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 Partes sobre el combate de Los Ángeles

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Jonatan Saona
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MensajeTema: Partes sobre el combate de Los Ángeles   Mar Mar 24, 2015 3:04 am

Parte de Erasmo Escala sobre el combate de Los Ángeles

Jeneral en Jefe del Ejército de Operaciones del Norte. 

Pacocha, Abril 1.° de 1880. 
Señor Ministro: 

Teniendo conocimiento este Cuartel Jeneral de que el pueblo de Moquegua estaba guarnecido por 4 batallones de fuerzas peruanas i que éstas se preparaban a hostilizar nuestros movimientos por el lado de Locumba, procurando además inutilizar la línea férrea, estanques i demás elementos que podíamos utilizar para emprender operaciones bélicas contra las fuerzas de Arica i Tacna, creí conveniente disponer se hiciese un reconocimiento minucioso con los rejimientos de Cazadores i Granaderos a caballo, a las órdenes del señor jeneral de brigada, comandante jeneral de caballería, don Manuel Baquedano, con el objeto de observar las posiciones del enemigo, los puntos débiles por donde podrían ser atacados, i retirarle toda clase de recursos. 

El indicado señor jeneral llenó su cometido a mi entera satisfacción, i con su informe dispuse que la segunda división del ejército de mi mando, compuesta del Rejimiento 2.° de línea, Rejimiento Santiago, batallones Atacama i Búlnes, con una batería de artillería Krup de campaña, otra de montaña del mismo sistema i otra de bronce rayada, marchase de ésta a Moquegua, poniéndose a las 
órdenes del señor jeneral Baquedano, quien debía disponer el ataque a las posiciones enemigas i tomarse el pueblo de Moquegua. 

El parte que el indicado señor jeneral ha pasado a este Cuartel Jeneral, i que tengo la honra de remitir, impondrá al Supremo Gobierno de la victoria obtenida, que nos deja en posesión de un punto estratégico útilísimo para evitar la provisión de víveres i de toda clase de recursos para Tacna i Arica, ciudades en que reside el ejército enemigo, victoria que será mas fatal para éste con las frecuentes escursiones que la caballería debe hacer para cortar la línea de comunicación de Arequipa con Moquegua i de esta provincia con las de Arica i Tacna. 

La victoria obtenida, señor Ministro, por nuestras fuerzas bajo las órdenes del infatigable, intelijente i denodado jeneral Baquedano, ha dado una pájina mas de gloria a la historia de nuestra patria, pues siempre se recordará en Moquegua que las únicas fuerzas que han podido tomar las inespugnables posiciones de la cumbre de los Anjeles, han sido tropas chilenas, cabiéndole este honor en su mayor parte al ya acreditado batallón Atacama. 

Dejo a la consideración del Supremo Gobierno las recomendaciones que según el parte del señor jeneral Baquedano han hecho los jefes de cuerpos, restándome solamente hacer todo honor al indicado señor jeneral, que con tanto acierto dirijió el ataque. 

Dios guarde a V.S. 
ERASMO ESCALA . 
Al señor Ministro de la Guerra.
******************
Grabado de Erasmo Escala publicado en el periódico "El Nuevo Ferrocarril"
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Jonatan Saona
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MensajeTema: Re: Partes sobre el combate de Los Ángeles   Mar Mar 24, 2015 3:06 am

Parte del Comandante General de la 1 División, Andrés Gamarra sobre el combate de los Ángeles

Comandancia general de la Primera División del Segundo ejército del sur.
Carumas, marzo 23 de 1880.

Señor Contralmirante, General en jefe del primer Ejército del Sur.
Señor Contralmirante:
A pesar de que por comunicación de fecha 13 del que cursa recibida el día de hoy, el señor coronel secretario de Estado en el despacho de guerra me indica la marcha sobre este departamento del señor General en jefe del 2º ejército y con el cual debo entenderme directamente, creo indispensable participar a U. S. que el 22 del referido mes a horas 5 A. M. fuí atacado por el enemigo en el número de 3.000 hombres de infantería, 900 de caballería, 7 piezas de artillería y 2 ametralladoras por los costados derecho, izquierdo y centro del alto de los Angeles y la quebrada de Tumilaca; y viendo después de más de dos horas de combate la imposibilidad de obtener resultados favorables, pues la superioridad de aquel era inmensa, resolví salvar a todo trance la división de mi mando, para lo que emprendí la retirada con los batallones Granaderos, Canchis y Canas sobre esta localidad a donde he llegado sin tener la menor novedad, pues estos han rivalizado en moralidad y disciplina.

Lo que me es grato participar a U. S. para su inteligencia manifestándole en conclusión que mañana emprendo mi marcha sobre Omate de donde continuaré sobre Arequipa.

Dios guarde a U. S. muchos años.  S. C. A.
A. Gamarra.
_____________

Comandancia general de la Primera División del Segundo ejército del sur.

Omate, abril 4 de 1880.

Señor general en jefe del segundo ejército del sur. S.G.

Cumpliendo con lo que ofrecí a u.s. en oficio fecha 23 del mes pasado, tengo el honor de manifestar que el 17 del indicado mes me retiré con la división de mi mando sobre el punto denominado Tambolombo a consecuencia de que las avanzadas chilenas ocupaban Moquegua. En la madrugada del 19 tomé posesión de Alto de los Ángeles e inmediatamente procedí a reconocer esta posesión de mi flanco derecho y frente, como también mi izquierda, desde Quilin-Quilin a Hoyeros; habiendo acampado con aquella en el sitio del Arrastrado.

En la tarde del mismo día, por orden general de esta fecha, se dispuso que dos batallones entrasen de servicio, ocupando los Ángeles uno y el otro Quilin-quilin, los mismos que debían ser relevados cada 24 horas, y que los jefes que estuviesen de servicio se denominasen jefes de la línea y que a ellos estaba encomendada la seguridad y defensa del puesto que se les confiaba. Así mismo dispuso que la mitad de la infantería con sus respectivos oficiales y al mando del sargento mayor don Julio Ascana, ocupase el cerro grande de Quilin-quilin que dominaba Sancara, y Yunguyo y la Calera.

El 21, día que debían ser relevados Grau de los Ángeles y Granaderos en Quilin-quilin, me manifestó el coronel Chocano, primero de palabra y por escrito después, que siendo su cuerpo formado en la provincia y el conocedor personal del lugar, le permitiese no ser relevado y que quedaba encargado de la defensa de esta posición.

En la misma tarde fueron tomados 4 soldados y un oficial chileno; los que remití a Torata; y en la noche el coronel de Grau hizo descender de los Ángeles con mi conocimiento 20 cazadores de su cuerpo, a sorprender la avanzada chilena de caballería que se hallaba en la cuesta de Tambolombo, cuyo resultado fue tomarles 4 caballos, 4 carabinas de Winchester y ocasionarles varios muertos y heridos. A la una de la mañana del 22 fui avisado de que el enemigo se movía con dirección a Samegua. Inmediatamente ordené bajase la 6º compañía de Granaderos al mando de su comandante   teniente don Nicolás Roncal y del sargento mayor 2do jefe del cuerpo don Francisco García, con orden de contener cualquier tentativa que el enemigo se propusiese efectuar con Quilin-quilin habiendo hecho remplazar   en este sitio a dicha compañía con la 1ª. de Canchis como también que la otra mitad de la referida columna fuese a reforzar el sitio que ocupaba aquella.

A las 4 y media de la mañana por previsión mandé poner sobre las armas a todos los cuerpos, y permanecí en este estado hasta las 5 que se oyeron los primeros tiros en Holleros; entonces comprendí que los enemigos me atacaban por mi derecha e izquierda y acto continuo hice descender a la 1a de Canchis que estaba en Quilin-quilin al mando de su capitán y a cargo e teniente coronel graduado don José M. Vizcarra, a reforzar a la de Granaderos y ordené al jefe del e.m. teniente coronel don Simón Barrionuevo, situase de la manera más conveniente a estas dos compañías y descendí   hasta colocarme a tiro de los enemigos para reconocer el terreno que ocupaban   a la vez que las fuerzas que emprendían el ataque. Bien aclarado el día, noté que en el sitio llamado la Calera se encontraban ya rompiendo los fuegos 6 piezas de artillería, 3 ametralladoras, un regimiento de infantería de 800 a 1.000 plazas, vestido de chaqueta azul y pantalón gransa, y a la izquierda de esta línea el resto de su infantería y una gran masa como de 600 a 800 de caballería.

Por consiguiente, perfectamente situada como quedaban nuestras dos compañías en los púlpitos, rompiendo los fuegos con bastante precisión y a la Gendarmes colocada en Quilin-quilin que hacía lo mismo interrumpiendo   la marcha del enemigo que no pudo avanzar un palmo más del terreno que ocupaba, a pesar de la superioridad de sus fuerzas conociendo que las municiones debían bien pronto escasear, ordené al oficial primero adjunto al e.m. Eduardo Luna, remitiesen. un cajón además de dos cargas que llevaban   los arrieros. Ya para entonces atacaba el enemigo la posición de los Ángeles con artillería e infantería. Comprendiendo que debía reforzar las compañías que estaban en la quebrada situada en el cerro los Púlpitos, me dirigí rápidamente al Arrastrado para tomar el batallón Granaderos con el objeto ya indicado.

Al descender me encontré con que los batallones que había dejado formados en columna cerrada, estaban desplegados en batalla y rompían sus fuegos sobre el enemigo, cuando hasta ese momento creía que los cazadores que estaban en mi vista y descendían sobre los Ángeles haciendo fuego por el cerro de Estupiña, eran los del batallón Grau; mas este error fue cosa de un momento, pues vi que los soldados del referido cuerpo venían en completa derrota y que aquellos que suponía de Grau eran del batallón Atacama pertenecientes al ejército de Chile, que en la noche por la quebrada de Huaneros, habían tomado el de Estupiña flanqueando esta posición y dominando los Ángeles, y que a pesar de los esfuerzos que hacía el coronel a quien estaba confiada la defensa de esta, no pudo recobrarla, no consiguiendo otro objeto en el corto recinto de los Ángeles, que el que fuese diezmada su tropa y puesta en completa dispersión. Esto sucedía cuando yo venía de Quilin-quilin, como he dicho antes, a tomar un cuerpo y reforzar las compañías que habían en los púlpitos.

Flanqueado, pues, por los Ángeles y recibiendo un fuego mortífero que hacían los enemigos del cerro de Estupiña sobre la división ya no me quedaba otra cosa que salvar ésta de ser cortada completamente, batida y destruida, por cuya razón ordené al jefe de Canchis desfilara a tomar Yacango, y poco después las siguió Canas y Granaderos. Cuando estos cuerpos desocupaban el Arrastrado, tomó personalmente el mando de la primera de éste último y me situé en la lomañita en cual concluye el Arrastrado, a proteger la retirada de la fuerza; permaneciendo todo el tiempo que fue necesario, y después de haber perdido cinco hombres y cuando noté que las fuerzas del enemigo aumentaban en número continué mi marcha hasta colocarme a la altura del cerro Baúl, de donde ordené al sargento mayor graduado don Andrés A. Pujazón, que descendiese a Tumilaca a proteger la retirada de las compañías que aun se batían; habiendo sólo conseguido que se reunieran algunos cazadores de su cuerpo, los mismos que se incorporaron en Torata a la división. La compañía del Canchis que quiso tomar el camino de Quilin-quilin al Arrastrado, fue cortada por la caballería y tomó diferentes caminos habiéndose sólo presentado el sargento lº.

La columna de gendarmes, después de haber consumido sus municiones, pues no tenía de repuesto, tomó diferentes caminos y la mayor parte se encuentra reunida. Una vez llegado con la división a Yacango, continué mi marcha sobre Torata, habiéndome parecido más conveniente tomar la posición de Ilubaya que el camino que va a Otora. Los cuerpos chilenos que me seguían sólo llegaron a Yacango, por lo que me mantuve en la posición de Ilubaya esperando un segundo ataque, del cual habría sacado mayores ventajas; pero a las 4 de la tarde, viendo que este punto estaba invadido por todas las familias que emigraban de Torata, Yacango y las haciendas vecinas, habría sido una imprudencia cualquier choque, me puse en marcha sobre Chuculay, donde acampé y tomó rancho la tropa, habiéndose reunido, a las 11 de la noche, el jefe de e.m., que cubría la retaguardia con la primera de Granaderos; al siguiente día continué mi marcha hasta Chiligua y de aquí a Caramas, en donde permanecí cinco días, y de donde participé a u.s. mi retirada después del combate del 22.

No se puede llamar más a us. la atención, sobre el combate de unos pocos soldados de la división, contra la mayor parte del ejército de Chile, o la retirada que emprendió esta del centro del enemigo sobre sus fuego conservando su moral y disciplina hasta más allá de lo posible.

La compañía 6a. de Granaderos, y 1a. de Canchis y columna Gendarmes se han batido haciendo ostentación de su valor y del poco número de que se componían. Sin la desgracia de los Ángeles y habiéndolas reforzado, como tuve el honor de hacerlo, los chilenos no habrían pasado de la Calera y se les habría ocasionado una gran pérdida en su infantería y caballería que anticipadamente la tenían acumulada en la quebrada. Sin embargo según datos que he adquirido pasan de 200 muertos, fuera de los heridos los que ha tenido el ejército enemigo. Por mi parte, aún no puedo apreciar debidamente las bajas que he tenido en las dos compañías porque se vienen presentando algunos oficiales e individuos de tropa, y a pesar del contraste sufrido en el Batallón Grau, se acercan a 200 hombres los que tiene el día de hoy.           

También incluyo por separado, la relación de los jefes y oficiales que hayan muerto, o estén heridos o prisioneros. Concluiré a u.s recomendando a la consideración del supremo gobierno a los jefes, oficiales e individuos de tropa de las compañías que se han batido, y que más de una vez hicieron retroceder al enemigo. Asimismo al resto de la división, por la retirada que han hecho conservando su moral disciplina. Continúa mi marcha a Paucarpata adonde estaré el 8 del presente y donde espero recibir sus órdenes.

Dios guarde a u.s. muchos años.  

A. Gamarra
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Jonatan Saona
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MensajeTema: Re: Partes sobre el combate de Los Ángeles   Mar Mar 24, 2015 3:07 am

Parte de Manuel Baquedano sobre el combate de los Ángeles


Comandancia Jeneral de la División Expedicionaria sobre Moquegua.

Moquegua, Marzo 27 de 1880.
Señor Jeneral en Jefe del ejército:

El 19 del corriente, a las 12 M., después de los tiroteos de avanzalas que hubo en los dias anteriores, de los cuales he dado cuenta a V. S., me puse en marcha en dirección a  Moquegua i tomé campamento en Calaluna a las 5 P. M.; de ese dia, tomando todas las precauciones para no ser sorprendido.

La división de mi mando, de la cual era Jefe de Estado Mayor el teniente coronel don Arístides Martínez, se componía de las siguientes fuerzas: rejimiento 2° de línea, su comandante coronel don Mauricio Muñoz, que lo era también Comandante Jeneral de la infantería, rejimiento de línea Santiago, comandado por el segundo jefe, sarjento mayor don Estanislao León; batallón Búlnes, su comandante don José Echeverría; batallón Atacama, su comandante don Juan Martínez, i una compañía del rejimiento Buin 1° de línea.

La caballería era compuesta de los rejimientos de Cazadores i Granaderos, siendo sus jefes del primero, el teniente coronel don Pedro Soto Aguilar, el cual comandaba en jefe la caballería, i del segundo el teniente coronel don Tomas Yávar.

La artillería se componía de dos baterías Krupp, una de montaña i otra de campaña, i una batería de cañones de bronce franceses, todas bajo las órdenes del teniente coronel don José Manuel Novoa.

A las 8 A. M. del 20, hice marchar sobre la ciudad la división de mi mando en el orden siguiente: de descubierta, la compañía del Buin i 50 hombres de caballería. 

A vanguardia marchaba el batallón Búlnes, cubriendo al propio tiempo los flancos de la línea; seguíanle el Atacama, el rejimiento Santiago, artillería i rejimiento 2° de línea; cubría la retaguardia la caballería.

Llegados a las alturas del lado Sur del pueblo i habiendo visto que el enemigo se había asilado en la fuerte i atrincherada posición de los Anjeles, dirijí la tropa a lo Alto de la Villa, mientras el Jefe de Estado Mayor a la cabeza de un piquete de caballería tomaba posesión de la ciudad.

En el mismo Alto de la Villa se distribuyó campamento a cada uno de los cuerpos de la división i se procedió a hacer el reconocimiento de las posiciones enemigas.

Para facilitar el acceso hasta el pié de la cuesta de los Anjeles, hice el dia 21 abrir un camino que lo comunicara directamente con nuestro campamento.

El plan de ataque fué decidido de la manera siguiente: una división compuesta de siete compañías del 2° de línea, un batallón del rejimiento Santiago, uua batería de artillería de montaña i 300 hombres de caballería, al mando del señor coronel don Mauricio Muñoz, debia atacar al enemigo por retaguardia, a la cual debia llegar tomando el camino de Jamegua; el batallón Atacama, subiendo por el cerro que domina la posición de los Anjeles, que debia flanquear las trincheras, atacándolas por su ala derecha; una compañía de guerrilla del Santiago i otra del Búlnes debian atacar de frente, i dos mas del Santiago atacar el ala izquierda; todo esto bajo un activo fuego de artillería que protejiera el ataque batiendo sus trincheras i preparando el avance de las tropas de reserva.

Para llevar a efecto dicho plan, ordené al coronel Muñoz que a las 7 P. M. del dia 21 se pusiera en marcha para cumplir su cometido, i se ordenó al batallón Atacama que a media noche se pusiera igualmente en movimiento para trepar esa difícil altura.

A las 2 A. M. del dia 22 se me dio parte de que una avanzada enemiga había tratado de sorprender el campamento de Cazadores a caballo, de donde resultó un tiroteo en que tomó parte desde lejos la retaguardia del batallón Atacama, siendo rechazado el enemigo i no sufriendo por nuestra parte mas pérdidas que la de 4 soldados de Cazadores muertos, 1 herido i 7 caballos muertos.

Los asaltantes dejaron en el campo un cadáver i los rastros de los heridos que se fugaron.

Al amanecer del mismo dia, el batallón Atacama habia vencido ya lo mas difícil de las escabrosas alturas i nuestras tropas ocupaban sus respectivas posiciones.

La artillería se habia colocado en un lugar conveniente para batir las trincheras, i todo se preparaba para llevar adelante el ataque.

Eran las 5.30 A. M. cuando se oyó del lado de Tumilaca un vivo fuego de fusilería i poco después de artillería. Era la división del coronel Muñoz que, retardada su marcha por lo malo de los caminos i otras dificultades, se batia con una parte de la infantería enemiga, compuesta de una compañía del batallón Canchis, otra de Granaderos del Cuzco, algunos soldados del batallón Grau i una compañía de caballería.

A las 6 A. M. el denodado batallón Atacama rompía sus fuegos i avanzaba rápidamente por el flanco del enemigo; la artillería disparaba certeros tiros sobre las trincheras, i las compañías del Santiago i Búlnes, desplegadas en guerrilla, se adelantaban al pié de la cuesta.

Hora i cuarto después habia disminuido notablemente el fuego i aparecia en lo alto de la cuesta i sobre una de las trincheras nuestra triunfante bandera, batida por el cabo Belisario Martínez del batallón Atacama.

Las tropas siguieron entonces el camino ordinario de la cuesta i a las 8 A. M. todas ellas se encontraban en la cumbre.

El enemigo huia apresuradamente delante del victorioso Atacama, e inmediatamente me puse en marcha persiguiéndolo con caballería e infantería. A las 11.30 A.M. llegaba a Yacango, sin haber conseguido alcanzarlo. En este punto me fué necesario detener la marcha para refrescar la tropa i esperar a los cuerpos que no habían podido seguirnos. Lo avanzado de la hora a que se reunió la división, 5.30 P. M., me impidió continuar mi viaje a Torata.

Entretanto, la división del coronel Muñoz, atacada en posiciones difíciles pai-a él, no pudiendo emplear siempre su artillería i en ningún caso la caballería, consiguió deshacer al enemigo después de cerca de 5 horas de combate.

Las bajas sufridas en esta jornada son: batallón Atacama, 3 muertos i 13 heridos, en los Anjeles; 2° de línea, 1 muerto i 15 heridos; Santiago, 8 heridos i 1 contuso; artillería, 3 heridos, éstos en Tumilaca. Los del enemigo: en los Anjeles, 28 muertos, i se sabe de 25 heridos i otros que vienen llegando, i 64 prisioneros. No se pueden precisar las pérdidas que sufrió en Tumilaca.

Se han recojido hasta la fecha 83 rifles de varios sistemas i 89 cajones de munición dejados por el enemigo, i creo que encontrarán mas las partidas que se han mandado con ese objeto.

Los partes particulares que me han sido pasados recomiendan nominalmente: el del señor coronel Muñoz, a los jefes don Estanislao del Canto i don Exequiel Fuentes; capitanes: del 2° , don Francisco Olivos; del Santiago, don Domingo Castillo; de injenieros, don Enrique Munizaga; ayudantes de campo: don Ruperto Fuentealba, teniente, don Meliton Martínez i alférez don Alvaro Alvarado; el jefe de la batería de artillería que marchó con el coronel Muñoz, a todos los oficiales de su sección; el jefe del batallón Atacama, muí particularmente, al teniente don Rafael Torreblanca, para quien pido el puesto de capitán; al capitán don Gregorio Ramírez, teniente don Antonio María López, subtenientes don Abraham Becerra i don Walterio Martínez, i por fin a la cantinera Carmen Vilches, por su valor i buenos servicios. Los demás partes recomiendan en jeneral el valor, comportamiento de los oficiales i soldados de los diversos cuerpos.

Por mi parte, señor Jeneral en Jefe, me hago un grato deber en manifestar a V. S. que tanto el señor coronel Muñoz como los jefes, oficiales i tropa de los diversos cuerpos, i asimismo mis ayudantes de campo, capitanes don Francisco Pérez, don Ramón Dardignac, don Alejandro Frederick; tenientes don Vicente Montauban, don Juan Pardo i subteniente don Julián Z. Zilleruelo; los de Estado Mayor, capitán don Francisco Javier Zelaya, don Juan Félix Urcullu i subteniente don Federico Weber que componían mi división, han estado siempre a la altura de sus puestos i sostenido con brillo el buen nombre del ejército chileno; pero recomiendo muí especialmente a la atención de V. S. al jefe del batallón Atacama i oficiales por él recomendados. 

También debo manifestar a V. S. que desde el momentoen que tomé el mando de la división, el señor comandante don Arístides Martínez, como Jefe de Estado Mayor, se ha distinguido por su celo, actividad i buen desempeño en su delicado puesto, lo mismo que al frente del enemigo. 

Dios guarde a V. S.
Manuel Baquedano.

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MensajeTema: Re: Partes sobre el combate de Los Ángeles   Mar Mar 24, 2015 3:08 am

Parte del Comandante del Granaderos del Cusco, Manuel A. Gamarra sobre el combate de los Ángeles

COMANDANCIA DEL BATALLON GRANADEROS DEL CUZCO.
Omate, 31 de marzo de 1880.

Al señor Teniente Coronel Jefe del Estado Mayor divisionario:

Cumplo con el deber de poner en conocimiento de usted la parte que el cuerpo de mi mando ha tomado en la batalla del Alto de los Anjeles en la madrugada del 22 de los corrientes con fuerzas enemigas.

El 20 a la madrugada entré con dicho cuerpo al punto del Arrastrado que está  a retaguardia de aquel lugar en el que se reunió toda la división.


El 21 se comunicó la orden jeneral por la cual debía el batallón Grau cubrir la derecha i el mío la izquierda de la línea o, lo que es lo mismo, aquel el punto de los Anjeles i el último Quilinquile, siendo jefes de la línea de cada uno de estos puntos los respectivos primeros jefes de cuerpos i debiendo el que comando prestar el servicio del modo siguiente: poner de día una avanzada de 20 hombres al mando de su respectivo oficial i de noche una compañía, sirviendo de retén el resto del batallón, sin moverse éste de su campamento por estar inmediata a la trinchera indicada, siendo de la responsabilidad de dichos puntos los jefes de servicio con sus respectivos cuerpos.

A la una A. M. del 22 tuvo aviso la comandancia jeneral de que el enemigo se movía sobre Samegua, i entonces usted como jefe de estado mayor ordenó que les cuerpos se pusiesen sobre las armas, lo que se efectuó.

El señor coronel comandante jeneral de la división por órgano de usted ordenó que la sexta compañía de mi batallón que estaba de avanzada, conforme a la orden jeneral, descendiera inmediatamente al río de Tumilaca a órdenes del 2º jefe del cuerpo, sarjento mayor don Francisco García, a impedir cualquiera invasión que por ese costado pudiera hacer el enemigo i que el vacío que esta dejaba lo llenara una compañía del batallón Canchis, lo que también se verificó.

A las 5 de la misma mañana rompió el enemigo sus fuegos sobre aquel costado i luego se sintieron las detonaciones de una inmensa infantería i artillería, a poco rato se vio que los enemigos hacían fuego en retirada i que dicha sesta compañía les hacia la carga con denuedo i valor; entonces el señor coronel comandante jeneral dispuso que la reforzara la primera de Canchis que fue la que estuvo en ese acto en Quilinquile, a lo que igualmente se dio cumplimiento.

Entre tanto que esto sucedía en el lado izquierdo, por la derecha hubo un acontecimiento triste: el enemigo había tomado las alturas del cerro Estuquiña que domina los Anjeles i derrotado al batallón Grau, i estendido sus fuegos sobre el resto de la división formada en columnas paralelas en el punto del Arrastrado. Entonces el señor coronel comandante jeneral, comprendiendo lo difícil de la situación, ordenó que desfilara la división al punto de Yacango en el orden siguiente: Canchis, que marchó antes, Canas i el cuerpo de mi mando un poco después, lo que así mismo se cumplió en un orden de disciplina i moralidad de que habrá pocos ejemplos en las retiradas que han hecho los ejércitos bajo los poderosos fuegos del enemigo.

A la salida del Arrastrado el señor coronel comandante jeneral, tomó el mando de la primera compañía de mi batallón que estaba a órdenes inmediatas de su capitán el mayor graduado don Andrés A. Bujazon. Con ella hizo retroceder al enemigo e impidió que los soldados del batallón Atacama continuaran molestando nuestra marcha, habiéndose perdido cuatro individuos de tropa que murieron en este combate. A la división situada ya en Yacango se incorporó poco después el señor coronel comandante jeneral sin la espresada primera compañía, habiéndome impuesto que esta la había hecho descender por la derecha del cerro Baúl a protejer las dos compañías que se habían batido en la izquierda de Tumilaca. Llegó la división a la plaza de Torata en cuyo sitio supimos que la caballería enemiga operaba a una milla de nosotros por lo que regresó el jefe de estado mayor con la cuarta compañía del cuerpo de mi mando a protejer la retirada de la división que continuaba su marcha: más tarde se reunió ésta con los restos de la sesta compañía i continuamos hasta el punto denominado “Ilubaya”, donde hicimos alto. En este punto podíamos sostener un segundo ataque con grandes ventajas de nuestra parte. No tuvo lugar porque el señor coronel comandante comprendió indudablemente que habría sido peligroso efectuarlo, atendiendo que en este sitio se habían reconcentrado todas las familias de los emigrados, mujeres, ancianos, niños, cargas, equipajes, acémilas, ganados, etc.; por consiguiente continuamos nuestra marcha hasta Chuculay, donde la división hizo alto. En la madrugada continuamos nuestra marcha durmiendo en Chuculay. Hasta este punto vino cubriendo la retaguardia la primera compañía de mi cuerpo a las inmediatas órdenes del jefe de estado mayor de la división i sarjento mayor graduado Bujazon i se incorporó en aquel punto a las once de la noche: descendimos a Carumas donde descansamos cinco días; i después de organizada la división marchamos a ocupar este pueblo.

Por todo lo expuesto verá ese estado mayor divisionario que el cuerpo de mi mando ha prestado a la causa nacional los servicios que se le ha ordenado prestara.

El batallón Granaderos fue el primero que rechazó al enemigo en el río de Tumilaca haciéndole huir despavorido, batiéndose contra las tres armas i habiendo perdido a su jefe el sarjento mayor don Francisco García, cuyo paradero se ignora, pero que conste a Ud. que quedó mal herido en el campo de batalla i perdido también al teniente don Nicolás Roncal, comandante de esa compañía, al teniente don Gaspar Coello de quienes se asegura que cayeron prisioneros, el subteniente don Julián Villavicencio, quien se hallaba en los Anjeles custodiando municiones llevadas a aquel punto por orden de la comandancia jeneral como el mas a propósito para el uso de ellas, i a los arrieros i bestias que condujeron pertrechos de refuerzo al referido punto de Tumilaca.

Finalmente el batallón Granaderos protejió la retirada de toda la división en aquel memorable día, habiéndose batido con un valor desmedido el teniente don Antonio Casanova i los subtenientes don Mariano García i don Nicanor González.

Es todo lo que tengo el honor de exponer a fin de que se sirva ponerlo en conocimiento superior, no pudiendo concluir este parte sin recomendar como recomiendo la disciplina, moralidad i valor de todos los señores jefes, oficiales i tropa desplegados al frente del enemigo en tan penosa retirada.

Dios guarde a Ud.
Manuel A. Gamarra.
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MensajeTema: Re: Partes sobre el combate de Los Ángeles   Mar Mar 24, 2015 3:10 am

Parte del comandante del Atacama, Juan Martínez sobre el combate de los Ángeles

Comandancia del Batallón Atacama.

Alto de la Villa, Moquegua, Marzo 25 de 1880.
Señor Jeneral:

Cumpliendo con las órdenes de V. S., trasmitidas por el capitán de injenieros señor Francisco J. Zelaya, el dia 21 del actual, a las 9 P. M., en virtud de las cuales esa misma noche mi batallón debia salir a flanquear al enemigo que se hallaba situado en las trincheras de la famosa e histórica cuesta de los Anjeles, inmediatamente después de recibir esta orden salí acompañado de mi segundo jefe, sarjento mayor don Juan F. Larrain, para hacer los reconocimientos necesarios a fin de encontrar un sendero fácil que me condujese a través de potreros, tapias i tupidas enramadas hacia la base de los cerros que íbamos a subir.


En esta operación nos ocupamos hasta las 11.30 P. M., habiendo conseguido salvar los obstáculos que se oponían al paso del batallón, por medio de palas i barretas con que rompieron las pircas i cercados algunos soldados que me acompañaban. Así llegamos a penetrar a un campo mas espedito, es decir, a los lomajes que circundan el cerro en donde suponíamos se encontrasen apostadas las avanzadas enemigas.

Salvados estos inconvenientes, ordené se amunicionara la tropa, saliendo en seguida a las 12 M.

La segunda compañía, comandada por el teniente señor Rafael Torreblanca i bajo mis inmediatas órdenes, marchaba de descubierta, quedando el resto del batallón a cargo del sarjento mayor señor Larrain con orden de seguir mis huellas quince minutos después para reunimos en el punto final de nuestro reconocimiento, lo que ejecutó oportunamente.

En estas circunstancias nos sorprendió, a pocos pasos de distancia i por la retaguardia del batallón, un vivísimo fuego de fusilería. Sin poder apreciar a causa de la oscuridad de la noche i del sitio emboscado que ocupábamos, la procedencia, de aquellos tiros, se introdujo la confusión en una parte de la fuerza de mi mando, haciendo que soldados de las dos últimas compañías disparasen algunos tiros, contestando a los del oculto enemigo.

Hubo un momento en que los proyectiles se cruzaron en todas direcciones, amenazando muí de cerca la vida de mis soldados. Por fin se consiguió tranquilizar a la tropa, gracias a los esfuerzos comunes de todos mis oficiales, ordenando en seguida a mi segundo, que fuese a poner lo sucedido en conocimiento del señor jeneral de la división, quién volvió a las 3.30 A. M con orden de V. S. de no alterar en nada lo ordenado anteriormente i con facultades de emprender la marcha a la hora i por el sendero que creyese mas conveniente. Al mismo tiempo el señor mayor Larrain me comunicó que a su regreso habia sabido por oficiales de Cazadores, que el fuego procedía de fuerzas enemigas que se habían introducido al campamento de la caballería, por lo que supuse que éstas estaban al corriente de nuestro movimiento. 

Sin embargo de esto, a las 4 A. M. ya mi batallón estaba en marcha. Una compañía, la segunda, marchaba de descubierta por el camino de las lomas, i a media cuadra de distancia iban las demás, escalonadas por el flanco para protejerse mutuamente en el caso, que suponíamos muí probable, de que el enemigo que había bajado a los potreros nos atacara en nuestro ascenso.

Con felicidad llegamos a la conjunción de varias pequeñas huellas en donde todas las compañías se reunieron, marchando unas en pos de otras i emprendiendo el peligroso ascenso por aquellos hasta entonces inaccesibles desfiladeros, que solo permitían a mis soldados subir en una fila, asegurándose cou manos i pies i usando de sus bayonetas para escalar las escabrosas pendientes que a cada paso amenazaban despeñarnos al abismo.

Difícil me seria espresar a V. S. los peligrosos obstáculos que fué necesario vencer, como al mismo tiempo el entusiasmo i enerjía con que mis oficiales i tropa escalaban la cima apesar de la grau fatiga i rudos sufrimientos a que iban sometidos, i de los cuales, felizmente, lograron salir airosos.

Es así como las primeras compañías i en seguida el batallón casi en su totalidad, llegaron a dominar las primeras trincheras enemigas por su flanco derecho. Después de un bien nutrido fuego de fusilería, deseando economizar los cien tiros por plaza que llevábamos i aprovechándome de la situación aflictiva del enemigo, ordené a los cornetas tocar a la carga, operación que ejecutaron los soldados al grito varonil de ¡viva Chile! lanzándose sobre las primeras trincheras i consiguiendo desalojarlas una a una del enemigo que huia despavorido ante el empuje entusiasta de nuestros bravos, hasta que llegamos a la trinchera que enfrenta el camino de la cuesta de los Anjeles. En este punto mandé cesar el fuego, i al cabo de la segunda compañía Belisario Martinez, enarbolar nuestro glorioso pabellón chileno en lo mas alto de la trinchera, a fin de que fuese visto por la artillería i ésta suspendiese sus fuegos.

Me hago un deber en encomiar aquí la intelijencia del digno jefe de la artillería, comandante señor José M. Novoa, quien con sus acertadas disposiciones i certeros disparos, secundó nuestra acción, causando pérdidas al enemigo i distrayendo su atención en tanto que nosotros le flanqueábamos la retaguardia de su flanco derecho.

No pudiendo continuar la persecución del enemigo, que huia en distintas direcciones, a causa del cansancio de la tropa, resolví permanecer en la trinchera hasta que V.S. pasó acompañado de su Estado Mayor y caballería i me ordenó que hiciera descansar a mis soldados. Una hora después recibí nuevamente orden de continuar mi marcha hacia Torata, acompañando a una batería de artillería, mandada por el capitán Fnentecilla; lo que efectué, no sin hacer antes enterrar a los muertos i recojer a los heridos que fueron oportuna i esmeradamente atendidos por la ambulancia de Valparaiso i en especial por su abnegado
jefe doctor Martinez Ramos.

A las oraciones llegué al campamento designado por V.S., en donde pernocté con mi tropa, emprendiendo la marcha al amanecer del siguiente dia hacia el pueblo de Torata, pero no habiendo enemigo alguno que combatir, recibí órdenes de regresar a este campamento, al cual llegamos con toda felicidad.

Por la lista que acompaño, V. S. podrá imponerse de las bajas habidas en mi batallón en el atrevido asalto de la cuesta de los Anjeles, permitiéndome llamar la atención de V. S. sobre la dolorosa pérdida de mis soldados, José Vicente Zelada i Baldomero Marchant, que murieron en el puesto de honor peleando como bravos. El primero cuenta, además, con el indisputable mérito de haber sido gravemente herido en la batalla de Dolores, i de haber regresado a incorporarse a su batallón tan luego como fué curado en Copiapó. Era un joven de buenos antecedentes i pertenecía a una pobre pero respetada familia copiapina, que pierde en él un apoyo eficaz, a la vez que un amante hijo i un hermano cariñoso.

Réstame hacer presente a V. S. que la conducta de todos mis subalternos, tanto oficíalos como tropa, me merece los mayores eiojios por la constancia, enerjía i valor que desplegaron durante los sucesos de la noche, como asimismo en los momentos del peligro, haciéndose dignos de especial mención el teniente señor Rafael Iprreblanca, capitán Gregorio Ramirez, teniente Antonio M. López i subtenientes Abraham Becerra i Walterio Martínez, que fueron los primeros en dominar la cima del cerro.

Como un deber de gratitud i un ejemplo de estímulo me permito insistir ante V. S. recomendando mui particularmente al teniente Torreblanca, quien en las tres acciones de guerra en que ha tenido la gloria de tomar parte el batallón, se ha distinguido por su valor i buenos acuerdos, en esta virtud me tomo la libertad de pedir a V. S. el inmediato ascenso de este oficial para capitán del cuerpo.

También creo un deber de mi parte hacer presente a V. S. que los méritos contraidos por la cantinera Carmen Vilches durante la penosa jornada del Hospicio al Valle, dando agua i atendiendo a los que caian rendidos por la fatiga, como igualmente peleando en el asalto de la cuesta de los Anjeles con su rifle e infundiendo ánimo a la tropa con su presencia i singular arrojo, obligan nuestra gratitud i la hacen acreedora a un premio especial.

No concluiré sin tener antes el honor de felicitar a V.S., a su Estado Mayor, i por su conducto al Supremo Gobierno, por el bien concebido plan que se desarrolló, mediante el cual hemos obtenido un glorioso triunfo sobre el enemigo, afirmando mas aun la justicia i fuerza de la causa de Chile.

Dios guarde a V. S.
Juan Martínez
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Jonatan Saona
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MensajeTema: Re: Partes sobre el combate de Los Ángeles   Mar Mar 24, 2015 3:11 am

Parte de Simón Barrionuevo sobre el combate de Los Ángeles 

República Peruana
Estado Mayor de la Primera División del Segundo Ejército del Sur. 
Omate, Abril 4 de 1880. 

Tengo el honor de elevar a manos de V.S. los partes de los jefes de cuerpos, relativos a los sucesos del 22 del próximo pasado, con escepcion del del señor coronel don Julio César Chocano, comandante del batallón Grau, quien ha remitido el que le corresponde, directamente a esa Comandancia Jeneral. 

Al verificar esa elevación cumplo con el deber de poner en conocimiento de VS. la parte que me cupo en aquella memorable jornada.  

El dia 19 dejamos el campamento del Alto de la Villa, en el orden siguiente: a la derecha, batallón Canas, fuerte de 326 plazas , i armado de Remington, Minié i Chassepot francés. A continuación, Canchis, fuerte de 350 plazas, i armados de Remington, Chassepot francés i peruano; i a la izquierda, Granaderos del Cuzco, de cerca de 300 plazas, armado de Remington. 

En la madrugada del dia 20 desfiló la división al punto del Arrastrado, que está a la retaguardia de los Anjeles. 

Estacionada la división en este punto entraron de servicio por 48 horas el batallón Granaderos del Cuzco a la izquierda de la línea, Quilinquilin; i a la derecha de los Anjeles, el batallón Grau habiéndole comunicado V.S. al jefe de este cuerpo, personal i directamente las instrucciones que creyó conveniente; i dispuesto que cada uno de los comandantes de estos cuerpos, fuese jefe de la línea en su respectivo costado i que la vijilancia del jefe de dia se circunscribiera solo al punto de la reserva, que era el Arrastrado, donde quedaron los batallones Canchis i Canas; sobre lo que se dictó la orden jeneral de esa fecha. 

El 21 esploramos con V.S. los puntos adyacentes a Quilinquilin, acordando por ese costado los sitios de avanzada. 

Constituidos una vez en el campamento i al acordar el servicio del dia siguiente, V.S. me prohibió relevar el batallón Grau de los Anjeles, significándome que la defensa de ese lugar la habia concedido i encomendado al jefe de aquel cuerpo, señor coronel Chocano, por haberle pedido él de palabra i por escrito, i porque como hijo del lugar i haberse batido otra vez en esas posiciones, conocí a sus entradas i salidas para defenderlo con ventaja. En virtud de estas testuales palabras se nombró en el servicio, solo el relevo de Granaderos, con Canchis; pero no el de Grau. 

A mas de las 2 A.M. del 22 tuve aviso de que la caballería enemiga desfilaba al frente de nuestra línea, por lo que ordené al jefe de dia, sarjento mayor don Francisco Zalazar, 3.° de Canchis que la división se pusiera sobre las armas, lo que se verificó; i V.S. me ordenó que la 6° de Granaderos, avanzada de Quilinquilin, descendiera al rio de Tumilaca, al mando del sarjento mayor don Francisco García, i que aquel sitio lo llenara la 1° de Canchis, al mando del teniente coronel don José María Vizcarra, a lo que personalmente le di cumplimiento. 

Durante este intervalo nada supe de los sucesos de la derecha, porque con el jefe de esta línea, señor coronel Chocano, se entendí a directamente V.S.  

Al rayar la aurora del 22, el enemigo rompió sus fuegos de artillería i fusilería sobre toda nuestra línea i especialmente sobre la izquierda, donde estaba la 6° de Granaderos, i luego se sintió un fuego nutrido, lo que nos hizo comprender que los nuestros contestaban los fuegos enemigos; entonces me ordenó V.S. que aquella compañía fuera a reforzarla con la 1° de Canchis, concretándome a poner ambas compañías en buenas posiciones, lo que verifiqué, habiendo encontrado gravemente herido  al sarjento mayor García, i desalojado al enemigo de todo ese costado. 

Al pié del cerro del Pulpito frente a frente de Quilinquilin, estacioné las indicadas compañías, i las entregué conforme a lo ordenado por V.S. al teniente coronel Vizcarra, con orden de que dominando la cumbre, atacara al enemigo, lo que se verificó en los momentos de mi vuelta al Arrastrado. 

El modo i forma como esas compañías correspondieron a su cometido, está en la conciencia de todos los que tuvieron la oportunidad de presenciar ese combate. Arrollaron al enemigo i lo desalojaron de una parte de sus posiciones. Entretanto toqué al Arrastrado, i en lugar de la división, me encontré con fuerzas chilenas, las que habían tomado los Anjeles. Una vez que comprendí la situación, pude regresar por el mismo camino que llevé, hasta la trinchera de Quilinquilin, i después, por caminos estraviados me incorporé a la división, que en un orden admirable se retiraba a Torata. El batallón Canchis marchaba a la cabeza, a continuación Canas, i al último Granaderos del Cuzco, a cuya izquierda iba V.S. i todos los jefes i oficiales, sin escepcion de uno solo, en sus respectivos puestos. 

V.S. medio orden para recibir la división en Yacango i Torata en su tránsito a Ilubaya, a lo que también le di cumplimiento, habiéndonos dado V.S. alcance en el segundo punto de los indicados, con el batallón Granaderos, con cuya 1° compañía, que quedó a retaguardia, al mando del sarjento mayor don Andrés Avelino Pujason, protejió V.S. la retirada de la división. 

En la plaza de Torata tuvimos aviso de que la caballería enemiga a una milla de distancia, avanzaba sobre nosotros, por lo que salí a detenerla con la 4° de Granaderos, mandada por su capitán don Mariano Lino Cárdenas; mas como no pareciese i la división salvó el mal paso del río de Torata, me uní a V.S. en Ilubaya, donde formamos la línea i nos aprestamos para un nuevo combate; pero como el enemigo no se dejó ver, i el punto fuese a cada momento mas invadido por infinidad de emigrados, V.S. a las 4 P.M. emprendió la marcha a Chuculay con la división, i yo por su orden me quedé a protejer la retirada de ésta, con la 1° de Granaderos, que en ese momento se nos unió. A las 11 P.M. me reincorporé a la división, sin novedad ninguna. 

Tal es, señor Coronel, Comandante Jeneral, la parte que he tenido en aquella jornada, deplorable por haberse perdido las posesiones de los Anjeles; pero de grato recuerdo por el denuedo con que se batieron nuestros soldados de las indicadas compañías, i mas que todo por la retirada que hizo la división en un orden i disciplina dignas de encomio; no obstante de haber estado un rato considerable bajo los fuegos de los enemigos, quienes si fueron felices, penetrando nuestras trincheras, por un costado no cuidado, ni defendido, fueron harto desgraciados en no haber podido tomar con 9,000 hombres, con una fuerte caballería i con todos los elementos de guerra, una división que en esos últimos momentos no constaba sino de 900 infantes escasos i desprovistos de toda clase de recursos. 

Dios guarde a V.S., señor Coronel Comandante Jeneral. 
SIMÓN BARRIONUEVO.
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MensajeTema: Re: Partes sobre el combate de Los Ángeles   Mar Mar 24, 2015 3:12 am

Parte de Estanislao Del Canto sobre el combate de Los Ángeles

REJIMIENTO 2.° DE LÍNEA. 

Alto de la Villa, Marzo 24 de 1880. 
Señor Coronel: 

En la tarde del día 21 del corriente mes, recibí orden verbal de V.S. para tomar el mando accidental de este rejimiento, porque V.S. debía ponerse a la cabeza de una división compuesta de siete compañías de este rejimiento, de un batallón del Santiago, una batería de artillería de montaña i 350 de caballería. 

Esta división debía operar por retaguardia de la cuesta de los Anjeles, posiciones donde se encontraba parapetado el enemigo i que han sido siempre tenidas como inespugnables. 

Efectivamente, a las 7 P.M. del mismo día 21, emprendimos la marcha llevando la vanguardia una compañía del batallón Santiago. A las 2 A.M. del 22 se detuvo la división por haber anunciado la descubierta que en un desfiladero se sentían enemigos. V.S. dispuso que la compañía del Santiago fuese reforzada por una lijera del 2.°,  afin de forzar el paso a toda costa. Nombré con tal objeto la 4° compañía del primer batallón, al mando de su capitán don Francisco Olivos.

Continuó la marcha sin interrupción hasta las 4.30 A.M., hora en que hizo alto la división en Tumilaca, i V.S. se sirvió llamarme para conferenciar. 

De conformidad con las instrucciones de V.S., me dirijí a buscar el camino por donde debía pasar la artillería, pues el que llevábamos era apenas transitable por la infantería. 

Media hora después sentí que el enemigo empeñaba el ataque contra el batallón Santiago i la compañía del 2.° que a media falda de la quebrada del rio marchaba bajo las órdenes de V.S. Una vez que descubrí un camino por donde podía subir la artillería, i de acuerdo con las órdenes dadas por V.S., signifiqué al señor mayor de artillería don Exequiel Fuentes que subiese la batería a la altura, a fin de protejer la tropa que combatía, lo que ejecutó con la oportunidad necesaria. Al mismo tiempo dispuse que dos compañías del primer batallón, al mando del capitán ayudante don Eleuterio Dañin, subiesen inmediatamente al filo de la loma i rompiesen el fuego, i que otras tres compañías del segundo batallón, al mando del sarjento mayor don Miguel Arrate, efectuasen lentamente el mismo movimiento. La 4.° compañía de ese mismo batallón fué encargada de la custodia del parque.

A las 6 A.M., es decir una hora después de empeñado el combate por nuestra parte, se sintió la detonación de la artillería de campaña i observamos que el enemigo que nos atacaba por el flanco izquierdo se ponía en movimiento para volver a sus posiciones de los Anjeles. En esta situación, i debido a los certeros disparos de la artillería e infantería, el batallón Santiago i compañía del 2° pudieron tomar la altura. 

Momentos después se presentó el batallón Atacama perteneciente a la división que debia operar por el Alto de la Villa i atacó por la parte mas elevada del cerro, que domina las posiciones de los Anjeles; después de un lijero combate observamos que el enemigo abandonaba sus formidables posiciones i replegaba todas sus fuerzas o las que combatían con el rejimiento 2.° batallón Santiago i artillería. 

Pretendió el enemigo envolvernos por el flanco derecho; pero conocidas que me fueron sus pretensiones, ordené al capitán don Aniceto Valenzuela que con la compañía de sumando protejiese el ala derecha i tomase las alturas. Flanqueado el enemigo por este movimiento, V.S. ordenó una carga a la bayoneta que dio por resultado la completa derrota de los enemigos. 

Ignoro completamente las bajas que se hayan cansado al enemigo, porque combatíamos en una línea de tres a cuatro kilómetros,quebrada i río de por medio. Por nuestra parte hemos tenido solo 1 muerto i 15 heridos.

Los señores oficiales i los individuos de tropa han llenado cumplidamente sus deberes, manteniéndose todos a la altura de los dignos antecedentes del rejimiento. Sin embargo, me hago el deber de recomendar particularmente a V.S. al sarjento mayor don Miguel Arrate, al capitán ayudante don Eleuterio Dañin, capitán don Anacleto Valenzuela i al teniente don Federico Aníbal Garreton. 

Dios guarde a V.S. 
E. DEL CANTO. 

Al señor Coronel Jefe de la división espedicionaria sobre los Anjeles. 
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Jonatan Saona
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MensajeTema: Re: Partes sobre el combate de Los Ángeles   Mar Mar 24, 2015 3:13 am

Parte de Julio César Chocano sobre el combate de los Ángeles

República Peruana.
Comandancia del Batallón Grau. 
Omate, Marzo 31 de 1880.

En la tarde del 19 del presente mes se retiró la división, por orden de V.S. del Alto de la Villa a las alturas de Torata, a consecuencia de que una parte considerable del ejército chileno, escalonado desde dias antes entre el Hospicio i el valle de Moquegua, avanzó en esa misma tarde hasta las inmediaciones de la ciudad. 
Habiendo acampado nuestras fuerzas en la pampa del Arrastrado, dispuso V.S. que el batallón de mi mando se situase en la trinchera de los Anjeles, i se encargara solo de la defensa de esta posición, debiendo atenderse con los demás cuerpos de la división i con la jendarmería, a la vijilancia i defensa de los otros puntos por donde el enemigo pudiera acometernos. 

El 20 las tropas chilenas, compuestas de infantería, caballería i artillería avanzaron hasta el Alto de la Villa, acampando en la estación del ferrocarril i en los potreros inmediatos. 

En la noche del 21 una parte de esas tropas se movió por el camino de Samegua i se situó en el cerro fronterizo, alto de Quilinquilin mas arriba de Sacara, estableciendo allí cuatro piezas de artillería. Esta fuerza rompió sus fuegos al aclarar el dia, sobre nuestra columna, jendarmes de infantería posesionada desde el dia anterior del cerro Colorado i sobre una compañía del batallón Granaderos del Cuzco, situada en la otra banda del rio en una cuchilla inmediata a la que ocupaban los enemigos, cuya compañía fué reforzada después por otra del batallón Canchis. 

En la misma noche del 21 un cuerpo del ejército chileno, que según he sabido, fué el rejimiento Atacama fuerte de 1,200 plazas, emprendió su marcha por la quebrada de Estuquiña, i por un camino practicado durante la noche por el cuerpo de Zapadores, ascendió al cerro que está a la derecha de la trinchera de los Anjeles i que domina completamente a ésta. 

Al amanecer el dia 22 los vijilantes colocados en la cumbre de dicho cerro, avisaron que los enemigos subían por ese lado. 

Inmediatamente dispuse que la 1° compañía de mi batallón, marchara al trote a ocupar la cima del cerro indicado i ordené que sucesivamente ejecutaran el mismo movimiento, las compañías 2°, 3°, 4°, 5°, 6°, i 8°, quedando en la trinchera solo la 7°, a fin de impedir a todo trance que el enemigo coronara esa altura. 

Al mismo tiempo mandé al sub-ayudante subteniente don Alejandro Medina, a que pusiera en conocimiento de V.S. el movimiento que el enemigo ejecutaba por nuestra derecha, i lo urjente que era que, de los tres batallones que conservaba en el Arrastrado, enviara en ausilio de mi batallón, siquiera dos compañías que debían subir al cerro de Estuquiña por ese lado, verificando un ataque simultáneo sobre el enemigo, con las compañías de mi batallón que escalaban el cerro por el lado de los Anjeles. 

Al retirarme yo, pié a tierra con unos pocos oficiales i soldados que me habían acompañado hasta el último instante, en la trinchera de los Anjeles, con algunos heridos, noté cuando entraba a la pampa del Arrastrado, que no existían ya allí los demás cuerpos de la división, i que solo había una pequeña fuerza desplegada en guerrilla en la cuchilla mas próxima a dicha pampa.  

Al llegar a este punto encontré en él a V.S. i a los coroneles Céspedes i Mori Ortiz que estaban a su lado, i reconocí que la fuerza desplegada en guerrilla, era una compañía del batallón Granaderos del Cuzco. Entonces supe que, una vez que las fuerzas chilenas se posesionaron del cerro Estuquiña, continuaron a los Anjeles, i batieron por el lado de Quilinquilin a la columna de jendarmes i a dos compañías pertenecientes, una al batallón Granaderos del Cuzco i otra al batallón Canchis, había dispuesto V.S. que el resto de estos dos cuerpos i el batallón Canas que se encontraba integro, no entraran en combate i emprendieran su retirada en dirección a Torata, quedándose V.S. con una compañía del batallón Granaderos para protejer la retirada de dichos cuerpos. 

Desgraciadamente el acceso a ese cerro  es mui difícil por este lado, mientras que es mui practicable por el lado del Arrastrado. 

Esta circunstancia dio lugar a que los enemigos coronaran el cerro, cuando los soldados de mi batallón, haciendo esfuerzos inauditos para subir con prontitud, llegaban solo a la mitad de la altura. Posesionado el enemigo de la cumbre del cerro, rompió un fuego nutrido sobre nosotros, que fué inmediatamente contestado i sostenido por nuestra parte. 

La gran superioridad numérica del enemigo, pues como he dicho antes, un rejimiento que se componía de 1,200 plazas, constando mi batallón, de poco mas de 300, la inmensa ventaja que le daba sobre nosotros la altura que ocupaba, desde la cual fusilaba a mansalva a los valientes soldados de mi cuerpo, que trataban de escalar el cerro, i a los que quedaron sosteniendo la posición de los Anjeles, el fuego activísimo que nos hacía al mismo tiempo el grueso de la artillería chilena, situada en los cerrillos que están delante de la casa de Tombolombo, i sobretodo la circunstancia de no ser protejidos por ningún  otro cuerpo de la división, fueron causas mas que suficientes para que el batallón de mi mando se replegase uniéndoseme los oficiales i soldados de mi cuerpo que han salvado del combate, anhelosos de continuar prestando sus servicios en la defensa de la patria. 

Después de hablar con V.S. i de haber conseguido unas cuantas mulas en que trasportar los heridos que venían conmigo, habiendo tenido un arriero la jenerosidad de cederme la mula en que estaba montado, avancé hasta Yacango a fin de depositar mis heridos en la ambulancia establecida en ese lugar, reunir los soldados de mi batallón que habían salvado i que llegaban dispersos a ese punto, a cuyo efecto comisioné al tercer jefe comandante don José P. Portugal, quien se unió a mí en la pampa del Arrastrado, asociado de algunos señores oficiales. 

Logré, en efecto, reunir algunos, i con ellos seguí en pos de la división hasta Torata i de allí a Ilubaya, a donde ésta se encaminó después de una corta permanencia en la plaza de aquel pueblo. 

En la marcha desde Ilubaya hasta este pueblo, han continuado uniéndoseme los oficiales i soldados de mi cuerpo que han salvado en el combate, anhelosos de continuar prestando sus servicios en la defensa de la patria. De manera que hoi cuenta el batallón 2 jefes, 27 oficiales i 118 individuos de tropa, el segundo i cuarto jefe de mi cuerpo comandante don Martin Flor i sarjento mayor don  Apolinario Hurtado fueron heridos, quedando el primero en Yacango i el segundo prisionero en poder de los chilenos. 

Los tenientes Horacio Mazuelos, Exequiel Medina i Medardo Morante, fueron muertos en el campo de batalla. 

En el mismo dia del combate, nuestras ambulancias de Moquegua i Yatango recojieron 14 muertos i mas de 20 heridos, pertenecientes a mi batallón, i sé que en los dias posteriores se han recojido algunos mas i que hai en poder del enemigo un número no pequeño de prisioneros. 

Espero que los jefes de las respectivas secciones de ambulancias de Moquegua i Torata, cumpliendo con su deber, pasarán a V.S. la relación de los heridos i muertos que ha tenido la división, a fin de que V.S. pueda adquirir conocimiento exacto sobre el particular. 

Al terminar este parte, creo cumplir un estricto deber de justicia, recomendando a la consideración de V.S. el honroso comportamiento que en el combate del 22 han observado los jefes, oficiales e individuos de tropa del cuerpo de mi mando: todos han cumplido con su deber. 

Dios guarde a V.S. 
JULIO CÉSAR CHOCANO. 

Al señor Coronel Comandante Jeneral de la primera división del segundo ejército del Sur.
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