de José Diez, de la batería Alfonso Ugarte


COMANDANCIA DE LA BATERÍA ALFONSO UGARTE

Enero 16 de 1881.
Señor Mayor Jefe del Detall de las Baterías de Chorrillos y Miraflores.

Cumplo con el deber de dar parte a V.S. de los sucesos realizados en el combate librado en el día de ayer contra las naves chilenas, operando al mismo tiempo hacia tierra, sobre el ejército que atacaba nuestra línea de defensa en el valle de Miraflores.

A las 11.45 A.M., los blindados Blanco Encalada y monitor Huáscar, seguidos de la corbeta O'Higgins y cañonera Pilcomayo, navegaron con rumbo al N.O., hasta la altura de los baños, y dando frente a mi batería, navegaron proa a tierra.

Inmediatamente di parte a V.S. de que la escuadra enemiga se disponía para un ataque, y que esperaba sus órdenes para romper los fuegos sobre ella; pero advirtiendo V.S. la existencia del Cuerpo Diplomático en el pueblo de Miraflores, con el exclusivo objeto de tratar sobre negociaciones de paz, me indicó me esperase mientras iba a pedir órdenes al Jefe Supremo. Durante su ausencia los buques evolucionaron hasta ubicarse a la distancia de 4 a 5.000 metros, quedando al frente el Blanco y la Pilcomayo, flanquéandolos por el sur la corbeta O'Higgins, y por el norte, el Huáscar, permaneciendo en esta actitud hasta las 1.30 P.M., hora en que llegó V.S. manifestándome poco después que S.E. el Jefe Supremo ordenaba no romper sus fuegos, orden que había sido comunicada por el sargento mayor don Manuel Carrera, con quien mandó V.S. consultar a S.E. después de su regreso a la batería; pero habiendo el enemigo sorprendídonos rompiendo un nutrido fuego de fusilería sobre nuestros reductos, lo hice, a mi vez, con la batería de mi mando, por orden de V.S. enfilando las piezas Rodman sobre el ala izquierda del ejército enemigo, y puedo asegurar a V.S. que han ocasionado muchísimas bajas; pues se veían caer los proyectiles en el centro de su fuerza, al mismo tiempo que la sección Parrot hacía fuego sobre los buques.

A las 4 P.M. fue reforzada la escuadra con dos lanchas cañoneras, haciéndose, por consiguiente, más nutrido el fuego que se nos hacía, quedando la batería dominada por cuatro radios de fuego, de lo que es V.S. testigo ocular. 

A las 5 P.M., y después de haber quemado el último saquete, recibí de V.S. orden de retirada, pues el señor coronel Rosa Gil, que con su batallón protegía nuestra batería, nos manifestó personalmente la derrota de nuestro ejército.

Procedí a organizar la fuerza que, a las órdenes del segundo jefe sargento mayor Carrera, fue conducida al fuerte de Santa Catalina con el mayor orden.

Una vez inutilizadas la piezas, procedí, ayudado del ayudante, subteniente don Pedro Carlín y del condestable Victoriano Soriano, a incendiar dos barriles de pólvora que nos quedaban, sin tener una vara de franela para poder hacer saquete; concluida esta operación, nos retiramos a la capital, entrando en ella a las 7 P.M., con el objeto de reconcentrarnos al ejército.

No concluiré, señor mayor, sin recomendar al segundo jefe y oficiales de la batería, que cumplieron su deber valerosamente, lo mismo que el capitán Rodríguez y teniente Barraza, al mando de 30 hombres de la compañía de ingenieros, y teniente 2º de la armada nacional don Manuel Balbuena, que se presentó solicitando un puesto, que le fue concedido por V.S.

Antes de concluir, haré a V.S. presente, por creerlo así de mi deber, que la batería tenía a su servicio 121 hombres, de los cuales entregué al señor coronel Rosa Gil 25, que me fueron remitidos dos días antes del combate por la Comandancia General, y que eran inútiles para el servicio del arma; pues no hubo tiempo para adiestrarlos. Me quedaron, pues, útiles para combatir 96 hombres, de los cuales 38 eran natos de la batería, y los restantes me fueron mandados por el señor coronel don Ambrosio J. del Valle, el mismo día 15, del cuerpo de artillería de campaña, en el cual fueron solicitados por mí en vista de la exigua cantidad que tenía.

Asimismo diré a V.S. que el número de tiros hechos por esta batería, asciende a 197, siendo 80 sólidos y 117 huecos.

Además, adjunto a éste la relación nominal de jefes y oficiales que combatieron en esta batería.

Es todo lo que tengo que decir a V.S. en cumplimiento de mi deber.

Dios guarde a Ud. Sr. Mayor

JOSÉ E . DIEZ
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Jonatan, una consulta.
 
Ya en el epílogo de la Batalla de San Juan, hubo un batallón peruano que se abrió camino por el malecón de Chorrillos, rompiendo el cerco chileno a sangre y fuego (dejando muchos muertos y heridos en el camino) y logrando retirarse hacia Miraflores.
 
Ese episodio me llama mucho la atención pues prácticamente nunca se había mencionado (al menos entre las clásicas "historias" del período de guerra). En el libro "La Última resistencia" de Juan Carlos Flores, menciona que ese Batallón fue el "Guardia Peruana", comandado por Carlos Piérola, pero en internet, en un blog (Rastros de Guerra, creo que también es su blog) mencionan que fue el Batallón "Callao" al mando de José Rosa Gil (aunque de este personaje muy poco he encontrado).
 
Sabrás cual fue ese batallón? Estoy escribiendo un pequeño relato de ese acto.

Saludos.
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Manuel Balmaceda
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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   Vie Nov 03, 2017 9:20 am

Sean mis primeras palabras para agradecer a Jonatan Saona por entregarnos estos partes oficiales.
Gracias
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MensajeTema: Re: Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores   

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Partes oficiales sobre batalla de San Juan (Chorrillos) y Miraflores
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