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Páginas Heroicas de la guerra del salitre 1879. Foro de debates dedicado al tema de la guerra entre Chile, Perú y Bolivia; y otro temas relacionados....
 
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 Aviso sobre invasión de Pisagua

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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Sáb Nov 29, 2014 10:37 am

Pero muy resumida, estimado Jonatan
    Como sea, lo que busco es destacar el cúmulo de errores y de falencias que presentaron ambos bandos en esta campaña, que es la primera de la guerra.  
     Héroes y corazones valientes abundaron, ciertamente.    Pero buenos comandantes, dotados del llamado "golpe de vista militar", capaces de leer una batalla en desarrollo y adoptar las decisiones justas, o no los hubo en este período o no tuvieron el mando necesario como para adoptar decisiones trascendentes.
    Cáceres tuvo una buena oportunidad recién en Tarapacá, y la aprovechó bien. Albarracín, quien hubiera resultado clave para inspirar y contener a la caballería en Dolores, no estuvo presente.
     Lagos tuvo su primera misión, solo exploradora, después del 27.11.   Del Canto era sólo un mayor en esta campaña, aunque en la siguiente se le entregará el mando del 2° de Línea.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Lun Dic 01, 2014 9:38 pm

En la mañana del día 19 de noviembre, en definitiva, tenemos la siguiente situación en Dolores y oficinas salitreras aledañas :

     Las fuerzas aliadas, después marchar con bastante orden y disciplina - privilegiando la noche para sus desplazamientos - arriba a la oficina Porvenir, a media mañana, con las cerros San Francisco y Tres Cruces a la vista, hacia el norte, e inmediatos.   Y comprueba que las fuerzas chilenas se han hecho fuertes en tales preeminencias en número que no es fácil calcular desde su posición.
       No saben, ni tienen como saber, la distribución de fuerzas que ha dispuesto el CJ chileno, Escala, en el teatro global de operaciones.  Conque pueden suponer que el total de las tropas chilenas en Tarapacá se encuentra concentrado en Dolores (unos 11.000 h. calculan), con las últimas que retornan desde Santa Catalina terminando, a su vista,  de tomar ubicación en el cerro de San Francisco.
       Buendía y su JEM controlan la situación, y aparentemente (dado que los partes no lo expresan así con claridad) distribuyen sus fuerzas en la misma forma en que, horas mas tarde, se emprenderá el ataque sobre la posición chilena. 
       Hay diferencia de opiniones entre los jefes aliados.  Su contingente ha marchado toda la noche, y lo viene haciendo desde hace 4 días.  Buendía es de opinión de dar descanso a su gente, antes de lanzar el ataque. La alimentación, si no ha faltado, tampoco ha sido generosa durante la marcha.   Comer, beber y reposar le parece la opción adecuada al momento.
      Otros jefes están por el ataque inmediato sobre la posición chilena.  Quizás perciben que solo una parte de las fuerzas enemigas se encuentran concentradas allí, o que se están instalando, algunas de ellas, muy desordenada y precariamente.  O, incluso, han detectado el truco con que el comandante chileno pretende engañarlos.
      ¿ Cual es ese truco o intento de engaño ?   Lo dice Estanislao del Canto en sus "Memorias Militares" :   impresionados por la vista del ejército aliado que ven acercarse, y que suponen mayor de lo que es (lo estiman, también, en 11.000 h.)  - quizás engañados por las nubes de polvo que producen al desplazarse por el desierto - hacen ubicar en las laderas de ambos cerros, a la vista del enemigo que se aproxima, todo el ganado de tracción de la artillería de campaña (caballos), así como el de aquella de montaña (mulas), mas el de bagajes (caballares y acémilas) y las monturas de los jefes que no las utilizarán para combatir en sus ubicaciones en terreno elevado.  Y luego hacen montar en ellas a una cantidad similar de "mujeres y chiquillos" de los que acompañaban a la tropa.   Desde lejos, aparentarían ser tropas ocupando los cerros.  No hemos encontrado constancia de este procedimiento en ningún parte oficial, ni ha sido recogido por historiadores.  Pero si consta en la correspondencia privada de algunos pocos oficiales y distintos soldados que relatan, mas tarde, esta ocurrencia a los suyos.
      Que la presencia de mujeres y niños que estaban acompañando a la sazón al Ejército de Chile no pudo ser obviada en lo sucesivo - para efectos de despejar las operaciones militares y racionalizar el rancho y el agua requeridos - lo demuestra Daniel Riquelme en su relato "Adiós a Lurín", en que narra los sucesos previos al choque de Chorrillos y San Juan, el 13.01.81.

      ´Dejemos a los aliados dudando acerca de la mejor decisión táctica a aplicar (aunque con la orden de Buendía de descansar y prepararse para el encuentro el siguiente día vigente y en aplicación).
Debemos suponer que algunos jefes, en especial los que se pronunciaban sobre el asalto inmediato,  llevarían buenos anteojos de campaña que les permitirían detectar la simulación en comento.

        La fracción del ejército chileno presente en Dolores, por su parte, termina en esos momentos de reagruparse y procura corregir sus errores recientes :  una parte de las tropas enviadas a Jazpampa (el 3° de Línea) ya se ha reincorporado al grueso de las fuerzas y se ubica en el plano, en defensa directa del pozo de Dolores.  Otra parte (el 4° de Línea, el Atacama y la artillería de Salvo) terminan de retroceder, así como de trepar el cerro de San Francisco y toman su ubicación.  Mala, en el caso de la artillería, que no contempla el punto muerto para su fuego, mas allá del disparo por depresión.  
        Excepto los nombrados, el resto de las fuerzas hasta completar 6.000 h. se encuentran descansados, bien alimentados y dotados de agua, con munición a la mano. 

       Esto es muy importante  :  el que espera el asalto en sus posiciones (hablamos de 1879 y de armamento monodisparo)  tiene los cajones de munición de infantería a la mano, y gente preparada para distribuir cercanamente la munición de repuesto.  Por el contrario, el que va al asalto lleva la munición que cada soldado acarrea en sus cananas o morrales, e intenta, de alguna forma,  reamunicionarlos en avance, en pleno combate.   Ciertamente, una tarea bastante mas difícil que aquella del que es embestido.

       Asentemos aquí que el ejército de Chile no entendió - durante la campaña de Tarapacá - ese problema de reamunicionamiento en combate para el atacante.    Que en la siguiente campaña de Moquegua - o de Tacna y Arica - intentó abordarlo y corregirlo, sin éxito.  Lagos - el genio táctico chileno durante esa guerra - todavía habla informando sobre el Asalto y Toma de Arica, en junio del siguiente año 1880, de "150 tiros, suficientes para una hora y media de combate". 
        Lo que no tuvo nada que ver con la realidad del consumo de munición del armamento de infantería empleado por ambos contendientes durante esa guerra.
        Recién en la Campaña de Lima Chile implementa un sistema eficaz para renovar la munición del combatiente en plena lucha ofensiva.  Se demora, entonces, pero mejora.
     
        ¿ Lo hicieron los aliados,  o mas bien, Perú, luchando a solas después de Tacna y Arica ?
        No sabemos si hubo oportuna provisión de munición de repuesto a las tropas aliadas durante la batalla de Dolores.  Algunos de los partes de sus jefes hacen ver la carencia de munición en algún momento del combate, pero el punto no se aclara.
        En Tarapacá actuaron, al parecer, con la sola munición - ya muy escasa - que portaba cada combatiente.  Y terminada esa batalla, no tuvieron como reponerla.  Lo que constituyó la razón principal para su retirada, procurando salvar las tropas para futuros enfrentamientos.
        Pero luego de ello, solo esperaron el ejército enemigo en sus posiciones.  Con excepción del avance de las fuerzas de Cáceres y Suárez en Miraflores, no tuvieron el problema de reamunicionar a sus tropas de infantería avanzando en el campo en pleno combate.
 
       En Dolores, un detalle en el campo chileno a esa hora, con el enemigo a la vista, es relevante :  advertido por telégrafo de los acontecimientos en su cuartel de Hospicio, el CJ chileno inicia la activación para el embarque de casi todas las tropas de que dispone en esos momentos.  Y hacia las 14,30 horas, muy poco antes de que se inicie la batalla, parte el primer convoy (habrán dos) transportando un total de 3.500 hombre en refuerzo de la agrupación que se batiría en Dolores.   Escala había recordado, a esas alturas, que su misión en Tarapacá era enfrentar y destruir el ejército enemigo.  Y que para ello debía, idealmente, ser superior en número en el campo.  Y en consecuencia, concentrar sus fuerzas para ese enfrentamiento crucial.   Pasó a buscar al batallón Bulnes, que había quedado en Jazpampa, y llegó con una parte de esas fuerzas, a Dolores alrededor de las 18,00 cuando ya había cesado el combate.
      Si la batalla se hubiera diferido para siguiente día 20, entonces, Buendía habría debido enfrentar al grueso de las fuerzas chilenas presentes en Tarapacá.

      Revisemos los detalles del choque entre las fuerzas enfrentadas y su extraño desenlace.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Jue Dic 11, 2014 2:48 pm

Una "fe de erratas" parece insoslayable a estas alturas.
       He mencionado un par de veces el cerro Tres Cruces.  Y el nombre correcto es "Tres Clavos".  He estado allí como ocho veces, y no tengo explicación.
       El batallón chileno Coquimbo, que había sido enviado también a Jazpampa, volvió junto con el 3° de Línea y tomó su ubicación oportunamente en la llamada "ala izquierda" chilena, en el  cerro de San Francisco. Ello tiene importancia para enfatizar que, al momento de empezar la batalla, la totalidad de las fuerzas chilenas (6.000 h. aprox) al mando de Sotomayor formaban su Orden de Batalla.

        No es un error, sin embargo, afirmar - como lo he hecho mas arriba - que hacia media mañana del día 19.11 era el general Buendía el partidario de que las fuerzas aliadas reposaran y repostaran el resto de la jornada, para dar la batalla el siguiente día 20.   Me comentan a vía correo electrónico que Gonzalo Bulnes señala algo distinto en su conocida obra histórica, y tengo clara esa discrepancia.    No obstante, mi posición se afirma en los partes y escritos posteriores emanados tanto de Buendía como de Suárez, así como de otros jefes peruanos. Asimismo, de la apreciación de la conducta global de Buendía en esa campaña, y debo mantener mi aserto.

Bien.   La llamada Batalla de Dolores ( también "de San Francisco" y "de la Encañada") ha sido descrita repetidamente, y bien, por parte de distintos actores de ese hecho de armas. Y luego, por los mejores historiadores de los tres países involucrados.   No cabe, pues,  intentar una relación que supere lo conocido, pero si intentar un bosquejo esquemático que permita interpretar los sucesos de ese día.

         Para empezar, enfatizar en que - aunque se había diferido el choque para el siguiente día - el mando aliado dispuso una ubicación táctica de sus tropas que, al estallar sorpresivamente el fuego, permitió desarrollar un movimiento ordenado y fácil de entender :  una parte, su ala izquierda, a las órdenes de Suarez, enfrentaron a la derecha chilena ubicada en el cerro Tres Clavos, intentando envolver esa posición para alcanzar el pozo de Dolores. 
         Otra fracción, su ala derecha, a las órdenes directas de Buendía, enfrentó al ala izquierda chilena, procurando también envolverla para alcanzar el pozo desde el E., pero con una variación muy interesante :  percibió el ángulo muerto de la batería chilena mas avanzada hacia el S. - la de Salvo - y destacó hacia ella una avanzada para destruir esa artillería y hacerse fuerte en el cerro.   Una tercera agrupación, menor, quedó como reserva a las órdenes de Cáceres.  Los dos sólidos regimientos que la formaban no alcanzaron a batirse ese día 19, y van a estar muy enteros en el crucial encuentro de 8 días mas tarde en Tarapacá.
          Como resumen general podemos señalar que ni el ala izquierda aliada, mandada por Suarez, ni su ala derecha, bajo la conducción de Buendía, consiguieron su objetivo principal de alcanzar y dominar el vital pozo de Dolores.
          El eficiente fuego artillero chileno, con amplio y despejado campo de tiro, contuvo y luego desorganizó las filas a distancia.  Y aunque estas se rehicieron repetidas veces a la voz de mando de sus jefes, cambiando fuego de fusilería con la infantería adversaria que coronaba ambos cerros, en definitiva no pudieron superar la barrera establecida por la artillería y se retiraron al término de la batalla sin haber alcanzado el pozo.
          Distinta fue la actitud asumida por la infantería aliada que, al iniciarse el combate, había quedado a resguardo de ese fuego artillero por encontrarse bajo su arco de tiro.  Destacan entre ellas las compañías guerrilleras ( o cazadoras) de distintas unidades peruanas (Ayacucho y Puno) y bolivianas (Illimani y Olañeta).  Todas embistieron cerro arriba con toda decisión.   Sus jefes, ciertamente, tuvieron la visión táctica de captar que, si capturaban la posición artillera ubicada en ese lugar, podrían desde allí emplearse contra la infantería enemiga apostada en el mismo sector.  Y quizás, si capturaban las piezas de artillería, podrían volverlas contra el enemigo.
    Rechazada con mucha dificultad una primera tentativa, las fuerzas aliadas insistieron, reforzadas ahora por las unidades Lima N° 8 del Perú, y el Dalence boliviano.
    La batería Salvo, que era la atacada, vivió momentos desesperados porque, inicialmente, no contó con apoyo de infantería.  No obstante, las sucesivas embestidas aliadas posteriores pudo resolverlas con el apoyo de los batallones Atacama y Coquimbo, que llegaron entonces en su ayuda.

     Esta estampa de la guerra del Pacífico es ilustrativa, como pocas, de la precariedad de los mandos de ambos contendientes.  En el caso aliado, las fuerzas que con singular brío procuraban trepar la escarpada ladera sur del cerro San Francisco, lo hacían enfrentando el fuego de fusilería que les hacían, desde arriba, los artilleros con sus carabinas.  Y luego, la infantería llegada en apoyo con sus fisiles.  Pero, increíblemente, también recibían fuego desde su flanco izquierdo y por la espalda de su propia gente.  Sus sostenes, podríamos llamarlos.    Cegados por el humo y la confusión, esos combatientes sólo hacia fuego a bulto, hacia las formas y uniformes que divisaban confusamente mas adelante, sin reparar en que se trataba de sus propias fuerzas comprometidas en un asalto.
      En esos momentos tan comprometidos y difíciles, destaca un joven comandante - Ladislao Espinar - quien hizo esfuerzos desesperados y repetidos por renovar los asaltos y conducir a la tropa hasta la cima. Pagó con su vida ese derroche de valor.
      Los artilleros chilenos embestidos no fueron menos firmes, por su parte, y algunos de sus oficiales quedaron en el campo como testimonio de su determinación.
      Finalmente, los dos batallones chilenos, Atacama y Coquimbo, cargaron con toda su dotación cerro abajo, sufriendo las inevitables bajas pero exterminando a una parte de sus atacantes y obligando a retirarse del campo al resto, que se reunió con el grueso de las tropas de Buendía y se hicieron fuertes en la Ofician Porvenir, al S.E. de Dolores.   Allí se les reunió el contingente de Suárez, también en retirada, que no había podido llegar al contacto directo con el adversario, y la reserva intacta de Cáceres.  Lo anterior, en medio de un tremendo desorden que se tradujo, sin explicación coherente, en el retiro y fuga del campo de todo o casi todo el contingente boliviano, por una parte.  Y también de la caballería peruana, en forma inexplicable.
        Al caer la tarde, hacia las 18,00 horas, las tropas peruanas, sin caballería pero contando aún  con las 12 piezas de artillería con que había entrado en combate, se hacían fuertes en la oficina Porvenir.   Y el CJ chileno, recién llegado al campo de batalla al mando de refuerzos, y contando con otros que viajaban en tren hacia Dolores y se esperan en cualquier minuto, debe adoptar decisiones.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Jue Dic 11, 2014 6:39 pm

Con que tenemos que, a partir de las 15,oo horas, aproximadamente, cuando da inicio la batalla, y hasta las 18,00 - mas o menos - el ejército aliado se ha batido así :  su ala izquierda, bajo el mando de Suárez, solo a distancia mediante fusilería, con pocas bajas y sin poder transponer el muro de fuego que establece la artillería chilena a 1.000 o 1.200 metros.   Su ala derecha (Buendía) mayoritariamente en la misma forma, con la excepción de las 4 compañías guerrilleras y dos batallones que se ha indicado ( unos 1.200 a 1.400 hombres todo lo más) que si han luchado cercanamente al enemigo, llegando al choque de infanterías con arma blanca.   Y la reserva de Cáceres, que no tuvo oportunidad de batirse.
         Producto de órdenes contrapuestas y la agitación propia del combate, así como del rechazo de las compañías y unidades que han intentado asaltar el cerro y tomar la batería de Salvo en el extremo sur, el grueso de la tropa peruana se retira hasta la citada oficina Porvenir, con excepción de la caballería que fuga al galope.   La totalidad de las fuerzas bolivianas llanamente abandonan el campo, desordenadamente, y toman dirección del altiplano.
          Las tropas aliadas que, sufriendo fuego por la espalda de sus propios camaradas, asaltaron con vigor la batería Salvo y enfrentaron el recio cuerpo a cuerpo con los batallones "mineros" chilenos, se batieron bien.  Heroicamente, cabe decir, atendidas las condiciones descritas.  Con un crecido número de bajas, retroceden ante la embestida conjunta de los batallones Atacama y Coquimbo (unos 1.200 h.) y se retiran combatiendo.   Pero el resto de la masa combatiente aliada no ha llegado a ese choque, y solo ha sufrido fuego artillero y de fusilería a distancia.  Se retiran desordenadamente, sin embargo, hasta que son controlados (la tropa peruana) por sus jefaturas y coordinados en un foco de resistencia.
           Nadie - y digo nadie, ni peruanos ni chilenos - ha dado una explicación convincente a este resultado sorpresivo e inesperado. Una explicación militar digna de ese nombre.  El parte de Buendía no lo explica.  El de Suárez se refiere a materias inconexas, arcanas, que deja el tema de fondo en la oscuridad.  Los partes chilenos tampoco entregan una explicación al resultado de  esta parte de la batalla.  Quizás si porque tendrían que exponer también sobre la siguiente, y ahí el asunto se pone delicado.

          ¿ Como es posible que una tropa que sólo 8 días mas tarde lucha eficaz y organizadamente, muestra en Dolores tal falta de voluntad y hasta vacilación ante el enemigo ?   Con excepción de la gente que asaltó la batería Salvo, obviamente.

            La respuesta parece ser la argumentación que escuché alguna vez de un estudioso de la historia militar :
            No hay que confundir "malas tropas" con buenas tropas mal mandadas.

            El mando aliado fue en extremo deficitario en Dolores.  Pero en Tarapacá, cuando los jefes divisionarios y de unidades, en la emergencia, asumen la responsabilidad directa, la cosa cambia.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Mar Dic 16, 2014 6:37 pm

Hacia las 20,00 horas del día 19, el grueso de las fuerzas chilenas transportadas en tren desde Hospicio y Jazpampa hacia Dolores, había arribado al campo de batalla y tomaba posiciones en el plano.
      Las fuerzas chilenas, descontando sus bajas de combate en las horas anteriores, sumaban en ese momento unos 9.200 a 9.300 hombres en global.

    Los aliados, como comentáramos, luego de sufrir en Dolores entre 700 y 710 bajas entre muertos, heridos y prisioneros ilesos (Escala), habían visto sus fuerzas fraccionadas :
 
    El ejército boliviano simplemente desapareció del campo, y enseguida de la zona de operaciones. Sus fuerzas, divididas en pequeños grupos - quizás por afinidad de unidades o fracciones de éstas - tomaron rumbo, mayoritariamente,  hacia su patria.   Sólo una pequeña parte de ellas se incorporó a sus compatriotas agrupados en el sector Tacna-Arica.
 
  ¿ Cuanto sumó esa deserción boliviana ?   Podemos calcularlo así :  de los originales 4.498 hombres que componían el contingente boliviano aliado antes de iniciarse las operaciones, unos 450 se perdieron en Pisagua, por muerte, captura o deserción.
    Luego, 44 húsares cayeron en Germania, y otros 300 bolivianos, integrando la columna "Loa" quedaron en Iquique formando parte de la División Ríos.  Debemos restar aún las bajas bolivianas de Dolores, que tentativamente pueden estimarse en el 50% de ellas (según la estimación del CJ chileno Escala en su parte : 707).   Total :  3.354 hombres que abandonaron Tarapacá en una marcha de varios días, a contar del 19 en la tarde, para no volver.

       El ejército peruano, por el contrario, se agrupó a la voz de sus mandos, luego de una retirada del fuego algo caótica, y plantó reales en la oficina Porvenir.  Su artillería, consistente en 12 piezas  de montaña, se situó protegiendo el perímetro.   Su división de caballería, sin embargo, hizo abandono del campo, sin atender a las órdenes que le ordenaban agruparse con el resto de las fuerzas y en condiciones que merecieron los mas duros reproches de los jefes superiores y generales que redactaron los parte sobre las acción. 
   ¿  Cuantos eran esos peruanos que se quedaron a luchar ?

      Un cálculo similar al anterior nos arroja las siguientes cifras :  6.322 como fuerza original antes del 2 de noviembre.  Menos unos 300 hombres perdidos en Pisagua, así como los 50 húsares de Junín caídos, capturados o fugados en Germania.
       Cabe restar, además, los 1.200 soldados peruanos integrando la división Ríos que habían quedado en Iquique, y también el otro 50% (350) de las bajas en Dolores. Suman 4.422.   Ignoro el número exacto de la división de Caballería que hizo abandono de la zona en la tarde y noche del 19, aunque  estimo que no puede haber superado los 280 a 300 hombres.   Pero, por comodidad, fijémoslo en 422, para así obtener el número redondo de 4.000 concentrados o terminando de tomar posiciones en la oficina Porvenir hacia la indicada : las 20 horas.  

      Y asentemos de paso el dato, que de aquí en más pasa a ser importante, de que ambos ejércitos manejaban distintos horarios, lo que se destaca en la comparación de los partes de combate.  Aquellos chilenos van a asentar, durante toda la campaña, una hora menos que la que registran los aliados.   Una hora de diferencia para los mismos sangrientos sucesos que se vivían.

       Este cálculo de tropas restantes al ejército peruano no cuadra con los partes posteriores de Buendía, quien habla de haberse retirado sin otras pérdidas hasta Tarapacá entre el 20 y el 22.11.79, y de haber contado, sin embargo,  sólo con 3.000 combatientes en las horas iniciales de la batalla en la quebrada, el 27.11.79,  teniendo la equivalencia de las tropas de la División Ríos, es decir, otros 1.500 hombres, avanzados hacia Pacocha.   
      Como sabemos con certeza que, hacia el 18 o 19 de diciembre, solo unos 3.300 logran alcanzar Arica, como saldo final de las tropas que se habían batido en la campaña de Tarapacá, y que en ellas debe contabilizarse a los sobrevivientes bolivianos de la columna "Loa", las cifras no cuadran. 
      Ni van a cuadrar a menos que se revise las "Memorias" del general Buendía (y no sus partes de combate escritos durante el conflicto) y se preste atención a lo que he llamado los "muertos sobrantes de Tarapacá".    Vale decir, aquellos cuerpos ya irreconocibles por efectos del tiempo trascurrido, el clima local, la fauna carroñera y la acción del fuego en algunos casos que, en distintas expediciones sepultureras, fueron inhumados en fosas comunes en la Quebrada de Tarapacá durante el verano de 1879 a 1880.

      Como sea en aquello de las cifras, es claro que a la hora indicada - 20 horas del día 19 de noviembre - para el mando chileno en  Dolores se ha producido la situación ideal con que sueña, o debiera soñar, un comandante de tropas.
       Ese mando, por desgracia, lo ha asumido el general Erasmo Escala, hacia las 18,00 horas, a quien el coronel Sotomayor le rinde cuentas de lo actuado hasta allí.   El contingente chileno ha recibido, pues, refuerzos de tropas frescas, que elevan su contingente a más del doble de las fuerzas peruanas congregadas en la oficina Porvenir.   La tropa chilena que se ha batido está exultante, con su ánimo muy en alto por lo que se estima, en esos momentos, los prolegómenos de una victoria.  La tropa que acaba de llegar solo espera tener la oportunidad de batirse.
       El comandante chileno imparte, inicialmente, la órdenes apropiadas : parte de las fuerzas de infantería que habían combatido en los cerros San Francisco y Tres Clavos (compañías "cazadoras" del Buin y el Valparaíso), mas el 3° de línea que había combatido en el ala izquierda, más parte de las tropas recién llegadas (el Bulnes), y la caballería en pleno (dos escuadrones de Cazadores más una compañía de Granaderos, unos 420 jinetes) son designados para avanzar hacia la oficina Porvenir, "aferrar" al enemigo ( o eso se esperaría) y hostigarlo en el caso de la caballería, manteniendo el imprescindible contacto.   Pareciera que el asunto va a ser militar y expeditamente resuelto.

     Pero luego de un primer contacto con el enemigo, con algunas bajas, se cursa orden a las fuerzas destacadas en la citada misión de retirarse a las posiciones de las laderas de los cerros que cubren por tres lados el pozo de Dolores.  El general Escala ha decidido que la batalla continuará al amanecer del siguiente día 20 de noviembre, y urge por telégrafo al Ministro Rafael Sotomayor, en Pisagua, para que le envíe nuevos refuerzos mediante otro convoy ferroviario.
 
      No sé de las actividades del General Buendía en esas horas del anochecer del 19 y la noche del 19 al 20.  Sus tropas lo van a encontrar vivaqueando en Tarapacá recién el día 22. 
      Pero el dato tiene escasa relevancia.  El mando de las fuerzas peruanas lo ha asumido el JEM, coronel Suárez, y este tiene una característica no muy abundante en los comandantes de tropas de aquel año 1879 : dispone de neuronas.    Lo que idea y dispone esa noche y días sucesivos va a dar un respiro a la apurada situación de sus tropas, como primer paso, y luego dará un giro táctico sorpresivo a la campaña. 
      No puede haber ya, a esas alturas,  un cambio estratégico a la marcha del conflicto, pero si es factible rescatar, a un alto costo en sangre, el honor de su ejército y a esos 3.300 combatientes que lograr alcanzar Arica y que van a tener la oportunidad de luchar en otra campaña.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Vie Dic 19, 2014 8:11 am

Haré constar aquí algunos datos  antes de seguir comentando la segunda parte o desenlace de la batalla de Dolores.

      Primeramente, el número de bajas de ambos contendientes.   La cifra de 700 a 710 bajas aliadas que obtenemos del parte de Escala no es exagerada, dado que se cuenta con cierto respaldo a ellas.
Escala habla de 88 heridos capturados (10 oficiales y 78 hombres de tropa), 87 prisioneros ilesos, otros  heridos (32) capturados poco mas tarde en la oficina Huáscar y nada menos que 500 muertos.  Esta última cifra, demasiado redonda, resulta sospechosa en un primer exámen, aunque nadie la puso en duda en esos momentos.
      No obstante, de los sucesos posteriores ocurridos en torno al pozo de Dolores surgen datos y antecedentes que nos hacen estimarla como real o muy aproximada.
      Se recordará que Chile, con posterioridad a su desastre en la quebrada de Tarapacá, todavía pensando en la posibilidad de una vuelta de mano peruana con base en las tropas que se concentraban en Moquegua, y también en la amenaza de la 5a División boliviana que erraba por el altiplano al mando de Campero, optó por fortificar el estratégico pozo y concentrar en ese sector sus tropas de ocupación de departamento de Tarapacá.

      Ya en febrero de 1880 el Ejército estaba comprometido en la toma y ocupación de los puertos de Ilo y Pacocha, que desembocará en la campaña de Moquegua.  Y las unidades de la Guardia Nacional movilizadas, aún sin experiencia de combate, fueron concentradas en el sector Pisagua, Hospicio, pozo de Dolores, Agua Santa  (cantón salitrero del Bearnés), junto a algunas que, habiéndose batido en la campaña recién terminada, esperaban su traslado al nuevo teatro de operaciones.   Se dispone de bastante correspondencia emanada del personal de esas unidades, destacando el caso del Cazadores del Desierto, Chacabuco y Esmeralda en el período inmediato, y mas tarde (en preparación para la campaña de Lima) del Chillán y otros.  El Atacama tuvo la responsabilidad, entre enero y febrero de 1880, de iniciar los trabajos del fuerte que se construyó en el pozo de Dolores.  Y, junto al Coquimbo y al Bulnes, de ocuparse del azaroso destino de los cuerpos de los fallecidos.
      Azaroso porque el destino de esa masa de cuerpos (más de 900 en global) no fue fácil de disponer.   En los primeros días, vale decir, entre el 20 y 23 de noviembre, se procedió mas o menos en la siguiente forma :  los muertos chilenos del Atacama y Coquimbo fueron sepultados en una sola fosa, cercana al pozo, con los oficiales inhumados separadamente en sepulturas individuales.  Los artilleros quisieron tener también una fosa para sus muertos y la hicieron aledaña a la anterior, con sus oficiales también por separado.  El resto de los muertos chilenos en una tercera fosa.
      Los restos de los aliados recibieron sepultura así :  aquellos caídos en la ladera sur del cerro San Francisco (vale decir, los infantes que intentaron la toma de la artillería de Salvo) en una sola fosa al pié de ese cerro, ligeramente al NE de la posición asaltada.  Los oficiales aliados allí caídos, por fortuna, fueron también inhumados por separado, lo que permitió años mas tarde ubicar y rescatar los restos de Ladislao Espinar.
       Muchos otros, sin embargo, quizás unos 180 o 200, o algo más, habían quedado muertos en un extenso sector de amplio radio que abarcaba todo lo que fuera el avance de las alas izquierda y derecha aliadas, batidas a 1.000 o 1.200 metros por la artillería chilena.   Escala los menciona como heridos en el combate que fallecieron de sus heridas, y que fueron ubicados posteriormente.  A todos ellos no se les trasladó, inicialmente, sino que fueron sepultados, separadamente o en pequeños grupos, en los mismos lugares en que fueron encontrados.   El problema fue que, con la prisa que originaba la descomposición en el tórrido clima, o por desconocimiento, se utilizó para esas inhumaciones los mismos pozos calicheros que eran parte del paisaje y en que los muertos se habían batido, cubriéndolos con trozos del despedazado terreno, que eran y son allí abundantísimos.  Similar sistema se utilizó en el caso de las fosas.   Con el resultado de que, como no se vertió tierra (que hubiera actuado de aislante con el medio) sobre los cuerpos, sino trozos sólidos que, evitando la acción de carroñeros, dejaban sin embargo espacios entre ellos, se tuvo al poco tiempo un hedor terrible que hacía muy difícil la estancia en Dolores y alrededores inmediatos.   Los soldados de las unidades de la Guardia Nacional chilena que arribaron allí meses mas tarde hacen constar que el "campo estaba aún muy fuerte".  Y eso que se había aplicado medidas correctivas.

       Los restos debieron ser removidos y sepultados nuevamente, vertiendo esta vez tierra encima de las fosas (se eliminaron las sepulturas individuales, excepto en el caso de los oficiales del Atacama, dela artillería y aliados).
      Todo ese trabajo de remoción y segunda inhumación de cuerpos - terrible trabajo que se comenta en forma cruda por los actores -  permitió establecer como muy aproximado un número de 900 a 930 cuerpos, de los cuales unos 220 correspondían a chilenos caídos en el choque del 19 de noviembre.   dato que es conteste con los primeros informes chilenos al respecto.

      Otro antecedente importante es que no hubo repase en Dolores.  Los heridos aliados fueron acogidos, atendidos, y canjeados posteriormente cuando hubo lugar para ello.   Chile había repasado en Pisagua, durante el ascenso de la cuesta, aunque en casos aislados.   Ya sabemos las razones que se esgrimió para ello.  Y luego, casi con certeza, lo hizo en Germania según hemos revisado mas arriba.   Pero en Dolores no se dio así. Podemos especular sobre las distintas razones que pudieron originar tal proceder, pero aquí solo cabe asentar el hecho :  Dolores, Los Angeles y El Manzano estuvieron exentas del repase.

      Las bajas chilenas fueron, mayoritariamente, las de los artilleros de la batería Salvo - desde luego - y de aquellas unidades de infantería (Atacama y Coquimbo) que entraron al fuego y al choque directo al arma blanca en defensa de la posición artillera amagada.  No obstante, también las hubo en las distintas unidades ubicadas en el mismo cerro San Francisco y en el Tres Clavos.   Estas, aunque menores,  se produjeron por la acción del fuego artillero aliado sobre los citados cerros, y también durante el movimiento de esos cuerpos en busca de presionar a las fuerzas enemigas (ya solo peruanas a esas alturas) replegadas en la oficina Porvenir.  
      Es interesante, entonces, constatar que la artillería aliada (solo de montaña) se las arregló para tomar distancia y poner algunas de sus granadas en las líneas chilenas.  Fue un fuego escaso y de poco efecto, pero lo hubo.  Acercarse y tomar una posición de fuego cuando la artillería enemiga ya está batiendo ese campo no es tarea sencilla.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Vie Dic 19, 2014 8:36 am

Para cerrar el tema de los caídos en Dolores solo quiero agregar que en el verano de 1891 se produjo otro combate en el cerro San Francisco.   Solo entre chilenos, esa vez,  durante la Guerra Civil de ese año.   Otros 162 o 165 cuerpos quedaron sepultados en una sola fosa, también cercana al pozo.
      Muchos muertos, entonces.  El sitio es desolado y las fosas se encontraron, durante muchos años, en estado de abandono.

       Considerando aquello, seguramente,  el gobierno chileno dispuso, en la década de los 70' del siglo XX, trasladar todos los restos óseos allí existentes, chilenos, peruanos y bolivianos a una sola sepultura común, donde fueron inhumados con honores militares. Se levantó sobre ella un monumento recordatorio, y allí duermen - todos juntos - hasta hoy.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Mar Dic 23, 2014 10:17 am

Las fuerzas peruanas concentradas en la ofician Porvenir desde el atardecer del 19 de noviembre se organizaron como mejor pudieron - sin contar con caballería, ni acémilas para su artillería, y sólo con unos pocos, mínimos elementos de transporte - para intentar desprenderse durante la noche del 19 al 20.
       En esto la actividad del coronel Suárez resultó crucial.    Tenía claro que el intento sobre el pozo había fracasado, y que en la retirada desordenada se había perdido a la totalidad del contingente boliviano, mismo que se alejó del lugar sin órdenes.   Que su propio contingente se hallaba disminuido por las pérdidas en combate y prisioneros, y que su moral en tales momento se encontraba resentida. Además de contar con limitada munición de infantería.
        Que el enemigo veía, al contrario, reforzada su moral por el resultado del día, y que había recibido, a mayor abundamiento, no solo refuerzos frescos que le dejaban en amplia superioridad numérica y disponiendo de caballería, si no que contando probablemente - como ocurrió - con nueva y abundante provisión de parque de infantería y artillería. 
       Hacia medianoche, Suárez dispuso la marcha, buscando orientar sus fuerzas hacia la quebrada de Tana, con rumbo a Arica.
     Las fuerzas peruanas en retirada - que debieron abandonar sus 12 piezas de artillería en la oficina Porvenir, por imposibilidad de transportarlas en su marcha, además de su hospital y heridos - se extraviaron en la pampa.   Ya vimos a las fuerzas chilenas extraviadas en el tramo Junín-Hospicio en la noche del 2 al 3 de noviembre, y ahora vemos a los dueños de casa perder también el rumbo en la pampa hostil y caliginosa.   Ocurrió así repetidas veces a ambos bandos en contienda, cada vez que no contaron con guías baquianos de la zona.
       Dieron vueltas las fuerzas peruanas, dicen los relatos, varias veces por los mismos lugares, sin conseguir alejarse de Dolores.  Al amanecer, Suarez volvió a concentrar sus fuerzas, semi agotadas por la marcha nocturna, y les hizo tomar rumbo ahora hacia Tarapacá, sin agua y sin bastimentos, alcanzando la quebrada y el pueblo de ese nombre al anochecer del día 22, luego de una marcha terrible que implicó algunas bajas.   En Tarapacá encontraron al general Buendía y sus ayudantes, que se habían adelantado hacia allí.
       Escala llama a esa retirada "vergonzosa fuga".   Buendía aplica igual calificativo a la retirada chilena al atardecer del día 27 en Tarapacá.   Ambos yerran. O mas bien, son intencionalmente injustos al calificar los movimientos tácticos de su oponente.
        Suarez hizo lo correcto. Mantenerse en la oficina Porvenir hubiera implicado la aniquilación casi cierta de sus tropas, carentes de recursos y sin posibilidad de recibir apoyo logístico alguno en esa coyuntura.  Lucharon el 19, fueron rechazados y se retiran en la noche.  Nada hay de reprochable en  ello, y por el contrario, esa decisión permitió a las mismas tropas batirse ya recuperadas pocos días mas tarde y obtener un sangriento triunfo. 
        Vamos a ver mas adelante que tampoco las tropas chilenas emprendieron vergonzosa fuga el 27, si no que se batieron por mas de 8 horas con altísimas pérdidas, retirándose los sobrevivientes en forma a medias ordenada al término de las acciones, con la suerte de que el enemigo, carente de caballería, no pudo perseguir y aniquilar.
 
        Lo actuado por Escala, por otra parte, ha merecido el reproche de todos los críticos serios que han escrito sobre esa campaña.  Recién hacia el mediodía del día 20 se percató, por el polvo que levantaba en su marcha, que el enemigo rompía contacto y se alejaba.  Estimó la distancia en esos momentos en unas tres leguas (de Castilla, unos 12 km.).  Y no hizo nada.  Disponía del regimiento Cazadores casi completo y de una compañía de Granaderos.  Pero no hizo nada.  No persiguió ni intentó, siquiera, enviar patrullas para mantener un contacto visual que le diera una idea de la situación, condiciones y rumbo del enemigo.  Simplemente lo dejó ir.   Una oportunidad de oro absurdamente desperdiciada.
        Y en una decisión incomprensible, propuso al Ministro Sotomayor enviar una gruesa fuerza de todas las armas para tomar el puerto de Iquique, que suponía - y con razón - abandonado o con fuerzas muy reducidas como para resistir.    Vale decir, que Escala privilegió intentar la toma de un puerto - que de todas maneras iba a caer en sus manos al ser vencidos o alejarse sus defensores - por sobre perseguir e intentar aniquilar, o destruir en parte al grueso del ejército enemigo.   Afortunadamente, no fue autorizado a aquello.
        Otras decisiones, igualmente desafortunadas, serán pagadas a alto precio por el país y sus tropas.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Lun Dic 29, 2014 5:09 pm

Para cerrar lo expuesto sobre la batalla de Dolores, cabe puntualizar lo siguiente :

*   El "fuego amigo" de fusilería que recibieron por la espalda las tropas aliadas que asaltaban la posición artillera de Salvo no fue percibido por las tropas chilenas.  Pero el hecho está acreditado en los partes de distintos comandantes de la tropas empeñadas en el asalto.
     Su avance y progresión en la ladera sur del cerro San Francisco había levantado una inmensa cantidad de polvo que favoreció ese avance (viento predominante en el lugar SSW) pero que, con mucha probabilidad, los ocultó a la vista de sus propios sostenes.   Tropas estas que, según  consta también en los partes, actuaban en esos momentos en forma desordenada, carentes del concierto necesario para una efectividad táctica.  Ese fuego que recibieron las tropas asaltantes por el flanco y la espalda existió, pues, y seguramente contribuyó al desenlace.

*   Haber coronado la posición amagada y haber capturado, incluso, una de las piezas de artillería allí ubicadas, consta sólo en los partes aliados.   No así en los chilenos, obviamente, donde - sin embargo - se hace mención a lo muy cercano que llegó ese avance, señalándose incluso "10 metros", lo que explica el uso de armas cortas y de puño, así como el inevitable choque de infanterías que definió la coyuntura.  Salvo afirma haber cambiado fuego de revólver con Espinar, y este cayó, alcanzado por la fusilería probablemente, a muy escasa distancia de la posición artillera.

*    De todos los informes conocidos se desprende que el grueso de las fuerzas de Suárez, en el ala izquierda aliada, y aquel del ala derecha al mando de Buendía  - con excepción de las compañías guerrilleras y batallones ya citados, que treparon la ladera sur y llegaron al choque directo  - fueron rechazadas a distancia por la artillería, sin poder trasponer la barrera de fuego que esa arma estableció.   Lo que habla bien de la labor cumplida por los comandantes de las baterías empleadas en la acción.

*    Todos los informes oficiales cuyos textos he conocido señalan que los aguerridos batallones peruanos "Zepita"  y "Dos de Mayo", justamente por ser los mas sólidos, fueron mantenidos en la reserva que actuó bajo el mando de Cáceres.  Y que esa reserva no fue empleada esa tarde, de tal forma que las citadas unidades se retiraron intactas del campo de batalla, uniéndose al grueso de las fuerzas que esa noche se retiraron y el 22 alcanzarían hasta Tarapacá.   Hay referencias en diferentes narraciones que mencionan soldados del "Zepita" subiendo al asalto de la batería Salvo, pero son eso : relatos de actores en ese hecho de armas.  No partes oficiales ni el Orden de Batalla del Ejército Aliado el día 19.11.79.
       Quizás se dio que una compañía guerrillera del "Zepita" fuera destinada a esa misión, lo que explicaría la presencia de soldados de esa unidad combatiendo y muriendo en la ladera sur.  No tengo información formal alguna al respecto, y si alguien la tiene, favor de postearla.

*     Relatos de Soto Aguilar (contemporáneos) y posteriores de Del Canto (Memorias), hablan de haber detectado el uso de munición de infantería explosiva por parte de los aliados.   Incluso de haber ubicado posteriormente los cartuchos o casquillos de cartón de esa munición (inglesa de Birmingham, a esas fechas. Aquella bengalí de la Fábrica Dum Dum sólo estaría en el mercado 10 años mas tarde). Dieron cuenta a sus mandos, y todo quedó allí, sólo como una impresión de los citados. El comandante en jefe no informa de aquello en su parte.  No volvió a haber observación ninguna semejante en todo el resto de la guerra.

*    Todos los informes chilenos hablan de gran cantidad de material de guerra abandonado por los aliados en el campo.  Las doce piezas de artillería de montaña que tomó Chile en esa condición habían sido inutilizadas de diferentes formas, y solo tres - hasta donde se - pudieron ser reacondicionadas y utilizadas en las posteriores campañas.    Personal extraviado, que no atinó a unirse con el grueso en retirada hacia Tarapacá, fue capturado durante los siguientes días, y hasta en fecha tan tardía como el 25.11 (E. Ramírez).
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Dom Ene 04, 2015 10:56 am

Se produce aquí un lapso que conviene revisar en detalle, para mejor entender las decisiones tácticas - y algunas estratégicas - que adoptaron los ejércitos enfrentados.    Hago referencia al lapso que corre entre el 20 y el 26 de noviembre de 1879.

       Los aliados, en primer término, procedieron a abrochar los resultados de su exitosa retirada emprendida en la noche del 19 al 20.11.79 y culminada ya entrada la noche del 22 en el pueblo de Tarapacá.    Allí entregó el coronel Suárez - al general Buendía, que le había precedido hasta ese lugar - las tropas con tanto esfuerzo y hasta sacrificio desprendidas del contacto con el enemigo.  Y que, para su fortuna, no habían sido objeto de persecución ni acoso alguno.
       Correspondía ahora hacerlas descansar, recuperarlas en la medida de lo posible, y reunirlas con el resto del contingente destinado a guarnecer el puerto de Iquique.    Concentrar en la quebrada de Tarapacá, entonces, el 100% de sus recursos aliados en el departamento de Tarapacá.
        Buendía cursó ese mismo día 22 instrucciones telegráficas al coronel Ríos en Iquique, y este, en  cumplimiento de esas órdenes, dispuso el abandono del puerto.   Hizo arrojar al mar toda la munición que sus tropas no estaban en condiciones de transportar en su retirada, así como clavar algunas piezas de artillería que guarnecían la plaza enfocadas hacia el mar.   Pero no pudo, o no quizo  - tal vez pensando en la población civil de Iquique - destruir una cantidad inmensa de bastimentos y provisiones de todo tipo, que quedaron a disposición del enemigo en las bodegas de Iquique, La Noria y Pozo Almonte.
        La entrega de la plaza se hizo a las autoridades consulares el día 23, mismo día en que inició la marcha con su tropa en dirección a Tarapacá. Fue una caminata muy sacrificada y difícil, pues los elementos de transporte ya habían sido utilizados por el grueso del ejército aliado en su marcha del día 14 anterior rumbo a Dolores.   De hecho, Ríos corrió serio peligro de ver, al menos, su retaguardia rezagada en la pampa, batida por la caballería chilena. Pero obtuvo el premio de los que se atreven, y logró poner a disposición de Buendía el grueso de su gente el día 25 al caer la noche.  ¿ Cuantos hombres ?
       Forzosamente debe haber perdido gente en la travesía de la pampa, y es posible que registrara  deserciones antes, en Iquique, dado que vemos su contingente total, horas antes de la batalla de Tarapacá el 27, reducida a solo 770 u 800 hombres.
 
        Buendía y Suarez alimentaron su gente, bien o precariamente, con los recursos del pueblo y quebrada de Tarapacá, sacrificando mulares y hasta caballares para proveerles de un rancho decente, e iniciaron al punto los preparativos para abandonar el teatro de operaciones.  Intuían, como soldados veteranos que ambos eran, que el ECH intentaría batirlos al mas breve plazo.   Carentes de logística y sin esperanzas de verla implementada en un futuro cercano, tomaron la decisión, dolorosa para su país, pero insoslayable, de abandonar el departamento de Tarapacá a cambio del bien mayor de lograr poner sus tropas en salvo y poder contar con esos hombres en la lucha que bien sabían continuaría en el futuro cercano.  El 26, al siguiente día del arribo de la división del coronel Ríos desde Iquique, iniciaron la marcha trasladando una avanzada de 1.300 o 1.500 hasta Pachica.  Y el resto quedó terminando sus preparativos para marchar hacia Arica el 27 en la mañana.
       Sus unidades de infantería contaban con la munición que portaban en Dolores, entre 100 y 150 tiros por hombre, y algunas un poco menos.  Una corta reserva encajonada de 2.500 a 3.000 tiros era todo el respaldo de parque de infantería de que disponían.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Dom Ene 04, 2015 9:55 pm

Las fuerzas chilenas, por su parte, desarrollaron una serie de actividades con miras a completar su plan estratégico global de la campaña, y que podríamos calificar de interesantes si no hubieran culminado con una derrota táctica de proporciones.
   El mismo día 20, como señaláramos, el general Escala, lejos de optar por perseguir a su enemigo en retirada, proponía a la autoridad política desprenderse de una división de 3.000 hombres para operar sobre Iquique.   La infantil opción de tomar la ciudad o plaza fuerte, como comentáramos, por sobre la destrucción del ejército enemigo.
     Absolutamente compenetrado a esas alturas sobre los riesgos inherentes a movilizar masas de combatientes por el desierto sin adecuados medios de vida y de combate, el ministro Sotomayor desautorizó esa medida.  Y de hecho, viajó a Dolores para coordinar con el CJ algo similar, con menor cantidad de hombres involucrados (sólo 2.000), y debidamente apoyados en la logística.
      En la misma noche del 19 al 20, el ministro Sotomayor había recibido el comentario de Baquedano, en Hospicio, sobre la actitud que asumiría el enemigo.  "Se retirará esta noche" había sido el aserto del citado, lo que se comprobó a media mañana siguiente.
       Cabe asentar aquí que esa sensata predicción de Baquedano se ha interpretado por algunos autores como su profundo conocimiento sicológico del soldado peruano.  
       En realidad, no vemos en ello sino la experiencia de un militar sensato que se pone en el lugar del adversario en la coyuntura táctica :  rechazados en Dolores, con sus fuerzas disminuidas, sin caballería y escaso parque, el sabe que los jefes peruanos, también sensatos y pensantes,  no tienen otra opción que intentar la retirada.   Y comprobado aquello el día 20, Baquedano aconseja al ministro telegrafiar al general Escala para instarlo a perseguir al enemigo.   Sotomayor anota en su "diario" que duda en aconsejar al comandante en Jefe sobre hacer aquello que sabe un cabo de escuadra.   Pero como Baquedano insiste, cursa el telegrama con la sugerencia.
        Escala ha alcanzado el puesto de comandante en Jefe (nombrado por Sotomayor, entre otros responsables), pero al parecer nunca fue cabo de escuadra.  No persigue ni hace nada en relación al enemigo en retirada.
        Durante su breve estancia en dolores el Ministro recibe (21 y 22) la insinuación de varios oficiales de línea, y del Secretario del CJ, J. Francisco Vergara, en el sentido de que retire de asumir decisiones de relevancia a su hermano, el coronel Emilio Sotomayor, quien  tanta incapacidad táctica ha demostrado en los días y horas anteriores.   Así se dispone, y el citado es separado de su cargo de JEM, aunque la aceptación de su renuncia se cursa recién el 29.11, para darle espacio a "un retiro honroso".
        ¿ Cual es ese ?  Operar con la caballería sobre Iquique y lugares aledaños, que en el intertanto ha pasado a poder de Chile y ha sido ocupado por la Armada, haciendo inútil el plan original de Escala.  Y aunque la renuncia del coronel Sotomayor aún no se publica, se designa, por necesidades del servicio, de inmediato su sucesor en el cargo de Jefe de Estad Mayor.  Designación que recae en el coronel Luis Arteaga Ramírez, dato no menor que debemos mantener a la vista.

          El depuesto coronel Sotomayor parte el día 23 con el regimiento de Cazadores a caballo completo a cumplir su misión postrera en la campaña.  Aunque no en la guerra, como sabemos. Comanda unos 385 jinetes de Cazadores ( que sumaba un total de 395 desembarcados en Pisagua, recordemos), más algunos oficiales designados para cumplir misiones específicas y sus ayudantes.  400 en global.   El 24 llegan a Peña Grande, y ese mismo día captura en Pozo Almonte parte de los archivos del EP en poder de unos arrieros que seguían  a las fuerzas de Ríos en su marcha Iquique-Tarapacá.  Por ellos se entera de que los aliados podrían contar hasta con 4.000 hombres en la quebrada, y manda aviso de aquello a Escala en Dolores, además de informar a  sus superiores en Iquique.   El aviso a Escala, mediante un propio montado, nunca llegó a su destino.

          Las fuerzas montadas de Sotomayor encuentran almacenes repletos de recursos alimentarios en Pozo Almonte y La Noria.  La lista incluye desde frijoles, frangollo y grasa hasta harina, azúcar y carne seca contenidos en rumas de sacos que colman las bodegas.   En Iquique, según se comprueba, lo mismo, más muchísimo pescado seco.   Dato interesante porque ello permitirá trasladar de inmediato al campo de operaciones de Tarapacá, concretamente a Iquique, al ejército de reserva que se mantenía en Antofagasta al mando de Villagrán, unos 8.000 hombres.
 
          El coronel Sotomayor también detecta en la pampa, entre Pozo Almonte y La Noria, el 24, a la retaguardia y rezagados de la división Ríos en su marcha. Exploradores enviados de prisa confirman la noticia : unos 400 a 500 hombre se desplazan dificultosamente por la pampa.    Sotomayor no ordena persecución ni operación alguna sobre esas fuerzas que, obviamente, buscan una concentración con el grueso del ejército aliado.   No hace nada y simplemente, los deja ir.    La división Ríos logra llegar, con algunas pérdidas menores, a su destino el 25, como ya revisamos, y se suma a las fuerzas aliadas que se concentran en el pueblo de Tarapacá.

            Si no existieran antecedentes fidedignos al respecto, y testimonios de oficiales que merecen todo nuestro crédito ( Diego Dublé A., entre otros) sería de no creer que 400 jinetes bien montados no fueron empleados contra infantería en marcha por la pampa, visiblemente afectada por la aridez del medio.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Sáb Ene 10, 2015 10:39 am

Queda el escenario dispuesto, entonces, para revisar lo que culminará en una sangrienta batalla el día 27, una victoria táctica para las armas del Perú.   Las fuerzas de ese país, como queda dicho, estaban recuperándose en Tarapacá, y concentrándose allí, para emprender la retirada hacia Arica y el grueso de sus recursos.   Las del ECH, entretanto, se concentraban en los cantones salitreros de El Bearnés y Sal de Obispo, recibiendo dura crítica por las deplorables decisiones tácticas de su comando y anhelando un nuevo encuentro con el enemigo.   Distintas patrullas y prácticos fueron enviados en esos días para procurar noticias sobre las fuerzas enemigas.

      En lo que sigue, me permitiré aludir con frecuencia al testimonio de un joven oficial de infantería, un subteniente del 2° de Línea puesto bajo bandera recién el día 1° de abril anterior, sin contar previamente con antecedente militar alguno, pues estudiaba agricultura.   Sus relatos, escritos durante la guerra por manos de terceros, dado que perdió el uso de su brazo derecho, se suman a aquellos que han quedado en  la tradición oral familiar hasta hoy. Contaba 19 años en noviembre de 1879, se llamó Manuel Luis Olmedo, y había tenido el raro privilegio de batirse en Pisagua, pues formaba parte de la única compañía de su regimiento (la cuarta del primer batallón, mandada por el capitán Larraín) desembarcada para ese efecto.

        Recordemos aquí que las unidades de infantería de los tres países empeñados en el conflicto practicaban - con distintas variantes y avances que algo modernizaban el concepto - la añeja táctica del Marqués de Duero, y que una compañía de cada batallón era "cazadora".  O "guerrillera" como también eran llamadas. Lo que indicaba que contaban con instrucción de combate algo distinta, con ciertos rudimentos - aunque muy primarios - de la nueva táctica estrenada por Prusia en las guerras de 1864, 1866 y 1870.
         En lo que toca al ECH, la cuarta compañía de cada uno de sus batallones en el caso de los regimientos de Línea tenía esa preparación de "cazadora".     Hemos visto a las compañías "guerrilleras" de distintas unidades peruanas y bolivianas ir al asalto de la posición artillera de Salvo, en Dolores.   Y vamos a ver a esta compañía "cazadora" del 2° de Línea ser destinada, en la noche del 26 al 27 de noviembre, a integrar la agrupación "Santa Cruz", en tanto las otras 7 compañías de su regimiento se mantuvieron bajo el mando de Ramírez y se batieron en "el bajo", al interior de la quebrada.

      Para darle el peso necesario, pues, en cuanto a testigo presencial en muchos de los hechos de armas que se producirán en el resto de la GDP, y acreditar su experiencia militar, me permito trascribir a continuación la Hoja de Servicios resumida del citado oficial, obtenida en noviembre de 1962 :

" REPÚBLICA DE CHILE
  MINISTERIO DE DEFENSA NACIONAL
  SUBSECRETARÍA DE GUERRA
  ARCHIVO 
 
         El Archivero General de Guerra que suscribe certifica : que en el tomo N° 125 de 1898 hay constancia de que el Teniente Coronel don Manuel L. Olmedo prestó servicios en el Ejército como se expresa :

      SERVICIOS :

      1° de Abril de 1879, Subteniente de Ejército del Regto. 2° de Línea.  29 de Abril de 1880, Teniente del id. - 11 de abril de 1883, capitán de id. 13 de Julio de 1890, Sargento Mayor graduado de Ejército.- 4 de Abril de 1891, llamado a calificar servicios.- 1° de Mayo de 1891, Cédula de retiro absoluto.
       18 de Junio de 1891, Sargento Mayor efectivo de Ejército.- 17 de Diciembre de 1891, Teniente Coronel de Ejército.- 24 de Abril de 1898, Cédula de retiro absoluto.
         Total de servicios : 19 años, 11 meses y 29 días.
         Abonos : Por D/S de 5.VI.1884 y con arreglo a la Ley de 22.XII.1881, se le abonan 10 años de servicios.

CAMPAÑAS Y ACCIONES DE GUERRA :

         Hizo la campaña contra el Perú y Bolivia, desde el 26 de Abril de 1879, hasta el 7 de Junio de 1880 y se encontró el 27 de Noviembre de 1879 en la Batalla de Tarapacá, a las órdenes del Coronel
don Luis Arteaga, recibiendo en esa acción una herida de bala que le fracturó el brazo derecho.-  El 26 de Mayo de 1880 se encontró en la batalla de Tacna a las órdenes del General don Manuel Baquedano, recibiendo nuevamente otra herida de bala en el mismo brazo.-  Hizo la campaña a Lima desde el 12 de Noviembre de 1880, hasta el 2 de Agosto de 1883, a las órdenes del General don Manuel Baquedano y se encontró los días 13 y 15 de Enero de 1881 en las batallas de Chorrillos y Miraflores.-  Hizo varias expediciones al interior del Perú, desde el 2 de Enero de 1882 hasta el 26 de Julio del mismo año, y desde el 24 de Abril hasta el 6 de Agosto de 1883, a las órdenes de los Coroneles SS. José Francisco Gana, Estanislao del Canto y Marco Aurelio Arriagada, encontrándose el 5 de Febrero de 1882 en el combate de Pucará, el 27 del mismo mes de 1883 en la toma de Balconcillo y el 28 en Lisiguya bajo las órdenes del Coronel don Estanislao del Canto.- Hizo la campaña contra la dictadura, bajo las órdenes del Comandante en Jefe del Ejército Constitucional, Coronel don Estanislao del Canto, y se encontró los días 21, 23 y 28 de Agosto de 1891 en las batallas de Concón, combate de Viña del Mar y batalla de La Placilla.

COMISIONES :

     Por D/S. de 28.IV.883, Capitán Ayte.Brig.Civ. Nacimiento.- 1°.VIII.884, Mayor en com. de la misma.- 7.III.885, para el Bat.Civ.Angol.- 18.XI.1889, Cdte.Policía Casablanca.- D/S Jta.Gob. de 20.XI.1891, Escrit. de la Ofic. Reclamos.- D/S 8.IV.892 1er. Ayte.Cdcia.Gral.Armas San Felipe.- 2.VI.892, Gobernador de Nueva Imperial.- 23.III.893 1er.Ayte.Cdcia.Gral.Armas Concepción.- 2.X.893, Jefe 1a. mesa SEC.ADM. E.M.G..- 12.V.894. 1er Ayte.Minist.Guerra.- 17.VIII.896, comisionado sorteo Gdia.Nac. en Rancagua.- 26.VIII.896, Edecán Congreso Nac.-

CONDECORACIONES

      Por acuerdo del Congreso Nac. en 15 y 17,XII.879, se le declaró haber merecido "Bien de la Patria".-  Por Ley 1°.II.880, derecho a una medalla de oro por la 1a. campaña y barras por cada acción de guerra. Por Ley 14.I.883, otra medalla de oro por la campaña a Lima y dos barras por Chorrillos y Miraflores.      
                                                                             SANTIAGO, 15 de Noviembre de 1962.
-----------------------------------------------------


     Dos particularidades  de esta Hoja de Servicios son :  que M.L. Olmedo asumió como capitán de la 2a compañía del "batallón" 2° de Línea en abril de 1881, cuando el regimiento de 2° de Línea fue reducido a Batallón de 6 compañías.(Historia del Ejército de Chile, E.M.G. del E. 1986).   Desempeñó ese cargo y con el citado grado durante la que hoy llamamos campaña de la Sierra, pero recién en abril de 1883 se hizo efectivo su ascenso a capitán.   El mismo atraso en la otorgación y/o reconocimiento de grados le ocurrió a numerosos otros oficiales durante esa campaña.  A Ignacio Carrera P., entre otros, quien nunca se enteró de su ascenso a capitán en 1882.

       Asimismo, vemos que en los archivos del ECH todas las acciones de guerra que corren entre noviembre de 1880 y agosto de 1883, están comprendidas en la llamada Campaña a Lima.  Y que, por mal manejo del idioma, podría entenderse que M. Baquedano siguió comandando al ECH hasta 1883.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Miér Ene 21, 2015 10:45 am

En los días que siguen a la entrega de Iquique, noviembre 23, las filas del ECH se encontraban razonablemente inquietas.
        De los hechos de armas trascurridos hasta allí, solo conclusiones halagadoras para el destino de las armas chilenas podían desprenderse.  El desembarco y toma de Pisagua había resultado mas sencillo y con muchos menos bajas de las esperadas.   Germania, un choque sin complicaciones deparado por el destino a los cazadores, que habían lucido sus sables sin contrapeso.  De escasa trascendencia táctica, por cierto,     Dolores - luego de la alarma creada por la súbita aparición del ejército aliado, que requirió una concentración urgente - había resultado un encuentro "suave" y sin complicaciones, en que el enemigo había perdido, en su mayoría por defección, mas o menos la mitas de sus fuerzas.  Y con escasas bajas chilenas.
        Si la guerra habría se trascurrir con ese tipo de hechos de armas, parecía que al menos la primera campaña podría redondearse con facilidad, estrechando a las fuerzas en retirada y obteniendo nuevos laureles en otro triunfo fácil.  Y todos los uniformados ansiaban tales laureles, el premio ansiado de una carrera militar. 
          Las presiones sobre los mandos empezaron de inmediato a surgir para efectos de que las respectivas agrupaciones (divisiones son llamadas, pero apenas si tenían la organización de tales) resultaran escogidas para enfrentar el débil enemigo en retirada.   Batirlo y obtener fama y galardones era la meta ansiada.
        El general Escala, sensible a sus afectos, empezó por autorizar una nueva batida de su Secretario, el Tte. coronel de Guardias Nacionales José Francisco Vergara, para efectos de reconocer al enemigo y traer información fresca. 
        Parece tan absurdo aquello de dejar ir al enemigo el día 20, en total lasitud,  y enviar recién tropa montada para procurar observar y obtener información el día 24, que resulta preferible dejar en manos de historiadores militares profesionales juzgar la conducta del Comandante en Jefe chileno en esos días.  
         Sabemos que Vergara decidió utilizar para ese efecto a la compañía de Granaderos que lo había acompañado los días 17 y 18 anteriores a incursionar sobre Tana, con el deplorable resultado de perder, por desidia, la oportunidad de poner mano encima al Capitán General H. Daza.
Esa compañía - la de Villagrán - contaba exactamente con 116 jinetes. Una fuerza pequeña, veloz en cuanto a encontrarse bien montada, ideal para una misión exploradora, de observación. 
        Los números de las unidades combatientes pasan a ser importantes en este estadio, y darán pie a numerosas controversias entre historiadores peruanos y chilenos.
        El caso es que Escala, con un criterio muy peculiar, decide que se sume a esa partida exploradora la brigada de Zapadores con que contaba (la otra se mantenía en la Frontera de Arauco) y dos piezas de artillería de montaña.    Vale decir, que la agrupación puesta a las órdenes del Secretario Vergara, concebida como de observación, perdió su característica básica de agilidad, transformándose en un destacamento mixto condicionado a la velocidad de desplazamiento de la infantería y al paso de las mulas de la artillería de montaña en el desierto.

       La Brigada de Zapadores sumaba 260 hombres a la órdenes de Santa Cruz, y la oficialidad y sirvientes de la artillería de montaña otros 22.   Lo que, sumado a los 116 jinetes de Granaderos, arroja un total de 396 integrantes de esas fuerzas exploradoras movilizadas, de acuerdo a los antecedentes de que se disponía en esos momentos, hacia la quebrada y pueblo de Tarapacá, al SO de Dolores.   Se entendía que allí se concentraban las fuerzas aliadas en retirada.
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Renzo Castillo
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Miér Ene 21, 2015 11:42 am

Interesante relato y análisis Don Raúl, lo seguimos...gracias por sus aportes
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Miér Ene 21, 2015 1:43 pm

Agradecido por el ánimo, Renzo.  La salud no siempre acompaña, de ahí lo espaciado de mis posteos.
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   Vergara partió sin recursos el día 24 a cumplir su misión.   Llevaba raciones frías para dos días, y el agua de las caramayolas.   La rapidez de desplazamiento de la caballería le habría permitido ir y volver sin necesidad de abrevar el ganado de montura sino ligeramente en las pobres charcas de Dibujos o Huaraciña.
      Pero la masa de infantes y la artillería agregados a su columna le estaba indicando claramente otras necesidades.  Y no las atendió.    Sabemos que se esforzó por cumplir esa observación tan necesaria del enemigo en tales momentos.   Que dejó al grueso de su gente en Dibujos el 25, y se adelantó junto al práctico Layseca hacia la embocadura de la quebrada de Tarapacá, buscando el contacto visual con las tropas aliadas.
     Que pudo observar, incluso, el paso de la división Ríos, arribando agotada y desordenadamente desde Iquique.  Y que, calculando que existía en la quebrada un número superior de enemigos a lo que se había calculado en base a datos sueltos recogidos de arrieros en la zona (unos 1.000), tomó la fatal decisión de solicitar refuerzos para proceder en contra de estos.    Debió retroceder e informar, pero optó por solicitar mas tropas con miras a realizar - quizás - un reconocimiento en fuerza. O eventualmente, batir totalmente a un enemigo desapercibido.

       Escala - quien ganaba sueldo de comandante en jefe, no olvidemos, y debió contar con amplia experiencia de mando mas algunas neuronas - aparentemente no reflexionó especialmente al recibir ese pedido de refuerzos.  Lo concedió de inmediato.  Le pareció, según deducimos hoy, una estupenda oportunidad de batir a las que suponía escasas fuerzas enemigas en retirada, y quizás capturarlas.   Incluso  le telegrafió de vuelta a Vergara que, de acuerdo a los datos que manejaba, las fuerzas aliadas en la quebrada no deberían ser demasiadas, y que " bueno sería que los Granaderos les dieran un malón", vale decir, una carga sorpresiva, de preferencia al amanecer.

       Y accede, en mala hora,  a enviar a esos refuerzos.   ¿ A quien elegir para esa misión ?
       Testimonios confiables nos informan de que hubo franca pecha por entre sus subalternos por obtener tal distinción.   Habría de ser aquella, probablemente, el último encuentro armado de la campaña, y las apariencias prometían un enemigo desmoralizado, escaso de fuerzas, seguramente carente de víveres y munición.  Espléndida oportunidad para obtener una victoria sin grandes apremios, y eventualmente aprisionar al grueso de las fuerzas enemigas salvadas de Dolores.
      
        Designa Escala para concurrir a Tarapacá a las fuerzas al mando del coronel Luis Arteaga, recién asumido como JEM del Ejército del Norte.  La llamada división Arteaga, aunque su agrupación como fuerza era mas bien circunstancial.
       ¿ En que consistía esa fuerza ?.    El historiador pro peruano Caivano señala en su alegato histórico  que "todo el mundo sabe que estaba formada por 3.500 hombres."
 
       Veamos :  Las fuerzas al mando de Arteaga, mientras se mantuvieron en Hospicio, estaban formadas así :

                 Regimiento 2° de Línea                 1.146   h.
                 Batallón Artillería de Marina              498
                 Id. Chacabuco                                 579
                 id. Bulnes                                       421
                 Brigada Zapadores                          314
                 Reg. N° 2 Artillería (una parte)         421
                                                                  --------
                Total                                             3.379


   De los cuales, entregó el Bulnes al CJ el 18.11 para reforzar a las fuerzas que enfrentarían al enemigo en Dolores.   Con el resto se movilizó hacia Dolores después de la batalla del 19.11, y ocupó el llano de  Santa Catalina cubriendo todo el sector del cantón de Sal de Obispo.  Sus tropas se resintieron un poco de la marcha por el desierto, aumentando a un 4% el número de enfermos.
   Su brigada de Zapadores, menos dos escuadras de una compañía, destacadas en observación hacia el S., fue puesta disposición de Vergara, y partieron con este el 24.

    Al recibir la orden de acudir al aviso de Vergara - y tomar el mando de todo el contingente en el lugar - su división se movilizó así :

     2° de Línea, menos 3 escuadras de la 1a a la 3a compañía del 1er batallón, destacadas al SE, y los enfermos :                                          950   h.
      Batallón Artillería de Marina, menos media compañía dejada en Custodia del campamento de Santa Catalina y los enfermos               398    h.
      Batallón Chacabuco menos una escuadra por compañía (4) destacadas en custodia del tramo Hospicio Santa Catalina y los enfermos   414
       Una batería de artillería montaña      48 h.
       Un piquete de Cazadores                  30 h.
                                                   -------------
                                                         1.840 h.

      Los que sumados a los 398 al mando de Vergara arrojan el gran total, tan discutido y revisado,  de  2.238.
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Icaro Albanese
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Miér Ene 21, 2015 3:21 pm

Lo del número de atacantes en Tarapacá es llamativo. Los primeros telegramas enviados a Prado, y las primeras noticias del corresponsal de El Comercio, hablan de 2.500 chilenos.
Después Buendía, tratando de aumentar la victoria (creo), sube ese número a 3.900. Después todos lo siguen.

Veamos telegramas, del tomo II de Ahumada Moreno:

"Montero a jeneral Prado
                                                                Arica, diciembre 3 de 1879.

Combate, Tarapacá.-- Triunfo nuestro.-- 2,500 chilenos.-- 1,000 muertos.-- Nuestros, 600 muertos i heridos.--11 piezas artillería Krupp tomadas, 4 ametralladoras.
La Mar desembarcó heridos nuestros aquí."

"García i García a jeneral Prado
                                                                Mollendo, diciembre 3.

2,500 chilenos atacaron nuestro ejército el 27 pasado en Tarapacá: fueron completamente derrotados--tomados 7 cañones Krupp, 3 ametralladoras--60 prisioneros-- 1,000 chilenos muertos y heridos.-- Nuestra victoria fue en la noche."

"Señores editores de El Comercio de Lima
                                                                Arica, diciembre 3

La Mar desembarcó aquí nuestros heridos.
Mendival de la ambulancia comunica que 2,500 enemigos atacaron Tarapacá el 27.
Combate terrible. Vencimos.
Derrota completa. Les tomamos 11 cañones i 4 ametralladoras.
Montero conjuró el conflicto de los billetes.

                                                                         El corresponsal."

Aunque hay algunas diferencias en los cañones tomados, todos coinciden en la cantidad de atacantes. Me imagino que las versiones salieron de distintos heridos y médicos que venían en el La Mar. 
Como dije antes, el aumento del número de atacantes fue posterior a las primeras cifras.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Vie Ene 23, 2015 1:50 pm

Es muy interesante lo que anotas, Ícaro.  No se trata de disminuir el número de tropas chilenas participantes en la batalla de Tarapacá, para efectos de restar mérito a las fuerzas aliadas - casi todas peruanas - que las derrotaron.
         La idea es tener una visión histórica ten exacta como sea posible de los sucesos, decisiones que los originaron y sus resultados.

        Los comandantes de tropas de ambos bandos, de acuerdo al Manual del Cortapalos militar, deben haber procurado en esa guerra cumplir con los mandamientos esenciales para asegurar el triunfo.  Concentrar las fuerzas, desde luego, así como mantener el objetivo.   Buscar y batir al enemigo constituía casi el prólogo de tal manual. Y, desde luego,  procurar poner mayor número de hombres (que el adversario) en el campo - con ocasión del choque y cuando fuere posible - constituía la guinda de la torta.

         Chile no dudó en golpear con mucha gente en Pisagua (cuando pudo poner una cantidad interesante en tierra), ni en hacer valer su superioridad numérica en Germania.   En Los Ángeles y en Arica  actuó con un amplio mayor número de combatientes.   Y también en Chorrillos las tropas atacantes  lo eran en superior cantidad.    No vale la pena, entonces, argumentar sobre un número mayor de tropas enemigas en el campo para justificar una derrota.

          Conque no tengo nada que reprochar a los mandos aliados si destrozaron a una brigada que se presentó - contando con gran número de tropas en Dolores y alrededores - no sólo en número inferior, sino agotadas, sedientas y sólo con la munición que transporta el soldado.

         Es un error grueso del mando chileno, que se pagó caro, y que debiera haber terminado, como señala Wikipedia, con la carrera militar del coronel Luis Arteaga Ramírez.    Ya vimos que no fue así.

         La tropa se batió bien, asumió la derrota con estoicismo y tuvo un significativo número de bajas.
         Hubo rendidos : 60 o 65 soldados y clases, además de un oficial, según los datos mas confiables.  Vale decir, alrededor de un 3%    Toda las piezas de montaña de la Artillería y de la Artillería de Marina empeñada en la batalla quedaron en poder del enemigo.  Fue una suerte que este no contara con medios como para transportarlas en su retirada.

        Los partes de los mandos peruanos hacen subir a 5.000 y hasta 6.000 hombres la dotación de la brigada chilena.   El tono y el vocabulario del parte de Buendía no deja dudas sobre su intención de aumentar la gloria de su triunfo.   De acuerdo los datos que tan claramente nos entrega Ícaro Albanese, me inclino a creer que ocultaron el número total de sus bajas fatales.

        Luis Arteaga, para no ser menos, habla por su parte de hasta 7.000 aliados combatiendo en Tarapacá.  Y argumenta en base al cansancio de sus tropas y la falta de munición, como si la decisión de marchar sin agua ni parque de repuesto - además de fraccionar sus fuerzas - fuera responsabilidad de su adversario.
 
       Mucha fantasía, conveniencia personal de los responsables y hasta políticas de los gobiernos respectivos han tendido una espesa bruma sobre los sucesos del 27.11.79
        A ver si logramos despejar un poco esas capas de pintura revisando antecedentes objetivos y datos oficiales.
        Las decisiones del mando chileno, en especial, merecen una inspección acuciosa.
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Icaro Albanese
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Vie Ene 23, 2015 5:12 pm

De partida, eso de "lavarse las manos" al seguir las órdenes dadas. Me refiero a Santa Cruz, que se da cuenta que la sorpresa planeada ya está perdida. Pero igual se aferra a sus órdenes. Pudiendo machacar al ejército aliado todavía en el fondo de la quebrada, prefiere seguir su camino sin hacer nada. Y permite que la división Cáceres surja a sus espaldas, pudiendo haberlo detenido.

Santa Cruz se aferra al plan, siendo que éste dependía totalmente del factor sorpresa. Habiéndose perdido ésta, pudo haber hecho algo más beneficioso que seguir su marcha.

Ramírez dice "me mandan al matadero", y entra con su gente a ese matadero. Pero creo que él no tenía alternativa. Tal vez se daba cuenta que el plan era malo pero, en su caso, ese plan se estaba desarrollando sin interferencias. ¿Oyó que la batalla había comenzado? Seguro. Pero no podía saber que había comenzado mal para las fuerzas chilenas. Al menos, al comenzar.

Distinto es el caso de San Martín en Arica. Sus órdenes eran esperar al Buín, pero eso significaba "enfriar" a su regimiento. El impulso había que mantenerlo, y eso hizo. Fuera de que la cosa había cambiado tácticamente, ya que él veía que las defensas del Morro eran reforzadas por la 8ª división. Así que no esperó a nadie, y siguió el ataque con su regimiento.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Sáb Ene 24, 2015 2:51 pm

Como dice la sentencia : "..la victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana.."

        Los comandantes chilenos de unidades que se batieron en Tarapacá redactaron partes de combate que son mas bien alegatos, encaminados a salvar su responsabilidad.
        Y escribieron a terceros también, sobre el asunto.  Muchísimo.  Todos ellos.
 
       Santa Cruz envió una serie de cartas a su hermano - un personaje en el mundo político y diplomático del siglo XIX - en que defiende sus decisiones y actuación.   Seguramente en la certeza, como asimismo los otros jefes afectados - de que esos textos irían a parar a manos de Benjamín Vicuña Mackenna, que no tenía empacho alguno en publicarlos, y hasta interpretarlos,  si con eso dañaba la imagen del gobierno de Pinto.
        De hecho, el ECH ha recogido esas cartas-alegatos de Santa Cruz, publicándolas en un libro cuyos asertos resultan polémicos hasta hoy. ("Santa Cruz y Torreblanca", biblioteca del oficial, EMG del E.)    Como su polémica principal se armó con Fuentes, comandante sin comando de la artillería en esa acción, Santa Cruz cae incluso en criticar acremente lo actuado por esa arma.... en la anterior batalla de Dolores.    Penoso.
       Cayó como un valiente, al frente de sus Zapadores, seis meses mas tarde, y aquello zanjó la discusión y terminó con las críticas acervas del público y la prensa.  Una bala en el hígado que lo tuvo agónico hasta el día siguiente en el Campo de la Alianza, le permitió despedirse de J.F. Vergara.
         Lo que no nos impide deducir que el valor en combate, si bien es deseable en todo uniformado, no necesariamente hace buenos comandantes de tropas.

         Vergara hizo de pato de la boda en relación al "desastre" de Tarapacá, y no digo que no se lo mereciera.   Pero estuvo alejado del frente por un lapso muy acotado. Lo vamos a ver actuando como comandante general de la caballería en la siguiente campaña, y luego, a solas bajo la luz del reflector como Ministro de la Guerra en Campaña.

         Todos los que participaron en el consejo de jefes del día 26.11.79 y aprobaron, o al menos no plantearon con vigor su discrepancia, el plan de fraccionar la brigada Arteaga, fueron igualmente responsables.  Como Fuentes no fue citado, puede quedar fuera, aunque tampoco anduvo muy listo en la acción del 27. Sus cartas y alegatos han sido también publicados.
          Ramírez pagó con su vida, pero también con varios cientos de las vidas de sus hombres.   Toro Herrera era cuñado de Balmaceda, lo que le aseguró un salvavidas ad hoc.  El comandante de la Artillería de Marina pasó piola, aunque vio su ascenso postergado.

        Y el hombre que tuvo el mando allí, Luis Arteaga, se fue en silencio, con su cigarrito,  a una nueva destinación en Santiago.  Era primo hermano de ambos hijos del general Arteaga, el político y el propietario de un influyente y temido periódico conservador.  Emergió después de la guerra como general de Brigada, y alcanzó a asesorar a Baquedano durante su breve gobierno de 3 días en agosto de 1891.  El que sabe, sabe.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Vie Ene 30, 2015 10:44 am

Vimos a Vergara solicitar refuerzos el día 25.  Pero ahora vemos como, a pesar de que su escasa tropa ya había consumido sus víveres y agotado el agua de sus caramayolas, no espera a ese refuerzo, sino que adelanta a la gente de su mando, en dirección al enemigo.    Debió imaginar que el refuerzo le aportaría agua, comestibles y munición para un combate prolongado.   Pero al adelantarse, sin esperar el contacto con el refuerzo y la pertinente coordinación, limitó las opciones de las tropas enviadas en su apoyo.

     Arteaga por su parte, cometiendo el primero de sus gruesos errores previos a la batalla, hace formar a su división y parte de prisa a cumplir la orden de apoyar a la avanzada de Vergara, sin cuidarse de que sus tropas fueran asistidas con bastimentos y munición suficientes. Da la orden de marcha con su gente llevando sólo ración fría para dos días, el agua de sus caramayolas y la munición del morral : 150 tiros por hombre. La artillería de montaña, 50 tiros por pieza.
        Deja convenido, en forma algo nebulosa,  que una misión de apoyo distinta lo alcanzará mas tarde llevando lo necesario.   Y aunque el servicio de bagajes de Bascuñán dispone de carretas, mulas y odres en cantidad suficiente para todo el ejército, no solicita ni organiza nada de aquello, y parte de prisa en las condiciones indicadas.

      Nuestros historiadores han enfatizado en que aquella prisa ciega efectivamente existió, y en que se originaba en la comprensible ambición de la división Arteaga por ser los primeros en el campo, despachados en demanda del enemigo.  De tal forma de evitar que otras unidades presionaran para obtener la misión que seguramente terminaría en un hecho de armas.

       Personalmente cuento con el relato del oficial M.L.O. mas arriba identificado, quien confirma ese dato y lo completa con otra información que no he encontrado en similares narraciones ni partes oficiales : que en la urgencia por partir lo antes posible, para evitar el citado riesgo de que otras unidades pudieran presionar al general Escala y obtener el honor de esa misión, las unidades que integraban la llamada división Arteaga no alcanzaron a recuperar sus patrullas o pequeños destacamentos destacados en observación o vigilancia de distintos sectores del cantón de Sal de Obispo, y que fue por ello - mas la cifra que en cada caso representa un 4% de enfermos o lesionados por las marchas -   que el regimiento N° 2, así como los Zapadores, Chacabuco y Artillería de Marina formaron esa tarde y se pusieron en marcha con mermas de 60, 35 o 20 hombres cada uno.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Vie Ene 30, 2015 9:33 pm

Cabe ahora anotar algunos datos que pueden resultar de árida lectura a los foristas, pero que es necesario consignar.    No sólo para entender claramente que, por causa de las distintas y erróneas decisiones militares que se fueron acumulando, las tropas chilenas llegaron en deplorables condiciones al combate del día 27.11.79.   También, y especialmente, para visualizar las múltiples ocasiones posteriores en que, con la amarga experiencia vivida en Tarapacá, el ECH se esmeró en evitar que sus tropas entraran al fuego luego de marchas agotadoras, o en medio del desorden propio de un desembarco. 
        Y, por comparación, aquellas - que recordaremos - en que el ejército aliado, y luego sólo el EP, perdieron la oportunidad de actuar sobre tropas enemigas en las citadas condiciones.

       Veamos.  Vergara, luego de solicitar el refuerzo que ya conocemos, continuó su marcha sin esperar a las tropas enviadas en tal misión.  Partió de Dibujos "a la oración" del día 25 (es decir, al caer la tarde) y sólo detuvo su marcha cuando lo alcanzó un propio de Arteaga ordenándole detener su marcha.  Y, alternativamente (lo que no tiene explicación) elegir entre regresar para unirse al grueso de las fuerzas, o esperarlas en el lugar en que se encontraba.  Vergara eligió esto último y aguardó a Arteaga en la localidad de Isluga.

      (Las localidades de "Dibujos" y "Pintados", ubicada también entre la pampa del Tamarugal y la cordillera, deben sus nombre a los numerosos, muy interesantes y a veces enormes geoglifos que cubren extensas superficies y hasta laderas completas de cerros.  Vestigios de civilizaciones precolombinas).

       Arteaga llegó con sus fuerzas a Dibujos a medianoche del día 25.  Descansó su tropa y, luego del mencionado aviso a Vergara, siguió su marcha el día 26 hacia las 15,oo horas.    Caminó otra vez hasta medianoche, llegando a esa hora a Isluga, donde se produjo la reunión de ambos contingentes.
Sus soldados habían tenido bastantes problemas con el árido entorno  durante esa marcha de nueve horas, en que se perdió la formación de las unidades y quedaron muchos rezagados. Su gente consumió, además,  sus raciones secas durante la marcha y agotó el agua de sus caramayolas.  
        La gente de Vergara, que no había contado con agua ni alimentos en las últimas 30 horas, vivió una enorme desilusión al ver llegar esas tropas, de las que esperaban les llevaran víveres y agua potable,  tan carentes  de provisiones como ellos.   Nadie reparó entonces, al parecer, en que las municiones - supuestamente enviadas tras de la división de Arteaga en un tren de carretas - tampoco habían llegado hasta Isluga.   Ni llegaría sino hasta después de la batalla.

       En esas condiciones, Arteaga convocó a la ya aludida reunión de jefes de unidades (sin incluir a Fuentes, quizás porque detentaba solo el grado de mayor) y se discutió y planeó el ataque sobre la quebrada, como única opción - según se estimó entonces y se hizo constar en los partes - de acceder al agua y salvar a las fuerzas de un desastre por causa de la sed.  Los caballos de los granaderos, dicho sea de paso,  estaban a punto de completar 48 horas sin agua a esas alturas.
 
      Bien :   todo lo anterior es necesario asentarlo para enfatizar en lo que enunciáramos.   Esto es, que cada vez que las tropas combatientes de ambos bandos llegaron al combate luego de una marcha agotadora por el desierto, se vieron reducidas a las obvias malas condiciones de combate frente a un enemigo descansado y con agua a la mano.

        Fue lo que le ocurrió al ejército aliado en Dolores, ciertamente.   También, lo que detectó Campero en relación a la aproximación de las fuerzas chilenas, cruzando un duro desierto, en el Campo de la Alianza.   E intentó aprovechar en la noche del 25 de mayo de 1880, aunque con pésima fortuna, intentando sorprender al enemigo en Quebrada Honda.  
         Asimismo, lo que vio con claridad Cáceres en diciembre de 1880, proponiendo trasladar tropas a Lurín y alrededores para batir a las fuerzas chilenas durante su proceso de desembarco.   Lo que hubiera constituido una ingrata sorpresa para el ECH.    Y que, por suerte para Chile, Piérola no aprobó.
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Jonatan Saona
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Vie Ene 30, 2015 10:49 pm

Raul Olmedo D. escribió:
Cabe ahora anotar algunos datos que pueden resultar de árida lectura a los foristas, pero que es necesario consignar.    
        

Al contrario amigo, todos los datos que consignas son bastante ilustrativos sobre el tema

saludos
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Sáb Ene 31, 2015 4:29 pm

Antes de revisar la batalla que puso término a esa Campaña, conviene traer a la memoria algunos pantallazos que pueden iluminar el contexto general, en el ángulo ilustrativo que comenta Jonatan.   Estamos hablando de un escenario sin el agua potable que conocemos hoy, con leña por todo combustible, en que la única carne fresca era el ganado arreado en pié y en que todo el transporte terrestre era hipotractado.   Sin verduras, frutas ni regaloneos.   La iluminación  en campaña provenía de velas, quinqués de parafina o  la luz de las hogueras.   Y el soldado, que en condicione normales, y contando con agua abundante,  se bañaba solo los sábados en su casa, atendía a su aseo en el desierto en condiciones mas que precarias

       De partida, cabe evocar que a esa fecha - 26.11.79 - se cumplían apenas 24 días desde el desembarco en Pisagua, y la opinión pública chilena no entendía mucho de esa aparente sucesión de triunfos de sus armas, sin capacidad de compararlos objetivamente con los sucesos reales que iban teniendo lugar.

        Nadie sabía en octubre anterior de como habría de resultar el choque armado entre los ejércitos enfrentados, en especial de las infanterías, y las familias de los uniformados se encontraban comprensiblemente preocupados por la suerte de sus seres queridos.  Igual inquietud debe haber reinado en las familias de los países aliados.
        Bolivia era un gato mojado en cuanto a valer militar, se estimaba entonces en Chile, pero el Perú venía asentando, con buenos argumentos,  una imagen de potencia en América desde mayo de 1866.
Y ahora la cosa parecía estar resultando mas fácil de lo presupuestado.

       La madre del subteniente que hemos citado se llamó Isabel Espinosa Chacón.   Hija de la patriarca curicana Pascuala Chacón Prat, era también prima hermana de Rosario Chacón Barrios, la madre de Arturo Prat.   Doña Isabel escribía asiduamente a su hijo Manuel Luis en el 2° de Línea ( y a otros tres embarcados en sendos navíos de la Armada) recomendándole las mas curiosas medidas de higiene para preservar su salud, así como algunos trucos ( o "secretos de naturaleza" como eran domésticamente llamados) para mejor sobrellevar los inconvenientes de la vida en el desierto de Atacama.   También le enviaba conservas y ropa blanca.   
        Lo que nos lleva a aquello de la arena o piedrecillas en el zapato.    El 2° de Línea no usaba la conocida bota baya durante esa campaña.  Pocas unidades la usaban en 1879, pues no hubo un stock inicial suficiente.  El zapatón de caña corta era el calzado de reglamento, y se complementaba con las polainas que vemos en las fotografías de época.   Se suponía que tales polainas de lona blanca gruesa, abrochadas,  evitarían que la arena y las piedrecillas se introdujeran al interior del zapatón.  Pero no ocurría así.    Manuel Luis Olmedo debe haberle escrito a su madre en algún momento sobre esta extrema incomodidad en el calzado, pues ella le dirige una carta con fecha 28.11  (vale decir, al siguiente día de la batalla de Tarapacá) que obra en nuestro poder, en que toma nota de la queja y le recomienda - como procedimiento seguro y comprobado para evitar tales sólidos al interior del zapato - amarrar una tira de lana roja por sobre la media ( el calcetín), muy pegada a la caña, y cubrir luego todo con la polaina.   Me reiría mas fuerte si no se tratara de bisabuela.

        La carta del oficial a su madre (ignoro fecha) debe haber sido la última, calculo, que escribió de su mano, pues recibió ese día una bala en la articulación húmero-cubito-radial del brazo derecho que, junto a otra herida en el mismo brazo seis meses mas tarde, le inmovilizó la extremidad de por vida.
El 27.11.79 salvó del repaso gracias a la ayuda abnegada de su asistente.     Las penurias de esa marcha del 25 y 26 de noviembre de las fuerzas al mando de Arteaga, de boca del citado M.L. Olmedo,  forman parte de la tradición oral familiar, y fueron mas tarde recogidas por escrito por uno de sus hermanos. Como se batió  "en el alto" el día 27, en la agrupación o subdivisión Santa Cruz, pudo contemplar, ya herido, la carga de los Granaderos de Villagrán.   Y emite una opinión que tampoco encuentro en otras fuentes.
       Se refiere ese juicio a la retirada final de las fuerzas chilenas derrotadas, hacia Huarasiña, en el ocaso del día 27.
       M.L. Olmedo no tiene tan claro como algunos historiadores el asunto aquel de que, si Perú hubiere contado con caballería ese día, pudo haber aniquilado totalmente a los restos de la división chilena en retirada.   Y sostiene que quedaban "como 110 Granaderos bien montados e ilesos a esa hora, y unos 25 o 26 Cazadores al mando de Miller."  Mas de 130 jinetes.  Juntos hubieran podido cubrir la retirada y dar una carga, especula, si se hubiera presentado una agrupación montada peruana, circunstancia en que hubiera pesado, quizás, el mejor ganado y el pesado sable de la caballería chilena.  Quizás. O puede que aquello expresara tan solo una apreciación, un deseo del alma,  afectada por la muerte en combate de muchos de sus camaradas y algunos de sus íntimos.

      Convaleciente de su herida, fue invitado por un tercero (un conocido empresario transportista y comerciante en frutos del país) a relatar su versión de la muerte de E. Ramírez.   Su nota de contestación y otras han sido recogidas por B. Vicuña Mackenna en su "Campaña de Tarapacá".
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Miér Feb 04, 2015 3:23 pm

Reunidas en Isluga la totalidad de las fuerzas que formaban la división Arteaga (a la que seguiremos llamando "división" porque es la de definición que recibió en esa época, aunque no pasaba de ser una brigada), hubo aquella noche del 26 de noviembre una reunión o junta de jefes de unidades.
       Fuentes, al mando de la artillería de montaña que integraba la expedición, no fue convocado.  Tampoco el capitán Villagrán, de Granaderos, ni el teniente Miller, al mando del piquete de 30 Cazadores.   Así pues, participaron el propio Arteaga, Santa Cruz del zapadores, Toro del Chacabuco, Vidaurre de la Artillería de Marina y el muy disciplinado Ramírez del 2° de Línea.  J.F. Vergara, en su calidad de secretario del CJ, también estuvo presente.

        Se acordó allí, como sabemos, fraccionar las fuerzas para sorprender e intentar aniquilar, y de ser posible capturar, a las fuerzas aliadas en la quebrada de Tarapacá.
        Todo lo decidido allí fue responsabilidad de Arteaga, obviamente.  Tenía el mando por su mayor graduación (coronel) y cargo (JEM del Ejército Expedicionario).   Pero no podemos ser tan ingenuos como para suponer que la ascendencia de Vergara no pesó decididamente en la asamblea.
         No solo tenía el respaldo del comandante en jefe - el, como teniente coronel de la Guardia Nacional -  para efectos de tomar el mando de reconocimientos y expediciones varias.  También había dirigido las fuerzas que se impusieron en Germania, presionado exitosamente a Sotomayor para cambiar su plan en Dolores, y era acudido por todos los jefes que creían tener algo importante que hacer valer.  Era Vergara un personaje de enorme influencia en el gobierno, y se carteaba casi a diario con el Presidente Pinto y algunos de sus ministros.  Santa María, en especial.  También era don José Francisco dueño de una personalidad avasalladora, y lo vamos a ver durante el resto de la guerra proponiendo soluciones tácticas audaces frente al enemigo, aunque alejadas de la realidad de preparación y disciplina con que contaba entonces el ECH como un todo.   Asimismo, le vamos a ver reorganizar por completo los cuadros del ECH después de la campaña de Moquegua.  
      Rehusó informar por escrito o suscribir cualquier parte de combate en relación a los sucesos de Tarapacá, razón por la cual no se cuenta con documentos o datos confiables que permitan asignarle responsabilidades concretas.   Pero una cosa es innegable : fue el carácter fuerte en aquella reunión, y lo acordado - si no fue su propia inspiración - ciertamente debió haber contado con su impulso y apoyo.
      El caso es que se conformaron allí las tres agrupaciones destinadas a marchar en la proyectada sorpresa ( y lo fue, vaya sorpresa), en la siguiente forma : 
     Al mando de Santa Cruz, sus Zapadores, una compañía del 2° de Línea (la "cazadora" del primer batallón), los 116 Granaderos de Villagrán y 4 piezas Krupp de montaña con sus sirvientes.  Algo mas de 600 hombres. 
     Al mando de Ramírez, las restantes 7 compañías del 2° de Línea, mas dos piezas de bronce de la Artillería de Marina - y sus sirvientes - y los 30 Cazadores al mando de Miller. 880 h. aproximadamente.  
      La tercera agrupación la mandaba directamente Arteaga, y estuvo compuesta por el Chacabuco y la Artillería de Marina. 800 hombres en redondo.    El plan :  enviar a un punto avanzado de la quebrada (la aldehuela de Quillahuasa)la agrupación de Santa Cruz, con la misión de sostenerse allí e impedir la retirada de las fuerzas enemigas que - de acuerdo a lo que esperaba -  retrocederían al ser embestidas por las otras dos.   Estas atacarían por el fondo de la quebrada (la de Ramírez) y por el costado N. del accidente geográfico (la de Arteaga) haciendo de émbolo y tapa comprimente sobre las tropas adversarias.
    
      No tengo nada que objetar a ese plan - excepto recordar la inconveniencia de fraccionar las fuerzas propias en presencia del enemigo - porque tengo que suponer dos cosas.   Que las tropas se encontraban descansadas, bien alimentadas, con agua suficiente y munición de repuesto a la mano.  Y también que alguno de los jefes que allí opinó y estuvo conteste con la decisión, habría visto antes algo parecido, o habría tenido una experiencia de combate similar.   Nada de eso era efectivo, y sólo me queda aceptar la idea general que ha primado en quienes han estudiado ese hecho de armas :  que el mando chileno estimó, hasta el momento de entrar en combate, que lo haría frente a tropas desmoralizadas y mal disciplinadas en su retirada, en número no mayor a 2.500, por una parte.   Y que, aunque pudo haber otras consideraciones, el pudor profesional les impidió a esas alturas hacer lo único sensato que aconseja el buen sentido :   retirarse.  Y reintentar el golpe con tropas frescas, bien provistas y en mayor número.
      Como sea, Arteaga - quien  sólo el día antes había telegrafiado al CJ  " parto sin las municiones ni alimentos..." (para alcanzar a Vergara) dispuso la marcha para ejecutar el citado plan.     Como provisiones no llegaron, ni tampoco las carretas con munición, el albur era claro.   Necesito el agua, así como las instalaciones de la quebrada y el pueblo de Tarapacá y las provisiones que puedan existir allí.  Y para tenerlos, requiero vencer a sus defensores.    Vamos allá, entonces.

     La agrupación Santa Cruz, que debía cubrir el mayor terreno para ocupar su puesto en Quillahuasa, partió a las 3,30 horas.

     El subteniente ya nombrado, que formaba en la citada 4a compañía del primer Batallón del 2° de Línea, a las órdenes circunstanciales de Santa Cruz esa mañana, relata que esa última parte de una marcha que se prolongaba desde el 25, ahora por el borde N de la quebrada de Tarapacá, fue la mas penosa ("lastimosa..."), en que le correspondió participar en toda la guerra.
        No lo hizo en aquella que, con muchas dificultades y sacrificio, cruzó las arenas de Moquegua para asaltar Los Ángeles (convalecía de su grave herida en Tarapacá).  Pero luego, en mayo, cruzó ese mismo desierto en la fase de aproximación a Sama, Quebrada Honda y la línea de defensa del Alto de la Alianza. Y la tropa se batió inmejorablemente.    Meses mas tarde, realizó la marcha esforzaba de Pisco a Lurín  con la Brigada Lynch, en diciembre de 1880.  Y llegaron frescas a su destino, listas para la lucha.  Y luego, aquella mas corta pero tensa de la Tablada, en la madrugada del 13 de enero de 1881, antes de la agotadora batalla de Chorrillos.  Y en 1882, todo el tramo que cubrió la división Gana (mas tarde, del Canto) en la sierra peruana, siguiendo mas o menos el cauce del Mantaro, e incluyendo la desastrosa retirada de julio de 1882.  Además de recorrer muchos otros kilómetros en 1883 procurando acorralar a las fuerzas de Cáceres.     Y en ninguna de ellas, enfatiza en su relato, sufrió tanto agotamiento, sed y hambre, hasta la extenuación,  como en la marcha del 25 al 27 de noviembre en Tarapacá.

     Aprovechemos de acotar aquí, para embetunarnos en el ambiente, que además de las compañías "cazadoras" que ya hemos citado ( la cuarta de cada batallón), los regimientos de línea contaban con dos compañías "flanqueadoras" (usualmente, la primera de cada batallón), entrenadas para desplegarse y procurar flanquear, o superar las alas del enemigo en combate.   Mas dos "granaderas" y dos de "fusileros". Ocho en total para un regimiento.  
     Aquellas definidas como "granaderas", en la práctica, y habiéndose eliminado el lanzamiento directo de granadas por parte de la infantería, actuaban como fusileras.   Aunque tenían a su cargo los explosivos que solían acarrear los regimientos para fines de demolición, y sus detonantes.
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Raul Olmedo D.
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MensajeTema: Re: Aviso sobre invasión de Pisagua   Lun Feb 09, 2015 10:52 am

Tenemos, pues, desde las 3,30 AM a una agrupación (la de Santa Cruz) en marcha por el costado norte de la quebrada de Tarapacá, con destino a Quillahuasa, al E.,  con la misión de hacerse fuerte allí y detener a las fuerzas aliadas que mas tarde, una vez atacadas por las otras dos agrupaciones, se supone deberían tratar de abrirse paso por esa vía en su retirada.   Batir y capturar al mayor número  era la consigna.
         Y a las 4,30 AM, a las otras dos agrupaciones ( Ramírez y Arteaga) siguiendo las rutas prefijadas para atacar - por sorpresa - a las fuerzas aliadas acampadas en el pueblo de Tarapacá, al fondo de la quebrada.  
          La agrupación Ramírez, marchando por el fondo del accidente geográfico ( lo que ya es notable para efectos de renunciar a una ventaja táctica) y aquella de Arteaga, por el costado norte de la quebrada, siguiendo la ruta de Santa Cruz, para atacar al enemigo "desde arriba" una vez se tomara contacto.

           Debiera decir la supuesta ruta de Santa Cruz, pues como sabemos esa agrupación extravió su camino, y sólo al amanecer pudo endilgar la marcha hacia el punto que contemplaba su misión.  Lo hizo ahora apegada al tajo de la quebrada, y el agotamiento de su tropa (en marcha desde el 25.11, como se ha expresado)  iba dejando una melga de gente que alargaba su columna. Y la hacía vulnerable en el punto equivocado y a la hora equivocada.
 
          Avistado, se dice, por unos arrieros que remontaban a esa hora (8 a 8,30m horas) el camino de salida hacia el norte ( la cuesta de la Visagra) en lo que constituía el inicio de la marcha del grueso de las fuerzas aliadas, para seguir a su avanzada que ya se había desplazado hacia Pachica el día anterior ( a unas 4 leguas peruanas, unos 20 km.), el comandante chileno fue informado de que había sido detectado y que la alarma alertaba en esos momentos al enemigo en el fondo de la quebrada.

           Fue aquel el primer contacto entre las fuerzas ese día 27, y lo actuado por los comandantes de tropas en esos momentos decidió - a mi juicio - todo lo que seguiría durante la sangrienta jornada.

           Santa Cruz contaba en ese preciso momento con una ventaja innegable : se encontraba arriba, y su enemigo agrupado en el bajo.   Iba desfilando hacia el E., y aunque avisado, no detuvo su marcha.  Un oficial de artillería le solicitó explícitamente autorización para abocar sus piezas hacia las tropas enemigas que ya iniciaban el repechaje, y frenar su subida para mantener la ventaja de la posición.  La agrupación Arteaga venía poco mas atrás - se suponía - y si se conseguía mantener al enemigo en la parte baja de la quebrada, bloqueando su salida, empleando para ello la infantería en el apoyo de las bocas de fuego, había una opción clara de dar un primer golpe afortunado.   Sujetar al enemigo allí donde se encontraba, entonces, a la espera de la llegada del resto de las fuerzas, y para ello aprovechar la ventaja de la posición en "el alto".

              Cabe aquí examinar con cierta perplejidad los sucesos de aquellos instantes :  debido a la decisión de fraccionar las fuerzas chilenas, la agrupación Santa Cruz se encontraba en calidad de sorprendida - y no sorprendiendo - enfrentando al grueso de las fuerzas enemigas, lejos de las otras dos agrupaciones, y con la urgente necesidad de contar con un buen táctico al mando.   Aunque contando aún con la ventaja relativa de encontrarse en la posición táctica dominante. 
             Pero el comandante Santa Cruz, quien carecía, como vemos, del "golpe de vista" militar, optó por proseguir la marcha, para continuar en el cumplimiento de la misión ordenada, sin percatarse que con la alerta del enemigo y su desplazamiento hacia "el alto", todo el plan pre coordinado se había venido al suelo.

            Comparemos esta actitud con lo actuado en el campo contrario.  Alguien allí si tenía ese "golpe de vista" militar, y captó de inmediato la importancia de lograr sacar las tropas aliadas de la trampa y colocarlas en el mismo nivel de su adversario, así como de cortar la extendida línea del adversario en marcha.   Todo indica que fue Cáceres el que vio aquello con claridad y de inmediato, adoptando la decisión clave de subir y atacar sin demora.   Canévaro y Bolognesi fueron importantes en sus actuar, en un apoyo que muy pronto tomó el carácter de ofensiva.    Y ciertamente el CJ Buendía y el JEM Suárez deben haber sido consultados, o al menos avisados de las decisiones urgentes que estaban tomando sus comandante divisionarios. Pero de los relatos se desprende que la reacción veloz y oportunísima fue la que asumió la división al mando de Cáceres.

       La cabeza de la columna de Santa Cruz ya había superado el punto en que desembocaba el camino de la citada cuesta, y sus fuerzas, muy desperdigadas, corrieron de inmediato el peligro de ser cortadas por aquellas de Cáceres que surgían ya desde la quebrada.   Se enfatiza muchísimo en los relatos chilenos sobre el estado de agotamiento y falta de agua en que venían las tropas.  Fue así, ciertamente.   Pero aquello no es en absoluto materia que pudiera inquietar al enemigo.
      Cuando las tropas aliadas, muy cansadas luego de tres días de marcha y mal abastecidas, llegaron a la vista de las fuerzas chilenas posesionadas de los cerros San Francisco y Tres Clavos, en Dolores, el mando chileno no se hizo cuestión alguna en enfrentarlas y batirlas.  El estado en que entraron en combate las tropas aliadas fue, obviamente, responsabilidad de sus jefaturas.
      Si esas mismas tropas, en retirada precaria ( y fuga de una parte de ellas) no fueron perseguidas y acosadas por las fuerzas chilenas, descansadas y bien amunicionadas, la responsabilidad neta e indiscutible es del mando que rehusó perseguir.
      Y si tropas chilenas se dejan caer por sorpresa en la quebrada de Tarapacá el día 27, y lo hacen fraccionadas, y con la gente agotada y sedienta : ¿ Que se esperaba de los mandos aliados, sino embestirlas y procurar su derrota por todos los medios ?

       Cuando hablo de tropas aliadas en Tarapacá lo hago tomando en consideración a aquellos bolivianos que integraban la columna "Loa", como asimismo a un número impreciso, pero real de acuerdo al testimonio del propio Alfonso Ugarte, que por tener residencia en Iquique y en la zona, se habían incorporado a las unidades de paisanos mayoritariamente peruanos movilizados en la emergencia.   Ni siquiera el número preciso de integrantes de la citada columna "Loa" está claro hoy, pero podemos suponer - dada la fuga masiva del contingente boliviano en la tarde de Dolores y días siguientes - que los de aquella nacionalidad representaban un muy bajo porcentaje de los combatientes el día 27.  Quizás un 6 o un 8% todo lo más.  El grueso de las tropas que combatieron ese día por el bando aliado eran peruanas.  De su ejército regular y de su guardia nacional puesta bajo bandera con ocasión del conflicto.
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