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 Los Olmedo

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Jonatan Saona
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MensajeTema: Los Olmedo   Jue Jun 18, 2015 5:38 pm

Los Olmedo
por: Raúl Olmedo D.

Debo iniciar el relato citando al bisabuelo, aunque este ya había fallecido al estallar la guerra en 1879. No obstante, su posición en la sociedad facilitó mucho la vida de sus hijos, y por cierto, su incorporación a las filas al declararse el conflicto.

Ese bisabuelo se llamó José Mateo Olmedo, y junto a sus hermanos Manuel y Baltazar, aparece recurrentemente citado en las historias escritas por los dos grandes historiadores curicanos que han abordado la crónica local: Tomás Guevara y René León Echaiz.

El caso es que José Mateo, luego de una juventud agitada en su natal Curicó y de estudiar derecho en Santiago, pasó a actuar en política siguiendo incondicionalmente a Manuel Montt . Fue, pues, un “nacional”, o “monttvarista”, y por ello, además de sus méritos profesionales, fue designado primeramente en distintos cargos públicos en Curicó, luego Juez de Rancagua, y hacia el final de su carrera, en el muy importante cargo de Juez de Concepción. Allí lo sorprendió la muerte en 1873, en forma violenta.

Dejó 04 hijos varones y una hija. Su viuda gozó de una posición expectante. No sólo por la cuantía de los bienes acumulados en vida por el fallecido, sino en base a su propia sólida fortuna. Esa bisabuela se llamó Isabel Espinosa Chacón, y fue la única hija mujer de la patriarca doña Pascuala Chacón Prat, personaje opulento y de gran peso social. Formaba parte de lo que F.A. Encina ha definido como “aristocracia provinciana”, ciertamente de tono menor que aquella más encumbrada y pudiente de la capital. Era Isabel, en consecuencia, sobrina de Jacinto Chacón, el renombrado poeta nacional, quien aparece retratado con los niños Arturo Prat y Luis Uribe, los futuros actores del drama de Iquique, vestidos ambos de cadetes navales a los 10 años de edad, en la conocida fotografía de 1858.
Y era también Isabel sobrina de Pedro Chacón, padre que fue este de Rosario Chacón Barri (chilenizado a Barrios), su íntima amiga. Rosario Chacón se casó un poco antes que su prima Isabel, y lo hizo con Agustín Prat Barril. Fue, entonces, madre de Arturo Prat Chacón.

Los cuatro jóvenes Olmedo-Espinosa de quienes vamos a hablar eran, en consecuencia, primos en 2º grado del héroe de Iquique, aunque algo menores. Uno podría pensar que eso les facilitó la vida de uniforme, pero no fue así. Al menos, a los que sirvieron en la Armada, se las complicó bastante. Cabe hacer constar que, aunque su padre y tíos habían servido como voluntarios de uniforme en la Guerra contra la Confederación (1836-39) y en los conflictos civiles de 1851 y 1859, así como en la guerra contra España de 1866-67, no existía tradición familiar ni ancestros militares en la familia.
Y esos cuatro jóvenes, que por su parte carecían de toda instrucción militar previa en el verano de 1879, fueron:

Manuel Luis Olmedo Espinosa.
n. 1860. Estudiaba Agricultura en marzo de 1879. No “Agronomía”, sino Agricultura. Es el héroe militar de la familia, el único que abrazó, a partir de la coyuntura bélica, formalmente la carrera militar en el Ejército. Carrera que culminó en 1897 con el grado de teniente coronel y edecán del Congreso, arrastrado por las consecuencias del affaire llamado “El té de los generales” que protagonizó su mentor, Estanislao del Canto. De allí se originó el retiro obligado de del Canto y de un grupo numeroso de oficiales. Es también Manuel Luis el miembro de la familia que registra más heridas en combate, así como una semi invalidez. También era el mas alto de los hermanos, aunque medía sólo 1.74 m.

Su Hoja de vida se resume así: enrolado como subteniente del 2° de Línea en abril de 1879. Combate en Tarapacá y sobrevive con el codo derecho destrozado. Recuperado y ascendido a teniente, se reincorpora a su unidad en abril de 1880, justo a tiempo para batirse en Tacna y caer con el mismo brazo derecho destrozado por un proyectil. Perdió la movilidad de la articulación cúbito-humeral de ese brazo permanentemente. Reincorporado en octubre, sin embargo, desembarca con su unidad en Pisco y hace por tierra el tramo Pisco-Lurín. Se bate en Chorrillos y Miraflores el 13 y 15 de enero de 1881, salvando ileso. El 2° de Línea fue transformado en batallón de 6 compañías en marzo de 1881, y Manuel Luis Olmedo es nombrado capitán de la 2ª Compañía. Participa en las expediciones a la Sierra de 1881 y 1882. Se bate en Balconcillo y Lisiguya. Al iniciarse aquella de 1883, debe regresar a Lima afectado por tifus exantemático. Logra recuperarse (el tifus era, aparentemente, fatal en la Sierra), vuelve con su unidad a la patria en agosto de 1884, opta por permanecer en filas y se aplica a una carrera militar. (Lo que sigue, es historia de la Revolución de 1891. Estuvo en el bando vencedor y fue herido en La Placilla, sin mayores consecuencias). Casado con M. Esther del Pino, chillaneja, de él descienden los Olmedo-del Pino y Sepúlveda-Olmedo. Falleció en 1929.

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ANDRÉS A. OLMEDO ESPINOSA.
N. 1858. Estudiaba medicina en marzo de 1879, pero le faltaban dos años para recibirse (había terminado 3° en 1878). No obstante, fue incorporado como Cirujano 2° del “Amazonas” en la Armada, y así lo registra Machuca en el convoy que condujo las tropas para el asalto de Pisagua. Poco mas tarde fue trasferido con igual grado al “Cochrane”, reemplazando en su cargo al médico Rodolfo Serrano Montaner (hermano del teniente I Serrano caído en Iquique, quien optó por transferirse al Ejército y formó con el grado de capitán, y luego sargento mayor, en calidad de ayudante de P. Lagos en la Campaña de Lima.)

Andrés Olmedo fue herido ligeramente en un brazo y rostro, a bordo del “Cochrane” durante la batalla del 15.01.81, mientras el blindado hacía fuego sobre el fuerte Alfonso Ugarte y la línea de Miraflores.
Los partes, y el propio relato del afectado, no dejan en claro si fue tocado por fuego artillero enemigo desde tierra, o por la explosión de una granada atascada en una pieza de 250 del “Cochrane”, que hirió mortalmente a su primo hermano, el teniente 2° Avelino Rodríguez, ocupado justamente en desatascarla (falleció el 20.01.81). Andrés, como médico, aparece citado en el parte del comandante de la nave (Latorre) junto al cirujano 1° y los ayudantes, por la eficiencia en la atención del personal herido en esa acción. Figura también entre los heridos de ese día. Fue desmovilizado en marzo del 81’ junto a casi todo el personal civil enganchado en la Armad por la emergencia bélica. Por iniciativa legal del gobierno de Domingo Santa María, y al igual que todos los estudiantes de medicina que prestaron servicios en esa guerra (y sobrevivieron), a Andrés Olmedo se le reconoció como tiempo de internado clínico el período cumplido de uniforme, y tuvo luego, también, amplias, mas que generosas facilidades para recibirse de médico, lo que cumplió sin grandes problemas. Se radicó en Curicó, donde ejerció brevemente su profesión, así como la agricultura.
Falleció muy joven (1897), sin descendencia.

MARTÍN FÉLIZ OLMEDO ESPINOSA.
n.1864. Cumplió 15 años en mayo de 1879. Así es que en noviembre de ese año tuvo los “quince y medio” necesarios como para enrolarse – con la buena cuña de su tía Rosario Chacón – en calidad de Aspirante a Oficial. Y lo hizo en el “Huáscar”, ya chileno.

Por Francisco Machuca sabemos que durante los tres encuentros sostenidos por las naves bloqueadoras chilenas contra los fuertes de Arica y el “Manco” el día 27.02.80, el Huáscar sufrió bajas en dos de ellos. En el segundo de esos encuentros – el de las 11,00 horas – un proyectil peruano destrozó un cañón de 40 lb. del monitor (de los Armstrong recién instalados en Valparaíso), causó la muerte del aspirante Goicolea y de ocho sirvientes de esa pieza, hirió al 2° comandante (Valverde) y lastimó a otros 12 tripulantes. Entre ellos, al aspirante Martín Olmedo, cuyo puesto de combate estaba, justamente, en la banda contraria (estribor) a aquella en que Goicolea y ocho marineros encontraron la muerte. En realidad, las lesiones de Martín Olmedo consistieron en trauma acústico profundo, pérdida del conocimiento y miembros luxados, sin heridas a la vista. Estaba siendo atendido en la enfermería del Huáscar cuando su comandante Thomson fue muerto por un proyectil del “Manco” durante el tercer encuentro de ese día, las 14 horas. El joven aspirante tuvo solo “dolores de cuerpo” que le duraron varias semanas, una muñeca y un tobillo luxados, así una hipoacusia que lo dejó hablando a gritos, de la que se recuperó poco a poco. Figura, no obstante, entre los heridos de la acción.

Vivió todas las peripecias del “Huáscar” hasta la destrucción de los fuertes y naves peruanas en el Callao, el 17 de enero de 1881, y también concurrió a visitar Lima y a fotografiarse cuando fue autorizado. Desmovilizado en marzo, optó por la vida civil, el comercio y la agricultura en su provincia natal, con negocios muy prósperos en Curicó y Teno.

Casó con Virginia Prat en 1889, y falleció joven – en 1911 – dejando seis hijos, dos varones y cuatro mujeres. El mayor de sus hijos varones – Martín Olmedo Prat - optó por la carrera militar, y con el grado de coronel fue comandante del legendario RIM N° 1 “Buin” en los años 1936-37.
De Martín Féliz descienden los Olmedo-Prat, Olmedo-Daroch y Rojas-Olmedo, con una larga lista de abogados y magistrados judiciales.

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JUAN MATEO OLMEDO ESPINOSA.
n. 1863. Mi abuelo. Cumplió 16 años el 14 de marzo 1879, y al declararse la guerra en abril siguiente, buscó darse de alta en la Armada, aunque sin éxito inicial. Carecía de profesión, y de hecho, debió haber iniciado el 6° y último curso de Humanidades en el Liceo de Curicó ese año. (Dos cursos mas abajo, en el mismo liceo, estudiaba el joven Luis C. Martínez, destinado a inmolarse en Concepción en 1882). Las limitaciones del decreto de Conscripción de la Armada (abril) lo dejó fuera (*) de la primera lista de Aspirantes enrolados. Recurrió entonces a los buenos oficios de su tía Rosario, para lo cual debió viajar a Valparaíso y alojarse en casa de esta. Rosario Chacón vda. de Prat había pasado, a contar del 21 de mayo de ese año, de ser la simple madre viuda de un oficial jefe de la Armada, a la categoría superior de Madre del Héroe y de Todo Chile, o algo parecido. Su pedido por la incorporación a la marina de sus sobrinos Olmedo-Espinosa fue atendido muy expeditamente, y Juan Mateo se dio de alta en octubre como Aspirante a Oficial en la “Chacabuco”.

Debe haber sido casualidad el hecho de que el comandante de esa nave, Oscar Viel, fuera el padrino de bautismo de su hermana menor, María Jesús, bautizada en 1867. Así es que sirvió, durante toda su participación en la GDP, bajo las órdenes del “compadre” de su padre fallecido y de su madre viuda. Pequeño mundo. Fue difícil. De hecho, los tres hermanos Olmedo-Espinosa que se enrolaron en la Armada recibieron inicialmente un trato distante, casi hostil, de parte del personal profesional de esa institución.

Angamos ya había tenido lugar, pocos días previos a su incorporación, y su servicio, amenizado solamente por la participación de la “Chacabuco” como buque escolta de la Expedición Lynch – que impactó muchísimo al joven oficial - y antes de ello, del bloqueo de Arica, no brindó oportunidades de combate naval. Largos ocho meses previos bloqueando a Mollendo, más la escolta de convoyes y el bloqueo final del Callao, resultaron pesados y agotadores para toda la tripulación. Casi carecían de correspondencia a bordo, y la alimentación era escasa, monótona y nada saludable.
Ocupada Lima y el Callao, la oficialidad fue autorizada, por turnos y por orden de antigüedad, a visitar el puerto y la capital. Entre otros motivos, para inmortalizarse allí en retratos destinados a la familia y novias. Y a la Historia, aunque ellos lo ignoraban entonces. Mi abuelo obtuvo el permiso recién en febrero, e hizo tomar su retrato en la casa Courret (hoy, Archivo Courret) donde su imagen quedó registrada con 17 años y once meses de edad.(**)

Poco después, la pugna entre el almirante Riveros y el Ministro J. F. Vergara se resolvió mediante la disolución de la Escuadra, enviada a Valparaíso en marzo para ese objeto, y el joven Juan Mateo terminó su participación en la GDP, aunque no su relación con el mar. Sus verdaderas e interesantes vivencias se desarrollaron a partir de 1889 como activo opositor a Balmaceda, en 1890 y parte del 91 como agente en la lucha clandestina, y como oficial del “Iquique N° 6” congresista a contar de julio de ese año. Se batió en Concón y La Placilla, salvando con heridas leves, y sus andanzas de esos años están resumidas en un extenso “informe” preparado para su jefe revolucionario, Isidoro Errázuriz. Mismo que yo he adaptado – corrigiendo la caligrafía arcaica – y presentado en la novela “Jamás Vencidos”, basada en sus experiencias.
Casó con mi abuela, María Teresa Fontaine Calvo, en 1892 De él vienen los Olmedo-Fontaine, Olmedo-Droguett y Torres-Olmedo, con una cantidad notable de médicos y odontólogos entre ellos. El abuelo falleció en marzo de 1936. Descansa en el Cementerio General de Santiago, y yo no he descuidado su sepultura.
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(*) El Decreto establecía la conscripción, con el grado de Aspirantes a Oficiales, de 50 jóvenes de buenas familias que cumplieran determinados requisitos. Y señalaba que deberían ser dos por cada una de las 25 provincias que conformaban el Chile de entonces.
No obstante sus esfuerzos, Juan Mateo no logró ser uno de los dos curicanos seleccionados para ese efecto, y debió recurrir posteriormente a la ayuda ya citada. Mas tarde, los requerimientos de la Armada y sus bajas de Pisagua ampliaron el número y facilitaron, incluso, la incorporación de su hermano menor, Martín Féliz.

(**) Una de las copias de esa fotografía fue dedicada por mi abuelo al dorso, en marzo de 1881, a Enriquetita Vera según se lee allí. Se trataba de una de las hijas de Robustiano Vera, próspero empresario en frutos del país y transportes. Un cercano amigo de la familia ese Robustiano Vera, antiguo socio del padre fallecido, el juez José Mateo Olmedo. Parece que la señorita Vera en cuestión le traía las hormonas alteradas a mi abuelo en esas fechas.
No se casaron, sin embargo, como suele ocurrir, y mi abuelo lo hizo recién después de la Guerra Civil con mi abuela María Teresa Fontaine.

Enriqueta Vera, por su parte, quien contrajo matrimonio con un tercero, guardó esta fotografía cuidadosamente, y poco antes de su muerte, a mediados de la década de los 40 (cuando el mundo jugaba a la II GM) tomó contacto con mi tía María Teresa Olmedo Fontaine para entregarle esa foto de su padre, ya fallecido en 1936. La había conservado con devoción, y le contó entonces que había amado al joven allí retratado durante los últimos 60 y tantos años. Supongo que los amores de esa época se vivían así, como en las novelas.

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Texto y fotografía de Mateo Olmedo agradecimiento a Raúl Olmedo D.
Otras fotos: archivo Courret
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