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Páginas Heroicas de la guerra del salitre 1879. Foro de debates dedicado al tema de la guerra entre Chile, Perú y Bolivia; y otro temas relacionados....
 
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 Campaña de Moquegua

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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Campaña de Moquegua   Vie Abr 10, 2015 4:26 pm

En pleno desarrollo de la GDP se segregó por "campañas" los diferentes capítulos en que esta se fue desarrollando.  Y es comprensible que así se decidiera, dado que entre tales pasos o extraordinarios esfuerzos bélicos de las partes no sólo cambia el escenario en que se desarrolla la lucha.   También se producen pausas marcadas y reconocibles entre una y otra "campaña".

       Entre el término de la llamada Campaña Marítima y el inicio de la Campaña de Tarapacá trascurrieron escasos 25 días, tomando como fechas de "cierre" el último hecho de armas de la primera y el primero de la que se inicia en Pisagua.

       En el caso de la Campaña de Moquegua el plazo de reinicio de las hostilidades se alarga.
       Tres meses completos pasaron entre la batalla de Tarapacá y el desembarco de las fuerzas chilenas en Ilo (28.02.80) que dio inicio a la lucha en el nuevo escenario.  Un periodo demasiado largo para efectos de una guerra, aunque el mismo es engañoso. 
       Ocurre así porque sabemos que el Ejército Peruano, por una parte, continuó su retirada hasta el 22 de diciembre, ejecutando durante su marcha movimientos de evasión que caen dentro de una estrategia limitada.   Y el de Chile, a su turno, también desarrolla en las mismas fechas distintas acciones encaminadas a atacar al enemigo en retirada (lastimosamente fracasadas), ocupar el territorio y fortificar un punto clave y central (Dolores). Además de las necesarias para normalizar la vida de civiles y uniformados en la región, lo que va desde poner a punto y en pleno estado de servicio la vía férrea, las locomotoras y convoyes que la sirven, habilitar alojamientos para la tropa y regularizar la alimentación que necesariamente había sido precaria en la emergencia del combate.

       Perú y Bolivia enfrentaron, a contar del último tercio del mes de diciembre de 1879, conmociones políticas de proporciones que culminaron, en breve plazo, con la remoción de sus primeros mandatarios por obra de golpes de estado o asonadas.   Nuevos caudillos tomaron sus lugares.
      De como afectó aquello la potencia y el espíritu de lucha de sus fuerzas armadas es algo en lo que, hasta hoy, no están contestes los historiadores de los tres países involucrados. Y sobre lo que resulta algo difícil opinar sin haber residido allí y tomado el pulso a la opinión moderna de Perú y Bolivia.
      Sin embargo, y a riesgo de errar, me parece que el caso de Perú la masa ciudadana retempló sus espíritu durante los meses de verano de 1880.  Para ello contó con una febril actividad y convocatoria popular por parte de su nuevo mandatario, apoyado con toda energía por la poderosa Iglesia Católica peruana del siglo XIX.   Además del indiscutible blasón y poderoso argumento de su sangrienta victoria en noviembre anterior.
  
       Bolivia, una vez resuelta en forma casi incruenta la deposición de Daza, hizo contundentes declaraciones en el sentido de continuar la lucha sin desmayos, y hasta mantuvo en Tacna las tropas que habían alcanzado hasta allí al mando del mandatario depuesto.  Pero su entusiasmo bélico duró solo hasta mayo siguiente - escasos seis meses - y al término de la campaña que estamos comentando va a retirar sus medios hacia el altiplano, dejando a su aliado combatir a solas.   Lo que resulta notable, en atención a que el Perú se vio involucrado en el conflicto por su decisión de honrar el Pacto Secreto de 1873 que lo ligaba a Bolivia, y que el pacto en cuestión le permitía desligarse del compromiso según definición del "casus foederis" allí establecido.
     
      La opinión pública chilena - que no dejó de participar opinando y criticar durante todo el conflicto, hábilmente sugestionada por la prensa de oposición - reclamó del excesivo plazo, los citados tres meses, que el gobierno tomó en reanudar las actividades.   Tal crítica no era justa.  Todos : gobierno, ejército, armada y pueblo llano estaban por la inmediata continuación de la guerra, machacando el hierro sobre caliente.   Hubo motivos superiores y atendibles que explican esa demora.
      Una de las causas consistió en una primera divergencia de objetivos entre el Ministro de Guerra en Campaña y el gobierno central.  Vale decir, el presidente Pinto y su gabinete.   Y también, por la necesaria y ya urgente necesidad de reorganizar el ejército, cubrir sus bajas y prepararlo para ser transportado al nuevo frente de combate.

      Aquello de los objetivos diferentes se explica por la distinta visión sobre el conflicto que tenían a esa fecha los dos actores políticos chilenos : ministro y gobierno.
       El Ministro Rafael Sotomayor creía - y lo representó por escrito así antes de la batalla de Tarapacá, el 21.11 - que la mejor siguiente movida consistía en reorganizar de prisa el ejército expedicionario y proceder de inmediato contra Lima con una fuerza de 12.000 hombres de las tres armas, de los cuales unos 850 de caballería.
       Para ello se afirmaba en ciertos argumentos de alguna fuerza : la inamovilidad forzada de las fuerzas aliadas en Tacna y Arica, para empezar, carentes de transporte marítimo, que quedarían aisladas del norte de su país y de la posibilidad de batirse.  También la debilidad y escasa instrucción de las fuerzas que, de acuerdos a sus informes, guarnecían la capital peruana a esas fechas.  Fuerzas que en el mejor de los casos sumarían también a unos 12.000 hombres. Y, dato no menor, el desorden derivado de los últimos sucesos de fuerza y lucha interna en el país enemigo.   
        Calculaba pues, Sotomayor, que venciendo en Lima en tal escenario, la guerra podría darse por terminada.  Apreciación errada, como hoy vemos con toda claridad, porque no consideraba el espíritu de lucha a muerte que animaba al pueblo peruano, y que veremos aflorar,  así como el surgimiento de otros líderes dispuestos a encabezar esa lucha.

      El gobierno de Chile en Santiago, por su parte, se ilusionaba con aquella opción que la prensa denominó "política boliviana", misma que caminaría entre fracaso y fracaso durante muchos años que se prolongaron hasta largo después de terminado el conflicto.  
       Consistió aquello en ofrecer a Bolivia apartarse de la lucha, a cambio de recibir territorios que le permitieran un puerto,  una salida al mar.   Como todo el territorio boliviano que corre entre el paralelo 23 y la desembocadura del río Loa se encontraba ya ocupado a esa fecha, y era estimado en los planes de gabinete como continuación del territorio chileno anterior al 14.02.79,  es obvio que esa oferta se refería, aunque sin decirlo en forma expresa aún,  a la entrega de territorios de Perú recién ocupados. O mejor aún, según expresión del ex ministro Santa María, de algunos por ocupar (noviembre/diciembre de 1879).
  
     Tal cálculo requería llevar la guerra al Departamento de Moquegua para cumplir con tres objetivos precisos :
destruir a las fuerzas enemigas allí existentes, desde luego, como meta militar inobjetable, restando al Perú su Ejército del Sur íntegro.   En especial, batir las fuerzas bolivianas allí presentes, para precipitar la caída de Daza, como segundo objetivo, ( eran planes de noviembre y diciembre de 1879, recordemos) a quien se estimaba obstáculo insuperable. Ocupados esos territorios, ceder parte de ellos a Bolivia para solucionar su problema de acceso al mar parecía, entonces, una conclusión astuta e inteligente.   Y en tercer lugar, asegurar la tranquila posesión de aquello que se definía en las esferas del gobierno chileno como "la caja de fondos del Perú" - vale decir, Tarapacá con su riqueza salitrera y de guano - despojando al adversario de recursos que le permitieran volver a la lucha en un período razonablemente prolongado.    Se advierte aquí que el gabinete de Pinto dedicaba buena parte de su tiempo a pensar y elucubrar con mucho empeño, justificando plenamente sus rentas.

      ¿ Como podía tejerse un plan así, que incluía a Bolivia como actor principal ?   Pues porque existían amplias conexiones con el país altiplánico, y la correspondencia privada fluía libre y copiosamente entre ambas capitales en guerra.
        De hecho, las había con todos los países limítrofes, puesto que los altibajos políticos sudamericanos del siglo XIX habían hecho residir en Chile a numerosos prohombres, líderes y pensadores de los países vecinos en el exilio.   Mismos que habían establecido buenas amistades, amplias conexiones, desarrollado intereses y hasta prosperado en sus negocios durante sus residencia.  Mariano Ignacio Prado es un buen ejemplo de ello.    Y aunque Chile tenía una historia mucho menos movida en relación a asonadas y golpes de estado, también algunos chilenos importantes habían sufrido el ostracismo en Perú, Bolivia y Argentina. 
       Uno de ellos, en especial, había residido por largos años en Bolivia, y se había abierto paso allí, labrando una vida
con honestidad y trabando amistades profundas.  Fue nuestro poeta y prócer Eusebio Lillo, a quien veremos actuar durante 1880 buscando con tesón la forma de cerrar heridas y lograr ventajas para el país que lo había acogido en su juventud.

        El caso es que el proyecto del presidente y su gabinete se impuso, y Sotomayor, hacia el 10 de diciembre de 1879, se abocó a planificar la puesta en marcha de la nueva campaña.    Como el General en Jefe E. Escala era uno de los que mas insistía - y con buenas  razones - en sacar de la inmovilidad al ejército que se mantenía acampado con muchas incomodidades en la extensa zona salitrera que rodea a Dolores, el Ministro le encargó preparar un plan de operaciones para invadir y batir  a las tropas enemigas que se asentaban en Tacna y Arica.
 
      El general Escala aparentemente tomó lápiz y papel, y junto a sus ayudantes, se abocó a la tarea.
       Lo curioso es que, aunque continuar las operaciones en Tacna y Arica había sido su deseo expreso hasta pocos días antes, parece que a resultas de sus cálculos y estimaciones, le pareció repentinamente mejor trasladar la acción a Lima y sus alrededores.   Así lo manifestó, encontrándose con la respuesta de que aquella opción ya había sido estudiada y desechada.  La orden era, ahora, trasladar las fuerzas al Departamento de Moquegua, vencer allí y ocuparlo.    Misión nada fácil, considerando que el futuro teatro de operaciones comprendía territorios desérticos de tránsito mas difícil y con menos recursos viales que el recién ocupado de Tarapacá.

      Cabía aún reorganizar el Ejército, por una parte, en forma previa al inicio de las acciones,  y estudiar una curiosa tabla de proposiciones sobre acciones bélicas posibles, que el Gobierno hizo llegar al Ministro Sotomayor.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Dom Abr 12, 2015 10:32 am

La reorganización del ejército expedicionario se empezó a aplicar a fines de diciembre de 1879, y consistió, en lo organizacional, en dividir las fuerzas en cuatro divisiones de las tres armas, dotadas cada una de su propia logística, sanidad y servicios. 
      Lo anterior, que parece una decisión sensata, que debió aplicarse ya desde la campaña recién terminada, debió superar una oposición cerrada del CJ y su círculo inmediato. Escala iba sumando así lastre a su por entonces muy recargado expediente personal.

     El cuanto a los mandos, se ascendió a aquellos oficiales mas destacados durante el mes de noviembre anterior, lo que dio origen a los inevitables pataleos entre aquellos postergados o no agraciados. El ascenso de Pedro Lagos a Coronel, designándolo enseguida como JEM del Ejército del Norte, nos demuestra que Sotomayor, como todos los jóvenes seleccionados para cargos públicos importantes por Manuel Montt T. durante su decenio (1851-61), contaba con aquella capacidad que el líder nacional mas apreciaba : la de "conocedor de gentes".

      La tabla de proposiciones que el gabinete de Pinto hizo llegar a Sotomayor, en cambio, nos hace percibir que - así como esos ministros se aplicaban con acierto en elucubraciones geopolíticas - su capacidad de desarrollar planes militares sensatos era bastante pobre.
      Propusieron como medidas inmediatas :

      - el bombardeo de Arica desde el mar, sin arriesgar los barcos de la escuadra.  No explicaban como se habría de lograr aquel extraordinario propósito, que constituía en si una antinomia.  Se explayaban también sobre como habría de tentarse a las fuerzas de infantería enemigas a exponerse al fuego de las naves chilenas para ser destruidos en la costa.   A mas de 130 años de estos hechos, aún nos queda la sensación de que tal acuerdo de gabinete probablemente se adoptó después de un almuerzo muy regado.   El caso es que cuando  los responsables empiezan por suponer que el enemigo carece de neuronas, la cosa siempre empieza a pintar mal.

      - expediciones parciales a la costa del Perú para destruir obras públicas y bienes de producción, con especial énfasis en el tendido ferroviario.   Materia sobre la que se insistirá constantemente.
        Muy luego se dio curso a aquella sobre Mollendo, cuyos resultados nos tendrían dando explicaciones internacionales durante mucho tiempo.

       - bloqueo del Callao.

       - acciones especiales y puntuales sobre la nave enemiga Unión, lo que si constituyó una oportuna advertencia que no pudo ser atendida.

       - recorrido constante de la costa del Pacífico entre El Callao y Panamá, para evitar el arribo de armamento al enemigo.

        Un consejo de guerra reunido por Sotomayor en Pisagua acordó con fecha 6.01.80 en relación a las anteriores proposiciones :

         -  dar curso a la ocupación del Departamento de Moquegua desembarcando en Ilo.

         -  desestimar el bombardeo de Arica en las condiciones sugeridas

         -  no ejecutar desembarcos ni expediciones parciales sobre la costa peruana hasta haber ejecutado y consolidado el desembarco en Ilo.

        -  no bloquear aún al Callao, por carencia de naves suficientes.   Se requerirían para bloquear Arica, Mollendo y dar protección a Ilo una vez ocupado, así como escoltar a las naves de transporte que habrían de trasladar a las tropas y darles posterior apoyo logístico.

        - no destacar naves en misión al Pacífico en el tramo Callao-Panamá sino ante objetivos precisos detectados por la inteligencia con oportunidad.

        - La Unión, obviamente, habría de ser perseguida  cada vez que se la encontrara navegando o bombardeada si se ponía a tiro en alguna rada, lo que caía dentro del accionar permanente de la Armada.  Materia en la que los comandantes de la nave peruana tuvieron bastante que opinar.
       
           Las filas de los regimientos y batallones, clareadas por la muerte, y muy especialmente por la enfermedad, fueron razonablemente completadas.   Nuevas unidades que no habían tenido la oportunidad de actuar en el frente durante la campaña de Tarapacá fueron incorporadas a la fuerza expedicionaria y todo quedó listo para golpear en Ilo hacia mediados de febrero de 1880.

           Solo que se partía de dos supuestos que resultarían totalmente desautorizados por los porfiados hechos.

           * El gobierno central, por una parte - Pinto y su gabinete - continuaban en su propósito de aplicar la "política boliviana" ya comentada, convencidos de que en breve plazo conseguirían apartar a Bolivia del conflicto.

           * Y luego,  el plan de ocupación no contemplaba, en primera instancia, una penetración hacia el interior del territorio.   Suponía, por el contrario, que el comandante enemigo en la zona  - el almirante Montero, en los hechos - habría de movilizar sus fuerzas para alcanzar hasta la costa a rechazar las fuerzas invasoras. 

          Lo que demuestra que sobre las condiciones del ejército aliado en Moquegua, Tacna, Arica y Arequipa, su instrucción y capacidad de movilización, recursos y bagaje, no existió por parte de los mandos chilenos ningún trabajo de inteligencia.  Ni siquiera una mínima infiltración o acopio de datos facilitados por terceros.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Mar Abr 14, 2015 10:18 am

Entre ambas campañas, el nuevo gobernante de Perú debió asumir todas las falencias heredadas de su antecesor, y en la práctica, de todos los errores en el manejo de la Hacienda pública en los anteriores 15 años.    
         Debió Piérola procurarse crédito y dinero inmediato, además de reorganizar sus fuerzas y procurar orden en su país.   Una nueva constitución fue promulgada, y un nuevo orden que procuraba comprometer el esfuerzo común de la ciudadanía en la emergencia bélica fue aplicado estrictamente.   Un gran trabajo se desarrolló para crear un ejército numeroso, pero la mayor parte de esa labor la veremos rendir fruto recién hacia fines del año 1880, en vísperas de la defensa de la capital.

           Durante la campaña de Moquegua, que acotaremos ente el 28.02.80 y el 7.06.80, es poco lo que podemos responsablemente consignar en cuanto a dotar de material de guerra a las fuerzas acantonadas en Tacna, Arica, Arequipa y Moquegua.   Bulnes hace constar la llegada de 6.500 fusiles y 2.600.000 cápsulas para estos en el cuatrimestre enero-abril de 1880, y otro material después de junio.   Pero tenemos a la vista, por otra parte, las demandas constantes de los comandantes de tropas en el nuevo frente de guerra, reclamando armas, uniformes y medios de todo tipo para poder luchar siquiera dignamente contra el enemigo a las puertas.

           Si fuéramos a tomar en serio a Tomás Caivano, ciudadano italiano pro Perú, habríamos de evaluar a Nicolás de Piérola como el único culpable de los males que se abatieron sobre su país entre diciembre de 1879 y marzo o abril de 1881.   No parece un juicio justo así hacerlo.   Sus desaciertos destacan en la siguiente campaña, por su ciego empeño en ejercer la dirección total del aparato militar.  Pero en la gestión administrativa, ciertamente se esforzó en procurar a sus tropas arma y equipo apropiados dentro de la precariedad de medios disponible.   Precariedad que, en la prisa final, implicó que la infantería peruana debiera batirse con armamento de cinco o seis tipos distintos, que utilizaba diferente munición, con las consecuencias negativas que ya conocemos.

           En vísperas de la inminente campaña de Moquegua, la armada peruana, es decir, las naves en condiciones de navegación veloz ( la Unión y algunos buques de transporte) van a cumplir misiones muy honrosas con miras a llevar apoyo de combate a sus tropas aisladas en Tacna, Arica y Arequipa.   Son casi las últimas y arriesgadas acciones que podrán realizar durante el conflicto, en un mar casi completamente controlado por el enemigo.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Jue Abr 23, 2015 3:32 pm

La fugaz ocupación de Ilo el 29.12.80 por parte de una fuerza de 500 hombres del Lautaro y 12 granaderos, no tuvo consecuencia estratégica alguna en la campaña por iniciarse.
 
    Se originó en la noticia de que La Unión había desembarcado en Mollendo armamento de infantería el día 20 anterior, lo que motivó intentar un  golpe de mano sobre ese material de guerra, además de probar las defensas de Ilo y revisar en el sitio las instalaciones y construcciones de ese puerto.
     Ilo se ocupó sin resistencia alguna.

      Fue una medida inconsulta la decisión del comandante de esa fuerza, aprovechando la existencia de dos convoyes listos para partir existentes en la estación de FFCC del puerto, aquella de subir su gente a uno de los trenes y alcanzar hasta la ciudad de Moquegua, donde dieron la bienvenida al Año Nuevo de 1880 con gran consternación de sus habitantes. 
 
      La gira no tuvo, como expresaba, repercusión militar alguna, y ha sido relatada profusamente en términos mas bien jocosos.
       Como no hubo bajas en ambos lados, y los expedicionarios sólo alcanzaron a pasar el susto de quedar brevemente bloqueados al interior, podemos considerar aquella experiencia como parte de una "guerra amable", que muy pronto recuperaría su carácter sangriento de la campaña anterior.

       Cabe destacar las decisiones prontas y audaces de su joven comandante (33) teniente coronel Arístides Martínez Cuadros, a quien ya hemos visto participando en la carga de Germania, no obstante ser oficial del arma de ingenieros.   En marzo siguiente le veremos batirse en Los Angeles, en mayo en Tacna, y en enero del siguiente año comandar - con su mismo grado de TCL - la reserva del ECH en las batallas de Chorrillos y Miraflores.   Reserva que fue tácticamente muy bien manejada y tuvo un papel clave en las dos batallas de Lima. 
        Ascendería Martínez a coronel en abril de 1881 y a general en la década de los 90'.  Un militar de grandes condiciones.

       Un joven oficial de la Chacabuco, nave que escoltó la expedición junto a la O'Higgins, llamado Alberto Silva Palma, estuvo a cargo del manejo de dos piezas de artillería naval de poco calibre que fueron transportadas hasta Moquegua en la visita relámpago a esa ciudad.  Tendrá mas adelante una gran participación en la guerra civil de 1891 con el grado de capitán de fragata, y alcanzará a su turno el almirantazgo.
       Otro oficial de la Chacabuco, un simple aspirante, había obtenido en octubre anterior permiso del comandante de esa nave, CF Oscar Viel, para llevar una copia diaria y  exacta de su libro bitácora.    Fue una buena decisión el haberlo autorizado, pues el libro original se ha perdido para la historia, y en cambio esa copia se mantiene en el Museo Naval de Valparaíso, y es la única constancia directa de los movimientos y vida diaria de la corbeta en 1879-81.  Destinado también a cumplir un rol trágico en la guerra civil de 1891, ese aspirante de iniciales JMOE (hermano menor del subteniente del 2° de Línea MLOE herido grave en Tarapacá)  fue mi abuelo paterno.

       La ocupación del puerto de Ilo por apenas 72 horas a fines de diciembre y primer día de enero de 1880 permitió a los responsables de planificar y comandar la nueva campaña, hacerse una clara idea del lugar y sus instalaciones. En especial, de las notables condiciones de su excelente muelle, dotado de un "donkey" a vapor.

        Lo notable, casi increíble en realidad, fue que cuando el grueso de la fuerza expedicionaria desembarcó allí mismo el 28 de febrero siguiente, justo dos meses mas tarde, todos los elementos que facilitaban la operación del puerto seguían en su sitio y en buenas condiciones.
         La población misma contaba, además, con un  excelente estanque de acumulación de agua potable que facilitó enormemente la vida de los recién llegados. 
         El muelle estaba intacto, y el "donkey" con su combustible a la mano, permitió el rápido y cómodo desembarco de los pertrechos, artillería y ganado.  Una pequeña fuerza que guarnecía el lugar se retiró sin combatir.   Nadie en el ECH pudo explicarse los motivos que pudo tener el ejército aliado para no destruir todo aquello al momento de avistar a los transportes cargados de tropas.
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Jonatan Saona
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Vie Abr 24, 2015 4:25 pm

Raul Olmedo D. escribió:
     
           El Ministro Rafael Sotomayor creía - y lo representó por escrito así antes de la batalla de Tarapacá, el 21.11 - que la mejor siguiente movida consistía en reorganizar de prisa el ejército expedicionario y proceder de inmediato contra Lima con una fuerza de 12.000 hombres de las tres armas, de los cuales unos 850 de caballería.
       Para ello se afirmaba en ciertos argumentos de alguna fuerza : la inamovilidad forzada de las fuerzas aliadas en Tacna y Arica, para empezar, carentes de transporte marítimo, que quedarían aisladas del norte de su país y de la posibilidad de batirse.  También la debilidad y escasa instrucción de las fuerzas que, de acuerdos a sus informes, guarnecían la capital peruana a esas fechas.  Fuerzas que en el mejor de los casos sumarían también a unos 12.000 hombres. Y, dato no menor, el desorden derivado de los últimos sucesos de fuerza y lucha interna en el país enemigo.   
        Calculaba pues, Sotomayor, que venciendo en Lima en tal escenario, la guerra podría darse por terminada.  Apreciación errada, como hoy vemos con toda claridad, porque no consideraba el espíritu de lucha a muerte que animaba al pueblo peruano, y que veremos aflorar,  así como el surgimiento de otros líderes dispuestos a encabezar esa lucha.
Exceptuando de que la guerra termina en Lima, me parece que Sotomayor no estaba tan equivocado. Piérola no había tomado aun la organización de la defensa de la capital, lo que dio tiempo de abastecerse y organizarse. La escuadra chilena seguía manteniendo su superioridad con respecto a la peruana, por lo que la campaña a Lima hubiera ahorrado tiempo y vidas al ejército chileno.

Raul Olmedo D. escribió:
     
      El gobierno de Chile en Santiago, por su parte, se ilusionaba con aquella opción que la prensa denominó "política boliviana", misma que caminaría entre fracaso y fracaso durante muchos años que se prolongaron hasta largo después de terminado el conflicto.  
       Consistió aquello en ofrecer a Bolivia apartarse de la lucha, a cambio de recibir territorios que le permitieran un puerto,  una salida al mar.   Como todo el territorio boliviano que corre entre el paralelo 23 y la desembocadura del río Loa se encontraba ya ocupado a esa fecha, y era estimado en los planes de gabinete como continuación del territorio chileno anterior al 14.02.79,  es obvio que esa oferta se refería, aunque sin decirlo en forma expresa aún,  a la entrega de territorios de Perú recién ocupados. O mejor aún, según expresión del ex ministro Santa María, de algunos por ocupar (noviembre/diciembre de 1879).

En los ofrecimientos que hacen Justiniano Sotomayor, señala claramente Arica, Ilo o Moquegua, igualmente en las bases chilenas dadas a Gabriel René Moreno, dice "Como la república de Bolivia ha menester una parte del territorio peruano para regularizar el suyo y proporcionarse una comunicación fácil con el Pacífico, de que carece al presente... Chile no embarazará la adquisición de esa parte de territorio, ni se opondrá a la ocupación definitiva por parte de Bolivia, sino que le prestara la más eficaz ayuda."
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Lun Abr 27, 2015 3:27 pm

Los dos conceptos mas arriba destacados corresponden  a mi propia interpretación de los hechos históricos, y en ese sentido quisiera defenderlos :

1.   Haber golpeado en Lima como paso inmediato a la recién terminada campaña de Tarapacá, digamos en febrero de 1880, pudo - eventualmente - haber tenido éxito e implicar la ocupación de la capital enemiga. Eventualmente, porque cada batalla es un albur, con sus propias decisiones y posibles errores que enfrentar.  
       Pero, tal como se señala  ¿ Hubiera aquello significado el término del conflicto ?
       Las fuerzas aliadas en Arica, Tacna, Arequipa y Moquegua  ¿ Hubieran entregado sus armas ?
       ¿ Cáceres, Bolognesi, Inclán, Llosa, Ugarte y todos los de igual altura, rendidos sin combatir ? No en mi concepto. 
       Ausente o batido Piérola, por otra parte, aquellas fuerzas de Arequipa se hubieran plegado con entusiasmo a las de Montero, ciertamente.    Y todas las fuerzas de Cajamarca y Trujillo que participarían en la defensa de Lima en 1881, habrían quedado intocadas en 1880, listas para organizarse y combatir.   Además de aquellas de Ica, que mas tarde mostraron buen espíritu de combate.
       Las fuerzas chilenas, aún contando con el dominio del mar que les permitía reagruparse y concentrar sus fuerzas a placer, no eran ni de lejos equiparables a sus pares europeas.  Cada embarque y desembarque, según se demostró, implicó un esfuerzo enorme de organización no siempre totalmente exitoso.   Igualmente habrían tenido que intentar la derrota, al menos, del contingente aliado concentrado en el Departamento de Moquegua, lo que en nada se hubiera traducido en ahorro de sangre.    
       Tomar, o intentar capturar Lima en el verano de 1880 - lo que no hubiera ocurrido sin un choque serio de por medio - habría sido una decisión estratégica inútil sin haber batido previamente al enemigo en el Departamento de Moquegua.

2.  Las gestiones de J. Sotomayor,  aunque claramente inspiradas en esferas ministeriales, se plantearon como la intervención particular del citado, que no comprometían oficialmente al gobierno de Chile.   Risible, pero así era en lo formal.
    Las bases proporcionadas a René Moreno - que si lo comprometían - se entregaron bajo absoluta reserva.
     Lo que implica que, para la opinión pública chilena, nada de aquello existía.
 
     En cambio, la posición del gabinete a que se alude, destinada al Ministro Sotomayor y a ser tratadas en un Consejo de Guerra con los mandos militares, era la oficialización de esa política ante el mundo castrense. 
    Al día siguiente de realizado el Consejo de Guerra las sabía todo el Ejército, y desde luego, los corresponsales de la prensa. De ahí surgió la confirmación de un tema que se venía denunciando y combatiendo en los diarios capitalinos, y que no era admitido por La Moneda.
      Sus detractores (Domingo Arteaga, Benjamín Vicuña, entre otros) tuvieron de ahí en más la confirmación como para discutirla con base, sin que el gobierno de Pinto lo negara.
      A poco (marzo) era tan oficial que contó con una cabeza directiva : Eusebio Lillo.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Lun Mayo 04, 2015 2:13 am

Raul Olmedo D. escribió:
1. Haber golpeado en Lima como paso inmediato a la recién terminada campaña de Tarapacá, digamos en febrero de 1880, pudo - eventualmente - haber tenido éxito e implicar la ocupación de la capital enemiga. Eventualmente, porque cada batalla es un albur, con sus propias decisiones y posibles errores que enfrentar.  
  Pero, tal como se señala  ¿ Hubiera aquello significado el término del conflicto ?
  Las fuerzas aliadas en Arica, Tacna, Arequipa y Moquegua  ¿ Hubieran entregado sus armas ?
  ¿Cáceres, Bolognesi, Inclán, Llosa, Ugarte y todos los de igual altura, rendidos sin combatir ? No en mi concepto. 
   
   Tomar, o intentar capturar Lima en el verano de 1880 - lo que no hubiera ocurrido sin un choque serio de por medio - habría sido una decisión estratégica inútil sin haber batido previamente al enemigo en el Departamento de Moquegua.

Definitivamente no terminaba la guerra, habría focos de resistencia en el resto del Perú, pero ya habrían avanzado gran parte, y no les hubiera costado mucho trabajo poner a un Presidente que acepte la cesión territorial (como hicieron con Miguel Iglesias).

Lo que si debo reconocer, mi amigo, es que tienes mas experiencia que yo, en temas militares y estrategia, por lo que siempre se aprende al leerte.

saludos.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Mar Mayo 12, 2015 3:03 pm

Como no estamos compitiendo, estimado Jonatan, no hay cornadas.
       En cualquier caso, mi amigo - y gracias por tus conceptos - lo que yo expreso en este foro son apreciaciones.
        Mismas que pueden acertar o estar equivocadas, ciertamente.
        Apreciaciones personales, entonces,  sobre la historia militar,  elaboradas a partir de datos y antecedentes leídos o recogidos por ahí en los últimos 60 años.
         Que además, con cierta frecuencia, no calzan con los criterios oficiales y formales castrenses de mi propio país.
       
        Permíteme relatar aquí que, cuando yo era muy pequeño - 8 o 9 años - cayeron en mis manos inquietas unas libretas de apuntes de mi abuelo, veterano de la GDP y de la Guerra Civil de 1891. También una copia exacta del libro bitácora de la "Chacabuco" entre octubre de 1879 y marzo de 1881, que ese abuelo había copiado diariamente  con autorización del comandante de la nave. (Hoy, en el Museo Naval de Valparaíso)
        El citado comandante fue Oscar Viel, concuñado de Miguel Grau, lo que ya habría un mundo nuevo y maravilloso para mi, pleno de personajes históricos heroicos y muertes gloriosas.
      Para efectos prácticos, el contralmirante Viel fue padrino de bautismo de la hermana menor de mi abuelo. Compadre, entonces, de mi bisabuelo José Mateo Olmedo, Juez de Concepción.

      Las libretas a que aludo contenían breves apuntes cronológicos sobre ambas guerras, que mi abuelo anotó en su momento, durante el desarrollo de esos conflictos.   Y eran, de acuerdo a la tradición oral familiar, la base de algunos relatos extensos que había realizado a fines del siglo XIX por encargo de terceros. Cuyo destino se desconocía a esas fechas.

          Todo el asunto me fascinó, capturando para siempre mi interés.  Empecé a requerir de mis padres y toda la parentela literatura relacionada, con mucha insistencia.
         A los 12 años - como alumno del Instituto Nacional - recibí una credencial que me permitió acceder con todos los derechos a la Biblioteca Nacional y sus tesoros.  Mi vida cambió desde ese hito,  para adaptarse casi exclusivamente a la investigación histórica.   Torpe e infantil en sus comienzos, desde luego.  Pero mas tarde seria y sistematizada.

         Luego de la muerte de mi padre (el 73') cayó en mis manos un recio cajón conteniendo toda la documentación recogida o preparada por mi abuelo en relación a las dos citadas guerras. Su Hoja de Servicios y las de sus hermanos, así como condecoraciones, recortes de prensa, correspondencia y documentación oficial. Su corvo, su espada, fotografías de época y - en especial - dos relatos manuscritos sobre ambos conflictos, y por separado.   Un filón de oro, como entenderás, para cualquiera de nosotros aficionados a la investigación histórica.

           Relatos que se apoyan, por cierto,  en las anotaciones cronológicas de aquellas libretas que inicialmente tuve en mis manos. 
          No he parado de revisar y estudiar el conjunto desde entonces,  así como de comprobar con los registros oficiales los datos allí recogidos.   Y de escribir sobre el tema.

           Tuve suerte, pues, dado que una documentación familiar - que bien pudo haberse extraviado o destruido por el paso de los años - vino a gatillar una mente infantil aún en blanco y abierta a lo novedoso y desconocido.
           Vistiendo uniforme de reservista tuve, años mas tarde, el privilegio de poder dictar clases de Historia Militar de Chile a aspirantes en la reserva de Artillería, durante nueve inolvidables años.

            No hay como poder enseñar sobre una materia - cualquiera que esta sea -  para aprender más sobre ella, dado que la preparación de las clases exige profundizar y prepararse para preguntas perspicaces y esclarecedoras.  Los alumnos exigen y consultan una barbaridad.

            A aquellos de mis camaradas que me han consultado sobre como profundizar  y aprender más sobre la Historia Militar,  usualmente les doy la misma respuesta  :
 
           Prepárate y postula a enseñar.  Dictar clases te llevará a otro nivel, y no hay mejor escuela que esa.

                                                          ------------------------

            Mis excusas por esta digresión.   Ya pronto vuelvo con un repaso/deshuese de la campaña de Moquegua.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Jue Mayo 14, 2015 3:47 pm

Uno de los pasos que el gobierno chileno adoptó, en forma previa a la iniciación de la nueva campaña, fue  convencer a José Francisco Vergara de que se incorporara nuevamente a la acción en el Ejército Expedicionario.

       Al citado se le había sugerido, en diciembre de 1879,  que abandonara su destinación en el norte como secretario del Comandante en Jefe, como consecuencia de su intervención en el "desastre de Tarapacá".  Y lo había hecho bastante herido por la responsabilidad que se le atribuía.    Responsabilidad que, a mi juicio, efectivamente existió.      Quisiera ampliar esto.

         Vergara había sido convocado inicialmente en  función de su amistad y fuerte influencia sobre el CJ, general Erasmo Escala.    Ya vimos como, durante la campaña de Tarapacá, este lo distinguió con distintas comisiones, exitosas o no.  En páginas anteriores comenté el enorme poder e influencia que este acomodado ingeniero detentaba en la vida civil y mundo político chileno de entonces.   Ya de uniforme, hasta el chúcaro coronel Emilio Sotomayor optó,  pocas horas antes de iniciarse la batalla de Dolores, por atender su consejo y mover las tropas a una nueva - y obvia - posición táctica.  

Vergara era inteligente, de carácter fuerte y una personalidad magnética que lograba influir sobre sus interlocutores.  Y no pocas veces, cautivarlos y controlarlos.

         Lo notable es aquella potente influencia sobre Escala, que venía de antes de la guerra.  Notable porque Erasmo Escala era, a su turno,  uno de aquellos católicos fervientes y combatientes en el Chile finisecular del siglo XIX, a quien incluso vemos criticado en Dolores (por Machuca y una parte considerable de los subalternos del Ejército) por anteponer el lábaro de la Virgen del Carmen a la propia bandera de Chile en la marcha de las tropas y formaciones. 
        Leemos de algunos de sus críticos (Errázuriz y Lira, quienes rara vez marcharon de acuerdo) que Escala no ocultaba el privilegiar a quienes profesaban la fe católica para el caso de ascender a  jefes propuestos para promociones.   Lo que implicaba, claro está,  postergar a los no creyentes.  O al menos, a los no públicamente devotos. 

       Y Vergara, por su parte, fue un masón destacadísimo, elevado por sus hermanos a Gran Maestro de la Gran Logia de Chile en julio de 1881.  Apenas pudo desempeñar ese alto cargo en atención a sus responsabilidades ministeriales en los gabinetes de los presidentes  Pinto y de Santa María.  De hecho, debió delegar funciones y mas tarde renunciar a su cargo en la masonería, en agosto de 1882.

       En la abierta pugna o guerra declarada - mas que simple repulsa - que existía en Chile entonces entre ambas confesiones, la religiosa católica y la filosófica francmasona, misma que yo mismo vi subsistir hasta los 60 o 70' del siglo XX, no es muy fácil explicarse como pudo ser aquello de Vergara actuando y moderando las pataletas de Escala.

       Pero el caso es que para ello precisamente se le volvió a convocar a filas, dado que las pésimas relaciones CJ del Ejército y el Ministro Sotomayor estaba haciendo la situación insostenible. Y paralizando toda la actividad militar en el norte. 
      La misión clara de Vergara, entonces, fue influir sobre el CJ y facilitar su relación con el ministro.  

       Se le exigió previamente, antes de viajar,  que se comprometiera a no participar activamente en la campaña,  limitando su accionar al cargo de secretario.    Lo que Vergara comprometió, ciertamente, pero no se molestó ni cercanamente en cumplir.   Lo vamos a ver durante la Campaña de Moquegua, a él, un oficial de la Guardia Nacional, asumir el cargo de Comandante General de la Caballería y actuar en esa calidad en las acciones de Pajonales de Sama y Tacna.

      ¿ Tiene alguna importancia que Vergara fuera un masón destacado y ocupara un alto cargo en el club de los afines al Rito Escocés Antiguo y Aceptado ?
        La tuvo, digo yo, porque formaban en las filas del Ejército y la Armada un número considerable de oficiales juramentados en la masonería.  Lynch, desde luego, así como del Canto, Lagos y ambos Dublé Almeida, pasando por el mismo Machuca y docenas más.

         Yo no quisiera que lo que expreso se entendiera como una crítica o descalificación a la masonería, ni a la de antes ni a la de ahora.    No adscribo a esa filosofía o forma de vida, pero provengo de una familia en que casi todos los varones lo hacen.  Los respeto mucho.
         No obstante,  todos sabemos bien de su forma arcana de actuar. 

         Necesariamente arcana hasta pocos años antes de la época que comentamos, debo asentar, puesto que les iba sus bienes y hasta el pellejo en ello.  Los Autos de Fe en que eran flagelados, y a veces entregados a las llamas, no estaban tan lejanos en el tiempo ni en la locación geográfica. 
        Así es que esos oficiales, hermanados por su filiación masona y el secreto, actuaban de consuno y promovían su forma de ver las cosas.  Y de solucionar problemas.   La guerra misma, entre otros.    
        Existen serios trabajos que dan cuenta del contacto fraternal entre hermanos de las logias chilenas y peruanas para esos efectos, materia sobre lo que resultaría muy largo abundar.   Solo cabe enfatizar en que, una vez ocupada Lima, tales lazos se estrecharon en busca de la finalidad común.  Y que muchas negociaciones fructuosas se canalizaron por esa vía.

         En lo doméstico, influían en la medida de sus posibilidades para lograr los cargos de primera responsabilidad para los suyos.   Lo que, contando con el Ministro de Guerra en Campaña durante la campaña de Lima, no debe haber sido algo extremadamente difícil.
          O para salvarles el trasero.  En el sumario incoado a Diego Dublé Almeida por su responsabilidad en los hechos de Locumba (01.04.80), el acusado fue defendido por su propio hermano Baldomero, asesorado a su turno en pleno por los oficiales de su misma filiación presentes en el norte.

         Hay que tener presente este trasfondo para entender todo el significado de la presencia de Vergara en el frente.   Como secretario del CJ y mas tarde Comandante General de Caballería, durante la campaña de Moquegua por iniciarse.  Y como Ministro de Guerra en Campaña en la siguiente.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Lun Mayo 18, 2015 10:59 am

Salvando una cantidad increíble de dificultades previas surgidas entre el ministro Sotomayor y el CJ general Escala, el Ejército se embarcó en Pisagua, entre los días 23 y 24 de febrero de 1880, en los transportes preparados para transportarlo a territorio peruano.

         Las naves zarparon el día 25, escoltadas por naves de guerra,  conduciendo alrededor de 9.000 combatientes de las tres armas ( 9.200, mas menos)agrupados en las Divisiones 1a, 2a y 3a.    El resto del ejército, constituido por la división Barboza o 4a, lo hizo algunos días mas tarde, para completar en tierra ocupada los 12.000 hombres que se había estimado, inicialmente, necesarios para asegurar el terreno.   Y enfrentarse, según se creyó entonces, a las fuerzas aliadas que acudirían a la costa a batirse de inmediato.

           El desembarco se produjo en Ilo, con toda tranquilidad, aprovechando, como se expresara, las facilidades de un excelente muelle y su donkey de vapor.   No hubo resistencia.
          Medidas de seguridad sensatas se habían revisto para ese desembarque, encargando a oficiales especialmente designados misiones específicas relacionadas con asegurar el agua potable y el respectivo estanque, neutralizar la oficina de correos para evitar avisos telegráficos y la penetración inmediata de la caballería para controlar la zona aledaña.    Incluso se precavió el llevar bombas Morton para abastecer de agua a las tropas en caso de que aquella del río pudiera haber sido desviada o afectada de alguna forma por acción del enemigo.    Lo que resultó superfluo, pues el adversario no dificultó en modo alguno el desembarque.

         En la fecha de la ocupación de Ilo y todo el mes siguiente - vale decir, hasta fines de marzo - el mando chileno y el ministro en campaña estuvieron pendiente de los movimientos de Montero, suponiéndole las mas diversas reacciones.   Estas iban desde avanzar hacia la costa, como quedó dicho, hasta desplazarse hacia Moquegua para reunirse allí con la guarnición de esa plaza, o incluso tomar rumbo a Tarapacá para recuperar ese Departamento, amagando al ejército de Reserva que se mantenía allí al mando de Villagrán (unos 3.100 h.)

         Nada de aquello resultó ni cercanamente a lo imaginado o supuesto.   Montero no se movió de Tacna.  No podía hacerlo, pues carecía absolutamente de medios de movilidad.   Se limitó a organizar sus fuerzas, en conjunto con aquellas bolivianas presentes, dotándolas del escaso armamento que aún pudo recibir y adiestrando los cuadros en la mejor forma posible para el choque que inevitablemente los enfrentaría al invasor.

       El ECH realizó entonces algunas exploraciones limitadas siguiendo la vía de ferrocarril y ubicando tropas en sitios cercanos a Ilo, pero sin desplazarse masivamente al interior. Siguió así durante varias semanas vacías de resultados bélicos positivos y reales, provocando la crítica general que se resume en la frase :

      " Va para un mes que el Ejército desembarcó en Ilo, y todavía no hila nada".

       Recién cayeron en cuenta los responsables, y en ello se comprende tanto al ministro en campaña como al mando del Ejército,  de que deberían adoptar la iniciativa e ir en busca del enemigo, por una parte.    Y de que, para ello, requerirían elementos de transporte que no estuvieron originalmente considerados.   Carretas y mulas en mucha mayor cantidad, para empezar.
  
     Y asimismo, tropas.  Los 12.000 hombres iniciales no iban a  ser suficientes para las jornadas de penetración y búsqueda del enemigo en sus posiciones.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Miér Mayo 20, 2015 3:00 pm

Algunas incorporaciones de civiles al ejército en campaña - además de aquella tan trascendente de Vergara - corresponden a ese período de término de la campaña anterior e inicio de la de Moquegua, y vale la pena destacar algunas que tuvieron significación histórica.
     
       La de Vicente Dávila Larraín como intendente general del Ejército y Armada, en primer término.  Ocurrió aquello hacia mediados de la Campaña de Tarapacá, y su accionar va a destacar nítidamente durante las dos siguientes.  Este extraordinario y probo ciudadano, premunido de poderes amplios,  organizó la adquisición y entrega oportuna a las fuerzas combatientes de todo tipo de material logístico.  Desde la alimentación hasta las bestias de combate, transporte y tracción, pasando por la vestimenta, leña y útiles de cocina, además del material quirúrgico y sanitario en general.   Todo dentro del mas estricto procedimiento funcionario, y sin que un solo peso fuera desviado fuera de los fines bélicos presupuestados, con singular eficiencia y cumplimiento de los plazos. 
       A personajes de este tipo se debe, sin duda, gran parte del éxito chileno en los campos de batalla.
       Ignoro si Perú contó con personas de igual entidad actuando en similares labores y con el mismo resultado exitoso en lo ético.  Carezco de esa información.   Quizás hubo también en la intendencia peruana patriotas anónimos cumpliendo estas funciones, cuyos nombres no han llegado hasta nosotros.

      Máximo Lira se incorporó, entre las campañas de Tarapacá y de Moquegua, como secretario del Ministro Sotomayor, reemplazando en ese cargo a Isidoro Errázuriz, quien se ausentó al sur acompañando a Vergara.  Y que volverá en breve plazo a sus labores secretariales cuando Vergara fue elevado a  Ministro de Guerra, en julio de 1880.     Máximo Lira, diputado también entonces, como Errázuriz,  es una de las buenas plumas presentes en el norte.  A la muerte de Sotomayor en mayo de 1880, quedó allí como secretario de Baquedano, de quien pasaría a ser su hombre de confianza.    Todos los extensos, detallados partes de combate y relatos que suscribió Baquedano desde junio de 1880 en adelante, son de la mano de Lira.   Asimismo, escribió una serie de relatos - y correspondencia a terceros - en que su objetividad le acarreó críticas de los patrioteros de siempre.  Aquellos que toman todo texto en que no se exalte al Ejército y a sus hombres como invencibles, como traición  a la Patria.  
        El aporte de Lira ha sido posteriormente muy significativo para la historia desapasionada de los sucesos de la GDP.

     El civil encargado de los bagajes durante la campaña de Tarapacá, Francisco Bascuñán, va a ser incorporado al Ejército - al inicio de la campaña de Moquegua - con el grado de teniente coronel de la Guardia Nacional.  Su labor fue inmensa durante el resto de la guerra, y su aporte muy significativo en la solución de los complejos problemas de transporte en zonas desérticas a que nos hemos venido refiriendo.
      Bascuñán era un empresario transportista en Antofagasta antes de la guerra, y declarada ésta, con sus empleados y arrieros - a los que se sumó un contingente de 100 soldados con habilidad en el manejo de acémilas, sacados de las filas del "Coquimbo" y el "Atacama" durante la campaña de Moquegua-  va a encontrar la solución no sólo al delicado problema del bagaje.   También al que podemos llamar "clave" abastecimiento de munición de repuesto al soldado en combate (aunque a aquello se logró después de la batalla de Tacna, en que tal problema estuvo en un tris de significar un desastre de proporciones al ECH).

                                                  ------------------------------------

        Los mandos chilenos elucubraban, en los días finales de febrero e iniciales de marzo de 1880, sobre lo que idearía o implementaría su enemigo, una vez ocupado Ilo y reconocidos los puntos aparentes de los alrededores.  Se dudaba sobre sobre la conveniencia avanzar sobre Moquegua, o directamente sobre el Sama.

         En esos mismos días - el 04 de marzo -  se dispuso la ejecución de una de aquellas operaciones volantes sobre el territorio enemigo, destinadas a destruir los FFCC y obras civiles que pudieran ser de utilidad militar al adversario, así como cosechas, reservas y recursos de todo tipo. Y retirándose a continuación, sin ocupación posterior del punto atacado y destruido.

      El propósito de la que comentamos era dañar el puerto de Mollendo, al extremo de inutilizarlo como punto de ingreso de mercaderías con destino a Arequipa y Bolivia, a fin de poder destinar las naves destinadas en esos momentos a mantenerlo cerrado como puerto, a ocuparse de un efectivo bloqueo de El Callao.  Con otras consecuencias anexas, según se estimó.

       El concepto, muy antiguo en la historia militar, se estaba tomando ahora del ejemplo de las incursiones de las tropas federales sobre el territorio del sur, durante la guerra llamada "de Secesión" norteamericana (1861-65).   Especialmente en los años 1864 y 65.   Asimismo, de episodios semejantes implementados durante la guerra Ruso-turca de 1877-78.   

       Nadie parece haber considerado que aquellas incursiones registradas en la historia reciente de la época, si no fueron confiadas a comandantes de gran carácter y capacidad de mando, en un 99% terminaron con graves consecuencias para la población civil involucrada.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Lun Jun 08, 2015 3:15 pm

La ocupación transitoria de Mollendo (iniciada el 10.03.80) que podremos revisar en algún detalle es, para mi gusto el episodio mas bochornoso para las armas chilenas en toda la GDP.
      
       Recordemos que la destrucción de Pisagua del día 02.11.79 se produjo como consecuencia del bombardeo de las naves de guerra, como preparación del asalto que se desarrolló seguidamente.
       Moquegua fue ocupada dos veces (en vísperas del Año Nuevo de 1880, y luego en marzo de ese año) sin bajas ni afectación de la población civil.
       Tacna fue ocupada a contar de las 14,30 o 15,00 horas del 26.05.80, con bajas civiles, despojo y saqueo inicial prontamente controlado. Lo hicieron tropas que venían de combatir, matar y morir,  presas de la risa roja y las consecuencias de la lucha. No es una justificación, pero explica el por que de lo ocurrido.
       La ciudad de Arica fue, asimismo, ocupada en la misma mañana del 07.06.80 con combate en las calles y bajas civiles.  Aquello ocurrió, también, a continuación de un combate duro y sangriento, con la tropa del 3° de Línea especialmente desatada.
       Los sucesos de Chorrillos ocurrieron, como en los casos anteriores,  luego de un choque de proporciones, durante los cuales se combatió en la ciudad.  La población civil no fue retirada del escenario de combate.   Surco y Barranco fueron incendiados por necesidad táctica ineludible el día 14.01.81.    Miraflores, igualmente, pagó las consecuencias de un combate a sus puertas, sin haber retirado la población civil.

        Pero en Mollendo no ocurrió nada de eso.  No hubo combate, ni justificación militar alguna para el saqueo, los incendios y abusos sobre la población civil allí ocurridos, que incluyeron violaciones.
     El puerto había sido ocupado sin resistencia, puesto que no hubo allí tropas enemigas que se hicieran fuertes.
 
       Parte de la tropa, simplemente, se desmandó - ebria en su mayor parte - y actuó saqueando, asesinando e incendiando en un poblado que no tenía como defenderse.  Su mando directo estaba ausente al momento de desatarse el desorden, lo que no constituye ninguna justificación y, por el contrario, agrava su responsabilidad.

       Tal mando era el comandante de la IV DE, el coronel Orozimbo Barboza.

       Guillermo Parvex nos narra que Barboza fue un regalón del general Baquedano ("Un veterano de tres guerras"  biografía novelada del combatiente J. Miguel Varela).  Y de hecho, lo fue.
        Pero los sucesos de Mollendo ocurrieron antes de que Escala abandonara el mando y lo asumiera Baquedano en su reemplazo (marzo 27 y abril 2).  Y Barboza, con Escala al mando, había sido ascendido recientemente a Coronel y honrado con el mando de una División.  

         Como inicialmente escasas medidas disciplinarias se adoptaron en castigo de los gravísimos sucesos de Mollendo, podemos presumir que el coronel Barboza también gozaba de las simpatías de Escala.

         A cualquier ejército del mundo le puede ocurrir, por falla de sus mandos, una desgracia como la de Mollendo.  Jefes inoperantes, o sin  personalidad, y tropa desmandada cometiendo crímenes y atropellos sobre civiles.   Un desastre que nadie desea y que empaña el lustre del ejército mas pintado.
          La diferencia entre aquello y un ejército civilizado la va a hacer la reacción disciplinaria que el comando en jefe disponga y aplique en un caso de tanta gravedad.

          Y luego de los sucesos de Mollendo, inicialmente no se aplicó ninguna.  
          Escala dispuso una chapuza de sumario que no investigó gran cosa, escribió frases fuertes y levantó la voz, pero inicialmente sólo separó de filas a un  oficial y a un puñado de soldados del 3° de Línea.   No hubo intención de castigar, ni menos amedrentar.

          Sólo mas tarde, con Baquedano al mando, se aplicaron sanciones mas severas, dando de baja a un grueso número de soldados del 3° y a otros oficiales.  Pero no hubo fusilados.  Solo prisión y palos para algunos   Tampoco publicidad de los castigos aplicados.  Antes bien, se procuró un bajo perfil de las sanciones para evitar un "desprestigio inmerecido a todo el Ejército".   Un error.

           Mala cosa es cuando crímenes contra civiles inermes no son sancionados con toda rigurosidad.
El ejemplo prende, la disciplina se relaja y nuevas desgracias similares tienden a ocurrir.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Mar Sep 08, 2015 11:30 am

Mollendo marcó un hito por varias razones.   
        La parte sensata y profesional del ejército comprendió, hizo suyo y difundió entre los uniformados de viejo cuño la necesidad de volver a una disciplina rígida, castigando con gran rigurosidad las infracciones al reglamento, la insubordinación y el desacato a la autoridad.
        Las autoridades políticas, por su parte,  cayeron en cuenta sobre la necesidad urgente de reemplazar al general Escala en el Comando en Jefe.   Los problemas suscitados con motivo de la elección de un sucesor están muy bien explicados por Bulnes, y podrían adornar una antología pintoresca, no muy enaltecedora,  de nuestra historia cívica-militar.

       Lagos, en su calidad de JEM constantemente pasado a llevar o ignorado por Escala y su camarilla de regalones, reclamó enérgicamente contra la no aplicación de sanciones drásticas e inmediatas en el caso Mollendo.  De hecho, por la casi nula investigación de los hechos. Este, y otros hechos menores igualmente denunciados, determinaron tal enfrentamiento con el CJ, que Lagos no tuvo otra salida que renunciar a su cargo en el Estado Mayor.   La violencia del choque entre ambos mandos, y el ambiente general de tirantez y desagrado en todo el Ejército motivó que Escala, por fin, sintiendo la falta de apoyo del Ministro, presentara su renuncia y se embarcara al sur para alegar su causa.       
       Nunca volvió, lo que constituyó una solución afortunada a la crisis y permitió desarrollar en lo sucesivo, bajo el mando de Baquedano, con relativa tranquilidad la campaña recién iniciada.

       Moquegua, o "Tacna y Arica" como es llamada también esta campaña, constituyó la coyuntura clave del conflicto.    Tal como ha sido afirmado en otro topic de este Foro por un autor peruano, la guerra se definió en la campaña de Moquegua.

        No sólo por su consecuencia mas comentada, cual es el retiro de Bolivia, que se abstuvo de participar activamente en el conflicto a partir del 26 de mayo de 1880.
         También porque las mejores tropas peruanas restantes a esas fechas, incluyendo las recuperadas durante la retirada Tarapacá-Arica de diciembre de 1879, resultaron prácticamente aniquiladas en los hechos de armas de mayo y junio de 1880.   Y harían mucha falta en las batallas de enero de 1881. 
       Lo que ocurrió,  en mi concepto, en parte no menor como resultado de una política suicida de las autoridades peruanas. Piérola, derechamente, y su gente de confianza.
        Se privilegió de su parte las decisiones con alcance político, pensando en un después, y descuidando la urgencia estratégica que sufrían las fuerzas encargadas de la defensa del territorio invadido y en parte amagado.
        El caso de Leyva y los desplazamientos de las fuerzas de Arequipa no tienen, simplemente, presentación.   Sin dejar de considerar, por cierto, que Perú venía mal armado desde la campaña anterior, y que al finalizar ese episodio había perdido  toda su artillería, y quizás el 70% del armamento de infantería comprometido. 
         Como fuere, no es posible evitar considerar lo que habría ocurrido si todas las fuerzas aliadas presentes en el teatro de operaciones se hubieren concentrado (entregando Moquegua, quizás, o Arequipa, transitoriamente al enemigo) en las inmediaciones de Tacna, para una acción decisiva no sujeta a fortificaciones ni puntos fijos.  Y con la guarnición de Arica a tiro de piedra para acudir a última hora, trasladada por la vía férrea,  y reforzar.
 
       Chile, por su parte, que estuvo a punto de sufrir un serio descalabro en su primera penetración, hacia Moquegua, en marzo y abril de 1880 (aún bajo el mando de Escala) se puso seriecito en los pasos siguientes y alcanzó sus objetivos estratégicos con paciencia y regularidad.   La disciplina recuperada por las tropas  e impuesta casi ferozmente desde la cúspide por el propio Baquedano, tuvo una importancia crucial en los resultados.
       El triunfo en Tacna el 26 de mayo, alcanzado luego de una muy sacrificada y penosa penetración, con gran esfuerzo de la tropa, y el de Arica 12 días mas tarde, disiparon todas las dudas sobre la voluntad de lucha del combatiente chileno.  Los ánimos se retemplaron en forma notable, de tal forma que la campaña de Lima iniciada en noviembre y diciembre siguientes fue, literalmente, una marcha cuesta abajo.  La de un Ejército que sentía sicológicamente vencedor antes de siquiera disparar un tiro.  Y que actuó como tal.

        Los mandos de ambos ejércitos enfrentados en la campaña de Moquegua no estuvieron - esta es una apreciación personal - a la altura de las circunstancias.
        De Escala, ni hablar.   Baquedano, al mando de la división que se internó hacia la ciudad de Moquegua, parcialmente transportada en tren y luego en marcha de infantería, cometió errores que costaron vidas, y que pudieron tener consecuencias aún mas graves.  La logística, otra vez, y su divorcio de entonces con los medios de transporte. 
       Se corrigió aquello, pero no con la visión amplia que otorga un amplio golpe de vista militar. Ante las posiciones del campo de la Alianza, parte del agua falló, y la infantería del ala derecha quedó sin municiones en pleno combate.  Increíble. 
        Los mandos divisionarios, también mas o menos solamente.   Amengual, con todo y su hoja de vida como antiguo capitán en el Puente sobre el Buin,el 39', no dio el ancho.   Pocas cosas son mas peligrosas que un comandante de tropas que cree que marchar valientemente, pecho al frente, hacia en enemigo, es ser un buen militar y un patriota.   Y peor aún si acepta como un sacrificio justificado el ver caer a un  porcentaje elevado de su gente en una aproximación a la vista y al alcance del fuego enemigo.
      La verdad es que Tacna presenta muchas interrogantes como hecho de armas.   Baquedano debió apechugar con el pié forzado de cruzar el desierto y llegar con sus tropas, decididas y con alta moral de combate, a un choque sin opción de retirada.  Ser vencidos o rechazados era la muerte cierta en el desierto, eso estaba claro.  Conque Baquedano acertó en una jugada audaz y comprometida.  Pudo tener un costo en vidas aún mas alto.   Y aquello de la munición es imperdonable.    Después del Asalto y Toma de Arica, Lagos escribiría eso de " 150 tiros por hombre, vale decir, munición para hora y media de combate".   Vale decir, que el mejor táctico en la historia de Chile, luego de vivir las experiencias de Tacna y Arica, aún no estaba al día sobre la cadencia de fuego del armamento que portaban sus hombres ni de la rapidez con que el parque era consumido.  Menos mal que corrigió aquello antes de Chorrillos y Miraflores.

       Los mandos aliados tampoco brillaron en esa campaña.  La dificultosa penetración chilena y traslado de tropas y bastimentos por territorio desértico y hostil...  no fue hostigada, salvo el caso aislado de Locumba.   Si toda la labor de hostigamiento que mas tarde, en la misma zona, cumplieron Pacheco de Céspedes y Leoncio Prado, se hubiera aplicado contra el Ejército de Chile durante abril y mayo de 1880, no me queda tan claro que el grueso del Ejército hubiera podido llegar en condiciones de combatir de inmediato, al menos en número de 14.000, a las goteras de Tacna.
        Campero y Montero no tuvieron opción, es cierto. Sin movilidad, con armamento disímil y parte de sus tropas bisoñas, hicieron lo mejor posible con sus medios.  Pero  ¿ Enfrentar al Ejército de Chile en una posición fija, sin labor de desgaste alguna anterior, sin trincheras, escasa y pobre caballería y pocas piezas de artillería ?   Mala decisión.
         Bolognesi fue un hombre de honor y un valiente, que duda cabe.  Y un táctico que no merece reproches.  Pero la estrategia no era su fuerte, eso está claro.  Las cartas y telegramas que suscribe sugiriendo la reagrupación de fuerzas, lo que incluye a aquellas de Leyva y a los vencidos de Tacna, demuestra que sobre el desplazamiento rápido, o mas bien urgente, de tropas en territorio desierto y carente de recursos para sostener la vida, tenía, por decir lo menos, un concento equivocado.  Nunca le resultó aquello de concentrar fuerzas con rapidez a los aliados durante toda la guerra. 
 
         En fin.  Cada uno dio lo suyo.   Muchos, la vida.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Lun Sep 14, 2015 7:03 pm

No quiero dejar de lado dos episodios navales que corresponden al período, y que son ilustrativos en cuanto a enfatizar sobre la importancia del control de mar que ejercían las fuerzas navales chilenas.
       El primero ocurrió el 23.12.79 en Ballenitas, puerto ecuatoriano en que se encontraba fondeada la lancha torpedera "Alay" adquirida por Perú en la suma de 9 mil libras esterlinas.
       Habiendo viajado hasta allí por mar desde Panamá, se encontraba  a la espera de poder aventurarse con cierta seguridad por aguas peruanas.   Fue sorprendida y capturada por la tripulación del "Amazonas" chileno, causando una nueva baja en la ya muy disminuida flota peruana, lo que se sumó a la captura de la "Pilcomayo" el 18.11.79, durante la Campaña de Tarapacá.  
       Los oficiales de la "Alay" no se encontraban a bordo al momento de su captura.  Pero no ocurrió así porque hubieran abandonado sus deberes, sino porque habiendo desembarcado para tramitar la adquisición de carbón y víveres, fueron impedidos de reembarcarse por uniformados ecuatorianos.   No se de una versión oficial que aclare lo anterior, que tiene los tintes de un atropello a la neutralidad.  Salvo que exista una explicación razonable.   El teniente peruano que sufrió esta desgracia fue severamente sancionado en su patria con posterioridad, y no tengo tan claro de que mereciera tal castigo. 
       La torpedera fue incorporada muy luego a la escuadra chilena bajo el nombre de "Guacolda", y la vamos a ver batirse en la rada del Callao durante la Campaña de Lima.

        El segundo episodio es el muy conocido ingreso de la "Unión", al mando de Villavicencio, a la rada de Arica, burlando el bloqueo establecido en ese puerto por la escuadra chilena.  Fue un acto audaz y de buena factura marinera, cumplido antes del amanecer del 17 de marzo de 1880,  que permitió hacer entrega a las autoridades de Arica de algún material logístico que se requería.     Hubo acto seguido un bombardeo sobre el puerto y la "Unión" por parte de las naves chilenas, que se resistió a pie firme, y luego de 8 horas de arribada, un súbito zarpe de la nave acosada que sorprendió nuevamente al adversario, desconcertándolo.   La "Unión" se alejó de Arica esa misma tarde, hacia las 17,oo, a salvo y con la satisfacción de haber brindado un refuerzo moral importante - a esos alturas - a la guarnición de Arica y a las fuerzas concentradas en Tacna.
         Tanto el comandante de la guarnición del puerto, como el de la nave peruana (Villavicencio), se atribuyen en sus partes la decisión del zarpe repentino que permitió la fuga exitosa.   Yo me quedo con la versión del marino, quien dio repetidas pruebas de su audacia y habilidad como marino durante el conflicto.
         Latorre, jefe de las fuerzas chilenas bloqueadoras, se atribuyó por escrito, en su parte, la responsabilidad del chasco de las naves bajo su mando. 

         La literatura peruana habla repetidamente de la "ruptura" del bloqueo de Arica en esa ocasión.
           No fue así.  El bloqueo fue hábilmente burlado ese día, y hasta forzado si se quiere, pero no roto.  Continuó inalterable desde ese día hasta el 07 de junio de ese año 1880.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Miér Sep 16, 2015 11:18 am

Los mandos chilenos finalmente - y en ello incluyo al Ministro de Guerra en campaña - aterrizaron en relación a la improbabilidad de que las fuerzas aliadas se trasladaran hasta la costa para combatir la invasión.   
        Contribuyó a ello, dice Bulnes, la interceptación de una nota o comunicación de Montero dirigida a las fuerzas que esperaban en Moquegua tanto refuerzos como conocer de los movimientos del adversario.  No eran más de 1.300 o 1.400 h., y la nota en cuestión habría sido una advertencia del almirante peruano en el sentido de no le era posible desprender tropas de sus propias fuerzas para dirigirlas en refuerzo de ninguna otra agrupación aliada en el departamento.   Cada cual con sus propias uñas, habría sido el contenido implícito del mensaje.

       Fuera aquello, o bien la presión de la prensa y autoridades en Santiago, luego de mas de un mes de inmovilidad en cuanto a enfrentar al grueso de las tropas aliadas, aparentemente algo de ese origen decidió a los mandos chilenos a moverse en busca del enemigo.
 
      Les pareció prudente, para ese efecto, despejar primeramente lo que tenían directamente al frente - vale decir, la ciudad de Moquegua - así como todo el tramo recorrido por la línea férrea Ilo-Moquegua, de  87 Kms. según la información de la época.
      Al considerar esa decisión, tenemos que tener en mente que los mandos chilenos (como Bolognesi mas tarde en la correspondencia y telegramas que hemos citado) consideraban aún que las tropas y sus bastimentos podían moverse a su antojo entre los distintos puntos de importancia estratégica que aparecían claramente en sus mapas.   Como en las guerras europeas, o en los campos del sur de Chile, desplazándose por llanos y serranías dotadas de agua y forraje.    Pronto se desengañarían a ese respecto.

      El caso es que se optó por concentrar las fuerzas de penetración en la estación de Conde, ubicada a 68 Kms. de Ilo, que parecía prestarse cómodamente para ello.   Una guarnición avanzada, acarreada en ferrocarril, sin fatiga para la tropa,  permitió a los mas avisados, a pocos días de su instalación,  advertir lo errado de la decisión.  Conde no sólo carecía de agua, lo que habría obligado a acarrearla a diario para los tropas que se pensaba concentrar allí, sino que no era trampolín en lo absoluto para mover posteriormente tales tropas hacia Tacna.   Cualquier movimiento a partir de allí partía por cruzar pampas arenosas y pedregales sin recursos.
 
       Conque se optó, derechamente, por mover fuerzas hacia Moquegua, aniquilar o capturar las tropas enemigas allí concentradas y despejar así todo el sector Ilo-Moquegua.   Reitero : la principal razón que se tuvo en cuenta fue "evitar  que la guarnición de Moquegua se moviera para reforzar las fuerzas de Tacna".    Opción que estaba, por falta de elementos de movilidad, muy lejos de las posibilidades de las tropas - solo peruanas - concentradas en Moquegua.

       Se designó un comandante de la expedición - Manuel Baquedano, general de Brigada a esa fecha - y las tropas que deberían cumplir esa misión.  Fueron estas las siguientes unidades y fracciones de ellas :
          Dos regimientos de infantería                :  el 2° de Línea y el Santiago
          Dos batallones de id.                            :  El Atacama y el Bulnes
          Una compañía      id-                            :  100 hombres del Buin (la del capitán Rivera)
          2 baterías de artillería de montaña
          1 batería de artillería de campaña
          2 regimientos de caballería                   :  Cazadores ( 3 esc.) y Granaderos (2 esc.)

           Total :  4.336 h.
          Era la 2a División de E.  recién creada, y reforzada para la ocasión.  Su comandante, el coronel Mauricio Muñoz, debió asumir el cargo de comandante general de la infantería en la expedición.   Sus decisiones, desde ese momento y hasta abril siguiente, le costarían el puesto al mando dela 2a. División, y ser enviado "en comisión" al sur.  Vale decir, apartado de la guerra, que el la meta ansiada y el premio para todos los militares de carrera.   Decisiones, algunas de ellas, no tan equivocadas.  Aunque aquella de olvidar un par de patrullas, en abril, al desocupar Moquegua, francamente no tiene presentación alguna.  En fin.    Vemos al ya destacado Tcrl. Arístides Martínez ( comandante en la expedición y fugaz ocupación de Moquegua del Año Nuevo anterior) desempeñando aquí el cargo de Jefe de Estado Mayor, lo que habla del elevado concepto que ya merecía de sus jefes.   Y a José Francisco Vergara, claro está.  Sin cargo definido ni nada especial que hacer allí, pero participando en forma activa con la aceptación tácita de los mandos y del Ministro.

           Hubo imprevisión.  No sólo en el despacho oportuno del agua y rancho necesario para esas tropas que, a partir de la estación de Hospicio, deberían marchar a pié por el desierto inclemente.
También en la dotación de elementos al soldado.   En algunas unidades no todos llevaban cantimplora para transportar el agua que resultaría vital.  A otras se les proveyó de tales elementos casi al partir, a última hora. Y se embarcaron sin rancho en el convoy que los conduciría a Hospicio.
          El Jefe del Estado Mayor del Ejército (P. Lagos) quien habría podido proveer todo aquello y tener carretas a la espera en el tramo Hospicio-Conde, no fue consultado, y ni siquiera avisado de partida de esta expedición, efectuado mientras el exploraba la caleta Ite y sus alrededores.   Así estaban los cosas.
          La responsabilidad de abastecer a la columna en marcha quedó entregada al tren, dotado de carros estanque, lo que hace pensar que los responsable estimaban bien asegurado el tramo de línea férrea por el que se desplazaría el convoy.  Lo que es de una candidez extrema, dado que el tendido ferroviario había sido objeto de múltiples atentados a partir del momento mismo de la ocupación de Ilo y Pacocha, y el envío de las primeras locomotoras, dotadas de uno o dos vagones solamente, para recorrer la línea y explorar el sector.   El último, el día 9 de marzo.
          La expedición partió el día 12 de marzo.   Las unidades de infantería y parte de la artillería, lo hicieron en tren, como queda dicho.  Baquedano, con los dos regimientos de caballería y el saldo de la artillería, partió ese día temprano, al alba, para ir despejando la ruta según se expresó.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Vie Oct 02, 2015 10:42 am

Error.  Las unidades de infantería y la artillería de montaña partieron el día 12 de marzo hacia las 16,oo horas, haciendo todo el recorrido a pié.   La caballería y la artillería de campaña formaban el otro grupo, que se desplazó al aire del ganado montado y de tracción. (Bulnes señala que toda la artillería marchaba con Muñoz y la infantería).

           Esto es importante, porque explica el agotamiento de la infantería luego marchar toda la noche y hasta el mediodía siguiente, y de recorrer por territorio desértico los siguientes tramos :

      Ilo a Estanques            =   19 km.
      Estanques a Hospicio   =    30 km.
     
       Fue allí donde se produjo el caos el día 13, al encontrar sin agua los depósitos destinados a atender los requerimientos de la tropa en marcha.   Todo ese sector del trayecto corre alejado del río Ilo ( así como el tramo Hospicio a Conde, de otros 19 Km., que parte de la tropa desbandada, intentó cruzar por su cuenta en su desesperación.) 
         El agua la había consumido la caballería (unos 900 caballos, señala Bulnes, lo que demuestra que marchaba con ellos la artillería de campaña hipotractada).  También algunos arrieros, por descuido en la imprescindible custodia de esa agua.

      Sabemos del problema enorme que se suscitó allí, con parte de la tropa alzada, al menos tres fallecidos de sed, y la necesidad de suprimir el desorden mediante disparos de la artillería de montaña que acompañaba a la infantería.  El comandante de la tropa en marcha debió optar por continuar, para no perder contacto con aquellos que, enloquecidos por la sed, se alejaban sin atender las órdenes de sus mandos.
     
       El tren, que debió atender a la reposición de agua potable en distintas estaciones del camino, había sufrido un accidente, y quedó temporalmente inutilizado. 
      No fue aquello un accidente cualquiera :  fue un hábil golpe de mano sobre la línea férrea, efectuado por tropa enemiga o civiles locales, coordinados con el comando de la defensa de Moquegua.  He aquí un ataque bien discurrido y efectivo.
       Si en ese momento ( lo dicen Vergara y el ministro Sotomayor) las tropas en marcha hubieran sido atacadas por los 1.200 a 1.400 h. que guarnecían Moquegua, descansados y bien abastecidos, es muy probable que Chile hubiera tenido allí un segundo Tarapacá.
 
      Es responsable de un despelote como el que se comenta es y siempre será solo uno : el comandante responsable.
       El general Baquedano, pues.    Seguramente así lo entendió el mismo, pues su correspondencia, informes al Comandante en Jefe y telegramas de esos días procuran restar importancia a la situación.  Vamos a ver como, ya ascendido a Comandante en Jefe, poco a poco deja caer toda la responsabilidad sobre el coronel Mauricio Muñoz, cuyas decisiones tampoco ayudaron mucho a mejorar su imagen.   Muñoz ya no tuvo el mando de su división el 26 de mayo en el Campo de la Alianza, y poco después, como comentáramos, partió de regreso a Chile a calificar servicios.

      Entre los fallecidos por la sed se contó, y así lo expresa el Ministro Sotomayor en informe el Presidente, el teniente Navarro, del "Santiago", y dos soldados.
       Esto es especialmente anecdótico, si obviamos la tragedia implícita.  Si revisamos la Historia del Ejército de Chile, vamos a encontrar al citado teniente Navarro incluido en el cuadro de bajas....de la batalla de Tacna.   Y vaya uno a discutir.

       Como sea. Con las bestias de la artillería y toda la tropa de caballería que esperaba, descansada, en Conde la llegada de los que marchaban a pié, se proveyó con cantimploras y  odres, bien o mal, ayuda a  esa tropa desesperada, que empezó a congregarse en la estación de Conde al anochecer del día 14.   Muñoz, por su parte,  había enviado las mulas de la artillería de montaña en idéntica misión, y la tropa desesperada fue recibiendo en su marcha, poco a poco, el líquido vital.  Los relatos de J.F. Vergara y Rafael Sotomayor, así como las "Memorias Militares" de E. del Canto son ilustrativas y esclarecedoras sobre este negro capítulo en relación a la capacidad de los mandos chilenos.

        Reitero : una cosa es el valor, el coraje personal, la capacidad de mandar y ser obedecido, así como la disposición de caer al frente de la tropa.   Y otra muy distinta es entender el problema en su globalidad, disponer las medidas necesarias y coordinar con la logística para tener al soldado bien alimentado, descansado y con agua y  material de guerra suficientes frente al enemigo.    Entender la problemática de la guerra en el desierto, en una palabra.
       En tal aspecto, ambos bandos mostraron falencias penosas.   Pero como los Aliados en general no marcharon durante esta campaña, y se resignaron (por falta de elementos, entre otros motivos) a esperar al enemigo en sus posiciones o trincheras, cometieron por lo mismo menos errores de este tipo.
       La posición de Los Ángeles fue asaltada y tomada por estas mismas tropas, en amplia superioridad numérica, por cierto, el día 22 de marzo.    Lo que implicó que el CJ chileno, obviando los destalles del descalabro organizativo en la marcha hacia el enemigo, pudiera informar que en solo 10 días (del 12 al 22) la misión de despejar el flanco Este del teatro de operaciones se había cumplido.
       Así había sido, en realidad.   Pero con todas aquellas aristas irritantes que hablaban de una incapacidad enorme para coordinar y administrar con miras a un objetivo, que terminó por exasperar a la autoridad civil.    Le queda poco mas de un mes a Escala en su cargo de Comandante en Jefe.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Mar Oct 06, 2015 10:49 am

Las fuerzas que marchaban en demanda de Moquegua descansaron en la ribera del río Ilo, e iniciaron ya el día 15 su marcha escalonada hacia la ciudad.   Los relatos de mandos y oficiales subalternos chilenos dan cuenta de que, en su avance, distintos predios agrícolas fueron ocupados.  Lo mismo ocurrió con otros campos aledaños a la ciudad - luego de su ocupación - con gran consternación de sus propietarios. 
       Una de las producciones que hacían famoso al lugar - y al valle - era la de mostos de gran calidad, producto de numerosas viñas de cepas seleccionadas.   Luego de distintos episodios en que la tropa abusó del vino en las bodegas, con las consecuencias de desorden e indisciplina usuales en tales casos, los mandos optaron por hacer verter al cauce del río una cantidad enorme de vinos en proceso de elaboración o reposo.  Destilados también, en menor cantidad. No sin antes reservar y luego hacer transportar hacia la costa una cantidad indeterminada para consumo del Ejército. 
 
     El daño patrimonial a los productores y empresarios de la zona por este concepto fue sensible, y se le calificó en las filas chilenas como destrucción aplicada al esfuerzo bélico enemigo.  Y por ende, justificable.
        Es en esta época cuando empezamos a encontrar en la correspondencia de oficiales chilenos, y en los relatos posteriores de sucesos esa fecha, el concepto "no hay quien peque". 
        E. del Canto, comandante del 2° de Línea a esa fecha, lo utiliza con frecuencia en sus "Memorias Militares" y frases similares, aunque no exactas en su texto, pero con el mismo sentido, abundan en los testimonios escritos de todo tipo que, desde 1880, quedan para la posteridad.  Es la constancia de un sentir general de los uniformados, sean de Ejército o de la Guardia Nacional movilizada, que se aplica en los hechos :  la destrucción de bienes de propiedad del estado peruano, o de particulares, indistintamente, cuya existencia se estime lesiva al interés de Chile, está justificada y se aplica a criterio del oficial al mando.   Es la filosofía que inspira la Expedición Lynch de octubre y noviembre siguientes, y explica el criterio aplicado - aunque con justificación táctica - en la destrucción en frío de Surco y Barranco en enero de 1881.   No hay pecado en ello, pues.  "No hay quien peque" al ejecutarlo.
        Lo notable es que, terminada la guerra, la enorme mayoría de estos casos, sometidos a Tribunales Tripartitos, fueron fallados a favor de Chile, y las indemnizaciones que en definitiva se mando pagar no superaron, en global, el 2,5 % de los montos demandados.

        En fin.   La cuesta de Los Ángeles, donde se habían hecho fuertes los defensores de Moquegua, fue asaltada y tomada el día 22, como se expresara.    El relato de este hecho de armas rola en otro topic de este Foro, y no vamos a detallarlo aquí.
        Solo cabe destacar que las fuerzas atacantes - unos 3.500 h. en global, pues un batallón del Santiago, el regimiento Granaderos, la compañía del Buin y una parte de la artillería ( la de campaña) no  tomaron parte en la acción - superaban ampliamente a los defensores.  El empleo táctico de un batallón de la GN formado por mineros de Atacama resultó crucial en la sorpresa, y el objetivo estratégico se logró.   Despejado el sector.

         Pero las explicaciones por la no utilización de la caballería (unos 800 jinetes, sumando Cazadores y Granaderos) en la persecución del enemigo en retirada, dan como para pensar.   Se ha dicho posteriormente que Baquedano estimó entonces que no valía la pena desgastar al ganado que debería utilizar acto seguido en la penetración del territorio desértico entre Ilo y el Sama.  Custodiando al Ejército en marcha y despejando el sector de enemigos.
       Pero Baquedano debió saber también que el único destino posible de las fuerzas defensoras de la cuesta de Los Ángeles en retirada, era Arequipa.  Y no pudo adivinar materias que eran entonces reservadas del gobierno y mandos peruanos : que Leyva se las iba a arreglar para no unir sus fuerzas a las de Montero, concretamente.   Lo razonable era suponer que las fuerzas de Arequipa maniobrarían para unirse a las de Tacna. O bien para hostilizar la retaguardia chilena durante su penetración. 
        Y en consecuencia, destruir aquellas fuerzas en retirada que buscaban engrosar las de Arequipa parece una decisión militar elemental.   La discusión sique abierta.

      La neutralización de Moquegua dio paso inmediato al despliegue de avanzadas para explorar las rutas que debería seguir el ECH en su búsqueda del enemigo.  Y a una serie de incidentes, incluyendo la sorpresa de Locumba sobre una patrulla de Cazadores (abril 1°) que liquidó a  la mitad y dejó prisioneros en poder del enemigo.  Todo ello que culminará con la renuncia del CJ a su cargo.  La precedió en tres días la salida, también por renuncia, del coronel Pedro Lagos de su cargo de JEM. 
       El ECH en campaña estaba dando un  pobre espectáculo organizacional y disciplinario en esos momentos.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Miér Oct 14, 2015 3:26 pm

Al citar la acción de Locumba, parece oportuno hacer aquí una digresión para referirnos a un tema mas general, incumbente al conflicto en su desarrollo global.

      Hablo del concepto de luchar hasta la muerte, sin considerar la rendición, de lo que tanto empezó a hablarse a partir de 1882, y que ha alcanzado hoy en Chile el rango de verdad indiscutida. Concepto que no pasa de ser un mito.

      Ni las fuerzas aliadas ni las chilenas lucharon hasta la muerte en el tramo del conflicto que corre entre 1879 y 1881.   Así de claro.
 
      Ya nos hemos referido al concepto elemental que regula, y ha venido regulando a lo largo de la historia, la conducta de los soldados en combate  :  se rinde el que es vencido.

      Parece esta afirmación algo tan obvio, que los historiadores e investigadores no pierden el tiempo en mencionarlo siquiera.   Pero no lo es tanto para algunos, así es que vale reiterarlo.
       No sé de tropas vencedoras que se rindan al vencido.  No hay registro de tal cosa.

        Por lo que,  en consecuencia con lo anterior, durante la campaña de Tarapacá hubo combatientes aliados vencidos y capturados en Pisagua, Germania (pocos, pero hubo) y Dolores.
      Y soldados chilenos en igual condición luego de la batalla de Tarapacá.    También en Tambillos, ese mismo año en diciembre, aunque no como parte de esa campaña.

        Y en esa misma línea, durante la campaña de Moquegua hubo derrotados y vencidos de la Alianza en Los Ángeles, Pajonales de Sama (muy pocos, otra vez), Tacna y Arica.
      Sin olvidar que pequeños destacamentos chilenos fueron sorprendidos y batidos en seis episodios distintos durante la misma campaña, dejando prisioneros en poder del enemigo. Soldados y oficiales que, pudiendo optar por luchar hasta la muerte, se rindieron.

         Así, tan simplemente, funcionaba la cosa.  El combatiente se batía y daba todo de si hasta que la falta de recursos, de munición, o el agotamiento u otras causas hacían imposible continuar la lucha.  Y entonces, se rendía.   Casi con seguridad hubo gente que rehusó tirar las armas en su furor, y prefirió ser ultimada.  Pero como desconocemos detalles, solo podemos contabilizarlos como bajas.
         Como en el proceso los uniformados hacían todo lo posible por destruir al enemigo, y en ese empeño causarle tantas bajas y tan rápido como fuera posible, el número de muertos y heridos alcanzaba porcentajes altos en las tropas comprometidas. 
       Se arriesgaba el pellejo seriamente en la acción, y seguramente todos los comprometidos lo hacían de buena fe, patrióticamente.

          Pero alcanzado ese  límite impreciso, que no está definido por escrito y usualmente es referido como "moral de combate" - pudiendo hablarse quizás de instinto de supervivencia - entre la opción de ser ultimado en el campo o levantar los brazos, combatientes de distintos uniformes se rendían.

           No hubo oprobio en esa conducta, ni mereció condena alguna en la prensa de los tres países en pugna.
           Como las fuerzas de la Alianza fueron vencidas en los cuatro hechos de armas de mayor entidad durante la campaña que comentamos, registraron mayor número de combatientes rendidos y capturados. 
           Dicho esto en oposición al escaso número de combatientes chilenos también rendidos y capturados en los episodios menores a que me he referido.

           Esa es la realidad histórica.  Misma que vale la pena hacer constar aquí para ponernos de acuerdo en la realidad de los hechos que vamos a recordar en estas líneas.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Mar Oct 20, 2015 3:44 pm

Los errores y fallos de los mandos en el traslado de la tropa que capturó Moquegua y asaltó la cuesta de los Ángeles, mas una serie de incidentes menores (incluyendo la diferencias de criterio sobre lo actuado en Mollendo) precipitó por fin el quiebre definitivo entre el JEM, Pedro Lagos, y el CJ, Erasmo Escala.
           Lagos renunció por escrito a su cargo el 18.03, vale decir, cuatro días antes de la acción de Los Ángeles, cuando la agrupación de tropas destacada al efecto se concentraba en Moquegua y sus alrededores.  Hubo que embarcarlo de inmediato al sur para ponerlo fuera del alcance del CJ.

          Las consecuencias - y la fundamentación - de tal renuncia gatilló a continuación, insoslayablemente,  la del Comandante en Jefe, que se materializó el 27 o 28 del mismo mes.  Luego de algunas tirantes entrevistas con el Ministro Sotomayor, el general Escala se embarcó también hacia el sur.  A lograr un apoyo del gobierno en Santiago.  O eso creyó.
         Quedó así despejada la opción de reorganizar los mandos del Ejército.   Hubo muchísimas hesitaciones al respecto.  Villagrán era el hombre a ser designado para el Comando en Jefe, por sus antecedentes previos.   Pero tenía adversarios de peso en el gabinete presidencial, y había rehusado poco antes, además,  asumir como JEM.  Desechado.
         Otros nombres que se barajaron correspondían a reliquias de la Guerra de Arauco, y aún de los episodios de 1851 y 58.  En Baquedano nadie pensaba.

          Llegó a considerarse la nominación de un civil, oficial de la Guardia Nacional - Vergara, obviamente - para el delicado cargo de Jefe de Estado Mayor.  Peor aún : se le alcanzó a ofrecer, lo que el citado aceptó de inmediato.   Pero primó, finalmente, la cordura, y dos soldados de carrera fueron designados en los cargos vacantes : El coronel José Velásquez como JEM, y el general Manuel Baquedano como Comandante en Jefe.    Asumieron los días 3 y 4 de abril, respectivamente.  Harían un eficiente equipo que, junto con la incorporación del coronel Pedro Lagos como "primer ayudante" del CJ, ejecutaría en lo sucesivo sus propias decisiones militares ante el enemigo, sin cuidarse de terceros - civiles o militares - que se les pretendió imponer. Funcionaron como equipo cohesionado hasta la ocupación de Lima en enero del siguiente año.

       Se había llevado a cabo un peligroso cambio de caballos en mitad del río, y es notable que tal proceso no produjera, para efectos del desarrollo militar de la campaña, ningún efecto negativo para Chile.

       Mientras todo lo anterior se debatía e implementaba, distintas patrullas fueron despachadas en exploración al interior.  Una de ellas fue la comandada por el Tte. Crl.  Diego Dublé, que cayó en la emboscada tendida por G. Albarracín en el poblado de Locumba.
          Casi de inmediato se puso a la caballería en campaña, lanzándola - inicialmente dividida en dos fracciones - en busca de batir a las tropas de Albarracín, despejar todo el sector de adversarios y, en lo principal, explorar las rutas alternativas que podría emplear la infantería y el grueso de las fuerzas en su penetración hacia Tacna y el valle del Caplina.   De la agrupación mayor se dio el mando a Vergara, como premio de consuelo, más su ascenso a Coronel.   Su fotografía mas conocida de la época lo muestra con bicornio emplumado y los seis galones en la manga.
         Luego de extensas batidas que, por haber causado agotamiento y daños inevitables al ganado, fueron muy criticadas por los oficiales de caballería en el Ejército Expedicionario, Vergara - quien había tomado en el intertanto el mando de toda la caballería actuante -  logró chocar con las fuerzas de Albarracín en las riveras del Sama el día 18 de abril. 
         Se libró allí el combate conocido como de "Pajonales de Sama" o "Buenavista". (Que algunos de mis alumnos suelen confundir con "Bellavista", librada medio siglo antes en Chiloé).   Albarracín pudo poner distancia entre los atacantes y sus tropas montadas, y alcanzar hasta las fuerzas aliadas en Tacna.  Pero la infantería que estaba siendo reclutada y sometida a instrucción en el lugar, fue prácticamente aniquilada por los escuadrones de Vergara, quien contó con amplia superioridad numérica.   Como parte del desarrollo táctico de esa acción, vemos a Carabineros de Yungay actuando como dragones para resultar mas eficaces entre los pajonales del lugar.   Hubo escasos sobrevivientes aliados ese día.
         Lo que sorprende es anotar que a esa fecha, a un año y algunos días de declarada la guerra, con el Departamento de Tarapacá ya perdido y un ejército enemigo desembarcado en las costas del Departamento de Moquegua, y avanzando.... se haya estado recién reclutando tropas para someterlas a instrucción.    Gente que debió haber estado sobre las armas desde un año o al menos diez meses antes, ganando experiencia y veteranía.  Inexplicable.
   
         Errar ese día el golpe sobre el coronel Gregorio Albarracín sería amplia y justificadamente lamentado por los mandos chilenos en lo sucesivo.  Era este un líder innato, veterano en su profesión y un gran jinete.   Va a cumplir misiones de gran interés para su patria.

          Despejado el campo, va a dar inicio el movimiento de penetración de las fuerzas invasoras para salvar el territorio desértico y embestir al enemigo en las goteras de Tacna.   La mas arrogante y -  por el volumen de fuerzas desplazadas - arriesgada empresa del Ejército de Chile en su historia.
          La experiencia en terreno y los primeros desplazamientos ya comentados hicieron ver al Ministro Sotomayor - en sus últimos días - y a los mandos del Ejército la importancia de los mulares para sustentar esa penetración.   Hechos los cálculos, se estableció que se necesitarían 1.500 mulas para apoyar el traslado de 15.000 hombres.    Y se contaba sólo con 500.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Miér Oct 21, 2015 3:58 pm

Este asunto de las mulas tiene mas importancia de la que, en la historia, se le ha asignado.

       Penetrar el territorio enemigo implicaba, para Chile, además de disponer de tropas bien instruidas y disciplinadas, contar con la logística adecuada.   Lo que quiere decir, preparar en Chile central todos los elementos requeridos y luego despacharlos desde Valparaíso, escalonadamente, a Antofagasta o Iquique.   Y luego embarcarlos desde esos puertos, cuidadosamente, e inventariados en forma solemne, en los transportes que deberían conducirlos a Pacocha o Ilo.

       Arribados allí, desembarcarlos con el mismo proceso de inventario estricto, prepararlos para su transporte con criterio táctico, y enviarlos al frente de combate mediante mulas.  Carretas y carromatos fueron también utilizados, por última vez, en esta campaña, con resultado mayoritariamente negativo.  
        Las mulas fueron, pues,  la clave del transporte efectivo en la logística durante esta campaña llamada de Moquegua, o de Tacna y Arica.   Así como la honradez espartana de los encargados de esa logística.  Cero corrupción administrativa imperaba en el país en esos años del último cuarto del siglo XIX, lo que dejó hace rato de ser característica del Chile actual.

     ¿ Que se transportaba en esas mulas ?   Pues todo.

        Bastimentos, en primer lugar.    Alimentos secos, como charqui, harina, legumbres, frangollo y grasos ( grasa en pella, en toneletes y aceite).  Elementos para preparar eso alimentos : cocinas de campaña, fondos, ollas e incluso sartenes. Todo tipo de utensilios de cocina y parrillas.     Luego :  carpas de mandos y jefaturas, frazadas y sus elementos de instalación.  Combustible :  leña, carbón y parafina. 
          Sustento o forraje para todo el ganado (transportado en fardos y sacos desde Chile) : alfalfa prensada y cebada en grano.  Munición de artillería de campaña y montaña, repuestos para los armones y atalajes.
         Elementos de mantención para la caballería montada y de tracción : herraduras, sus clavos, herrerías con su personal,  sus fuelles y toldos, mas herramientas especializadas. Munición de infantería y elementos para su marcha : caramayolas, mochilas y carpas individuales. Morrales y cinturones.  Uniformes de repuesto, incluyendo botas, ropa interior y cubrecabezas.
        Ambulancias con su ganado de tracción y elementos quirúrgicos.  Vendas, apósitos y aparejos.  Paquetes de botiquines.   
         Y agua.
        La elemental, imprescindible y requerida agua potable, que las tropas necesitaban a razón de 2 lts. diarios por hombre, y 6 lts. (ración corta) por animal.  Como mínimo.  Sin posibilidad alguna de lavar ropa o siquiera los platos en que se consumía el rancho.

      Todo este enorme volumen de material y bastimentos debía ser transportado y encontrarse disponible para las tropas cada día, en un régimen que hoy llamaríamos de 24/7. 

       Para así lograrlo, se calculó un total de 1.500 mulas trabajando jornadas de 12 horas en seis días seguidos, por uno de descanso, para movilizar las toneladas necesaria de bastimentos y material de guerra para 12.000 hombres.  Vale decir, a razón de 10,3 combatientes por cada mula, lo que se estimó en base a los estándares franceses de la guerra de 1870.
        Sin considerar, desde luego, y como finalmente comprenderían los mandos chilenos en la siguiente campaña, que es muy distinto mover tropas en la campiña europea, con agua disponible a cada paso, pasturas para el ganado militar y hasta recursos alimentarios posibles de requisar en el vecindario, a hacerlo en parajes desérticos, absolutamente desprovistos de recursos y con el ganado de monta y de tracción requiriendo agua en niveles de hasta 2,5 veces los estándares europeos ya citados.

      Se contaba con 500 mulas, como se asentara, y se requirieron otras 1.000, que fueron solicitadas con urgencia a Chile central.

       Aparejadas y listas, resultaron insuficientes.   No sólo porque debieron atender al desplazamiento, no de 12.000, sino de más de 14 mil, casi 15 mil hombres hasta ponerlos frente a las posiciones aliadas del Alto de la Alianza.   También porque el cálculo de base estaba errado.  No se consideró en esa planificación - basada, como se expresara, en estándares franceses de 1870 - que las propias mulas de transporte requerirían su propio forraje y agua.   No había ocurrido así en la Europa plena de ríos, arroyos y meandros, con praderas y pastizales abundantes.   La guerra se libraba ahora en Sudamérica, en un territorio estéril, en que las acémilas de transporte deberían acarrear también su propio alimento y agua de bebida.

       Un brusco cambio en las condiciones de lucha, que revela el por que aquellos mandos chilenos formados en la necesidad espartana del servicio, dieron el ancho y se adaptaron con pocos problemas.  Y en cambio, aquellos oficiales de escritorio que no habían vivido la Guerra de Arauco ni sus vicisitudes ni carencias, fueron incapaces de adaptarse a las nuevas condiciones.

       Es importante enfatizar en ese número de 1.500 mulas en total, que sirvieron para apoyar, apenas y con serias carencias, el traslado de 14 mil y tantos combatientes hasta enfrentar las posiciones del Alto de la Alianza.  
       Si los combatientes chilenos hubieren sido 22.000, de acuerdo a la versión del C.A. Montero, habría sido necesario contar con unas 2.150 acémilas, lo que estuvo muy lejos de las posibilidades chilenas en abril y mayo de 1880, para empezar.   Y además, con otros 300 mulares solo para apoyar, transportando el agua y forraje de esas 2.150 mulas.
      
       Los relatos de F. Machuca, en relación a la captura de dos arrieros chilenos que transportaban barriles de agua el día 25.05, por parte de los Húsares de Junín, son ilustradores a este respecto.
El C.A. Montero interroga a uno de los capturados (soldado del "Coquimbo" actuando como arriero).
  ¿ Sobre que ?     Sobre el número de mulas con que contaba Baquedano.   Es la clave.   Montero ha estudiado la situación, y ha sufrido desde febrero anterior la falta de medios de transporte.  
      Y sabe bien que el número de tropas a desplazar en condiciones de combatir, en ese territorio, depende del número de mulas que le den apoyo logístico.  Tan simple como eso.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Jue Oct 22, 2015 2:22 pm

Las fechas de partida, rutas de traslado y condiciones de marcha de la masa combatiente chilena están mas o menos bien descritas por Bulnes.  

          Digo "mas o menos" porque, entre otras "gaffes", el citado ubica al regimiento Chillán marchando hacia Sama por un camino interior. 
        Y ocurre que un soldado de esa unidad (Hipólito Gutiérrez) nos narra que el Chillán fue trasladado a Ite, primero, participando allí en izamiento, tan conocido y comentado, de las piezas de artillería, a pulso - mediante cuerdas y poleas - desde la playa al alto de los farellones que dan respaldo a esa caleta.  Y que luego marchó siguiendo la ruta Ite - Las Yaras, el mismo camino que realizó con tantas dificultades la 4a División de Barboza.

        ("División" es un término genérico que no refleja una realidad militar en el caso chileno de la campaña de Moquegua.   Sólo una de esas Divisiones contaba con soldados de las tres armas clásicas.  Las otras tres eran meras agrupaciones de unidades de infantería, susceptibles de ser apoyadas por caballería y artillería al momento de entrar en combate).

         Pero el relato de Bulnes es ajustado a la realidad, en general, traduciéndose en que hacia fines de abril y comienzos de mayo de 1880, el grueso de las tropas chilenas vivaqueaban en las riveras del Sama, preparándose para embestir la línea enemiga.

         La situación, entonces, queda clara : ambos ejércitos se mantuvieron entre febrero y marzo en sus posiciones, hasta que el chileno se decidió a cruzar el duro territorio desierto  que media entre Ilo y Tacna, para atacar y vencer allí a su enemigo.  
          Solo vencer.   No había otra opción.  Una derrota hubiere implicado volver a cruzar de vuelta, pero sin recursos y seguramente acosado por el adversario, el territorio hostil que tanto esfuerzo y algunas vidas había tomado superar.

         Contamos con una serie de relatos de actores que vivieron esa travesía, mismos que dan cuenta del enorme esfuerzo que requirió la empresa.   Alberto del Solar, Arturo Benavides y el ya citado Hipólito Gutiérrez nos han dejado narraciones vívidas del episodio.  Francisco Machuca lo ha historiado aceptablemente bien.    Todos ellos incorporan anécdotas que iluminan con rasgos humanos el momento histórico.   La anécdota suele ser enemiga de la historia, pero en este caso aportan a la mejor comprensión de ese proceso de superación del desierto en busca del enemigo.

         Los nombrados vivieron - y sufrieron -  la guerra con toda su intensidad. Todos ellos se batieron y arriesgaron la piel durante el conflicto.   Por eso, los aportes de Vicuña Mackenna sobre esta dura experiencia, quien sólo recoge testimonios de terceros y no estuvo ni cerca de los campos de batalla, carece en este caso - para mi gusto -  de validez. 
       
        ¿ Quienes y cuantos eran estos combatientes que atravesaron el desierto para arrostrar la suerte de las armas ante las posiciones del Alto de la Alianza ?
 
         Las divergencias sobre su número alejan hasta hoy a historiadores peruanos, bolivianos y chilenos.
         Por eso es bueno intentar clarificarlo en lo posible.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Jue Nov 19, 2015 2:10 pm

Los datos de Bulnes guardan relación, desde luego, con la historia oficial que, con posterioridad, el Ejército de Chile ha publicado sobre esta campaña.   De hecho, se inspiran en ellos.          Bulnes recogió, a su turno los datos del JEM del ECH, Velásquez.   Y no hay discrepancias mayores con F. Machuca, quien se preocupó en su obra ( lo que siempre cabe tener presente) de asentar los datos precisos de unidades y número de tropas participantes en las tres campañas que culminaron con la ocupación de Lima. 
     Todo lo posterior (el mismo Encina, Carmona y otros) que se ha escrito simplemente glosa los números ya conocidos. 
     Pero están, además, los relatos individuales de los protagonistas que se batieron en las propias filas.  Los ya citados mas arriba entre los que atravesaron ese desierto marchando con sus unidadess,  así como Abel Rosales, Clemente Larraín y otros.
       No hay diferencias significativas en las versiones chilenas, y aunque en extremo conocidas, vamos a asentar aquí los datos de Velásquez que, a través de Bulnes, se han constituido en los datos oficiales que Chile aporta :
 
       Acamparon en Yaras, se desplazaron hacia el Campo de la Alianza el día 25 y asaltaron las líneas aliadas el día 26 de mayo, las siguientes unidades con su número de combatientes :

Del Ejército´profesional

Regimiento de Artillería N° 2                           692 h.
Reg. Granaderos a caballo                              384
Reg. Valparaíso                                             335  (policía municipal, considerados ejército)
Reg. 2° de Línea                                           650
Reg. Santiago de Línea                                  884  (de creación posterior al 5.04.79)
Reg. Artillería de Marina                                634
2 esc. Carabineros de Yungay N° 1                 224 (los de Bulnes, recién canjeados de vuelta)
Reg. Zapadores                                             886
Compañía Pontoneros                                    119
                                                        --------------
                                                                4.808

De la Guardia Nacional

Batallón Atacama (N° 1)                               623
Batallón Naval                                             559
Reg. Esmeralda                                         1.019
Bat. Chillán                                                  500
Bat. Chacabuco                                            512
Bat. Coquimbo                                             500
Reg. Lautaro                                               904
Bat. Cazadores del Desierto (50%)               220
                                                       -------------
                                                              4.837
+  los de Ejército                                     4.808
                                                      -------------
                                                             9.645  identificados por Velásquez como los que "hicieron fuego".  Es decir, los que entraron en combate y en contacto con el enemigo.

y además, la reserva :

Reg. Buin                                                 885
Reg. 3° de Línea                                    1.053
Reg. 4° de Línea                                       941
Batallón Bulnes                                        400  (policía de Santiago, movilizada)
                                                       ----------
                                                           3.279

y señalando además que los Cazadores a Caballo y Carabineros de Yungay N° 2 (Vargas) "entraron en la 4a División" (Barboza), y tampoco se batieron.   700 en total, tomando el mayor número.

      Con que, para efectos logísticos de agua y alimentación, mas todo el material de guerra necesario para el choque, tenemos
                              Ejército que se batió                     4.808
                              Guardia Nacional   id                    4.837
                              Ejército reserva                           3.279
                              Caballería reserva                          700
                                                                        ------------
                                                                             13.624
     A lo que cabe sumar, para el cálculo de agua y bastimentos, a la fracción de Cazadores del Desierto que permaneció en Yaras, 214 h.   Y también ( dato que poco se menciona), 188 enfermos que también quedaron en Yaras, imposibilitados de moverse, a cargo de dos enfermeros.    Gran total, 14.026 combatientes.  Pero cabe agregar las ambulancias con sus médicos, farmacéuticos y enfermeros, mas los camilleros, y la masa de arrieros que se ocupaba de bagajes.  Y al menos, un piquete de caballería (probablemente del Carabineros N° 2) que también quedó en Yaras : 22 jinetes.  Calculo muy aproximadamente unos 14.350 hombres en global, incluyendo los servicios, y no más de 60 a 70 cantineras, lo que cambió en el período que corre entre la batalla de Tacna y el Asalto a Arica, cuando la masa acompañante (mujeres, buhoneros y comerciantes de todo tipo) fue autorizada a reunirse con el grueso del Ejército.

     No se considera a aquella tropa también desembarcada en Ilo, que permaneció allí para dar cobertura a la zona : el 2° Atacama, una parte menor del Chillán, y media compañía de pontoneros, mas otro piquete de caballería.
           
     La caballería solamente movilizaba 1.462 bestias de montura, a lo que cabe agregar otros 180 que montaban el CJ y sus ayudantes, el JEM y los suyos, comandantes y segundos de unidad. Asimismo, los animales de tracción para la caballería de campaña y los mulares de aquella de montaña.  Un poco mas de 2.000 bestias requiriendo agua a diario.
      Y todo provisto por solo 1.500 mulas en el régimen de trabajo que se ha señalado.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Jue Nov 19, 2015 8:53 pm

Buenos datos. Falta saber donde estaba la otra mitad del Cazadores del Desierto, e incluir en las fuerzas que estaban cerca de Ilo al Caupolicán y Valdivia.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Vie Nov 20, 2015 10:19 am

Cazadores del desierto, como se indica : 220 en la 4a División de Barboza y 214 en Yaras.  Indisciplinados al extremo que ya sabemos.

     El Caupolicán y el Valdivia si aparecen citados, como indicas.  Pero no tengo las fechas de su incorporación al grueso de las fuerzas desembarcadas en Ilo.   ¿ Tienes ese dato ?
   
     Si las sumamos a las del 2° Atacama, pequeñas fracciones de otras unidades y destacamentos de caballería, deben haber quedado cuidando la retaguardia unos 1.500 h.
     Que, en caso de una derrota chilena en el Campo de la Alianza, habría sido todo el remanente chileno en el departamento de Moquegua ese año de 1880.   El resto habría perecido en combate o en las arenas y pedregales durante la retirada.   Interesante albur.
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MensajeTema: Re: Campaña de Moquegua   Vie Nov 20, 2015 1:23 pm

El 4 de mayo se embarca el Cazadores del Desierto en el Itata, junto al Caupolicán. Zarpan ese mismo día. El 5 llegan a Ite, donde no pueden desembarcar por estado del mar. Siguen a Ilo, donde desembarca el Caupolicán.
El Cazadores del Desierto vuelve a Ite en el Itata, y desembarca allá. El 7 de mayo ya están en la línea Pacocha - Hospicio los batallones Atacama Nº 2, Valdivia y Caupolicán. En Pacocha mismo estaban El Valdivia y el Caupolicán, mientras que el Atacama Nº 2 estaba en Hospicio.
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