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 Partes sobre el combate de Calama

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Jonatan Saona
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MensajeTema: Partes sobre el combate de Calama   Mar Mar 24, 2015 2:51 am

Parte de Emilio Sotomayor sobre el combate de Calama

Comandancia en Jefe del Ejército del Norte
Señor Ministro:
A las 5 A.M. del 23 del corriente llegué a la vista de Calama con una división de quinientos hombres, mandada por el teniente coronel don Eleuterio Ramírez, marchando durante dos horas en observación de los movimientos del enemigo allí acampado, y estudiando a la vez la topografía del terreno para determinar los puntos de ataque.

Los dos caminos que de la quebrada de Calama se dirigen al Loa, bajando de Limón Verde, fueron los que preferí seguir, considerando que en su término tendría el enemigo todas sus fuerzas.

Las compañías de cazadores del 2º y 4º de línea se dispusieron a tomar la ofensiva: la primera para atacar a la derecha del enemigo, y la del 4º la izquierda, del lado de Topater, forzando este paso.

Los cazadores a caballo debían tomar los caminos que conducen a Tocopilla, Cobija, Chiuchiu y Santa Bárbara, para cortar el paso a los enemigos en esas direcciones; al efecto, llevaban los prácticos necesarios para pasar el río.

La primera avanzada de cazadores a caballo, mandada por el alférez don Juan de Dios Quezada, que buscaba el paso del río para cortar la retirada por el Oriente, recibió los primeros disparos, lo que la hizo detenerse, mientras que la otra mitad del mismo cuerpo, a las órdenes del sargento mayor graduado don Rafael Vargas, continuaba marchando en dirección al vado de Carbajal.

Aproximado a 1.200 metros de la línea enemiga, ordené la marcha de los cazadores de infantería, pues la actitud del enemigo me obligaba a obrar sin consideración alguna.

Los cazadores del 4º de línea rompieron sus fuegos a 500 metros sobre las trincheras formadas por las murallas de una máquina de amalgamación perteneciente a la casa de Artola, situada a 125 metros al frente del puente Topater. Apoyaba este ataque una pieza de artillería de montaña, mandada por el teniente don Eulogio Villarreal, la que se colocó en una pendiente del cerro Topater, cuyo pie baña el Loa.

En este momento el teniente coronel graduado de ingenieros don Arístides Martínez, recibió la orden de marchar por nuestra izquierda, siguiendo las márgenes del río, para tender un puente que franquease el paso a los cazadores del 2º de línea que lo acompañaban con este objeto y dar apoyo a los cazadores a caballo del sargento mayor graduado don Rafael Vargas. Dicha operación se ejecutó con toda prontitud por los treinta paisanos de Caracoles, zapadores improvisados por el teniente coronel Martínez.

Informado por mis ayudantes de campo de haber pasado la tropa del 2º de línea y una pieza de artillería de montaña mandada por el alférez don Pablo Urízar, hice avanzar al teniente coronel graduado don Bartolomé Vivar que, con la 1ª y 2ª compañías del mismo batallón, se situó de reserva en el centro de nuestra línea.

En estas circunstancias el combate se hizo sentir en las alas de ambas líneas, principalmente en nuestra izquierda, donde los cazadores a caballo recibieron a quemarropa una descarga de fusilería de las trincheras enemigas, a corta distancia del vado, a cuyo punto los condujo por engaño un prisionero que les servía de guía, según los expone el mayor Vargas en su parte. En esta inopinada sorpresa los cazadores dieron a conocer su justo renombre de valientes, soportando un fuego mortífero y perdiendo en menos de un cuarto de hora siete hombres muertos y cuatro heridos, viéndose obligados a echar pie a tierra, tanto por las trincheras que cubrían al contrario, como por las dificultades del terreno cubierto de zanjas, canales y espesos arbustos, lo que hacía imposible el servicio de la caballería.

Para terminar el combate, el teniente coronel graduado don Bartolomé Vivar recibió orden de pasar el río con sus dos compañías, apoyando por su derecha a la tropa del 4º de línea y a los cazadores a caballo por su izquierda. Ejecutada esta maniobra, dicho jefe concluyó con los defensores de la trinchera de Topater, al mismo tiempo que el comandante Ramírez, jefe inmediato de las tropas de ataque, terminaba por la izquierda la resistencia de los atrincherados en Carbajal, en donde le fue herido su caballo, batiendo a sus enemigos hasta entrar al pueblo.

En esta acción de guerra tuvimos siete individuos de tropa muertos, de cazadores a caballo, cuatro heridos de este mismo cuerpo, uno del batallón 2º de línea, y levemente herido en la oreja izquierda el bizarro capitán de la compañía de cazadores del batallón 4º de línea, don Juan José San Martín.

El enemigo perdió veinte hombres muertos y treintaicuatro prisioneros, de ellos diez oficiales, dejando en nuestro poder lanzas, fusiles, carabinas y pistolas, en número de 70.

Creo justo recomendar a los señores jefes, oficiales y tropa que tomaron parte en la acción, particularmente al comandante del batallón 2º de línea, don Eleuterio Ramírez, que personalmente dirigía el ataque del ala izquierda con la compañía de cazadores de su cuerpo; al sargento mayor graduado don Rafael Vargas, que escapó milagrosamente en el paso del río, y mediante su reconocido coraje salvó a su tropa después de la sorpresa de Carbajal; al teniente coronel graduado de ingenieros don Arístides Martínez, cuya prontitud para tender el puente facilitó oportunamente el paso del río a las tropas; a mis ayudantes señores José M. Walker, capitán del batallón cívico de Caracoles, y Roman Espech, ayudante del mismo batallón, por su patriotismo y abnegación, pues al marchar a Calama pidieron acompañarme en clase de ayudantes de campo y cuyo nombramiento se les hizo el día 21 al partir; y en fin, a los ciudadanos señores Ignacio Palma Rivera y Alberto Gormaz, con quienes en varias ocasiones mandé órdenes a la derecha e izquierda de la línea en ausencia de mis ayudantes.

Los jefes de las tropas que tomaron a Calama hacen recomendaciones especiales de oficiales y tropa, como podrá verlo V. S. en los partes que acompaño.

La planicie de Calama, en que se halla el pueblo de este nombre y en la que tuvo lugar el combate del 23, ocupa una superficie de tres kilómetros cuadrados, más o menos cubierta de matorrales espesos, ya formando cercas, ya dispersos en todos sentidos. El río Loa la baña por el sur, sirviéndole de defensa como los fosos de una fortaleza; de él salen canales de riego para el cultivo de alfalfa y siembras de maíz. Todo el terreno está dividido en pequeñas propiedades, cuyo suelo, por la clase especial de laboreo, forma una sucesión de acéquias y excavaciones anchas bordeadas de gruesas aporcas que lo hacen intransitable para la caballería e incómodo para el tráfico de a pie. Esta fue la causa principal que hizo prolongarse el combate por más de dos horas.

Calama, como posesión militar, es de gran importancia, prestándose ventajosamente para la guerra de emboscadas. Los matorrales que la rodean tienen de espesor en general seis metros, por otros tantos de altura. Los únicos puntos para atacarla con alguna ventaja son: el camino de Chiuchiu al Oriente y el de Cobija y Tocopilla al Poniente, sin embargo de que los matorrales se prolongan al Oriente como cuatro kilómetros, más o menos, surcando esta parte tres caminos, dos para caballos y uno carretero.

Inmediatamente de tomar posesión de Calama, 11 A.M., hice publicar un bando dando a conocer como jefe político y militar de la plaza al teniente coronel comandante del batallón 2º de línea, don Eleuterio Ramírez.

Calama, Marzo 26 de 1879.

EMILIO SOTOMAYOR
Al señor Ministro de la Guerra.
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Jonatan Saona
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MensajeTema: Re: Partes sobre el combate de Calama   Mar Mar 24, 2015 2:52 am

PARTE DEL COMANDANTE DEL 2º DE LÍNEA DON ELEUTERIO RAMÍREZ.

Calama, marzo, 24 de 1879.

Cumpliendo con las instrucciones de U.S. contenidas en la orden del día 21 del presente mes, salí de Caracoles a las 3 P.M. del mismo día con una división de 54 hombres, compuesta de tres compañías de 100 hombres cada una, pertenecientes al 2º de línea, a las órdenes del teniente coronel graduado don Bartolomé Vivar; la compañía de cazadores del 4º de línea a las ordenes del sargento mayor  graduado San Martín, y 120 cazadores a las órdenes del mayor  graduado don Rafael Vargas, y dos piezas de artillería de montaña, a las órdenes del teniente don Eulogio Villarreal.


A las 10 P.M. acampamos en las aguas saladas de la Providencia, donde pasamos la noche.
A las 8 A. M. del día 22 emprendimos la marcha hacia la cima de la sierra de Limón Verde, acampando a las 10 de la noche al poniente de la expresada montaña en una estrecha garganta situada a la entrada de la quebrada que baja al valle de Calama.

A las 2 y media A.M. del día 23 di la orden de marcha, disponiéndonos al ataque de la plaza de Calama, en el orden siguiente:
Un piquete de caballería a las órdenes del alférez don Juan de Dios Quesada, llevando por prácticos a los señores don Secundino Corvalan y don Lúcas González para que marcharan a la vanguardia y tomar posesión del camino que conduce a Chunchurí; otro piquete de 65 hombres del mismo cuerpo a las órdenes del sargento mayor graduado don Rafael Vargas, llevando por práctico a don Pedro Hernandez, para que tomara posesión del camino que conduce a Cobija; las compañías de cazadores del 2º y 4ª de línea para que protegieran la construcción de los puentes que debía establecer en el río Loa el teniente coronel graduado de ingenieros militares don Arístides Martínez, auxiliado por 30 voluntarios chilenos sacados del mineral de Caracoles y el resto de la fuerza del 2º de línea.

Dos piezas de Artillería y 25 Cazadores para que sirvieran de reserva y atacar al enemigo por el frente del pueblo.
A las 5 1/2 A.M. avistamos a Calama y a las 7 1/2 se cambiaron los primeros tiros con el enemigo por el piquete de vanguardia que mandaba el alférez  don Juan de Dios Quesada, al hacer éste su reconocimiento en el vado de Topater.  Acto continuo marcharon al ataque las dos compañías de cazadores del 2º y 4º de línea al mando de sus respectivos capitanes, en protección ambas de la construcción de los puentes, y la primera de las nombradas para proteger el piquete de Cazadores a caballo, que mandaba el sargento mayor graduado don Rafael Vargas, y que fueron los primeros que atravesaron el Loa por el vado Carvajal.

Desde ese momento fue necesario que yo me ocupara muy particularmente de la dirección del ataque con las fuerzas que habían atravesado  el Loa por el vado Carvajal que veía comcima de la sierra de Limón Verde, acampando a las 10 de la noche al poniente de la expresada montaña en una estrecha garganta situada a la entrada de la quebrada que baja al valle de Calama.
A las 2 y media A.M. del día 23 di la orden de marcha, disponiéndonos al ataque de la plaza de Calama, en el orden siguiente:
Un piquete de caballería a las órdenes del alférez don Juan de Dios Quesada, llevando por prácticos a los señores don Secundino Corvalan y don Lúcas González para que marcharan a la vanguardia y tomar posesión del camino que conduce a Chunchurí; otro piquete de 65 hombres del mismo cuerpo a las órdenes del sargento mayor graduado don Rafael Vargas, llevando por práctico a don Pedro Hernandez, para que tomara posesión del camino que conduce a Cobija; las compañías de cazadores del 2º y 4ª de línea para que protegieran la construcción de los puentes que debía establecer en el río Loa el teniente coronel graduado de ingenieros militares don Arístides Martínez, auxiliado por 30 voluntarios chilenos sacados del mineral de Caracoles y el resto de la fuerza del 2º de línea.
Dos piezas de Artillería y 25 Cazadores para que sirvieran de reserva y atacar al enemigo por el frente del pueblo.
A las 5 1/2 A.M. avistamos a Calama y a las 7 1/2 se cambiaron los primeros tiros con el enemigo por el piquete de vanguardia que mandaba el alférez  don Juan de Dios Quesada, al hacer éste su reconocimiento en el vado de Topater.  Acto continuo marcharon al ataque las dos compañías de cazadores del 2º y 4º de línea al mando de sus respectivos capitanes, en protección ambas de la construcción de los puentes, y la primera de las nombradas para proteger el piquete de Cazadores a caballo, que mandaba el sargento mayor graduado don Rafael Vargas, y que fueron los primeros que atravesaron el Loa por el vado Carvajal.

Desde ese momento fue necesario que yo me ocupara muy particularmente de la dirección del ataque con las fuerzas que habían atravesado  el Loa por el vado Carvajal que veía comprometidas por la resistencia del enemigo, que había causado algunas bajas a la tropa de Cazadores a caballo.

Esta división compuesta solo de la compañía de cazadores del 2º y de 65 Cazadores a caballo, fueron los que desalojaron al enemigo de sus importantes posiciones, ganándoles terreno con todo arrojo y decisión hasta ser los primeros que entraron en Calama.

La compañía de cazadores del 4º de línea rompió sus fuegos sobre el enemigo que estaba atrincherado en las casas de la máquina de amalgamación, situada a media cuadra del vado de Topater y las compañías 1ª y 2ª del 2º de línea, mandadas por el teniente coronel graduado don Bartolomé Vivar y de los capitanes L. Echanez y P.N. Ramírez, atravesaron el río Loa sin el auxilio de ningún puente por frente del lugarejo Llamamiento.

La resistencia del enemigo en esta parte como en la que atacaba el capitán San Martín con sus cazadores del 4º de línea, fue tenaz, y solo pudo obligárseles a dejar sus importantes posiciones mediante el arrojo y sangre fría de nuestros soldados.

U.S. que ha dirigido el ataque en lo mas importante de los puntos donde el enemigo estaba atrincherado hasta correr serios peligros su persona, sabrá estimar el mérito particular de los jefes, oficiales y tropa que han tomado parte en el ataque del día de ayer; permitiéndome hacer por mi parte una recomendación especial de los sargentos mayores graduados don Rafael Vargas y don Miguel Arrate L., que mandaba la tropa que bajo mis inmediatas órdenes atacó esta plaza por el lado del sur.

La toma de esta plaza costó al enemigo la pérdida de un sargento mayor y 19 individuos entre oficiales y tropa; heridos un sargento mayor, un teniente y un soldado; prisioneros un sargento mayor, dos capitanes, un teniente lº, un ayudante, dos tenientes 2º, dos subtenientes, un sargento 1º y 14 soldados y algunas armas y municiones de distintos sistemas.

Por nuestra parte hemos perdido un cabo 1º y cabo 2º, cinco soldados del regimiento de Cazadores a caballo; heridos: levemente en la oreja izquierda el sargento mayor graduado del 4º de línea don Juan J. San Martín, y de alguna gravedad cuatro soldados de Cazadores a caballo y uno del 2º de línea.

Merece una recomendación especial la buena conducta y moralidad de nuestra tropa durante el ataque y después de él, asimismo el entusiasmo y resistencia con que ha verificado su marcha por el desierto, haciendo la travesía de veinte y tantas leguas que se dice hay de Caracoles a Calama en 20 1/2 horas de marcha.

No concluiré sin hacer una recomendación especial de los oficiales del batallón cívico de Caracoles, capitán don J. M. Walker y ayudante don Ramón Espech, y de los ciudadanos don Ignacio Palma Rivena y don Alberto E. Gormaz, que con la mayor decisión prestaron sus servicios como ayudantes del Estado Mayor, concurriendo en todos los puntos donde fue necesario trasmitir las órdenes de U.S. y del que suscribe.

Es cuanto tengo que decir a U.S. en cumplimiento de las instrucciones de su citada orden.
Dios guarde a U.S.
Eleuterio Ramírez.

Al señor comandante en jefe del ejército del norte.
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Jonatan Saona
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MensajeTema: Re: Partes sobre el combate de Calama   Mar Mar 24, 2015 2:54 am

Parte de Ladislao Cabrera sobre el combate de Calama

Jefe de las fuerzas de Caracoles y Atacama. 

Cuartel general en marcha – Huanchaca, marzo 31 de 1879. 
 Señor: 
Al haber tocado este departamento con los restos del combate que el día 23 del que termina tuvo lugar en Calama, entre el Ejército de Chile y la escasa fuerza de mi mando, me es obligatorio poner en conocimiento del señor Comandante General del Departamento, que continuo mi marcha á esa Capital, donde estuvé con el señor Prefecto del Litoral Coronel Severino Zapata, y cuarenta y ocho personas entre Jefes y Oficiales, tropa y empleados de la Prefecura del Litoral. 

Aprovecho esta ocasión para ofrecer al señor Comandante Jeneral, mis consideraciones de respeto y estimación. 

 Dios guarde á U. 
 LADISLAO CABRERA 
 Al señor Comandante Jeneral del Departamento de Potosí. 
-------------------------- 
Jefe de las fuerzas de Caracoles y Atacama. 
 Cuartel Jeneral en marcha – Canchas Blancas, marzo 31 de 1879. 
 Señor. 

 A fin de que esa Comandancia Jeneral tenga conocimiento del combate que tuvo lugar en Calama en la mañana del 23 del mes que termina, adjunto copia autorizada del parte que dirijo al Ministerio de la Guerra. 

Con este motivo soy del señor Comandante Jeneral, su atento seguro servidor. 
LADISLAO CABRERA. 
 Al señor Comandante Jeneral del Departamento de Potosí. 
----------------------------------- 
Jefe de las fuerzas de Caracoles y Atacama. 
 Cuartel Jeneral en marcha.- Canchas Blancas, marzo 27 de 1879. 
 Señor: 

Después de mis oficios de 16 y 25 del corriente, cumple á mí deber dar parte al Supremo Jefe del Estado, por conducto del señor Ministro de la Guerra, del combate que en la mañana del 23 tuvo lugar en Clama, entre el ejército de Chile en número de 1,400 á 1,500 hombres, y los pocos ciudadanos que defendían la integridad del territorio Nacional; combate que dio por resultado la ocupación de aquella importante plaza por las fuerzas de Chile. 

 Hecha la intimación de fecha 16, por un parlamentario ad hoc de las fuerzas enemigas situadas en Caracoles, y firmado el protocolo en que consta la contestación que aquél recibió, debía esperarse, que ……... ese día, al siguiente cuando mas, seria asaltada la plaza. 

Mas no fue así: las fuerzas de Chile en Caracoles que no bajaron de 800 hombres cuando se hizo la intimación no se creyeron bastante poderosas para la toma de Calama, defendida únicamente por unos pocos ciudadanos. Fue preciso que hicieran venir de Antofagasta mayor número de tropas y á uno de los mas acreditados Jefes. 

 Reunido ahí un Ejército efectivo de 1,400 á 1,500 plazas, con las armas mas perfeccionadas por su precisión y alcance, con once piezas de artillería d montaña y dos ametralladoras, en la madrugada del día 23, empezó á descender rápidamente por la quebrada principal que de Calama conduce á Carácoles. En ese Ejército se notaba también un cuerpo de caballería. 

 El campamento tenia pequeña fuerza cuyo número era solo de 135 hombres entre Jefes, Oficiales y soldados, se hallaba situado ente el camino de Chiuchiu y el puente de Topater á una altura como de cien piés sobre el nivel de éste, y por consiguiente en estado de observar los movimientos del enemigo de los cuales dependía la defensa de la plaza. 

 El tiempo que el Ejercito enemigo empleó en bajar á las márjenes opuestas del río Loa, que nos dividida lo utilizé en preparar mis pocos pero valerosos compañeros cuyo ardimiento, por el próximo combate, aumentados á medida que eran interminables las columnas enemigas que bajaban al llano. 

En homenaje á la justicia y en honra, á los bolivianos declaro señor Ministro, que en esos solemnes momentos, no vi palidecer á ninguno de los que se hallaban en el campamento. Mas parecía que se preparaban á un festín que á un terrible combate en que iban á correr torrentes de sangre. 

Si alguien hubiera preferido la idea de la retirada á la vista de la superioridad numérica tan esecita, habria sido despedazado. 

Los 135 defensores de la plaza, que muy luego talvez iban á convertirse en mártires de su patriotismo y de su abnegación, esperaban mis últimas órdenes con impaciencia fébril. 

Para mejor comprensión debe tenerse presente que el rio Loa en el paralelo de nuestro campamento tiene el nombre de Yalquincha, de Topater en el lugar del puente de este nombre, y de Carvajal en el lugar del otro puente. Ambos mandé destruir días antes. De Yalquincha á Carvajal hay mas de tres millas de distancia. Se comunican por senderos angostos que es preciso conocer para recorrer de un punto á otro. Cualquiera desviación es un gran inconveniente para todo movimiento rápido. 

A (8 h. á m.) mas ó menos, el Ejército enemigo y á distancia como de tres millas de nuestras posesiones, se situó en unas colinas que se hallan sobre el camino de Caracoles, y desde allí desprendió algunas columnas lijeras que avanzaron sobre el rio que nos separaba, siendo al parecer, su principal punto de ataque el puente de Topater. 

 Me dirijo al Coronel Fidel Lara y le ordeno que baje inmediatamente. Mi órden es contestada por entusiastas vitores á Bolivia, al Presidente de la República, que jamás olvidaré. Yo también bajo al mismo lugar á señalar su puesto á la valiente columna que mandára el Coronel Lara. Llevé tambien con esa columna doce rifleros montados al mando de su segundo Jefe don Eduardo Abaroa. El resto de este cuerpo lo dejé de reserva para acudir al lugar que fuese necesario. 

 Otros de los puntos amenazados fue el puente de Carvajal en cuya dirección bajó una de las columnas enemigas. Era preciso atender allí. Separé de la fuerza del Coronel Lara quince hombres de tropa, cinco oficiales armados de rifles y cuatro de los rifleros de los doce de q’ hago mención, y á mando del Teniente Coronel Emilio Delgadillo los conduje á defender un vado del Loa llamado de la Huaita un poco al norte del puente Carvajal. Cuando llegué á este último punto, ya veinticinco o treinta hombres de á caballo de las fuerzas enemigas habían pasado dicho vado y colocándose en unas murallas de adobe. Entre esta muralla y pilon de pasto seco que nos ocultaba y dividía, no había sino la distancia de diez metros á lo mas. Pude colocar convenientemente á los veinticuatro hombres que llevé con el Teniente Coronel Delgadillo, los cuales rompieron el fuego con tal certeza que quedaron nueve cadáveres en los primeros tiros, los sobrevivientes repasaron el vado en precipitada fuga y algunos de estos quedaron en las aguas del río. Fue allí que se tomaron diez rifles, una espada y un caballo. 

Reiterando mis órdenes de defensa de aquel vado, al teniente Coronel Delgadillo, vuelvo al escape al puente de Topater donde se sentía el fuego mas nutrido que puede concebirse. 

Al aproximarse á este puente noto que el Ejército enemigo habia formado un semicírculo desde las cercanías de Yalquincha al lado opuesto de nuestras posesiones hasta el vado detenido por el Teniente Coronel Delgadillo. 

 Ordeno que el resto del cuerpo de rifleros ente en combate hácia Yalquincha á donde se veían desprenderse enormes masas de tropa. 

El señor Prefecto del Departamento Coronel Severino Zapata que comprendió la inmensidad del peligro, anticipándose á mi pensamiento ya había desprendido ocho rifles en la dirección amenazada y se hallaba en momentos de mandar el resto al punto atacado cuando llegué alli. 

 Entró pues en combate el total de los 135 hombres de que disponía. 

 Ocho de los primeros doce rifleros que coloqué en Topater habían pasado el rio hácia al campo enemigo sobre una viga de madera a mando del segundo jefe don Eduardo Abaroa, así como el tercer Jefe don Juan Patiño y el oficial Saturnino Burgos por un vado del río al Norte de Topater. 

Con esta combinación de defensa quedaron rechazados los numerosos enemigos en todos sus puntos de ataque por mas de tres y cuatro veces. 

Cuando se veía dar media vuelta hasta á los tiradores de á caballo y refugiarse de nuestras balas en las colinas del camino á Caracoles de que he hablado ántes, me hacia una ilusion de creer, que el patriotismo y el valor de mis compañeros se sobrepondría á todas las ventajas del número y de las armas de precisión. 

 Desgraciadamente todo rechazo atraía mayor número de enemigos, y como era tenaz la resistencia fue redoblado cada nuevo ataque. Columnas cerradas venían en protección de las rechazadas. 

 Empieza á oirse el ruido de las piezas de artillería, y entre ésta de las ametralladoras al propio tiempo que aumentaba el silbido de las balas de rifle. Desde ese momento los tres puntos defendidos, Yalquincha, Topater y vado de la Huaita, no solo eran impotentes sino espantosos para quienes no han podido oir el retumbar del cañón, el estallido de las bombas de incendio y el ruido de las balas de rifle. 

Duraba ya éste desigual combate cerca de dos horas. Siento q’ en el ala derecha de nuestra defensa, en el vado de la Huaita disminuyen nuestros fuegos. Me dirijo allí por tercera ó cuarta vez y ántes de llegar encuentro al oficial Manuel Luna que venía á pedirme refuerzo con un rifle y caballo enemigos. No teniendo ni un solo hombre mas de que disponer me limito á ordenarle que vuelva á ocupar su puesto. 

 En esta situación se me dice que otro puente á distancia de dos millas del de carvajal, al Sur; esto es Chunchuri estaba ocupado por fuerzas enemigas. Era nueva atención en tan difíciles momentos. Mando á informarse de la verdad de este nuevo peligro al Capitán de lanceros Miguel Palalo, y regreso al puente de Topater á ver si podian sacarse de entre los defensores de aquel punto algunos hombres para atender á Chunchuri. 

Ya era tarde, este puente había sido tomado por el enemigo, así como el cuerpo de rifleros al Norte de Topater. El Coronel Lara se habia retirado quemando su último cartucho. El cuerpo de rifleros, agotadas sus municiones había hecho otro tanto. 

Se notaba en aquella situación que el enemigo que había desalojado á la columna de Caracóles y al cuerpo de rifleros, no se atrevía á traspasar el río, parecía que se hallaba asombrado de tanto heroísmo. No se oia ya sino en dirección del pueblo uno que otro tipo. 

Pude llegar así sin ninguna dificultad á lo q’ fue nuestro campamento donde encontré todavía al Jefe del Estado Mayor, Coronel Gaspar Jurado, al Comandante Pedro Caballero y al oficial de lanceros Segundo Altamirano. 

 El Comandante Narciso Avilés tercer Jefe de la Columna de Caracóles me dá la triste noticia de que parte del Ejército enemigo había ocupado ya el pueblo que defendía habiendo penetrado por el vado de la Huaita. Despacho al Oficial Altamirano á informarse de si esto era cierto. No vuelve éste. Me dirijo yo mismo al pueblo y cerca de él encuentro á uno de los cornetas de la columna de Caracóles (Aparicio) que venía de fuga y me confirma la noticia de la ocupación del pueblo. 

 Contramarché sobre el campamento en cuya dirección se retiraban algunos soldados y rifleros; les indico como punto de retirada el pueblo de Chiuchiu y yo mismo tomo esa dirección. En el camino me incorporo con los compañeros cuya lista acompaño. 

 En cuanto á las pérdidas que se han sufrido, de los informes que he podido recoger resulta que murieron de la columna de Caracóles tres individuos de tropa y un herido; del cuerpo de rifleros dos muertos y doce prisioneros de uno y otro cuerpo. Entre éstos el Comandante tercer Jefe de rifleros Juan Patiño. 

 Las del enemigo son injentes relativamente; todas las personas que salieron de Calama después que nosotros aseguran uniformemente que pasan de cien los muertos en los tres puntos atacados. 

Nada se sabe del teniente Coronel Delgadillo ni del segundo Jefe de rifleros Eduardo Abaroa; sin embargo respecto del segundo se dice que fue fusilado después de prisionero. Si esta fatal noticias se confirmase, habría que vengar este nuevo crimen. 

El Ejército enemigo en el combate del 23 hizo uso de todas sus armas, hasta de las bombas de incendio que en los depósitos de pasto seco han hallado cómodo combustible. Cuando las bombas no producían el efecto deseado por él, ponían fuego á dos cercos de los alfares. El aspecto que Calama presentaba en nuestra retirada era el de una hoguera espantosa. 

 Así terminó aquel combate sin igual en la historia moderna; 135 hombres mal armados defendiendo una línea de mas de tres millas contra un Ejército compuesto de 1,400 á 1,500 hombres con las mejores armas que se conocen. 

 Ahora Chile sabe con qué clase de enemigos tiene que luchar, y el pais que no olvidará que á las ventajas numéricas pueden oponerse el valor proverbial del ciudadano boliviano y estudio de las localidades aparentes para la defensa ó para el ataque. 

Al terminar esta exposición, es de mi deber y de severa justicia, hacer conocer á la Nacion y al Supremo Gobierno, el comportamiento heroico de todos los Jefes, Oficiales y tropa que rechazaron en la mañana del 23 al Ejército chileno. 

El Sr. Coronel Severino Zapata que llegó á Calama el día 20, prestó con su presencia y sus consejos importantes servicios, antes del combate, durante él y en la retirada, así como su comitiva compuesta del Coronel Juan Salinas, Dr. Ricardo Ugarte, Lizardo Taborga y Manuel T. Cueto. 

 El Estado Mayor compuesto del Coronel Gaspar Jurado, del teniente Coronel Pablo Sanchez, del Comandante Pedro caballero, Teniente primero Ignacio Pedraza y del Ayudante Federico Andía, cumplió también legalmente su deber. 

 El Coronel Lara que defendía el puente de Topater causó no pocas bajas en el Ejército enemigo; pues se le vía hacer constante fuego con su rifle, rodilla en tierra. En este punto se hallaron el Comandante Avilez y los Oficiales Braulio Vera, Hermenegildo Villegas, Alfredo Goblé y Lucio Villegas. 

 El teniente Coronel Delgadillo, desplegó tal valor en la defensa del vado de la Huaita superior á todo elojio. Con él se encontraban los Capitanes José Diaz y Francisco Zuñiga, los Oficiales Samuel Aramayo, Manuel Luna, Manuel Chavei, Manuel I. Gandarillas y Rodolfo Abaroa. 

El Cuerpo de rifleros que defendía el vado de Yalquincha á mando del tercer Jefe Juan Patiño, del Mayor Florian Flores y del Capitan Luis Latines, se colocó á la altura de su deber y cumplió dignamente los compromisos que voluntariamente y con sin igual abnegación contrajo. A este cuerpo pertenecian los Oficiales Saturnino Burgos, Luciano Caballero, Severo Aparicio, Manuel Pereira, Modesto Carrazana, Manuel I. Gandarillas, Rodolfo Abaroa y Avelino Aramayo. 

El cuerpo de Lanceros no ha sido menos digno en los servicios locales á que estaba destinado; y su Jefe en su calidad de tal y como Sub-prefecto de la Provincia de Atacama, señor Jose Santos Prada, ha prestado igualmente importantes servicios,-- así mismo que el Intendente de Policia y Capitán de rifleros Eugenio M. Patiño. 

Consentimiento de alta consideración, soy del Sr. Ministro de la Guerra, atento, seguro, servidor. 

 LADISLAO CABRERA.
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MensajeTema: Re: Partes sobre el combate de Calama   Mar Mar 24, 2015 2:56 am

PARTE DEL COMANDANTE VARGAS DEL  CAZADORES A CABALLO.

REGIMIENTO DE CAZADORES A CABALLO.

Calama, marzo 24 de 1879.

Tengo el honor de dar cuenta a U.S. de las operaciones ejecutadas en el día de ayer por la tropa que comando.  Cumpliendo las instrucciones que recibí del señor jefe de operaciones, teniente coronel don Eleuterio Ramírez, dividí mi tropa en dos porciones para atacar, esta plaza y tomarla a viva fuerza; mandé una mitad al mando del alférez don Juan de Dios Quesada al sur este, y con el resto de la tropa me dirigí al sur oeste, llevando por prácticos los individuos que habían sido tomados prisioneros la noche anterior, y que según declaración de uno de ellos, fueron mandados por los jefes de esta plaza para descubrir nuestras fuerzas.


Dichos prisioneros, como conocedores de los puntos atrincherados por el enemigo, nos condujeron a esos atrincheramientos y emboscadas, que eran muy ventajosas para el enemigo.

El alférez Quesada con su mitad, sin apercibirse que hubiese enemigo emboscado por la parte que exploraba, y cuando menos pensó, a una distancia cuando más de quince metros, recibió una descarga del enemigo sin ocasionarnos desgracia, y a la cual contestó con nutrido fuego sin perder terreno.

En estas circunstancias, recibió órdenes de U.S. de replegarse a la izquierda de la línea, observado que fue por U.S. el fuego tan nutrido que en esta parte nos hacia el enemigo.

Entraré ahora a manifestar a U.S. el resultado de las operaciones.
Después de grandes dificultades y engaños del práctico, para poder pasar el río, el guía prisionero que nos conducía, saltando fosos y cercas, nos llevó a la boca de los fuegos enemigos, donde, y cuando menos lo esperaba, recibí una granizada de balas en circunstancias que tratábamos de salvar los fosos que impedían maniobrar a la caballería.

En situación tan desesperante, hice desmontar la tropa y cargamos a las trincheras con un fuego tan violento como el que nos hacía el enemigo, apesar de la desventajosa posición en que nos hallábamos recibiendo el fuego a pecho descubierto, mientras tanto ellos estaban atrincherados, y de sus posiciones era imposible desalojarlos.

Viendo, el enemigo que yo había desmontado una parte de mi tropa para atacarlo, yendo sobre él, abandonó sus posiciones; más, no teniendo ningún paso accesible por donde perseguirlos, me fue enteramente imposible poderlo ejecutar.

En estas circunstancias ordené al teniente don Sofanor Parra, mantuviese esas posiciones con su mitad, mientras yo salí en persecución de la mayor parte de los caballos que dispararon tanto  por mis fuegos como por los del enemigo, los cuales temía cayesen en sus manos.

Mientras yo me ocupaba en esta operación, llegó en mi auxilio el teniente coronel comandante del batallón 2º de línea don Eleuterio Ramírez, quien dispersó su tropa en guerrilla.

Una vez tomada mi caballería, nos fuimos sobre el pueblo, saltando fosos, tapias y cercas y penetrando a él sin pérdida de tiempo.
Con sentimiento manifiesto a U.S. que por mi parte he experimentado en mi tropa las pérdidas siguientes: muertos, cabo 1º Belisario Rivadeneira, id. 2º José Ezequiel Sepúlveda; soldados José Onofre Quiroga, José de la Cruz Vargas, Carlos Fernández, Rafael Ramírez y Feliciano Martínez.

Gravemente heridos: soldados Alejandro Herrera y José Vergara; y mal heridos José Bustamante y Eugenio Meyer.  Total de muertos, siete; heridos cuatro y contuso uno, José del Carmen Gaona.

Me es grato manifestar a U.S. que la conducta observada por los señores oficiales y tropa de mi mando, ha sido enteramente satisfactoria.
No cumpliría con mi deber sino hiciera una recomendación especial de los señores oficiales siguientes: teniente don Sofanor Parra, quien sostuvo heroicamente el puesto que le confié, pues el enemigo observando que salía en persecución de la caballada, volvió sobre sus posiciones haciendo un fuego terrible.

Al teniente Parra lo acompañaba el alférez agregado de esta compañía, don Carlos Felipe Souper, quien se batió heroicamente, imitando el entusiasmo de sus compañeros.
Los alféreces don Belisario Amor y don Juan de Dios Quesada no han desmentido la confianza que en ellos había depositado.

Al mismo tiempo recomiendo a  U.S. con especialidad al sargento 2º Facundo Rojas, al id. id.  Ríos Herrera y José y Vicente Caris, y los soldados Juan Mesías y José del Carmen Gaona que, apesar de haber perdido sus caballos, siguieron batiéndose a pié, y en general, toda la tropa se batió con valor y entusiasmo.

Las pérdidas que al enemigo le hayamos causado no puedo expresarlas con exactitud por la premura del tiempo, pues ellos, como poseedores del terreno, por lo ventajoso de sus posiciones, llenas de montañas, matorrales y zanjas, han tenido facilidad para ocultar sus bajas; solo hemos encontrado seis cadáveres completamente carbonizados por estar dentro de trincheras cuya naturaleza nos obligó a incendiar, pues estaban formadas de una muralla de adobes, reforzada por otra de pasto segado, una cerca viva y una zanja.
Fueron tomados por la tropa de mi mando 20 prisioneros, entre ellos un capitán, un teniente 1º, un id. 2º, un subteniente y 17 individuos de tropa.

Les tomamos igualmente 20 armas de fuego, entre fusiles, rifles y revólveres y un buen número de municiones, los cuales he puesto a disposición del señor jefe de operaciones.
Dios guarde a U. S.
Rafael Vargas.

Al señor comandante en jefe del ejército del norte.
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MensajeTema: Re: Partes sobre el combate de Calama   Mar Mar 24, 2015 2:59 am

Parte de Severino Zapata

PREFECTURA DEL DEPARTAMENTO DE COBIJA.
Ascotán, Marzo 25 de 1879.

Al señor Prefecto del departamento de Potosí;
Señor:

Ignoro si al recibo del presente oficio haya llegado a sus manos mi nota de 22 del corriente, fechada en Calama, i en la que impartía a usted los últimos acontecimientos acaecidos en aquella localidad, con ocasión de la rendición que mandaron proponer los jefes invasores de nuestro territorio, de la plaza de Calama, deposición i entrega de armas, declarando en su defecto tomarla a sangre i fuego.

En efecto; —el domingo 23 al rayar la aurora se presentaron 1,500 hombres armados de rifles, con once piezas de cañón de montaña, tres ametralladoras i muchas bombas.

A las 7 A. M., nuestra avanzada se batía con la enemiga logrando rechazarla tres veces i desalojarla de sus posiciones.

Una hora después todo el grueso de la tropa chilena atacaba por cinco partes distintas, logrando nuestros valientes contenerlos i tomarles muchos rifles que sirvieron para castigar a sus propios dueños. Por último replegaron sus fuerzas en solo tres puntos, atacando por el vado deJuana Guaita, frente de Topater i alto del mismo nombre.

Aquí, señor Prefecto, tuvo lugar una serie de hechos heroicos en los que un puñado de valientes en número de 50 ciudadanos e igual número de tropa, con 30 rifles, 50 fusiles i 20 escopetas, fueron los que escarmentaron a los piratas de América.

Desgraciadamente, después de dos horas de combate, se agotaron nuestras municiones, i con el último cartucho quemado tuvimos que dejar el campo al enemigo. Cortados en nuestra retirada a la costa en pleno desierto i sin recurso de ningún jénero, avanzamos sobre Chiu-Chiu, población situada a siete leguas de Calama, continuando nuestra retirada al interior.

Es indudable, señor Prefecto, que, contando con cien rifles, no nos habría sido difícil conservar aquella plaza importante, que era necesario defenderla palmo a palmo, como se verificó en la memorable jornada del 23, que marcará una época en los fastos de Bolivia, encargándose la historia de recojer los nombres de los pocos pero valientes  ciudadanos.

Dígnese, señor Prefecto, poner al corriente de éste suceso a los habitantes de esa capital i trascribir a quienes corresponde, aceptando usted las consideraciones de aprecio con que me repito de usted atento servidor.

Severino Zapata.
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MensajeTema: Re: Partes sobre el combate de Calama   Mar Mar 24, 2015 3:00 am

Parte de Juan José San Martín sobre el combate de Calama

Parte del Jefe de Compañía del 4º de Línea

Calama, marzo 24 de 1879

Señor Comandante en Jefe:
Cumpliendo con la orden que recibí de V. S. ayer poco antes de la 7 1/4 A. M. me dirigí con la compañía de mi mando a colocarme al frente de las trincheras y parapetos del enemigo boliviano que estaba situado en la ribera oeste del río Loa.

Con la compañía tendida en guerrilla y al frente de la línea enemiga, hice romper el fuego a las 7 1/2, pues ellos lo habían hecho tan pronto como tuvieron al frente nuestros soldados. Cuando los enemigos se replegaban a la izquierda de su línea, tenía yo que abandonar mi lugar y seguirles con fuego por el flanco derecho; otro tanto tenía que hacer por el flanco izquierdo cuando ellos se replegaban o multiplicaban sus fuegos a la derecha de su línea.


Eran las 10 1/2 A. M. cuando el enemigo se retiraba disperso y siéndome de todo punto imposible salvar la ribera del río por tener éste en ambos lados grandes barrancos, tuve que seguir flanqueándolo por la derecha hasta que encontré un lugar a propósito para salvar el río y perseguir al enemigo; pero cuando me encontré en la ribera opuesta, ya todos habían huido.

Los muertos por parte del enemigo, no puedo decir su número con fijeza, los que he visto son dos, pero por personas que me merecen entera fe y que han recorrido el sitio del combate, son siete u ocho de enemigos y que todos tenían sus heridas en la cabeza.

Me hago un deber en recomendar a la consideración de V. S. la serenidad, sangre fría y arrojo con que se han conducido los oficiales de la compañía: Teniente señor Pablo Marchant y subtenientes señores Emilio A. Marchant y Luis Víctor Gana, quienes durante lo más recio del combate cada uno se manifestaba con el mayor contento y alentando con sus palabras a nuestros soldados.

Todos los individuos de tropa, desde el Sargento 1° al Tambor, se han conducido con la bravura y serenidad que es característica de nuestro ejército. Creo, señor Coronel, que todos ellos son dignos miembros del Ejército que V. S. comanda.

Ningún muerto he tenido que lamentar, y herido de bala solo fue el que suscribe, en la oreja izquierda.

Es cuanto puedo decir a V. S. en obsequio de la verdad.

Dios guarde a V. S.
J. J. San Martín
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