Páginas Heroicas

Páginas Heroicas de la guerra del salitre 1879. Foro de debates dedicado al tema de la guerra entre Chile, Perú y Bolivia; y otro temas relacionados....
 
ÍndiceÍndice  CalendarioCalendario  FAQFAQ  BuscarBuscar  MiembrosMiembros  RegistrarseRegistrarse  Conectarse  

Comparte | 
 

 La derrota chilena de Calama (escrito por Daniel Riquelme)

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
Jonatan Saona
Cabo
avatar

Mensajes : 400
Fecha de inscripción : 29/06/2014
Localización : Perú

MensajeTema: La derrota chilena de Calama (escrito por Daniel Riquelme)   Dom Ago 17, 2014 1:15 am

Texto publicado por Daniel Riquelme en sus "Cuentos Militares"

LA DERROTA DE CALAMA
La división del coronel Sotomayor acababa de internarse en el desierto en demanda de las fuerzas bolivianas que se habían atrincherado en aquel paraje.
Pero la columna expedicionaria no iba a medio camino y ya la impaciencia quería tener noticias de sus resultados, alimentándose de invenciones.
Los rumores eran, almuerzo, merienda y cena. Y como la Comandancia de Armas pasaba en un continuo desmentir antojos, la gente contrariada, comenzó a desconfiar de ella. ¿Cómo era posible que nada supiera? ¿Habria ocurrido alguna desgracia?

En un buen dia estalló la noticia de que el esperado combate se peleaba en esos instantes en el lugarejo de Calama. Desgraciadamente, nadie tenia pormenores.
Se acudió a la Comandancia, pero esta oficina juró o perjuró una vez más que nada sabía.
Esto era ridículo. ¡Algo ocultaba! y si ocultaba. .. ¡era claro! Sólo se ocultan las malas noticias.

Los vecinos se agrupaban en la plaza y en las calles, formando agitados remolinos. Quien sabía que Sotomayor quedaba prisionero: quien que mal herido, y éste rebatía a aquél, y el otro al de más allá; pero eso si, todos estaban firmes de que el Gobierno ocultaba.

En esto se oyó por el lado de la plaza un ruidoso alboroto. Una inmensa poblada escoltaba casi en hombros a un soldado del Cazadores.

Y contabase que acababa de llegar de Calama,escapando milagrosamente de la matanza, aunque herido y maltrecho por la persecución y la fuga. La catástrofe quedaba confirmada, y esta nueva resonó en la ciudad.

Uno de los vecinos acababa de descubrir cerca del muelle, a ese soldado del glorioso Regimiento.

Encandilado el vecino con el tema de la derrota; parecióle que aquél venía precisamente de Calama..¿y qué otra cosa?
El sabía que en Antofagasta no habían quedado Cazadores. Además, éste estaba herido y andaba triste y acortado. iPobre! Tal vez imaginaba sería tratado como mensajero de tamaña desgracia: pero: ¿qué culpa tenía él, un infeliz soldado?
Todo esto y acaso la matanza entera vió como en una lámina el espíritu del vecino en el tiempo que tardó entre descubrir al soldado y llegar a la carrera a donde estaba.
-¡Miren en qué estado viene!-gritaba el buen señor. ¡Y cómo ha sido, amigo? ¿Cuántos muertos?

Y antes de que el roto volviera de este asalto de preguntas, ya el vecino había puesto en sus manos un puñado de pesetas -única cosa que el espantado cazador, pareció entender: pues sin mirarles la cara las sepultó en el bolsillo.
Y las voces atrajeron gente que en torno se fué agrupando.

En el trayecto procesional del muelle a la plaza y atando cabos, el roto habla podido coger, al fin; el hilo de aquel laberinto que tanto lo aturdiera al principio.
Sabía ya de qué pie rengaba aquella gente y entre corrido y risueño por la benevolencia de que era objeto, pero sobre todo bellaco, miraba en silencio a la multitud, eficazmente protegido hasta ahí por las preguntas que atropellaban a las respuestas.
-¿Cómo fué?-interrogaba uno.
-¡Qué cuente!
-¡Eso es, que cuente!-añadía otro.
-iPero, déjenlo que hable!
Articulaba el roto a tropezones; al aclarar comenzaron los tiros por uno y otro lado; las balas hervían en la arena y los nuestros sin cesar un punto, cayendo como moscas.

Ojos menos preocupados habrían visto tan claro, que el guerrero trovador por algo escupía, tragaba y hacía mil nudos a la hebra de su relato: pero todo esto, si alguien lo advirtió, debió atribuirlo a la marejada de preguntas que le aturdía y a los recientes padecimientos del soldado.
Entonces se oía:
,-¡Qué descanse!
-iDéjenlo!
-iVean que no puede más!
-¡Y está herido!
y al creciente compás de estas lamentaciones, los bolsillos de la muchedumbre se vaciaban en manos del afortunado Moisés de las arenas del desierto y de las escopetas bolivianas.

A todo esto, como debe presumirse la noticia del Cazador derrotado había ido y vuelto a la Comandancia de Armas.
Peleábase en ella reñidísima batalla entre los oficiales y los grupos de paisanos que se sucedían de unos a otros.
-¡Digo a Ud., señor, que no ha llegado parte alguno! - gritaban aquéllos.
-¡Porque se oculta al pueblo la verdad¡ -vociferaban éstos.
-Pero ahí está el Cazador, que ha llegado y visto!... articulaban otros.

Se envió, a la plaza a uno de los oficiales con orden de conducir, muerto o vivo, al Cazador del cuento.
Con algún trabajo pudo éste abrirse paso al través de la muchedumbre.
-¿Tú vienes de Calama?-preguntó al soldado.
-¿Cómo nó, pues!
-¿Y cuándo y cómo fué el combate?
-Cómo lo tengo dicho: principió el tiroteo y los niños..
-¿Y dices que los muertos son...
-Sus doscientos mas que menos.
-Pero, ¿como doscientos?...
-¡Las cosas suyas!--dijo el roto, tratando ya con lástima al nuevo preguntón. Si no han muerto más es porque Dios no ha querido, desde que los cuicos asomaron por los boquetes de una tapia una ametralladora y a cada vuelta del molinillo quedaba la tendalada…
Al oir ametralladora, el oficial supo con quien se las había; pero como el pueblo cotejaba con fieras miradas, aquél se limitó a decir al subalterno en tono inequívoco de mando:
-¡Venga Ud. a la Comandancia!

El roto pareció vacilar: pero todos lo alentaron con gestos y palabras.
A la puerta del edificio el soldado preguntó al centinela, apelando a la masonería del compañerismo:

-Dígame, amigo, ¿quién es este caballero?
-Mi mayor Dublé, respondió el otro.
¡La erramos-debió pensar el Cazador: pues visiblemente perdió sus bríos al entrar a la sala.
Luego volvió el Mayor Dublé y dió principio a este solemne diálogo:

-Dices tú que vienes de Calama, que la división ha sido derrotada y que los muertos pasan…
-Si le he de decir verdad, mi Comandante, yo no me he movido de Antofagasta.
-¡Cómo¡-gritó el mayor, irguiéndose a toda la altura de su puesto y de su talla.
-Ud. lo ha de ver, pues, mi Comandante, agregó el roto: yo venia saliendo del hospital donde quedé por enfermo; apenas podía dar tranco cuando de repente se me vino un caballero, gritando: Toma, hijo!, y me pasó unas monedas y de ahi siguió diciéndoles a los que se acercaban a las voces:
-Este Cazador viene de Calama, miren en qué estado llega! y todos se pusieron a darme dinero y como se les metió el que yo habla estado en el combate, díles gusto, refiriendo lo que ellos mismos me preguntaban y decian, porque yo ignoraba que los niños hubieran sido derrotados.

Puede, presumirse el efecto que causó en el pueblo esta salida del Cazador, luego que fué conocida.
Los ánimos, cansados de aquel máximum de tensión patriótica que duraba ya tantas horas, se plegaron corridos pero aliviados, y cada vecino buscó su casa.

En cuanto al roto, no hay para qué decir si se hizo humo por una puerta excusada, a favor de los de la guardia, sospechando todos el triste fin que suele caber a los héroes por fuerza.

y aquí terminaría el cuento de la que por un día fué la derrota de Calama, si los mismos hechos no hubieran querido darle más digno remate.

La llegada del parte oficial del Coronel Sotomayor, otros acontecimientos y lo que más se debe creer, el interés de todos por olvidar la aventura de la cual ninguno escapaba como actor hicieron que apenas quedara en el pueblo memoria de ella.
Pero quiso la casualidad, que por esos días saliera el mismo mayor Dublé en comisión del servicio hacia un pueblo del interior.
A mitad de la jornada, detúvose la comitiva a la puerta de un ranchón que ofrecía algún reparo al sol y cansancio de la fatigosa marcha, pero no así, al parecer, al hambre y sed de los viandantes.

Mas acabó de confirmarlos en sus tristes sospechas la presencia de un soldado que salió a recibirlos en calidad de jefe del piquete destacado en ese punto.
Juzgaron que allí donde se paraba un soldado no había de haber ni agua para la señal de la cruz. Pero, en fin, quedaban siquiera bajo de sombra.
Luego sacó cada uno recado de fumar y liaban sus cigarrillos con el primor del que guisa su única vianda, cuando de pronto alzaron todos la cabeza, poniendo oído al viento que venía del interior.
-¡Ruido de platos!-cantó uno.

No cabían dudas; oíase claramente ese rumor sonoro y alegre, inconfundible con ninguna melodía para el viajero hambriento y molido.

Al cabo de rato se presentó el soldado, llevando sobre una tabla algunos comestibles y mucha cerveza, todo ello con la complacencia que distingue al roto que hace a sus jefes los honores de la casa.
Al retirarse, quiso el mayor Dublé pagar tan espléndida hospitalidad, manifestando a la vez con militar franqueza el asombro que le causaban los haberes de que gozaba un soldado, sobre todo en medio de aquellos yermos.

Excusó éste la paga, y respondió con malicia:
-¿Es que ya no me conoce, mi Mayor?
-A la verdad, hombre, no sé quién eres; pero creo haberte visto... ,
-Yo soy pues, señor, el Cazador de Calama, y esta cerveza es de los futres de Antofagasta, concluyó el roto, riéndose con los ojos..
Las erogaciones del vecindario de Antofagasta habían dado para todo eso y de sobra: pero la derrota de Calama no debe buscarse en la historia, sino en los recuerdos de aquel Cazador y de los muchos que se chasqueraron con él.
_____
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Raul Olmedo D.
Soldado
avatar

Mensajes : 151
Fecha de inscripción : 16/10/2014
Localización : Santiago, Chile

MensajeTema: Re: La derrota chilena de Calama (escrito por Daniel Riquelme)   Vie Oct 17, 2014 1:39 pm

Lo valioso de Daniel Riquelme es que escribe casi en el momento mismo en que trascurren los hechos, y no trepida - como vemos mas arriba - en burlarse de las costumbres y temores de sus propios connacionales.
     A poco de ocupado el litoral boliviano (no todo : solo el reclamado por Bolivia en las tratativas de los Tratados de 1866 y 1874) la opinión pública de Chile se encontraba totalmente desinformada.  No solo acerca de la marcha de los sucesos bélicos, sino también en relación a cualquier posible plan de acción a futuro.    Basta con revisar la correspondencia de los jóvenes oficiales y soldados movilizados - en las unidades que se encontraban ya en Antofagasta o en aquellas que aún permanecían en territorio nacional - para darse cuenta de que nadie sabía nada de nada.  Y que todos buscaban información.
     Por eso es que las mas pintorescas suposiciones encontraban eco en el rumor.   En las fechas que se cita - vale decir, en vísperas o simultáneamente a la ocupación de Calama, con la guerra ya declarada y el territorio litoral boliviano ocupado por completo - la teoría chilena mas recurrente señalaba que tropas bolivianas en gran número se aprestaban a avanzar sobre Calama y todo el sector que hoy llamamos San Pedro de Atacama.    De hecho, muchas disposiciones tácticas de esas fechas en el Ejército de Chile se orientaron a ese objetivo.
     Avance que jamás tuvo lugar, como sabemos.   Bolivia - o mas bien, Daza - optó por enviar sus tropas a Tacna, para actuar en conjunto con las fuerzas peruanas en la defensa de Tarapacá.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Renzo Castillo
Soldado
avatar

Mensajes : 146
Fecha de inscripción : 02/07/2014
Localización : Lima

MensajeTema: Re: La derrota chilena de Calama (escrito por Daniel Riquelme)   Sáb Oct 18, 2014 12:19 am

¿y la V división de Campero? ese es un tema tambien muy controversial y polemico que aun no se ha podido aclarar.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Raul Olmedo D.
Soldado
avatar

Mensajes : 151
Fecha de inscripción : 16/10/2014
Localización : Santiago, Chile

MensajeTema: Re: La derrota chilena de Calama (escrito por Daniel Riquelme)   Mar Oct 21, 2014 9:20 am

Es realmente un misterio.  No obstante de que existen relatos pormenorizados - diarios de campaña en la práctica - sobre las evoluciones de la V División en el Altiplano, no queda claro del por qué se ejecutó ese periplo interminable, durísimo, que costó vidas y esfuerzos terribles.  Para ir a ninguna parte.   Solo errar por ahí, casi sin rumbo.
      Ese vagar cubriendo distancias enormes, y cambiando de destino sin explicaciones, debe tener  - oculto en la historia - una justificación. Una orden, un propósito.    Lo merecen los soldados bolivianos que perecieron en esas soledades de hambre y necesidad.  También los que se suicidaron, que no fueron pocos de acuerdo al propio Campero
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Icaro Albanese
Soldado


Mensajes : 94
Fecha de inscripción : 16/12/2014

MensajeTema: Re: La derrota chilena de Calama (escrito por Daniel Riquelme)   Lun Mar 02, 2015 3:02 pm

Los defensores de Calama eran 135 en total, 9 civiles y 126 uniformados. De esos, 5 eran coroneles, 2 tenientes coroneles, 2 comandantes, 4 mayores, 2 capitanes, 25 tenientes y subtenientes, 3 sargentos, 3 cabos y 54 soldados. De estos últimos, el corneta Muñoz era chileno. Pero boliviano de corazón.
La lista me da sólo 100, así que en alguna parte debe haber un error por falta de información. Esos 26 que faltan en la lista de grados, ¿no será gente de Calama voluntaria? Me imagino que algunos patriotas deben haber defendido su pueblo, y no están en las listas por no ser de "importancia".
Los 9 civiles "importantes" están reconocidos: 5 eran abogados (no diré ninguna broma, aunque se me ocurre alguna...): Ladislao Cabrera, Valentín Navarro, Ricardo Ugarte, Lizardo Taborga y Manuel J. Cueto.
2 empleados públicos, José G. Santos Prada (Subprefecto de Calama) y Eugenio M. Patiño (Intendente de Policia). 
1 médico, Gregorio Saavedra.
1 contador, Eduardo Abaroa.

Todos sabemos la actuación de este último. Fue enterrado con honores por las tropas chilenas. Un oficial chileno de dedicó a juntar datos biográficos del héroe. Y en Bolivia supieron de él y su heroísmo por narraciones chilenas. 
Creo que sus palabras más importantes fueron cuando Ladislao Cabrera le sugirió que volviera a San Pedro, a juntarse con su familia. Su respuesta fue:
"Soy boliviano, esto es Bolivia. Aquí me quedo. Preferiría morir antes que huir como un cobarde".
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Jonatan Saona
Cabo
avatar

Mensajes : 400
Fecha de inscripción : 29/06/2014
Localización : Perú

MensajeTema: Re: La derrota chilena de Calama (escrito por Daniel Riquelme)   Mar Mar 24, 2015 2:44 am

Icaro Albanese escribió:
Los defensores de Calama eran 135 en total, 9 civiles y 126 uniformados. De esos, 5 eran coroneles, 2 tenientes coroneles, 2 comandantes, 4 mayores, 2 capitanes, 25 tenientes y subtenientes, 3 sargentos, 3 cabos y 54 soldados. De estos últimos, el corneta Muñoz era chileno. Pero boliviano de corazón.

Será el corneta Muñoz el de la foto? (extremo izquierdo)
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

Aquí algunos nombres de los bolivianos en Calama

RELACION de los señores Jefes, oficiales paisanos y tropa que han combatido en Calama el 23 de marzo de 1879

Doctor LADISLAO CABRERA
Ciudadano Eduardo Abaroa
Coronel Severino Zapata
Id. Fidel Lara

Id. Gaspar Jurado
Id. Juan Salinas
Teniente Coronel Emilio Delgadillo
Id. Graduado Pablo Sánchez 
Abogados, Ricardo Ugarte
Lizardo Taborga
Valentin Navarro
Manuel J. Cueto
Cirujano, Gregorio Saavedra
Comandante, Narciso Avilés
Id. Graduado Pedro Cavallero
Sargento mayor Juan Patiño
Id. José Dias
Id. Luis Laines
Id. Froilan Flores 
Capitan Francisco Zuñiga
Id. Miguel Palalo
Teniente 1° Nicanor R. Aramayo
Id. Braulio Vera
Id. Federico Andia
Id. N. Penacho
Id. Manuel J. Pedraza
Id. segundos Samuel Aramayo
Id. Manuel Luna
Id. Hermenegildo Villégas
Id. Alfredo Goblé
Subteniente Francisco J. Aramayo
Id. Horacio Lara
Id. Luis Villégas
Id. Manuel Cháves
Id. Manuel J. Gandarillas
Id. Segundo Altamirano
Id. Rodolfo Abaroa
Id. N. Burgos
Id. Abdón Jurado
Id. José R. Miranda
Id. Hilarion Torres
Id. Luciano Caballero
Id. Manuel Pereira
Id. Modesto Carrasana
Id. Avelino Aramayo
Sargento 1° Pedro G. Crespo
Id. 2° Laureano Pérez
Id. 2° Santiago Toro
Cabo 1° Jose Lino Alvares
Id. id. Manuel Vásquez
Id. 2° José Aparicio

Soldados.- Luis Villégas, Pío Salazar, Francisco Rodriguez, Márcos Arispe, Justo Cartagena, José Cruz, Zenon Machicado, Ceferino Llano, Toribio Cari, Eugenio Jerez, Demetrio Martínez, Cirilo Flores, Carlos Orellano, Norberto Corrales, Crispin Aván, Cornelio Chavorca, Juan de Dios López, Juan B. Maldonado, Plácido Pineda, Eloy Pereira, José Guerra, Santiago Astete, Ventura Velásquez, Mariano Pereira, José Manuel Colpa, Ascencio Villegas, Tomás Vargas, Mariano Curso, Martin Castillon, Francisco Morales, Manuel Bautista, Vicente Salvador, Bautista Celis.

Sub-prefecto de Atacama José G. Sántos Prada.- Intendente de id. Eugenio M. Patiño.

NOTA.- No se consigna los demás nombres, por no tener á la vista ningun documento que esprese el de los demás defensores.
************
Texto del libro "La Primera Pagina en la Guerra del Pacifico" de Ricardo Ugarte
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Jonatan Saona
Cabo
avatar

Mensajes : 400
Fecha de inscripción : 29/06/2014
Localización : Perú

MensajeTema: Re: La derrota chilena de Calama (escrito por Daniel Riquelme)   Mar Mar 24, 2015 2:48 am

Encontré una entrevista en el 50 aniversario del combate de Calama, realizada a un veterano boliviano


Entrevista a veterano boliviano del combate de Calama

Esta entrevista realizada por José A Deheza, fue publicada inicialmente en "El Diario" de Bolivia el sábado 23 de marzo de 1929. Sería nuevamente publicada en el suplemento "Nuevos Horizontes" de "El Diario" el 16 de marzo de 2013.
A pesar que contiene algunos datos inexactos, es interesante conocer esta versión de los hechos


"Juan de Dios Berna evoca la sublime epopeya de Calama
Por José A. Deheza.

Calama, ese lugar en que el coraje de un puñado de valientes ha levantado el más grande glorioso monumento, junto al histórico río, escuchamos de labios de uno de sus actores, Juan de Dios Berna, la relación hecha de recuerdos, de lo que fue la épica jornada del 23 de marzo de 1879. Es esa vieja e ignorada reliquia, que ni la edad, han podido hacer mella en su admirable estructura humana, no obstante de faltarle una pierna que le ha sido amputada a consecuencia de una herida ocasionada por la pisada de un caballo que cargó sobre él un “cazador chileno”.

–Tengo 67 años, – comienza el viejo– y soy en Calama el único sobreviviente de la tragedia del 23 de marzo.
–Todos han muerto o han desaparecido. Soy yo el único que existe de aquellos tiempos en que ofrecimos nuestra sangre y nuestra vida a la Patria. La primera sangre boliviana que se derramó en la Guerra del Pacífico, fue aquí, en Calama.

Yo he combatido a la edad de los 18 años, no cumplidos siquiera, como recluta, era simple soldado y formé en el piquete escogido por don Eduardo Avaroa, él era capitán y con ese grado entró a combatir a la cabeza de los 25 rifleros entre los que estaban los valientes muchachos Marquina y el Kari Kari, muy renombrados por su valor.

Por la escasez de rifles que entonces eran los Remington y habían muy pocos en la comandancia, a mi me dieron un fusil de cargar con cartuchos de pólvora y que los rompíamos con los dientes para preparar el tiro. Otros camaradas tenían fusiles de la misma clase y muchos otros escopetas de cargar con munición, como para cazar palomas.

–¡Por falta de armas hemos perdido la batalla, señor!. . .

Como calameño neto, yo tenía desesperación de pelear al lado de don Eduardo Avaroa, porque era muy querido por nosotros y era también calameño como yo.

El combate no ha sido precisamente en el Puente de Topáter como dice la historia. Tuvo lugar él a los 50 metros más arriba de dicho puente, en el lugar llamado “Polvorera” de la Compañía de explosivos, allí, en aquél paraje de la orilla del río (nos señala con el brazo tendido a la altura de la barba un lugar en que se notan antiguas edificaciones). Allí mismo había un horno de hacer pan y ahí nos atrincheramos con Avaroa, esperando que el enemigo intentara pasar el río, que entonces no era, como ahora, sin agua y escampado. Era más bien hondo y con mucha agua y cubiertas sus orilla de chillcas espesas que impedían vernos claramente con el enemigo.

El combate empezó a las ocho y media de la mañana del 23 de marzo de 1879, y terminó a las doce y media del día; combatimos durante cuatro horas.

Sabíamos que el enemigo había salido de la mina de Caracoles día antes, y desde las 6 de la mañana del 23 ya podíamos distinguir a las fuerzas chilenas en la lejanía. Era una masa enorme de hombres cuyas armas relucían al sol; avanzaba en columna interminable. La historia dice que sólo eran seiscientos y tantos soldados. No, señor, eran como mil o tal vez más. Nosotros contemplábamos azorados esas inmensas columnas que se acercaban más y más luciendo variados uniformes de colores rojo y azul. A retaguardia rodaban pausadamente muchas carretas cargadas de víveres, municiones y algunas piezas de artillería. Al mismo tiempo nos mirábamos entre nosotros pálidos de coraje y nos contábamos de uno en uno y no alcanzábamos ni a 150 hombres, en todo Calama.

Fuera, amigo, estamos fritos, nos decíamos; pero nuestro entusiasmo era tan grande, que nada nos importaba. Lo único que queríamos era esperar al enemigo y matarlo aún cuando hubiera sido a palos.

El comandante, el doctor Ladislao Cabrera, que era el jefe de todas nuestras fuerzas nos arengaba. ¡Hijos! No teman nada. Hay que contrarrestar a los enemigos aún cuando sean miles.

Avaroa, el más animoso de los oficiales, era el que nos alentaba. “Nada hay que temer, nos decía, yo moriré con ustedes, si es necesario moriremos todos y que los chilenos pasen sobre nuestros cadáveres".

A las siete de la mañana estaban muy cerca. Avaroa estaba de pie y a nuestra cabeza, eligió con 25 rifleros el sitio aquél donde estaba el horno de hacer pan y allí nos atrincheramos. En otro lugar se atrincheraban también otros pelotones, uno de los cuales formado de 30 hombres más o menos, estaba comandado por el teniente Pinedo, un muchacho muy valeroso.

Por fin llegó la hora del combate: eran las 8 y media y se inició con una salva de fusilería del enemigo. De nuestras diminutas filas salió un grito potente: ¡Viva Bolivia! ¡Abajo el invasor! ¡Adelante muchachos!

Como locos contestamos a los dos ataques chilenos. Mientras cargábamos nuestros fusiles, rompiendo los cartuchos con los dientes, recibíamos del enemigo una tostadera de 50 tiros, lo menos, que salían de sus armas modernas. Pero, cosa rara, con tanta descarga nutrida que recibíamos no teníamos ni una baja. Probablemente en las filas enemigas tampoco hacían blanco nuestros fusiles. Esto se debe, seguramente a que ambos combatientes tirábamos al acaso por la densidad de las chillcas que cubrían ambas orillas del río impidiendo vernos.

–¿Y el Puente?– preguntamos.
El Puente lo destruimos de antemano, justamente para dificultar el paso del enemigo. Así que en todo el campo de combate no había ningún puente, ni cosa parecida.

Los chilenos hacían uso de todas sus armas modernas y comenzaron a disparar sus cañones emplazados frente al pueblo para bombardearlo. En las orillas se abrieron grandes brechas y por ellos pudimos ver a los invasores. En nuestras filas no hubo ni un instante de decaimiento; el grueso del ejército chileno, sin perder tiempo, tendía el puente por donde debía pasar su ejército y caer sobre nosotros.

Es en ese supremo instante en que nos enloquecíamos de coraje, se desprendió el capitán Avaroa de nosotros y avanzando diez o veinte pasos, se encaró revolver en mano con el enemigo queriendo detener el avance. Daba vivas a Bolivia hasta que cayó herido. Intimado a rendirse, Avaroa que era todo un hombre, sonrió con ironía y fijando una mirada de fuego en el enemigo, se incorporó y chorreando sangre contestó:

¿Rendirme?. . . ¡Que se rinda su abuela, carajo...!!!

El enemigo procedió a concluir con la vida del héroe, al mismo tiempo que arreciaban las descargas contra el reducido núcleo de nuestras tambaleantes fuerzas mal armadas. Allí cayeron junto al capitán, los valientes soldados Marquina, el Kari Kari, un cobijeño y otro cuyo nombre no recuerdo. El teniente Pinedo cayó también en ese instante “caballo y todo”. En resumidas cuentas los que murieron junto al héroe del Topáter, eran de nuestra parte solamente cinco y de parte de los chilenos catorce.

A las cinco de la tarde fueron enterrados en el “cementerio del Topáter”, los cinco cadáveres bolivianos y los catorce de los chilenos. La ceremonia fue imponente. Llorábamos y todo el pueblo de Calama asistió al sepelio. El estado mayor chileno hizo cavar las sepulturas para nuestros soldados, en fila, se los enterró con sus propios vestidos de combate. En un lugar especial y como un honor se le enterró al héroe de la jornada, en un modesto cajón hecho a la minuta de pedazos de cajones y forrado con “choleta”, de color negro con franjas blancas.

–¿Otros recuerdos?
El venerable soldado del Topáter, visiblemente emocionado por los intensos recuerdos que nos relata, acepta nuestra insinuación.

–¡Oh!, si hubiéramos tenido siquiera 300 hombres armados como los chilenos, no pasan, señor, jamás, ni aún cuando hubieran sido dos mil.

Hubo un instante sin embargo, en que el fuego certero de los rifleros de Avaroa, puso en jaque a la caballería enemiga cuando se propagaba el incendio. Sus cabalgaduras se encabritaron cayendo muchos soldados chilenos, inclusive caballos para no levantarse más. Simultáneamente con el tronar de sus piezas de artillería el enemigo se habría paso en número superior a cuatrocientos y procedió a tender un puente sobre el río, mientras que el resto del ejército nos enviaba una lluvia de balas.

Después del combate, cincuenta cazadores chilenos se ocuparon de recorrer la orilla en que peleamos, buscando prisioneros para internarnos al sud de Chile.

Yo estuve oculto entre unas chillcas en compañía de cuatro camaradas con el propósito de retirarnos hacia el interior o ir a incorporarnos al grueso del ejército boliviano. Mis camaradas fueron; el corneta Cartagena, los soldados Aurelio Borjas, Benigno Reales y N. Sarmiento, este último, argentino voluntario. En tales circunstancias fuimos capturados por los cazadores chilenos para ser llevados después del entierro de los caídos, en carretas primeramente, hasta el mineral de caracoles, y luego a Antofagasta donde nos embarcaron en el Blanco Encalada en compañía de 49 prisioneros, rumbo al sud de Chile.

Como hicimos resistencia los cazadores chilenos se enfurecieron y atropellándonos con sus caballos nos sometieron. Es en ese instante que sufrí la fuerte pisada de un caballo que me fracturó el tobillo del pie izquierdo, de cuyas resultas se me produjo una fistula que me duró algunos años hasta que me amputaron la pierna.

El jefe chileno que dirigía las acciones en el Topáter era el coronel Celestino Ramírez, quien vino de Caracoles, ocupaba destacada posición durante el combate y parecía muy valiente.

Quedó en Calama al mando del ejército chileno el coronel Sotomayor, y hay que hacerle justicia, ningún abuso personal se cometió contra el pueblo indefenso.

Pocos días después, el coronel Sotomayor al mando de dos regimientos y un escuadrón de cazadores, se movilizó con la determinación de tomar los minerales de Huanchaca, codiciada por ellos. Pero Dios no lo permitió, pues al llegar a la posta “Tapaquilcha” y en el paso de “Los Callejones”, situado a 50 kilómetros más o menos de Ascotán, fueron victimados por los indios del lugar, cinco o seis soldados chilenos. En vista de esto y de haberles parecido difícil la hazaña regresaron a Calama. De esto nada dice la historia."
*********************
Texto tomado del Suplemento "Nuevos Horizontes" de "El Diario" disponible en eldiario.net
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Contenido patrocinado




MensajeTema: Re: La derrota chilena de Calama (escrito por Daniel Riquelme)   

Volver arriba Ir abajo
 
La derrota chilena de Calama (escrito por Daniel Riquelme)
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.
 Temas similares
-
» Y AYER SE FESTEJÓ DANIEL
» Derrota De Un Suicidio Imminente
» CADA SIETE OLAS, de Daniel Glattauer
» La derrota de la cultura.
» EL HADA CARABINA, Daniel Pennac

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
Páginas Heroicas :: Campañas de la guerra :: Campaña de Antofagasta-
Cambiar a: