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Páginas Heroicas de la guerra del salitre 1879. Foro de debates dedicado al tema de la guerra entre Chile, Perú y Bolivia; y otro temas relacionados....
 
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 EL Loa, vapor artillado planes y ejecucíón de hundimiento

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Renzo Castillo
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MensajeTema: EL Loa, vapor artillado planes y ejecucíón de hundimiento   Vie Jul 03, 2015 9:24 am

El Vapor Loa
Fue un buque de transporte armado de Chile que participó en la Guerra del Pacífico. Fue construido por John Reid & Co., Glasgow
Buque de la CSAV que fue cedido en arriendo a Chile durante Guerra del Pacífico, de acuerdo al Convenio de subvención de 5 de mayo de 1874, a un costo de 18 mil pesos mensuales, el 12 de mayo de 1879, junto con el Rímac y el Itata.
Características Generales
Su casco era de hierro y su propulsión a hélice. Tenía dos máquinas compound invertidas fabricadas por Blackwood & Gordon Co, Glasgow.

Se le artilló con dos cañones Armstrong de 6 pulgadas y el 2 de octubre de 1879 se le agregó un cañón de 150 libras que había pertenecido a la corbeta Abtao.
Operaciones Bélicas
Fue armado como lo que hoy se considera un crucero auxiliar. Su primera comisón fue el transporte de tropas a Antofagasta en convoy que llegó a su destino el 22 de mayo de 1879.
Junto con el Copiapó formaron una división en agosto de 1879 que dio protección a los transportes que venían de Europa con armamento, municiones y vituallas, desde el Estrecho de Magallanes a Valparaíso.
Participó en el Combate naval de Angamos, donde la Marina de Chile capturó al monitor Huáscar.
En enero de 1880, se le dio el mando del buque al capitán de corbeta Guillermo Peña.
Durante el conflicto transportó 83 pasajeros en cámaras y 264 en cubierta.


INGENIERO. MANUEL J CUADROS
Jefe de la brigada torpedista, autor de un sistema de explosivos que los instalaba en torpedos fabricados con su propio peculio que se convirtieron en el terror de los invasores

Un héroe naval olvidado es el ingeniero peruano especialista en torpedos, Manuel José Cuadros, que tuvo a cargo la proeza, junto a un equipo de jóvenes marinos, de hundir sucesivamente, entre julio y setiembre de 1880, a las naves chilenas “Loa” frente a la bahía del Callao y “Covadonga” en el mar de Chancay, mediante tretas sencillas pero sumamente ingeniosas, que expresaban elocuentemente la inventiva de los peruanos para enfrentarse y poner fuera de combate a los invasores anglochilenos.
Las naves hundidas formaban parte de las embarcaciones encargadas del bloqueo chileno de los puertos de Chancay, Lima y Ancón, con la misión exprofesa de impedir el ingreso y el traslado de armas que realizaba la resistencia peruana de Lima a Huacho para abastecer a los grupos de patriotas que insistían en librar contra los invasores una guerra larga y prolongada.
El Perú había sufrido la pérdida de Tacna y Arica en batallas dolorosas y gloriosas. Los invasores se organizaban en las provincias del sur ocupadas para lanzar la ocupación de Lima, que tendría lugar al año siguiente en enero de 1881.
La brigada torpedista estaba conformada por el Capitán de Navío Leopoldo Sánchez, los Alféreces de Fragata Decio Oyague, Carlos Bondy, Gil Cárdenas y el ingeniero de torpedos formados en Alemania y Francia, Juan Manuel Cuadros, a la sazón de 32 años de edad, que tenía una larga experiencia de patriota combatiente, pues había participado a los 18 años en el Combate del 2 de Mayo de 1866 en el Callao contra la escuadra española
Cuadros era el inventor y constructor de un ingenioso sistema explosivo que los instalaba en torpedos fabricados por él con su propio dinero.
Los servicios de espionaje chileno habían sido informados que Cuadros preparaba un torpedo contra las naves que participaban en el bloqueo y que éste consistía en un artefacto de 300 libras de peso acondicionado en una lancha a vela cargada con comestibles, carneros, etc.; con un dispositivo de explosión consistente en un resorte aplastado por un bulto, que al ser levantado originaría una deflagración.
La información fue transmitida al jefe de la escuadra bloqueadora, capitán Jorge Montt y a los otros capitanes de la escuadra, incluidos los comandantes del “Loa” y “Covadonga”, con la consigna de torpedear a cualquier lancha con esas características.

En la mañana del 02, Cuadros y sus ayudantes lanzaron la lancha con el torpedo a ocho millas al norte del Callao con un mecanismo de explosión en la base de la lancha cubierto por un saco de arroz.
El día 03 de julio a las 17.00 horas, la lancha fue avistada por el “Loa”, comandada por el capitán de corbeta Guillermo Peña Urízar, quien a pesar de haber sido advertido de probables torpedos con esas características, ordena al teniente Pedro Martínez para que la aborde e inspeccione y éste luego de un revisión reporta que a su criterio no se trata de una trampa.
Peña ordena el levantamiento de la lancha y luego de ser colocada en la cubierta, ocho marineros procedieron a descargarla, mientras otros 60 en círculo observaban yde pronto al levantar el último saco de arroz, una potente explosión dio muerte a todos los que participaban, incluso a los que observaban la faena.
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La explosión causó un boquete de 14 metros de largo por dos de ancho y el hundimiento del “Loa” con sus 118 tripulantes, incluido el capitán Peña. El SOS fue recibido por una fragata inglesa, que prestaba asistencia a los invasores, y por otras de nacionalidad norteamericana, italiana y francesa, que en conjunto salvaron a 31 náufragos.
EL HUNDIMIENTO DEL LOA 3/7/1880
EL HUNDIMIENTO DEL LOA EL 3 DE JULIO DE 1880
En 1880 un grupo de torpedistas fue dirigido por el capitán de fragata Leopoldo Sánchez Calderón obedeciendo órdenes directas de Piérola. El hundimiento del transporte chileno Loa y la goleta Covadonga están relacionados con las actividades del ingeniero Manuel Cuadros Viñas , con quien Piérola debió contactarse a mediados de marzo de 1880 con la finalidad de preparar un torpedo ofensivo, dejando al comandante Leopoldo Sánchez que coordine los detalles de la operación. Vicuña Mackenna, definió muy bien la independencia de estos torpedistas de la Secretaría de Fomento:
"...El joven Cuadros, que preparó los torpedos del "Loa" y de la "Covadonga", no pertenecía a la división cosmopolita del ministro Echegaray, sino a una sección de voluntarios que trabajaban bajo la hábil dirección del subsecretario de marina don Leopoldo Sánchez, joven de distinguidos antecedentes, y a la que pertenecían el capitán Cortinez, el teniente de marina Oyague y otros entusiastas..." .
Como antecedente podemos señalar que en marzo el Comandante General de la Marina había pedido al Director de la Escuela Naval que dejase examinar a Cuadros los torpedos Harvey embarcados en el Marañón; esto debió ser para que tenga perfecto conocimiento de los mecanismos existentes para activar la carga explosiva. Para cuando la flota enemiga se presentó en el Callao, Cuadros debió estar terminando su torpedo y a mediados de abril éste fue trasladado a Ancón. Pero hubo un lamentable accidente: el 24 de abril, el mismo día en que murió el coronel Pedro Ruíz Gallo en el Callao, otra explosión en Ancón acabó con la vida del alférez de fragata Manuel Gil Cárdenas y cuatro marineros, quienes estaban en ese puerto para desempeñar "...una importante comisión de carácter reservado que le había sido confiada de orden superior..." . Esta importante comisión fue el tratar de operar el bote torpedo preparado por el señor Manuel Cuadros. La explosión debió ser de consideración pues la noticia no pudo ser ocultada a la prensa pero, a diferencia del caso del coronel Pedro Ruiz Gallo, la censura se encargó de eliminar cualquier mención a los torpedos; en el periódico La Patria se anotó lo siguiente:
"...!Zambomba! y estalló la pólvora. No sé en que asuntos de dinamita andaban en una fábrica de Ancón que voló por los aires la fábrica y las casas del derredor, dejando un espantoso espectáculo para todos los curiosos que desde ayer han ido al puertecito a observar los escombros..." .
Lejos de amilanarse con el desastre del 24 de abril, el comandante Leopoldo Sánchez insistió en el asunto, buscó a Cuadros y le hizo saber que seguía interesado en su trabajo. Cuadros aceptó hacer un segundo torpedo y comenzó a fabricarlo. Este segundo aparato estuvo listo a principios de junio y sin pérdida de tiempo se dispuso aplicarlo sobre algún buque enemigo con el siguiente plan: el torpedo se colocaría en un bote repleto de víveres y su carga se activaría al retirarse uno de los sacos de alimentos. El comandante Sánchez trazó su plan: la lancha torpedo zarparía del Callao y luego burlaría el bloqueo sin ser visto, debiendo regresar poco después del Norte, simulando ser una lancha de víveres que se dirigía hacia el Callao, dejándose descubrir intencionalmente por el enemigo para que se lance en su persecución, la capture y se produzca la explosión del torpedo.
De acuerdo a este nuevo plan, el 2 de julio se recogieron los explosivos de la estación de Infantas y se llevaron al Callao. La carga explosiva se colocó en la presa Adelaida Rojas y se preparó el torpedo tomándose todas las medidas de seguridad posibles, operación que duró hasta las 18:00 y en las que intervinieron Manuel Cuadros, el ingeniero Desmaison, el operario de la Factoría Naval de Bellavista Joaquín Sotelo y el carpintero José Chumpitasi. Cuadros relató en su informe presentado al Subsecretario de Marina que esta operación no fue sencilla:
"...Después de revisar algunos tropiezos imprevistos, procedía a cargar el aparato, efectuándose dicha operación al costado de la barca "Adelaida Rojas" cuyos tripulantes y armamento fueron previamente trasbordados a un pontón, para ponerlos a cubierto, caso de un siniestro; con el mismo fin ordené se mantuvieran distantes las embarcaciones que contenían el cargamento, pues el mal estado de la dinamita hacía peligrosísima la operación; felizmente a las 6 has p.m. todo quedó enteramente terminado y entregué la balandra completamente lista a las personas designadas..." .
Estando todo listo se esperó la noche para que el alférez Bondy pueda zarpar amparado por la oscuridad, a las 22:00 salió la balandra cargada de víveres y el torpedo, remolcada por un bote y comandada por el alférez Bondy, llevando como auxiliar al teniente Juan Quintana, antiguo Segundo Jefe de la Estación de Vigías de la isla San Lorenzo, y a los matriculados Morales y Arca que tripulaban el bote. La comisión de los torpedistas resultó un éxito pues concluyó con el hundimiento del transporte Loa. El siguiente es el Parte del alférez Bondy al Subsecretario de Marina sobre los pormenores del ataque al buque chileno:

"...El día 2 de los corrientes recibí de US orden de zarpar del puerto del Callao a cargo de una embarcación a la vela y con instrucciones de forzar el bloqueo al amanecer del día 3 manteniéndome a la vista de la escuadra chilena, con el propósito de que el buque de guardia capturase la embarcación que se me había confiado.
Estando al Oeste del puerto y a 5 millas de los buques extranjeros fondeados en la bahía, me faltó completamente la brisa a las 3 hs a.m., por cuya circunstancia tomé a remolque la lancha con la pequeña embarcación de que disponía y resolví fondearla, pues estaba expuesto a ser cortado por cualquiera embarcación enemiga, y no contando sino con tres hombres, y separado de la costa por una distancia de 7 a 8 millas era imprudente continuar alargando la distancia en esa dirección. De acuerdo, pues, con la opinión unánime de los que tripulaban la lancha, nos dirigimos a tierra a las 9 hs 50 m a.m. a tomar órdenes.
US teniendo en consideración todo lo sucedido, me ordenó dirigirme nuevamente a la lancha apartando de ese modo la intención de remolcarla hasta tierra para aprovechar su cargamento. La maniobra mandada por US fue ejecutada por el que suscribe saliendo a las 3 h p.m. y obtuvo desde luego los buenos resultados que se podrían esperar de una medida tan hábilmente combinada. Al apercibirse el "Loa" que me dirigía a la lancha, puso proa a ella, arrió una de sus embarcaciones, la remolcó hasta su costado y a las 5 hs 15 ms p.m. principió a descargarla volando en seguida. 
Antes de terminar séame permitido dar las gracias a US por haberme honrado eligiéndome para llevar a cabo una comisión que ha sido coronada por el éxito más completo aunque no contaba para su buen desempeño sino con mi ardiente deseo de ser útil a mi país; pero obedecía a las órdenes y consejos de US y estaba además secundado por tres patriotas de corazón, el señor Juan Quintana de la Estación de Vigías y los matriculados José Morales y Manuel Arca y a su abnegada cooperación se debe todo el resultado obtenido.
Espero que US se servirá poner en conocimiento de SE el Jefe Supremo el animoso comportamiento de las tres personas que me han acompañado en la ejecución de un proyecto que ha dado por resultado la pérdida total de un buque enemigo con todos los valiosos elementos que contenía..."

RELATOS DE TESTIGOS:

Diario “La Estrella” de Panamá, difundió la siguiente carta de su anónimo corresponsal en Perú (sobre el hundimiento del "Loa")

Lima, Julio 6 de 1880“Lima, Julio 6 de 1880 Como a las 5.30 P. M. del día 3 del presente mes, cuando las calles de Lima estaban llenas de gente que se dirijian a comer a sus respectivos hoteles, se hoyó una terrible detonación del lado del Callao, i al instante se hicieron millares de conjeturas relativas a la causa que la produjera. Veinte minutos después, un telegrama recibido aquí anunciaba que el trasporte chileno Loa había sido echado a pique por uno de nuestros torpedos. Este despacho se ha confirmado después. Ocho minutos después de la esplosion el buque se hundió. Cuarenta hombres solamente fueron salvados por algunos de los buques neutrales que se encontraban mui cerca del lugar del desastre. La historia de este incidente de la guerra es mui curioso por la injeniosidad que se ha desplegado, i me propongo relatarla en unas pocas palabras. Desde que la escuadra enemiga está en las costas del Perú, ha podido notarse que los oficiales y toda la tripulación en general, son muy adictos a las frutas y legumbres, y de que no se cuidaban mucho de distinguir los botes de los buques mercantes que hacen el mercado y los botes de los peruanos que vienen de tierra. Con este motivo un oficial que se había fijado en esta circunstancia, maduró al fin un proyecto del cual se propuso sacar alguna ventaja. Dicho proyecto lo realizó así: consiguió una lancha a propósito para su objeto, en el fondo de la cual colocó un torpedo, y sobre él hizo construir un piso falso, bastante cerca al fondo de la lancha, el cual apoyó sobre resortes. Luego cargó la lancha con un escogido surtido de camotes, yucas, chirimoyas, granadillas, gallinas, pavos, legumbres de todas clases, etc., etc., i remolcándola a fuera en dirección a la escuadra enemiga, antes de amanecer, la soltó de su cuenta, cuando ya lo juzgó en buen lugar. Todo el día flotó esa lancha por su cuenta, pero los chilenos no la pudieron ver hasta eso de las 5 P. M., hora en que se pensó por los peruanos mandar un bote en su busca para evitar que cayese en manos de los neutrales.El “Loa” estaba de guardia, y al notar que venía un bote de tierra hacia los buques neutrales, notó también la presencia de la lancha y en el acto se dirigió a ella. El bote de tierra al ver esto, se regresó con precipitación. El “Loa” mandó dos botes en busca de su presa, los cuales la condujeron a su costado e inmediatamente principiaron a descargarla. A medida que se sacaba la carga el peso disminuía, el falso piso se alzaba y los resortes en que se apoyaba, que estaban en conexión con el torpedo, iban quedando en libertad para producir bien pronto su esplosion.Repentinamente ésta tuvo lugar, y los efectos fueron desastrosos. Las 300 libras de dinamita hicieron casi levantar al “Loa” de sobre las aguas. Los que de tierra espiaban con ansiedad las operaciones del “Loa “, dicen que el resultado fue terrible. Todas las casas del Callao se estremecieron y los buques todos temblaron como si hubiese ocurrido algún sacudimiento natural en el mar. El buque volado apareció primero envuelto en una gran masa de fuego, que poco a poco se convirtió en densa columna de espeso humo, i vióse después al “Loa” claramente como si nada le hubiera sucedido, pero de pronto su popa comenzó a hundirse con prisa i el buque todo se precipitó en el fondo del mar, desapareciendo para siempre!Mientras esto tenia lugar, el “Blanco Encalada” y el “Huáscar” permanecían en sus posiciones, a unas ocho millas de distancia, demasiado léjos para prestar ninguna clase de ausilios a sus desgraciados camaradas que quedaron nadando para salvarse. Los botes de la Thetis, Penguin, Alaska, Decrés i Garibaldi fueron enviados prontamente al lugar del desastre. Los de los primeros dos mencionados lograron salvar a 30 individuos; el Alaska uno, el Decrés tres o cuatro i el Garibaldi seis, componiendo entre todos un total de 40. De éstos es probable que muchos mueran. Han perecido por lo ménos 150 hombres. Los únicos oficiales salvados son: el 2° jefe, herido, el médico i uno de los ingenieros.Cualesquiera que sean las opiniones que se formen respecto a esta manera de guerrear, son los chilenos quienes ménos se pueden pronunciar en contra. Ellos fueron los primeros en ponerla en práctica cuando en la madrugada del 10 de abril último enviaron una lancha-torpedo con el intento de hacer volar la “Unión” en momentos que sus oficiales i tripulación no se imaginaban que tenían tan cerca al enemigo. Si la Union se hubiera hundido, sus 200 hombres habrían perecido del mismo modo, que por consecuencia de un buen meditado golpe, han perecido los del “Loa”. Pero el deber de vuestro corresponsal no es tanto moralizar como describir los hechos.Algunos de los buques neutrales tratan la cuestión de salirse del puerto del Callao, por temor a los torpedos.EL CORRESPONSAL
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Jonatan Saona
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MensajeTema: Re: EL Loa, vapor artillado planes y ejecucíón de hundimiento   Vie Jul 03, 2015 12:43 pm

Parte de Leoncio Señoret sobre el hundimiento del Loa

A bordo del Blanco Encalada, rada del Callao, julio 4 de 1880.
Señor Comandante en Jefe:
Tengo el honor de poner en conocimiento de V.S. los hechos acaecidos ayer en la tarde, que trajeron por resultado la pérdida del crucero Loa.

A las 4 P.M. se puso señales desde el Loa al buque insignia, anunciando una lancha al noreste, e inmediatamente nos dirigimos sobre ella con intentos de reconocerla. Después de 45 minutos de marcha y estando el Loa sobre 14 brazas de agua, ordenó el comandante que la segunda canoa al mando del teniente Martínez fuese a reconocer la embarcación avistada, trayéndola a remolque al costado del Loa.

De regreso a bordo, el teniente Martínez expresó al comandante sus sospechas respecto de esa embarcación, pues creía posible que su descarga ofreciera algún peligro al buque. Ya el oficial de guardia, piloto 2º señor Pedro E. Stabell, había hecho iguales observaciones; y otro tanto hizo el que suscribe, pues, como he tenido el honor de decirlo a V.S. verbalmente, las circunstancias bajo las cuales la embarcación fue reconocida, me inducían a temer fuese plan de un ataque sobre el buque que la apresase; aparejada de balandra y conteniendo un cargamento compuesto de frutos del país, algunas aves de corral y varios sacos de arroz; nadie la tripulaba, y al ser apresada se encontraba fondeada como a milla y media de tierra y con sus velas de viento, circunstancias difíciles de recibir una explicación satisfactoria. Tuvimos, sin embargo, la desgracia de no llevar nuestro convencimiento al ánimo del señor comandante Peña, quien ordenó se recibiese a bordo y bajo inventario el cargamento de la lancha, para ser puesto a disposición de V.S.

La descarga se hizo por el portalón de estribor a popa y se verificó sin novedad, hasta que, quedando sólo un saco en el fondo de la lancha, y en el momento de ser izado a bordo, se produjo una explosión con horroroso estrépito, abriendo parte del costado de estribor y maltratando toda la construcción del buque. De los hombres ocupados en la descarga de la balandra y de unos cuarenta marineros que se habían agrupado alrededor de la escotilla, varios fueron destrozados en el acto, quedando otros heridos, salvando milagrosamente el contador señor Ricardo Bordalí y el aspirante señor Florencio Guzmán C., que ahí se encontraban tomando inventario del cargamento apresado, lo mismo que el piloto señor Stabell, que inspeccionaba la operación de la descarga. El comandante Peña, tomado de lleno por la explosión del brulote, quedó privado de parte de sus ropas, quemado en un costado y malherido en la cara, lo que no le impidió dirigirse al puente a dictar algunas medidas propias del momento. Me encontraba en ese instante en el salón del buque, junto con casi todos los oficiales, terminando nuestra comida; y aunque algunos fueron heridos por las astillas de las mamparas, pedazos de espigas, vigas, vidrios, etc., pudimos salir a cubierta, donde adquirí inmediatamente el convencimiento de que el buque se hundía, pues se llenaba de agua la bodega de popa.

Al dar las órdenes convenientes para arriar y tripular los botes, pude constatar que sólo la segunda falúa se encontraba en buen estado, habiendo sido completamente destruidas las demás embarcaciones. Ese bote fue ocupado por un número excesivo de marineros, en quienes el pánico pudo más que la razón, y concluyó por darse vuelta, ahogándose la mayoría de ellos. La segunda canoa, que por fortuna no había sido izada, fue ocupada por los ingenieros 2º y 3º señores Juan Craig y Andrés Duncan, y otros 13 individuos; todos los cuales se salvaron sin mayor peligro, habiendo sido recogidos por el crucero Amazonas. Debo también decir a V.S. que en ese momento se encontraba en comisión, fuera del buque, el tercer bote y en él el aspirante señor Enrique Guimper, ayudante de contador señor Carlos Prieto Z., maestre de víveres señor José 2º Cortés y cinco hombres de tripulación, todos los cuales se encontraban a bordo del transporte Lamar.

Perdida toda esperanza de salvar la tripulación en botes, concreté mis esfuerzos a repartir salvavidas a aquellos que más lo necesitaban, ordenándoles arrojarse al agua; y cuando vi que ya sólo quedaba en el puente el comandante Peña, fui a su lado y le insté a abandonar el buque antes que se sumergiera. Se negó a ello terminantemente, y viendo la inutilidad de mis esfuerzos, abandoné también el buque, segundos antes que éste se perdiera por completo.

La sumersión se verificó, más o menos, a las 5.30 P.M.; y el tiempo transcurrido desde la explosión del brulote al sumergimiento del buque, no puede haber sido más de cinco minutos, datos en que concuerdan todos aquellos con quienes he hablado al respecto. La gran prontitud con que el Loa se fue a pique se explica, porque el boquete abierto por la explosión permitió la entrada del agua, no sólo a la bodega de popa sino también a un pañol de la máquina, que en esa parte del buque alcanzaba hasta el costado mismo, lo cual no permitió surtiera sus breves efectos el mamparo divisorio de ambos compartimentos.

El Loa se sumergió en 17 brazas de agua, como a dos millas de tierra y las extremidades de sus palos son aún visibles fuera de la superficie.

Permanecimos en el agua más de hora y media, en cuyo tiempo perecieron muchos de los que salvaron de la explosión; entre éstos debo mencionar al señor comandante don Guillermo Peña, quien, debilitado sin duda por la pérdida de sangre, murió a pesar de estar asido a uno de los muchos maderos que ahí flotaban.

Tomados por los botes enviados a recoger náufragos por los comandantes de los buques de guerra neutrales y más tarde por la portatorpedos Fresia y otros botes de la escuadra, que desde el primer momento se dirigieron al lugar del siniestro y al cual no pudieron llegar antes por la gran distancia que tenían que recorrer, me tocó en suerte ser recogido con cuatro individuos de la tripulación por los botes de la corbeta italiana Garibaldi, y me hago un deber de estampar aquí la expresión de mi más vivo reconocimiento por las atenciones de que fui objeto de parte del señor comandante y oficiales de ese buque y por las que los demás náufragos debieron a los oficiales de los buques de S.M.B. Thetis y Penguin, y del buque francés Decrés, enviados en botes a prestar los auxilios del caso.

Si es triste, señor Almirante, tener que dar cuenta de acontecimientos de esta especie, es satisfactorio poder establecer que en las horas de angustia pasadas sobre las aguas, la conducta de aquellos marineros a quienes su estado permitía prestar auxilios a sus vecinos, fue siempre generosa y desinteresada. Llamo particularmente la atención de V.S. al noble comportamiento del guardián 2º Valentín Valdés y marinero 1º Donato Castillo, a quienes deben su salvación varios oficiales y tripulantes del Loa.

Acompaño a V.S. la lista nominal de los oficiales y tripulantes del Loa que hoy están a salvo en los buques de la escuadra. No me es posible, por falta de datos, hacer una lista igual de los muertos; pero creo poder establecer con certeza que el número total de faltos entre oficiales y tripulantes sube a 118.

Los oficiales perdidos son los siguientes:
Comandante, capitán de corbeta señor don J. Guillermo Peña.
Guardiamarinas: señor don Luis V. Oportus, don Juan E. Fierro y don Manuel Huidobro.
Ingeniero 1º señor Emilio Cuevas, que se encontraba a bordo en calidad de depósito.
Ingeniero 4º señor Samuel Shearer.

Dios guarde a V.S.

LEONCIO SEÑORET.
Conforme.- LUIS A. CASTILLO.
Al señor Ministro de Marina
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Jonatan Saona
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MensajeTema: Re: EL Loa, vapor artillado planes y ejecucíón de hundimiento   Vie Jul 03, 2015 12:44 pm

Parte de Leopoldo Sánchez Calderón sobre el hundimiento del Loa

Lima, julio 4 de 1880
Señor Capitán de navío. Secretario de Estado en el Despacho de Marina

Señor Secretario:

Honrado por S.E. el Jefe Supremo con la comisión de llevar a efecto el plan de echar a pique a uno de los buques chilenos empleando el ingenioso aparato inventado por el señor Manuel F. Cuadros, a pesar de que por un incidente desgraciado se frustró en Ancón el 24 de abril último el primer proyecto, me dirigí nuevamente a este señor y haciéndole saber que S.E. tenía fe en el buen éxito de la aplicación de su torpedo y que me había autorizado para ponerlo en práctica, me puse de acuerdo con él y con anuencía de V.S. se procedió a construir en factoría de Bellavista otro aparato igual y terminado, nombré al alférez de fragata graduado Carlos Bondy, quien con la mayor decisión y entusiasmo aceptó el peligroso encargo de conducir a la vista del enemigo la embarcación portadora del aparato.

Este oficial eligió para salir de la caleta próxima a la punta denominada Doña Pancha, y en consecuencia buscamos una lancha en el Callao, la que fue remolcada hasta ese lugar por los matriculados José Morales y Nicolás Arca con un bote pequeño que debía servirles para salvar cuando el enemigo se dirigiese a tomar la lancha.

El 11 de junio puse en conocimiento de S.E. y de V.S. el plan concertado y me dirigí por tren extraordinario a Infantas en unión del señor Cuadros, del alférez Bondy, del guardiamarina don Luis Olivera a quien llevé para cualquiera comisión que se ofreciera, al mecánico Juan Bianchi y del carpintero José Chumpitasi que habían trabajado en la Factoría Naval en la construcción del aparato y debían colocarlo dentro de la lancha. En Infantas nos proporcionó entusiasta y desinteresadamente don Julio Tenaud los medios de trasladarnos a la caleta y al llegar a ella a las 5 h p.m. encontramos a los dos matriculados en el botecito, quienes dijeron que la lancha había sido llevada por equivocación, más al norte. Se les dio orden de traerla al día siguiente al primer lugar y regresamos a Infantas y el que suscribe regresó a Lima esperando que llevaría a cabo la salida de la lancha en las primeras horas del 13.

Por el adjunto parte del señor Cuadros, fecha 17 verá VS que fue impracticable la operación de preparar el aparato y embarcar los víveres y se desistió de intentar la salida por caleta quedando abandonada en tierra la lancha y roto el bote en el que corrieron riesgo de ahogarse el señor Cuadros y el ingeniero don Daniel Desmaison quien con una decisión que le honra se prestó voluntariamente a cargar el aparato.

Vistos estos inconvenientes, decidí que la salida de la lancha se hiciera del Callao burlando la vigilancia del enemigo, como había ya sucedido antes y aparentando después venir del norte. El 2 de los corrientes trasladada de Infantas la carga al Callao, se condujo al costado de la presa “Adelaida Rojas” y se preparó y cargó con dinamita el aparato colocado dentro de una balandra, encargándose de esta peligrosa operación el señor Cuadros, el ingeniero Desmaison y los operarios Joaquín Sotelo y Jose Chumpitasi, quedando terminada a las 6 h 30 m p.m. La balandra zarpó a las 10 h p.m. remolcada por un bote y comandada por el alférez Bondy llevando como auxiliar a don Juan Quintana 2º Jefe de la Estación de Vigías quien con entusiasmo aceptó esta comisión y había tomado parte en la anterior; los matriculados Morales y Arca tripularon el bote.

El 3 amaneció el horizonte nublado por el norte y sólo a las 10 h a.m. vino a despejarse, y entonces fui con el señor Cuadros al torreón de vigías del Arsenal y pudimos avistar con el telescopio instalado allí una balandra a la vela destacándose al norte por entre los islotes Pescadores y fuera de los buques neutrales, era la que habíamos despachado. Todo la Escuadra bloqueadora permanecía en su fondeadero del cabezo de San Lorenzo. Viendo que la balandra permanecía estacionada dejamos ese observatorio y nos dirigimos al muelle dársena, allí vino a encontrarnos el alférez Bondy y nos manifestó que por falta de brisa y la mucha marejada no había podido avanzar más al Oeste, encontrándose además la gente cansada, que se habían quitado los seguros al aparato y pedía órdenes; se las di para que regresara y tratase de remolcar la balandra y le previne que si durante el resto del día no se dirigía el enemigo a tomarla, la llevara a fondear cerca de tierra e intentara al amanecer ponerla a la vista del buque chileno de ronda.

A las 4 p.m. establecido nuevamente con el señor Cuadros en el torreón del Arsenal, noté que el “Loa” se había desprendido del cabezo de la isla y avanzaba lentamente en demanda de la balandra y minutos después se podía distinguir claramente con el telescopio que el tope del “Loa” señalaba con la mano la embarcación y que un grupo de gente se dirigía al castillo de proa y aun se veía a la persona que iba sin duda a dar parte al Comandante. Desde este momento confié en que la balandra sería tomada y consideré perdido al “Loa” cuando vi que arriaba una falúa la que se dirigió en seguida hacia la balandra. En el acto hice telegrama a S.E. avisándole lo que ocurría. Llegada la embarcación enemiga al costado de la nuestra dio la vuelta alrededor de ella al parecer reconociéndola y momentos después la abordaron, y orientando sus velas se encaminaron al “Loa”. La balandra pasó por la aleta de estribor de este buque y se perdió de vista ocultado por él. Desde este instante nuestra ansiedad fue grande y las tripulaciones de nuestros buques y muchos de los vecinos del Callao que habían presenciado la caza esperaban un desenlace. Por mi parte abrigué por un momento la esperanza de que la balandra fuese llevada al “Blanco Encalada”. A las 5.30 p.m. una enorme masa de agua y negro humo se elevó del costado de estribor del “Loa” a gran altura, oyéndose algunos segundos después una fuerte detonación. El transporte herido dio un vivo balance hacia babor y reclinándose después a estribor se fue hundiendo de popa; siete minutos más tarde su casco había desaparecido por completo, quedando sólo fuera del agua la extremidad de sus palos a los que se aferraban varios de sus tripulantes.

El éxito más feliz había coronado la perseverancia y los esfuerzos de cerca de tres meses, el señor Cuadros, a quien algunos miraban con recelo desde el siniestro de Ancón, había obtenido un triunfo con su invento, y me es grato consignar en este oficio que la confianza que S.E. ha tenido en el éxito desde que conoció el aparato ha contribuido en mucho a la realización del acontecimiento de ayer…

El señor Manuel Cuadros, cuya feliz imaginación concibió el ingenioso mecanismo al que debe el enemigo la pérdida que ha sufrido ayer de un transporte bien artillado y con un valioso cargamento, suceso que ha venido a retemplar el ánimo de todos los peruanos de esta Capital y del Callao después de las infaustas nuevas recibidas del Sur, se ha hecho acreedora las consideraciones del gobierno y a la gratitud del país, pues no ha trepidado en exponer su vida en la peligrosa operación de preparar un torpedo que casi le es fatal en la primera explosión. El ingeniero Desmaison, auxiliar abnegado en el acto de cargar el aparato, ha probado su patriotismo. El alférez de fragata Bondy, el jefe de vigías Quintana que por segunda vez ha sido nombrado para una comisión de esta naturaleza no obstante de haber presenciado la catástrofe de Ancón, y los matriculados Arca y Morales, que por tres veces han salido del Callao merecen también las consideraciones del gobierno pues han sido los que han presentado al enemigo el ingenioso torpedo que él mismo se ha aplicado siguiendo sus instintos de rapacidad y que le ha sido fatal.

El costo total de gastos en la preparación de este torpedo y el de Ancón, inclusive la compra de embarcaciones y de víveres no llega a mil soles en plata y el enemigo ha perdido más de cien vidas y por lo menos medio millón de pesos fuertes.

Dígnese V.S. señor Secretario, poner este parte y los adjuntos en manos de S.E. el Jefe S. a fin de que tenga conocimiento exacto de la manera como se ha llevado a cabo el plan por el que ha manifestado tanto interés, que confió a mi dirección y que V.S. también ha patrocinado con empeño.

Dios Guarde a US
Leopoldo Sánchez

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Documento publicado en el libro "Las Fuerzas Sutiles y la defensa de costas en la Guerra del Pacífico" de Francisco Yábar Acuña.
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